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Viernes  12 de Marzo 

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Santa Marta Centro Histórico – Monumento Nacional

Santa Marta Centro Histórico – Monumento Nacional

(Por Eliana Viloria y Jorge Muñoz) En sus 483 años de fundada, la ciudad de Santa Marta D.T, ha tenido grandes transformaciones de índole cultural, urbana y étnica, que en estos casi cinco siglos de historia han dejado innumerables e imborrables huellas en la vida de la ciudad, demostrando y dejando entrever, lo rico del pasado histórico y parte del presente de la ciudad.

Fue Santa Marta la puerta de entrada de la patria, por haber sido el primer punto geográfico del país en figurar en el mapamundi (1502), y además, por haber sido la primera ciudad fundada y habitada del territorio colombiano. La historia que habían escrito los abuelos, leídas en los edificios, casas, calles, parques y avenidas, será recordada por todos los moradores y extranjeros los que vio nacer entre triunfos y fracasos, por calles que hoy día son restauradas para el deleite de miles de miradas de personas que sienten en el corazón el progreso y embellecimiento de la ciudad.
A mediados del siglo XX, la ciudad empezó a crecer de la mano bien brindada del turismo; un huracán sin vientos ni agua, que empezó a cambiar a Santa Marta. Era el huracán del modernismo, que avanzaba con pasos agigantados, ofreciendo nuevas vías, y un nuevo aeropuerto; creando un emporio turístico en un sector en el cual en medio de maniguas de trupillos y cactus, empezaban a florecer hoteles, altos edificios y cabañas, los cuales de alguna u otra forma dieron vida y embellecieron el jardín natural de estas playas de arenas color oro, que servían de limite al azul cristalino del Mar Caribe.
Remontándonos al pasado, en los años en que para los “samarios”, el sitio de mayor interés era el Paseo de Bastidas, antes conocido como Camellón Barros, y que en los últimos 120 años ha sufrido inmemoriales transformaciones, las cuales aparecen evidenciadas aquí, sin dejar de lado a otro de los emblemas representativos de lo tradicional e histórico de la ciudad que cuenta con cien años de historia, un hermoso edificio que alberga a la Institución Educativa Distrital Liceo Celedón, diseñado por el arquitecto español Alfredo Batanes, construcción iniciada en 1913, siendo terminada por el arquitecto samario Fernando Espejo, declarado Monumento Nacional por medio del Decreto 2529 del 17 de diciembre de 1993, y que a lo largo de su historia ha sido pintado 14 veces, unas de azul y otras de amarillo.
El primer hotel cinco estrellas de la ciudad de Santa Marta fue el hotel Tayrona, inaugurado el 28 de junio de 1974, por el ex presidente Mariano Ospina Pérez, una obra de don Pepe Vives, quien visionariamente adelantó con ello la industria hotelera de la ciudad. El 17 de mayo de 1975, trasladan las oficinas de la Gobernación del Magdalena, ubicadas en la calle 14, a las instalaciones en las cuales funcionaba el Hotel Tayrona; mientras que en la antigua oficina de la Gobernación hoy funciona la alcaldía del Distrito.
Santa Marta se proyecta al futuro con la transformación de los sitios históricos, como Casa de la Aduana en la que actualmente funciona el Museo del Oro, pero que en 1503 fue Agencia de Aduanas y de Viajeros, y que en 1970 fue declarada Monumento Histórico por medio del Decreto 390 del 17 de marzo de de 1970, casa que hospedó vivo y muerto al libertador Simón Bolívar en diciembre de 1830.
El centro histórico de la ciudad de Santa Marta, solo será pasadizo de carruajes y peatones, ya que los automóviles solo le restan visibilidad y le roban esa hermosa magia que le rodea y que nos atrapa con sus cautivadores atardeceres. El proyecto ya está en marcha y cuenta con el aval de la comunidad samaria en cabeza del cantante Carlos Vives Restrepo.
El mar azul y transparente, frente a la renovación urbana y paisajística que se proyecta para su cambio visual, presenta una próspera economía, llamativa para turistas y oriundo. El cambio llegará no solo a las calles sino también a los antiguos moradores, quienes recuerdan su tierra como “SANTA MARTA, LA MAGIA DE TENERLO TODO”. Por ello quienes han visitado Santa Marta, saben que en su centro histórico guarda sus mejores secretos, secretos que la han hecho acreedora de grandes reconocimientos por todo lo largo y ancho del territorio colombiano y en el exterior, y por ello queremos invitarles a dar un vistazo a lo que será “SANTA MARTA CENTRO HISTORICO - MONUMENTO NACIONAL”.

Quinta de San Pedro Alejandrino: aniversario 179 de la muerte del Libertador Simón Bolívar.

Quinta de San Pedro Alejandrino: aniversario 179 de la muerte del Libertador Simón Bolívar.

La Fundación Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo Quinta de San Pedro Alejandrino prepara el aniversario 179 de la muerte del Libertador Simón Bolívar, para el jueves 17 de diciembre, que incluye una serie de actos conmemorativos.

Una vez más esta actividad cuenta con el acompañamiento de la Sociedad Patriótica Bolivariana de Santa Marta y el programa de Museos Concertados del Ministerio de Cultura.

A partir de las 7 de la noche se inicia el evento con los actos protocolarios en el Altar de la Patria, los culturales y posteriormente se dará apertura a la muestra conmemorativa.

En esta oportunidad, se ha preparado una programación en la que se inaugura la exposición ‘Expresiones’ en el que se acogen el despliegue de un colectivo de artistas que con variados lenguajes personales, acentúan la riqueza formal y plural de sus expresiones creativas.

