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Jueves 11 de Marzo

La educación sexual es obligatoria sobre el papel. El de la ley orgánica vigente (LOE). Pero no acaba de llegar a los alumnos. Y mucho menos de forma amplia y organizada desde que tienen la edad adecuada para empezar a explicarles tanto lo que le va a pasar a su cuerpo (la menstruación, la eyaculación...) y los riesgos que pueden correr con el sexo sin una buena información.
La educación sexual es obligatoria sobre el papel. El de la ley orgánica vigente (LOE). Pero no acaba de llegar a los alumnos. Y mucho menos de forma amplia y organizada desde que tienen la edad adecuada para empezar a explicarles tanto lo que le va a pasar a su cuerpo (la menstruación, la eyaculación...) y los riesgos que pueden correr con el sexo sin una buena información (embarazos no deseados, enfermedades...) como las posibilidades de placer que puede darles solos o acompañados. El temario mínimo de la ESO contempla estas explicaciones pero los expertos que trabajan en estos temas (sexólogos, psicólogos, médicos...) coinciden en que, en la mayoría de los casos, esta educación se liquida en unas cuantas charlas, por lo general, a los 15 años, y que son pocos los profesores que hablan de ello en las materias en las que debería enseñarse.
Pocas voces se oyen ya en contra de que se imparta educación sexual en los colegios -como se hace prácticamente en todos los países de nuestro entorno- pero sigue habiendo miedo de algunos padres a este tema. Miedo al adoctrinamiento. Algo de lo que los que sí enseñan estos temas en las aulas huyen. Dicen que se debe explicar a los estudiantes todo lo relacionado con su cuerpo y lo que pueden hacer con él, para que luego sean ellos los que escojan. También los padres en casa. La información es compatible con todos los valores. A partir de esas explicaciones, los padres pueden comentar a sus hijos sus propios valores, sean los que sean, para que los tengan en cuenta a la hora de tomar sus decisiones.
La iniciativa de hacer hincapié en este tema en la nueva ley del aborto -a propuesta sobre todo de ERC e IU/ICV- es vista con buenos ojos por prácticamente todos los colectivos. Lo vislumbran como una oportunidad para concienciar más sobre la necesidad de impulsar la educación sexual y para revisar lo que no está funcionando.
Sin embargo, los colectivos que trabajan este tema siguen considerando impreciso el texto, que aprobará el Pleno del Congreso la semana próxima para pasarlo al Senado. La mayoría pide que se especifiquen las materias y horarios en los que debe enseñarse, los contenidos concretos, la formación de los profesores en todos los centros (públicos, concertados y privados) y que incluya una partida presupuestaria para llevarlo a cabo.
Lo que más se explica en los colegios e institutos es todo lo relacionado con los riesgos y la reproducción, lo cual, lógicamente, tiene su parte positiva, pero también negativa. El tabú se centra en la explicación de todo lo que tenga que ver con el placer (la masturbación, el coito, el erotismo, los juegos sexuales...). A muchos profesores les incomoda tener que hablar de estos temas, no se sienten preparados o les resulta violento hacerlo a alumnos a los que luego tienen que tratar todo el curso.
La mayoría de los especialistas propone que estos contenidos se repartan entre diversas materias de forma más organizada y obligatoria, con un tiempo específico organizado para ello a lo largo de toda la educación y que se proporcione formación específica a los docentes de cada centro que se vayan a ocupar de estas enseñanzas.
"Por debajo de los 12 años, el papel de los padres es muy importante, pero cuando los hijos entran en la adolescencia, los progenitores pasar a estar en otra posición y no son la fuente fundamental de información, según dicen los estudios, y también el sentido común", explica la presidenta de la Federación de Planificación Familiar, Isabel Serrano. "Por eso, la mayoría de los padres, que son muy sensatos y conscientes de que sus hijos reciben mucha información insegura, están encantados de que haya una interrelación en esta educación entre las escuelas y las familias".