Durante el aniversario de fallecimiento del Libertador se contará con la presencia del Cónsul de la República Bolivariana de Venezuela en Barranquilla, Nelson Barros, quien disertará sobre la hermandad y fraternidad cultural existente entre las dos naciones.

Se tiene previsto dentro de los actos conmemorativos la presentación del libro del escritor Jaime Horta Diaz con su reciente obra ‘Crónicas de la Independencia verdad y mito de los Libertadores Bolívar, Santander, Páez, Nariño, Manuela Sáenz, Padilla, Córdova y Sucre’.

Otro hecho novedoso está relacionado con la participación de la Coral Polifónica de Cajamag, que una vez más se une al evento de cierre de actividades de la Fundación Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo.

Los misterios de Alcatraz, al descubierto

Los misterios de Alcatraz, al descubierto

«Lo primero que hay que hacer al llegar es cerrar bien la boca y caminar siempre pegado a la pared». Es la advertencia número uno que recibían los presos nada más poner un pie en Broadway, como llamaban sarcásticamente al pasillo principal de la prisión de Alcatraz, esa temida e inexpugnable Roca ubicada en medio de la bahía de San Francisco. Times Square se encontraba a tan sólo unos pasos, en el cruce del fondo. Al aviso le acompañaba una muda, un libro de instrucciones sobre cómo sobrevivir allí dentro y un paquete de cigarrillos Winds que se repartía cada lunes, miércoles y viernes.
La munición básica se repartió religiosamente durante las tres décadas que la cárcel se mantuvo abierta, de 1934 a 1963. Por eso, este año se cumple el 75 aniversario de su apertura como centro penitenciario de máxima seguridad, ya que antes fue ciudadela defensiva e incluso prisión, pero militar, nada que ver con la que el cine se encargó de mitificar con películas como La Roca, comandada por Sean Connery, o Fuga de Alcatraz, con Clint Eastwood a la cabeza de la huida protagonizada, en la realidad, por Frank Morris y los hermanos Anglin, de los que nunca se supo si sobrevivieron a las frías aguas de la bahía, atestada de tiburones para más inri.

La ocupación de los indios sioux

Con motivo del cumpleaños, los carteles de éstos y otros filmes lideran la exposición sobre la historia de Alcatraz montada en sus instalaciones. En ella también se pasa revista al descubrimiento de la isla, ahora Parque Nacional, por el español Juan Manuel de Ayala, que fue quien le puso el nombre por la cantidad de pájaros con los que se topó al avistar la bahía en 1775. Mucho más tarde, en 1969, 90 indios exigían la venta de la isla por ropajes y abalarios valorados en 24 dólares, precio que habían pagado los conquistadores a los suyos por un terreno parecido hacía 300 años. La reivindicación terminó con una niña muerta por accidente y la expulsión de los sioux tras 19 meses.
Al Capone, el recluso más famoso de los 1.576 que pasaron por Alcatraz, es otro de las protagonistas de la exhibición, que incluye una portada suya en la revista Time (en el número 12 para más datos) y las típicas imágenes (bien sonrientes) del gánster en su ficha policial. El mafioso ingresó en 1934 por evadir impuestos y recibió el mismo trato que el resto, que incluía trabajos domésticos (incluso ganchillo), partidas de bridge de vez en cuando, paseos por el ventoso patio con vistas a la ciudad y una celda de 1,5 metros de ancho y 2,5 de largo en la que no se permitía decoración alguna.
Se ocupaban de la custodia 90 vigilantes en turnos de ocho horas, aunque con el tiempo (y la falta de presupuesto) la plantilla de corbatas rojas, como los llamaban los reos, se fue reduciendo. No estaban solos: sus familiares vivían en edificios adyacentes, incluida la Casa del Alcaide, una impresionante mansión colonial de 17 habitaciones y vistas al Golden Gate. La necesidad hizo que en la isla hubiera un pequeño supermercado, una oficina de correos, un centro lúdico con bolera y otro de estudios, aunque la mayoría de los niños (hubo hasta 80) iba en barco cada día al cole en San Francisco.

Ostras rellenas para Navidad

Aun así, para las familias, Alcatraz nunca fue la Isla del Diablo, sino una morada apacible en la que «ni se cerraban con seguros las puertas». Y es que, aunque la leyenda diga lo contrario, las condiciones eran mucho mejores que en otras cárceles. Suficiente tenían los reos con el martirio psicológico que suponía estar al lado de uno de los puertos más animados de Estados Unidos y, sin embargo, tan lejos. Sus privilegios se notaban, por ejemplo, en que nunca hubo overbooking (de las 390 plazas raro fue se ocuparan más de 260) y en los menús, que no sólo debían ser aceptables sino tener buena presencia.
De hecho, en la cocina todavía sigue intacta la propuesta culinaria de la Navidad de 1954, con pavo asado, pastel de calabaza y hasta ostras rellenas. O el desayuno de los últimos presos el 21 de marzo de 1963: huevos escalfados, cereales, café, tostadas, fruta... Para entonces, Robert Kennedy se encargó de dar carpetazo a la prisión más inquietante (y cinematográfica) de todos los tiempos. La falta de presupuesto tenía la culpa.
| Más información: En www.nps.gov/alcatraz  No es posible llegar por cuenta propia a Alcatraz, sino que hay que tomar un transbordador en el muelle 33 de San Francisco. Viaje más entrada: 26 dólares.