¿En qué consiste la educación sexual? Éste es el primer interrogante que plantean muchas familias. No lo saben, porque no lo han preguntado o porque no se les ha explicado. Otros muchos sí lo saben, como explican los expertos que organizan encuentros informativos con padres. Responde Carlos de la Cruz, director de Máster de Sexología de la Universidad Camilo José Cela, que lleva además 20 años dando charlas de este tema. "Es enseñar a los alumnos a conocerse, lo que es la reproducción y el placer; a aceptarse a sí mismos como hombres y mujeres y también al otro. Pero aprender a tener una erótica satisfactoria no significa que se les diga lo que tienen que hacer. Una cosa es explicar lo que es la masturbación o el coito y otra decirles que lo tienen que hacer. A lo que se les enseña es a tomar sus propias decisiones".
De la Cruz añade un interesante apunte: "La educación sexual buena es compatible con los centros públicos, privados católicos, privados laicos... con cualquier ideología, porque no aporta doctrina sino exclusivamente información. No es sólo explicar lo que se hace entre genitales, es educar para evitar el sexismo, a aprender a expresar las emociones, a relajar el cuerpo...".
"Es obligación del Gobierno garantizar que todos los alumnos salgan de la educación obligatoria sabiendo estos mínimos", advierte este especialista. "Habría que ver cómo se puede complementar el trabajo de profesionales externos a los centros con el de los profesores y empezar a contar estos temas cuando sea el momento, es absurdo contarles a los 15 años lo que es la menstruación y la eyaculación".
Este profesional da charlas en los colegios e institutos de Leganés (públicos, concertados y privados). Las organiza el Ayuntamiento de la localidad, son cuatro sesiones en 6º de primaria y 3º de ESO, también en numerosos centros católicos, de acuerdo con la dirección y las asociaciones de padres.
Pero, cuando se aborda este tema, a menudo, se evitan algunas cuestiones. Por lo general, en muchas escuelas se dan charlas específicas generalmente en la ESO, pero no a lo largo de los diferentes cursos, cuando su momento de desarrollo físico y emocional lo requiera. Y, aún así, sigue habiendo un tema tabú: el placer. "La mera palabra chirría. Todo lo que tenga que ver con él se evita en muchos casos. Chirría a algunos sectores de la Iglesia católica, que considera que esta educación compete a la familia, y hablar de él sigue removiendo a una parte de la sociedad española", señala Carlos de la Cruz.
Es más fácil para los profesores hablar de reproducción, embarazos y enfermedades. Lo que sitúa la visión del sexo a los ojos del alumno en un enfoque negativo, de prevención, de riesgos, de peligro. Y se olvida de contarles las posibilidades que tiene. Es más fácil hacer una educación sexual que intenta evitar riesgos, abusos, embarazos no deseados, comportamientos sexistas..., coinciden los expertos. Pero con esto se da a los chavales la sensación de que la sexualidad es un peligro, cuando se les debería contar también que pueden aprender las posibilidades de disfrutar de su sexualidad, se decida luego a hacerlo o no. Entre los temas tabú relacionados con el placer los expertos apuntan, por ejemplo, el orgasmo, la masturbación, la primera vez, los besos y caricias corporales, los gustos y las fantasías eróticas... Es más sencillo de aceptar para muchas personas un enfoque ético o biológico del tema. Pero, si se limita a eso la educación sexual se queda coja, y los chavales crecen con multitud de interrogantes sin responder, al menos fuera del variado universo de Internet, es decir, con rigor y desde la escuela.
Otro aspecto en el que insisten los expertos es, como pasa en toda la educación, en la importancia de establecer una comunicación fluida con los hijos sobre este tema. De dejarles claro que cuentan con sus padres si quieren preguntar algo, lo que no quiere decir que tengan que contarles sus relaciones, como tampoco lo hacen éstos. No se trata de eso. "No hace falta decirles la palabra vagina o pene para hablar con ellos de sexo", ilustra De la Cruz, "si además en familia ya se comentan muchísimas cosas que tienen que ver con el deseo sin caer en la cuenta de ello". "Se hace al hablar del tipo de mujer u hombre que les gusta, al manifestar si les gusta una actriz o un modelo que están viendo en la televisión, al comentar sus gustos, por ejemplo, por determinado tipo de mujeres u hombres...".
"Hay que enseñar al joven a valerse por sí mismo, a conocer su cuerpo y los riesgos. Y no hay que olvidar", advierte Isabel Serrano, "que hay chavales que van a sufrir en ese camino, por problemas con su orientación sexual y también que vivimos en una sociedad con comportamientos sexuales dispares, con inmigrantes procedentes de muchas culturas y con diferentes puntos de vista sobre este tema". También están los discapacitados. La nueva ley llama a atender la educación sexual a este colectivo, otro avance.