Las demandas de la Liga Costeña

Las demandas de la Liga Costeña

(Por Eduardo Posada Carbó) La Liga exigió volver al sistema de la Constitución de 1886, esto es, que cada departamento —Bolívar, Magdalena y Panamá— tuviese su propia representación, para un total de nueve senadores costeños, pues la reforma constitucional de 1910 agrupó los departamentos del litoral en una sola circunscripción para elegir no seis (al desmembrarse Panamá, se reducían sus tres curules) sino cuatro senadores.

Los grupos políticos del recién creado departamento del Atlántico eran los más interesados en el punto, pues, al carecer de antecedentes, debían acudir a toda clase de componendas con sus colegas de Bolívar y Magdalena, para alcanzar su inclusión en las listas y en la representación regional.

La propuesta política se complementaba con las peticiones de descentralización. Se exigió que los gobernadores fuesen nombrados de ternas presentadas por las asambleas departamentales, y que, en los distritos más avanzados, se siguiera similar proceso para el nombramiento de alcaldes.

Una alianza regional con propuestas económicas y políticas. El memorial que presentó la Liga Costeña a la cámara de representantes en 1919 fue una demostración de acuerdo regional, donde se identificaron políticas comunes y se superaron tradicionales rencillas internas.

El añorado proyecto de Bocas de Ceniza, en el cual fincaban sus esperanzas los comerciantes de Barranquilla, no les impidió a éstos apoyar la canalización del Dique, ni protestar contra el ministro del tesoro en 1919, cuando éste presentó una opinión desfavorable a las obras del canal.

A su vez, los comerciantes barranquilleros y cartageneros apoyaron la canalización de los caños que comunican al río Magdalena con la Ciénaga Grande y a ésta con la ciudad de Ciénaga. Si bien los intereses portuarios podían verse enfrentados, todos parecían coincidir en la necesidad de invertir recursos en el canal navegable del río Magdalena.

Con igual énfasis se quisieron proteger los intereses de la naciente industria en las ciudades de Barranquilla y Cartagena, que en el interior llamaban ‘artificiales’, pero que en estas ciudades consideraban locales, como local era el capital que les había dado origen.

Para garantizar la protección de estos intereses, se consideró necesario incrementar la fuerza política regional en el Congreso, y exigir mayor autonomía en la selección de los propios gobernantes.

La Liga Costeña de 1919 fue entonces la expresión de una alianza regional, con un proyecto económico y político no desligado del proceso nacional —por el contrario, tendía a reforzar los lazos de unión de la economía regional con la del resto del país— que manifestó su resistencia a ciertos intereses que se movían detrás del estado central. La costa miró hacia el interior de Colombia para el mercadeo de sus productos, sin dejar de examinar con mucho cuidado su ventajosa situación geográfica frente a la economía internacional. Por eso se obstinaba en romper la barrera del transporte, y creía que los altos fletes no podían reducirse sino utilizando en gran escala la navegación fluvial.

La alianza tenía causas mediatas e inmediatas. Hay que indagar más en la historia de la constante regionalista que en la costa se manifiesta de manera intermitente. Baste decir aquí que la Liga Costeña no surgió por generación espontánea, como una maquinación arbitraria de los grupos dominantes de la región, pues hay un pasado de alianzas, frustradas y débiles si se quiere —como la misma Liga demostraría ser—.

Así mismo, existía un tradicional sentimiento de resquemor contra los poderes centrales, sentimiento casi siempre difuso, pero que en coyunturas determinadas alcanzaba a explicitarse en el ser colectivo regional.

En cuanto a las causas inmediatas de la Liga, se pueden identificar hechos concretos que ayudan a entender mejor lo sucedido.

Ante todo el surgimiento de un grupo empresarial en la costa que ramificaba su capital en los distintos sectores de la economía regional: Carlos Vélez Daníes y Diego Martínez Camargo controlaban la industria ganadera y tenían inversiones en bancos, construcción urbana, explotación de petróleos y caña de azúcar.

La Fábrica de Tejidos Obregón, de Barranquilla -para entonces la fábrica de textiles más grande del país, organizó una plantación de algodón en el departamento del Magdalena e impulsó su cultivo en la margen derecha del río. Son ejemplos que sugieren la presencia de un grupo empresarial no sólo con intereses regionales, sino con una visión del crecimiento económico que chocaría con los proyectos apoyados en el interior del país.

Finalmente, obraron como catalizadores del proceso las reacciones ante los repetidos actos de un gobierno, el de Marco Fidel Suárez, que despertó tan pocas simpatías en la costa. Se desconfiaba de su conservatismo, de sus vínculos demasiado estrechos con la Iglesia católica. Las medidas de ese gobierno, que afectaban intereses regionales, justificaron la toma de posturas regionalistas.

El libro “Historia de la medicina en Colombia”: vademécum desde la época de la colonia hasta nuestra independencia

El libro “Historia de la medicina en Colombia”: vademécum desde la época de la colonia hasta nuestra independencia

(Revista Cambio) El relato de la epidemia de la viruela de 1782 da inicio al segundo tomo de Historia de la Medicina en Colombia, trabajo realizado desde 2006 por las universidades Nacional y Rosario.
Que la epidemia de viruela de 1782 era un castigo divino por las revueltas de los Comuneros, y que era suficiente tratarla con caldos delgados, agua tibia y pocos medicamentos, son explicaciones que demuestran la precariedad de la medicina importada por España al Nuevo Mundo. Un hombre del talante de José Celestino Mutis, médico ilustrado del virrey, culpaba a la terquedad y desobediencia de la "ínfima plebe" ¿"gente miserable, indigente, mal gobernada e inclinada a las bebidas fermentadas"¿ la alta tasa de mortalidad en esos tiempos, y confirmaba así que la superstición y la discriminación imperaban en la ciencia practicada en la Nueva Granada.
El relato de una de las epidemias más crueles que afrontó el virreinato da inicio al segundo tomo de Historia de la Medicina en Colombia, trabajo realizado desde 2006 por un grupo de investigadores de las universidades Nacional y Rosario con el apoyo de  Tecnoquímicas. El proyecto finalizará en 2012 con cinco tomos y más de 100.000 ejemplares.
Después de abordar en el primer tomo la historia de la medicina practicada en Colombia desde el año 12000 a.C. hasta la Colonia, el segundo libro centra su atención en las figuras científicas de la Independencia y los primeros años de la República. Este periodo comenzó con la implementación del pensamiento ilustrado en la ciencia criolla en 1782 y va hasta la consolidación, en 1865, del proyecto de Escuela de Medicina, de orientación francesa, que fue el antecedente directo de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional.
Fue la época en que "se forjó la institucionalización del país y, por supuesto, también se dio este proceso en la medicina", explica Emilio Quevedo, director de la investigación. Esto permitió pasar de una "medicina europea hecha en Colombia a una medicina colombiana propiamente dicha".
Rumbo a lo propio
Comenzaba el siglo XVIII y todo el movimiento de la Ilustración se expandía en Europa y América. En este contexto, la enfermedad y la salud dejaban de ser cosa de rezos y maleficios y comenzaban a ser relacionadas directamente con lo natural y lo físico. El sabio Mutis, en su papel de agente de la Corona española, fue uno de los encargados de introducir en el país este nuevo pensamiento que encerraba una relectura de los planteamientos hipocráticos.
Pero este periodo también fue marcado por la independencia de las colonias. Por eso las nuevas repúblicas dirigieron su mirada a Francia y la tomaron como modelo en el proceso de construcción de su aparato institucional. Durante este proceso, los criollos comenzaron a viajar al Viejo Continente a aprender las nuevas corrientes de pensamiento para regresar con el afán de aplicar lo adquirido. La intención era alcanzar una 'ciencia independiente'.
Los neogranadinos demostraron que el terreno era fértil. Fue allí donde el galeno bogotano José Félix Merizalde no escatimó esfuerzos para legitimar a los médicos universitarios colombianos frente a los profesionales de Inglaterra y Francia, y para integrar el legado francés en el conjunto de tradiciones de la medicina local.
Otro de los puntos de partida de una medicina propia sería la aparición en 1852 de La Lanceta, publicación científica mensual donde los médicos universitarios expresaron su pensamiento sobre la recién nacida nación. El periódico, dirigido por Antonio Vargas Reyes, médico nacional, buscaba unificar el gremio y brindar un espacio de registro para sus trabajos, además de rescatar el oficio profesional, convertido en "un campo de batalla donde cada cual procura ganar honra y provecho (...) con armas dignas tan solo de desmenguados charlatanes". La publicación solo tuvo seis números pero fue hito y punto de partida para la existencia de impresos posteriores sobre el tema, como La Gaceta en 1864.
Sin embargo, fue necesario esperar hasta la llegada de la medicina anatomoclínica francesa para que se iniciara la institucionalización de una práctica médica acorde con las necesidades de la República. Esta medicina pretendió desplazar la herencia de las ideas médicas españolas. Y así dejó atrás los humores y los malos vientos de la herencia hispánica para mirar el cuerpo como un conjunto de órganos en el que si fallaba uno se producía la enfermedad. "En este contexto, los médicos nacionales pretendieron adaptar la medicina francesa a las condiciones del país, y permitir el surgimiento de una patología y una estructura médica colombianas", agrega el doctor Quevedo.
Con la suma de estos elementos y la creación de la sociedad de Medicina y Ciencias Naturales de Bogotá en 1873, la nación reunió finalmente los tres elementos que, según los sociólogos, constituyen las profesiones modernas: la existencia de publicaciones especializadas, la vigencia de una institución estable encargada de la enseñanza profesional y la constitución de un gremio consolidado. El punto de partida quedaba planteado para el desarrollo de la 'medicina colombiana'.
Intervención pionera
La primera cesárea que se realizó en América Latina con madre e hijo vivos tuvo lugar en Medellín en 1844. La paciente se llamaba Ana Joaquina Echavarría, y el médico, José Ignacio Quevedo. De este tipo de intervenciones solo se habían realizado dos antes en Estados Unidos. La operación constituyó un paso definitivo entre dos tipos de medicina: la ilustrada y la anatomoclínica. En la primera, el procedimiento se realizaba pero solo con el propósito de salvar al niño cuando la madre había fallecido.
Oficios dentro de la medicina ilustrada
Cirujano latino. Aquel cirujano formado en una academia. En Colombia en la época no hubo ninguno de estos.
Cirujano romancista. Cirujano empírico que, sin embargo, estudiaba en el idioma en que estuvieran sus conceptos. No era formado en una academia.
Cirujanos barberos. Peluqueros convertidos en cirujanos. Totalmente empíricos y formados por la experiencia.
Parteras. A raíz de la negativa de los médicos por atender partos, eran ellas quienes recibían los nacimientos.
Algebristas. Se encargaban de lo relacionado con los huesos y son el antecedente directo de los ortopedistas.
Sangradores o flebotómanos (cortadores de venas). Encargados de lo relacionado con la sangre, las arterias y las venas.
Médicos. Profesionales universitarios encargados de recetar y tratar. Eran de altas esferas sociales.
Conflictos por viruelas
Durante la epidemia de viruelas que azotó al Nuevo Reino, Mutis vio en el método de la inoculación que había aprendido en Europa una alternativa para tratar la enfermedad. Consistía en tomar la sustancia de las viruelas con una aguja e inyectarla en una persona sana para causar una enfermedad controlada que creara resistencia. El virrey prohibió a Mutis esta práctica, pero luego tuvo que aceptarla.