"De los países de nuestro entorno, somos de los pocos en los que no hay un marco claro de educación sexual que la haga obligatoria para todos los niños", opina Isabel Serrano. Y menciona como referencia el informe La educación sexual en Europa, realizado por diversos organismos (entre ellos, la OMS) sobre 26 países. "Es necesario que se establezcan unos mínimos de educación sexual para todas las etapas educativas y para toda España, abrir un proceso de debate para que se pacten -los horarios, el reparto de contenidos por edades y la formación que necesitan los educadores- entre todas las comunidades y los sectores implicados", propone la presidenta de la Federación de Planificación Familiar.
Lo cierto es que la educación sexual está contemplada ya como obligatoria en la LOE, como recuerda la portavoz de Educación del PSOE en el Congreso y responsable de Educación en la Ejecutiva socialista, Cándida Martínez. Sin embargo, esta portavoz dice que "otra cosa es que sea importante que con la nueva ley del aborto aparezca reforzada toda la educación sexual y afectiva. Es un acierto". "Además, que aparezca en el texto pactado con diversos grupos es un avance para que se reconozca la relevancia que debemos darle a estas cuestiones. Es evidente que no hay mejor prevención que la educación. Y quizás a partir de aquí se podría hacer un seguimiento serio de cómo se están impartiendo estos contenidos, cómo están llegando a los alumnos, respetando la libertad de las competencias educativas de todos".
De acuerdo con la letra de la ley, se debería enseñar, por un lado, de forma transversal (es decir, metida en contenidos que tengan que ver con estos temas como los de Conocimiento del Medio, Biología o Educación Física) y, por otro, en forma de temas específicos en el real decreto que regula las enseñanzas mínimas de primaria y, de una forma más concreta en el de la ESO.
Pero esto es sobre el papel de la ley. En la práctica, la mayoría de los profesionales que trabajan temas de educación sexual dicen que no acaba de funcionar este sistema.
"La parte buena de la noticia de que se vaya a incluir en la nueva ley del aborto es que a través de la prevención de riesgos se puede lograr ya de una vez que se comprenda la importancia de la educación sexual. La parte mala es que esté focalizada en la prevención", señala uno de los principales expertos en este tipo de educación, el catedrático de Psicología de la Sexualidad en la Universidad de Salamanca, Félix López.
"Es obligatorio impartirla pero no se hace. La ley obliga a hacerlo pero no garantiza que se haga. El problema básico es que hay que dar formación a los profesores de los centros, a algunos, no necesariamente a todos y liberarles algunas horas de clase para que se hagan cargo de estas enseñanzas en su centro o de coordinarlas". Este catedrático también opina que como asignatura transversal no ha funcionado. Y pone el ejemplo de Canadá. "Allí tienen un área de bienestar y calidad de vida, al que le dedican una hora semanal. Es sólo una muestra de lo que se puede hacer y de lo que hacen otros países. Y en España la ley debería incluir, aparte de un plan de formación para educadores, recursos económicos para llevar todo esto a cabo".
Félix López dice que lo más viable hoy por hoy sería que se repartieran los contenidos entre un tiempo de tutoría (sobre el desarrollo de la persona y el afecto, por ejemplo), las asignaturas de Ética y Educación para la Ciudadanía (los valores, las relaciones...) y la de Biología (la anatomía y fisiología...).
"Todo el mundo reconoce que el actual sistema ha sido un fracaso, la transversalidad no está funcionando. Y esta educación no se puede dejar sólo, como se hace en la práctica, en unas charlas sobre embarazo, métodos anticonceptivos, sida, el uso de los tampones o la higiene genital... esto es sólo una pequeñísima parte", insiste Isabel Serrano.