Nuevo encuentro local con el Bicentenario en Santa Marta

Nuevo encuentro local con el Bicentenario en Santa Marta

La Alta Consejera Presidencial para el Bicentenario, María Cecilia Donado García y el rector de la Universidad del Magdalena, Ruthber Escorcia Caballero, instalarán en Santa Marta, el próximo 18 de septiembre, un nuevo encuentro local, dentro del conjunto de actividades con las que el Gobierno Nacional conmemora los doscientos años del grito de independencia de Colombia.

La participación de la provincia de Santa Marta en el proceso de emancipación, que para muchos fue definitivo porque además le imprimió un sello de garantías ciudadanas al nuevo periodo republicano de Colombia, será el tema a desarrollar, con participación de los historiadores, Edgar Rey, Javier Moscarella y Fabio Silva Vallejo.

El Gobierno y la academia en Santa Marta plantean un debate público sobre el bicentenario, que permitirá ahondar mucho más en la histórica gesta libertaria, próxima a cumplir doscientos años, con intervención de historiadores locales y ciudadanos interesados en cultivar y recordar los hechos que han marcado el devenir de la república.

Deliciosas lecciones sobre nuestros problemas limítrofes

Deliciosas lecciones sobre nuestros problemas limítrofes

(Por Álvaro tirado Mejía) El historiador Álvaro Tirado Mejía esculca el pasado para explicar los problemas que vivimos hoy con los vecinos.
 Con excepción de Brasil, al terminar el proceso de independencia los nuevos estados latinoamericanos acudieron al Uti Possidetis Juris, para delimitar sus fronteras.  Esto significaba que los límites entre ellos se marcarían siguiendo las líneas de la división administrativa del Imperio Español. En el papel el asunto era sencillo; sin embargo, en la práctica fue especialmente complicado porque se trataba de un continente en gran parte desconocido y con una cartografía sumamente deficiente. En los diferentes países aparecieron movimientos que se fijaban metas territoriales basadas en el deseo más que en la realidad,  apoyados en "mapas patrióticos",  y que consideraban que sólo se podía negociar sobre sus presupuestos.
El proceso de negociación de fronteras se vio perturbado por las guerras civiles que azotaron al país o a los vecinos. Como siempre sucede en estos casos, en las zonas de fronteras circulan contendientes, refuerzos y armamentos. Esto motivó frecuentes roces con los vecinos de Colombia, bien sea porque se sindicaba a las autoridades de países vecinos de apoyar a las fuerzas rebeldes insurgentes o, bien, porque a nuestros gobiernos se les hacía la misma sindicación.
Otro elemento que perturbó el arreglo sobre las fronteras y el conjunto de las relaciones fue el  manejo ideologizado, al anteponer  las visiones partidistas o los dogmas políticos al tratamiento pragmático. Es el caso del enviado colombiano a Quito durante  el gobierno de José Hilario López, cuya función era celebrar un tratado de límites, pero su misión fue desviada a gestionar prioritariamente la expulsión de los jesuitas que residían en Ecuador y a quienes el gobierno colombiano acababa de expulsar. Para este gobierno esto era "cuestión de importancia esencial en su política exterior" pues consideraba que la Compañía de Jesús "era una amenaza constante  para la tranquilidad del país". 
Las fronteras terrestres
-Venezuela: En 1811 se firmó un tratado para arreglar los límites entre Cundinamarca y Caracas  y todo hacía presagiar que una vez separados Colombia y Venezuela la delimitación sería fácil. Sin embargo, el fantasma de las guerras civiles y el apoyo recíproco  a los contendientes del otro lado de la frontera degradaron la situación. Fueron muchas las ocasiones en las que se rompieron las relaciones y aun en las que la guerra estuvo cerca. Pese a todo, ambos gobiernos designaron como árbitro al  Rey de  España y, en el año de 1891, la Reina Cristina expidió un Laudo Arbitral. En agradecimiento, nuestro agente diplomático, cercano a la reina, le hizo donación del llamado Tesoro Quimbaya, una de las más finas colecciones de arte precolombino, que aún reposa en Madrid.  Un Tratado de 1916 acordó que las diferencias surgidas se sometieran al arbitraje del Presidente de la Confederación Suiza, quien se pronunció en 1922. Otro Tratado de 1941, zanjó las últimas discrepancias.
 
-Brasil: Fue el país que mayor ventaja obtuvo de las negociaciones con sus vecinos, incluyendo a Colombia. En varias ocasiones rehuyó las negociaciones con Colombia arguyendo la situación interna de inestabilidad por las guerras civiles. Sin embargo, en 1853, aprovechando el desconocimiento o la ingenuidad del Canciller colombiano, su representante en Bogotá obtuvo la firma de un tratado de límites totalmente favorable a su país, que el Congreso colombiano inmediatamente desautorizó. Durante el gobierno de Rafael Reyes, un hombre práctico y de acción que conocía la Amazonia, se firmó, en 1906, un protocolo que dividió la negociación en dos secciones. En 1907, se firmó un tratado de límites y modus vivendi, sobre  navegación y, en 1928, otro tratado que concluía el asunto de los límites y de la navegación en los ríos comunes.
-Perú: La vida independiente entre Colombia y Perú si inició con guerra, a propósito de límites. Durante el siglo XIX, se negociaron los límites entre los dos países, con la interferencia de Brasil. Por un tratado de 1851, Perú cedió a Brasil una porción colombiana que, a la postre, quedó en manos de Brasil. Colombia no protestó inmediatamente porque no conocía la negociación ni el tratado negociado en Lima. A ello contribuyó la circunstancia de que aunque se nombró un embajador, éste no pudo actuar por la sencilla razón de que la Cancillería colombiana olvidó solicitar el exequatur y, al llegar el Embajador a Lima no fue recibido como tal y tuvo que regresar a Colombia.  Por lo demás, Brasil supo sacar partido sobre el conjunto de sus vecinos en razón de que ha tenido una excelente cancillería, con la mejor información sobre la zona heredada de  Portugal con quien nunca rompió, una política internacional clara y una permanente ocupación de territorio. Por ello, nunca aceptó el Uti Possidetis Juris  y siempre alegó el Uti Possidetis Facti, es decir, la ocupación material como título, y no la demarcación colonial.
En el transcurso de las negociaciones con Perú hubo de todo, hasta alegatos basados en un documento extraviado o inexistente. Tal fue el caso del famoso Tratado Mosquera-Piedemonte, negociado en 1830 por don Tomás Cipriano como agente diplomático en Lima. El Perú aducía que el Tratado era inexistente y que sólo se debía a la imaginación del general Mosquera. Por su parte, Colombia alegaba su existencia basado en sendas copias que reposaban en el país y en Ecuador. Las malas lenguas decían que el original había desaparecido dolosamente de la Legación Colombiana en Lima.
Con el Perú la cuestión se complicó debido a los manejos e intereses de la Casa Arana, una empresa dedicada al negocio del caucho. Las tropelías cometidas por esa empresa fueron  objeto de debates en el Parlamento Británico, e inspiraron La Vorágine, una de las mejores novelas de Latinoamérica. En 1922, el Tratado Lozano-Salomón estableció los límites entre Colombia y el Perú. Su ejecución se retrasó por las objeciones de Brasil pero, sobre todo, por los intereses de la Casa Arana y de sectores opuestos al presidente Leguía del Perú. A ello se unió lo que López Michelsen describió como la Nueva Guerra de Troya, para rescatar a la Elena Amazónica. Un funcionario colombiano que disputaba el amor de una mujer con un militar peruano, se apoderó de ella a la fuerza. Como respuesta, el peruano armó su gente para rescatar a la amada y en compañía de agentes interesados de la Casa Arana se tomaron a Leticia en septiembre de1932. Esto dio lugar a un enfrentamiento militar con encuentros de poca monta y el conflicto fue saldado por el Protocolo de Río de Janeiro con la mediación de Brasil y la participación de la Sociedad de las Naciones. Es de anotar que este fue el único resultado positivo que produjo esta lánguida organización.
-Ecuador: A pesar de los profundos lazos entre los dos países, las relaciones estuvieron marcadas por incidentes que llevaron  a múltiples rupturas de relaciones y a dos cortas guerras en el Siglo XIX. Como reacción a la dictadura bolivariana, algunas provincias del sur decretaron la incorporación al Ecuador. Incluso, a petición del gobierno colombiano, el presidente Flores, del Ecuador, ocupó a Pasto en varias ocasiones, para combatir a los rebeldes. Por lo demás, en  la Guerra de los Supremos  tanto el gobierno granadino como algunos de los jefes de la insurrección ofrecieron cesiones territoriales al Ecuador, a cambio de apoyo militar. En variadas ocasiones, grupos irregulares o destacamentos oficiales de Colombia y Ecuador participaron en los conflictos del otro al vaivén de sus simpatías. Así, un incidente menor podía magnificarse y dar al traste con una negociación. Tal fue el caso de una placa colocada a mediados del siglo XVII en Ecuador con motivo de la medición de un meridiano. El sabio Caldas se la trajo a Bogotá para "salvarla". Tiempo después, mientras se discutían los límites, se iba a colocar en la ciudad de Cuenca una nueva placa en sustituto de la legítima y en su discurso, del Gobernador de Azuay, se despachó contra Colombia y el sabio Caldas.  A partir de allí el asunto de la placa pasó a primer plano en las relaciones bilaterales, hasta el punto de que el Congreso granadino tuvo que expedir una ley, en 1857, para  devolver la placa, lo cual se logró para bien de la paz, veinte años después. En 1916, se firmó el Tratado de límites Suárez-Muñoz Bernaza, entre los dos países, lo que no fue óbice para que a finales de los años veinte las relaciones estuvieran suspendidas por más de cinco años.        
-Panamá: Tras la separación de Colombia, en 1903,  las relaciones quedaron rotas. Sin embargo, en 1909 se negociaron tratados con Estados Unidos y con Panamá, que no fueron aprobados en Colombia por el profundo rechazo de la opinión pública. Ese año hubo un amago de conflicto por límites y las tropas colombianas ocuparon la región de Juradó.  En 1914, en el Tratado Urrutia-Thompson, entre Colombia y los Estados Unidos, aunque éste era un tercero, se propuso la cláusula quinta que especificaba el reconocimiento de Panamá. En 1924, por el Tratado Vélez-Victoria, se acordaron los límites entre los dos países.
Fronteras marítimas
El impresionante desarrollo de la técnica contribuyó a modificar la percepción sobre los mares y su exploración y utilización. En consecuencia el derecho del mar tuvo un vertiginoso desarrollo: se ampliaron las visiones sobre mar territorial, zona adyacente, áreas marinas, etc. Se celebraron las Conferencias sobre Derechos del Mar  en 1958 y en 1960. Colombia tuvo la clarividencia de actuar tempranamente para arreglar las fronteras marítimas con sus vecinos cuando muchos países no habían asimilado los nuevos conceptos y no se habían percatado de su inmensa trascendencia. Esto fue  especialmente importante para Colombia debido a su posición geográfica, ya que tiene costas sobre el Pacífico y, sobre el Caribe, no sólo tiene la costa más extensa sino el mar territorial más amplio. Por esas razones, en el Pacífico limita con tres países y en el Caribe con ocho. Gracias a esta política clarividente iniciada en el gobierno de Carlos LLeras por su Canciller López Michelsen,  Colombia ha consolidado sus títulos en cerca de novecientos mil kilómetros.
Colombia suscribió tratado de delimitación de áreas marinas y submarinas con Ecuador, en 1975; Panamá, en 1976 sobre el Pacífico y el Caribe; Costa Rica, en 1977 sobre el Caribe y, en 1984 sobre el Pacifico; Haití, en 1978; República Dominicana, en 1978; Honduras, en 1986; Jamaica, en  1993. Con Venezuela no se ha concluido la negociación referente  a áreas colombianas en el Golfo de Venezuela.
El caso de Nicaragua merece mención especial. El territorio colombiano se extendía  hasta la costa oriental  de Costa Rica y Nicaragua (Mosquitia), cuando Panamá formaba parte de Colombia. Ya, en 1903, un Laudo Arbitral asignó a Costa Rica su porción sobre la Mosquitia. Estos territorios habían estado abandonados hasta el punto de que en el siglo XIX, un Jefe local se proclamó y coronó como Rey de los Mosquitos, con el apoyo y reconocimiento de Inglaterra que tenía los ojos puestos en un canal interoceánico en la zona. En 1928, Colombia firmó el Tratado Esguerra-Bárcenas, entre Colombia y Nicaragua por el cual, entre otras cosas, Colombia cedía la Mosquitia y Nicaragua reconocía la soberanía colombiana sobre San Andrés y Providencia y, a petición del Congreso nicaragüense, se consignaba que el límite colombiano no se extendía más allá del meridiano 82. Por demanda de Nicaragua, cursa actualmente un juicio en la Corte Internacional de Justicia, la cual, al resolver las excepciones preliminares, ha reconocido la validez del Tratado y la soberanía colombiana sobre San Andrés y Providencia, reservándose para la sentencia la delimitación de una zona limítrofe en el mar.

Museo Naval del Caribe, Cartagena, Colombia.

Museo Naval del Caribe, Cartagena, Colombia.

La recuperación de esa “esquina urbana” se inicia a mediados de 1980 con la demolición del antiguo Hospital Naval, que se había construido encima del baluarte de San Francisco Javier, siguió con la restauración del baluarte en si y la construcción de la plazoleta, luego con la restauración del museo, y remató con la construcción del hotel Santa Teresa, en los predios del antiguo convento de ese mismo nombre. Del rescate del conjunto surgió un nodo de gran vitalidad, cabeza del corredor cultural que integra las plazas y otras edificaciones de valor patrimonial.

El museo ocupa lo que en época colonial fuera el hospital de los Jesuitas y posteriormente, hasta la primera mitad del siglo pasado, cuartel de la infantería. Lentamente se fue arruinando, perdió su carpintería, parte de la cubierta, las balconadas internas y la estructura de entrepiso. Gracias a los aportes de Julio Mario Santo Domingo, del Ministerio de Obras Públicas y de la Agencia Española de Cooperación Internacional, fue restaurado hasta alcanzar el aspecto que hoy observamos.

Fundación Fototeca Histórica Cartagena de Indias

Unimagdalena organiza simposio sobre la historia de Santa Marta en el siglo XIX

Unimagdalena organiza simposio sobre la historia de Santa Marta en el siglo XIX

La Vicerrectoría de Extensión de la Universidad del Magdalena, a través de su sistema de extensión cultural, se vinculó a la conmemoración del Bicentenario de la República de Colombia, evento para el cual se desarrollarán una serie de acciones y actividades académicas que resaltan este importante suceso.

En esta oportunidad se organizará el Simposio historia de Santa Marta en el siglo XIX como espacio para la disertación sobre aspectos económicos, sociales, políticos y culturales, que construyeron los distintos procesos de desarrollo de la Región Caribe colombiana y en especial de la provincia de Santa Marta. 

El propósito, es consolidar un espacio que reúna a los más destacados académicos de la ciudad y de la Región Caribe en torno a un interés común, social y debatir los diferentes sucesos de la historia que hicieron parte fundamental del Bicentenario.

De los académicos invitados se encuentran el historiador William Renán Rodríguez, el economista e historiador Jorge Elías Caro, el docente en historia de la literatura Rolando Bastidas, el arquitecto historiador Álvaro Ospino Valiente, el historiador Aroldo Guardiola y el académico Antonio Navarro.
 
El Bicentenario

El Simposio hace parte de un compendio de actividades académicas y culturales que se celebrarán en el Marco del Bicentenario de la República de Colombia.

Esta jornada hace parte del plan de actividades destinadas a la celebración de los 200 años del inicio del proceso de emancipación nacional, que van desde programas de desarrollo hasta actividades culturales y de recreación histórica.

7 DE AGOSTO, LA BATALLA DE BOYACA EL SELLO DE LA INDEPENDENCIA

7 DE AGOSTO, LA BATALLA DE BOYACA EL SELLO DE LA INDEPENDENCIA

El sábado 7 de agosto en la mañana, el ejército realista desde Motavita inició su desplazamiento hacia Santafé de Bogotá. Su objetivo era llegar a la capital para unir sus fuerzas con las del virrey Sámano y organizar un frente militar contra Bolívar y el ejército libertador. Escogieron la vía por el Puente de Boyacá en el camino real, con dirección a la capital del Virreinato.
 
El ejército libertador, que ocupó a Tunja desde el 5 de agosto, quería impedir a toda costa esa maniobra. Las dos fuerzas se encontraron en el campo de Boyacá. El ejército libertador estaba conformado por 2.850 combatientes al mando del general Simón Bolívar.
 
La vanguardia patriota estaba comandada por el general Francisco de Paula Santander y la retaguardia, por el general José Antonio Anzoátegui. El general Carlos Soublette era el jefe del estado mayor.
 
Las tropas estaban compuestas por venezolanos, granadinos y algunos grupos extranjeros, como la legión británica. Sus integrantes eran criollos, mestizos, mulatos, zambos, negros e indígenas, generalmente gentes pobres, escasas de alimentos y vestidos, llamados por las autoridades españolas «insurgentes». El ejército tuvo mucho apoyo popular de los granadinos, y en especial de los campesinos de Tunja.
 
Desde el alto de San Lázaro en Tunja, el Libertador y el estado mayor observaron los movimientos del Ejército realista. A las 10 de la mañana ordenaron impedir el paso por el Puente de Boyacá, en el cual confluyen los dos caminos: el de Samacá, utilizado por los realistas desde Motavita y el camino real, utilizado por los patriotas.
 
A las 2 de la tarde la descubierta del Ejército patriota, encomendada al capitán Andrés Ibarra con sus jinetes, descendió del Boquerón de El Tobal y llegó hasta la Casa de Teja y sus alrededores, donde se enfrentó a la vanguardia realista que estaba en pleno almuerzo.
 
El general Francisco de Paula Santander inició con la vanguardia el combate, y puso en retroceso a la vanguardia realista hasta el Puente de Boyacá, donde estaba fuerte en la orilla opuesta del río Teatinos.
 
En ese momento llegó al campo de Boyacá el grueso de la división de Barreiro por el camino de Samacá y se enfrentó a la retaguardia patriota comandada por el general Anzoátegui.
 
En esos momentos llegó a la casa de Teja el Libertador Bolívar, quien se ubicó en una colina equidistante entre el puente y la casa. Así dice el coronel Antonio Obando en sus Apuntamientos para la historia: «El general Bolívar con nuestra retaguardia siguió el movimiento de Barreiro y se formó un frente al lado opuesto del río».
 
Por su parte Santander ordenó a las guías de Casanare, guiados por José María Ruiz, pasar al riachuelo Teatinos para volver por la espalda a la vanguardia realista. Los patriotas treparon por los escarpados lugares llenos de matorrales y se presentaron de improviso para envolver por la espalda a la vanguardia realista comandada por el coronel Francisco Jiménez. Dos escuadrones de españoles se enfrentaron a los llaneros, pero fueron derrotados.
 
El general Santander aprovechó el desconcierto del enemigo para lanzar sobre el Puente de Boyacá a los batallones Cazadores y Primero de Línea, comandados por los tenientes coroneles Joaquín París y Antonio Obando. La vanguardia patriota pasó a la orilla derecha del río Teatinos o Boyacá y se tomó el Puente, el objetivo de la contienda.
 
El coronel Barreiro siguió combatiendo a la defensiva. Trató de rehacer su infantería en otra altura, pero la rapidez de las tropas patriotas cerró aquel anillo de fuego, por lo cual la retaguardia realista, cercada por todas partes, tuvo que rendirse. Así mismo se rindió la vanguardia ante la fuerza militar de la patriota, con su comandante Santander, considerado el ‘Héroe de Boyacá’.
 
La batalla terminó a las 4 de la tarde del 7 de agosto de 1819. Murieron más de 100 realistas, entre ellos el coronel Juan Tolrá y el comandante Salazar, y 150 quedaron heridos. De los patriotas murieron 13 soldados, entre ellos el capellán de la vanguardia, Fray Ignacio Díaz, y 53 quedaron heridos.
 
En la noche del 7 de agosto, un niño héroe de 12 años, Pedro Pascasio Martínez, quien no se dejó sobornar por monedas de oro, hizo prisionero a Barreiro y lo entregó a Bolívar en la casa de Teja. El niño fue ascendido a sargento por el Libertador y recibió una gratificación de 100 pesos. Los principales jefes realistas y 1.600 soldados fueron hechos prisioneros.
 
En Ventaquemada el 8 de agosto, el general Carlos Soublette expidió el Boletín Nº 4 sobre la Batalla de Boyacá. El Libertador dictó el decreto de la ‘Orden de Boyacá’ para enaltecer a todos los batallones y escuadrones que participaron en la memorable batalla.
 
Con este enfrentamiento culminó la Campaña Libertadora de 1819, realizada en su corto período de 77 días, desde el 23 de mayo, cuando el Libertador Simón Bolívar expuso el plan en la aldea de los Setenta ante los jefes del ejército patriota, siguiendo un itinerario militar desde los Llanos de Casanare, la Cordillera de los Andes y las tierras de la antigua providencia de Tunja, el cual culminó en el Puente de Boyacá.
 
En el puente sobre la quebrada Teatinos se selló la independencia de Colombia. Por la forma feroz como combatió a los españoles, Santander fue considerado el ‘Héroe de Boyacá’

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