"Hay que involucrar a toda la comunidad escolar (padres, profesores y jóvenes) en este tema para que sea una realidad". A la presidenta de la Federación de Planificación Familiar, que es ginecóloga y tiene mucha experiencia en el trabajo con jóvenes, le parece "estupendo" que la nueva ley del aborto haga hincapié en este tema. Y critica a los que se oponen a que se enseñe en los colegios: "Es absurdo pensar que la gente puede llegar a tener una sexualidad saludable y que se vaya a lograr reducir las tasas de aborto sin tomarnos en serio la educación sexual". "Hay sectores obsesionados con el sexo", señala, "que han hecho un baluarte ideológico de este puritanismo, que les lleva a oponerse a que se enseñe en los colegios. Aunque son colectivos pequeños, aún hay gente que cree que con esta educación se va a promover que sus hijos tengan relaciones sexuales sin querer. Hay mucha información, pero no educación. Y pensar que los padres se pueden manejar solos en esto es un error".
Esta experta resume los tres objetivos básicos que habría que lograr: "Dar información segura (bien distinguida de la lluvia que les llega a los jóvenes por todas partes), ayudarles a desarrollar habilidades para incorporar la sexualidad como un elemento de su vida y fomentar actitudes positivas y valores relacionados con la sexualidad, basados en el respeto y en que la toma de decisiones corresponde a cada persona". También cree que es fundamental lograr un mayor apoyo al profesorado.

(Por Esther Balac) Éstos pueden ser un reconstituyente o el preámbulo del verdadero infierno para las parejas que acostumbran descansar en compañía.
Lo digo por la elevada proporción de separaciones que se dan justo al desempacar las maletas y que dejan tal desazón, que hace que una toalla mojada parezca más sexy que la persona con la que se comparten las sábanas.
"Virus de las vacaciones" llaman algunos a ese fenómeno que logra que el paraíso que se espera disfrutar, después de un año de trabajo, sea atacado por un tsunami que tiene su epicentro justo en el departamento inferior del cuerpo y que saca en estampida las ganas del aquello, aunque haya luna llena, brisa tibia y cantos de cigarras.
Es que creer que las vacaciones son el remedio para mejorar la calidad del consuetudinario polvo del viernes en la noche, que sólo se aplaza por enfermedad o ausencia obligada del cónyuge, es un error fatal. Las malas faenas en la cama lo son en el lecho casero y lo siguen siendo en una playa en Saint Thomas, si la actitud es la misma.
Si la insatisfacción y las noches de quedar a medias aumentan el equipaje, se pondrán en evidencia ante un detonante tan banal como el ruido de un secador de pelo, que interrumpe el sueño del otro en el cuarto de hotel.
El reproche, las culpas y las ganas de ahorcar al otro marcarán lo que queda del descanso y las espaldas serán las únicas que se encuentren mientras se regresa al hogar dulce hogar. ¡Qué jartera!
Déjenme decirles que todavía están a tiempo de evitarse tamaño aburrimiento.
Empiecen por definir si tienen ganas de compartir este tiempo con su pareja. Si deciden que no, lo mejor es que cada uno se vaya por su lado; no hay nada peor que el sexo por obligación. Si deciden que sí, traten de planear el viaje como una luna de miel.
Si hay algo que levanta el ánimo de un periné dormido es compartir aventuras, reír en pareja y dejarse sorprender por la novedad.
No caigan en la tontería de ir a sitios que ya hayan visitado con anteriores parejas. Métanle entusiasmo, hagan cosas nuevas, vístanse diferente y simplemente déjense llevar.
Por nada del mundo discutan problemas durante el viaje y tampoco traten de abordar conflictos no resueltos. Dejen el reloj y el teléfono móvil en la casa. Desconéctense.
Recuerden que cualquier hora y cualquier sitio son buenos para hacerlo, para quererse. Apliquen siempre este aforismo: la luna de miel se acaba cuando las parejas dejan de hacer el amor de día.
A ellas les doy un consejo: déjenlos que vayan a su ritmo. No los acosen ni les impongan. Preocúpense por seducir. No creo que haya hombre que no ceda si lo tentamos en un cuarto de hotel. Les digo que siempre llego plena de las vacaciones. Adivinen ustedes por qué. Hasta luego.

(Por Esther Balac) Me saca de quicio que por cuenta de la sexualidad femenina se llenen páginas y páginas de supuestos estudios que pontifican sobre características grupales, que sólo están en la cabeza de científicos que dejan entrever su ignorancia sobre nuestro comportamiento en la cama.
Esta diatriba la oriento hoy contra los resultados obtenidos por un mago de nombre Samuel Janus, psiquiatra de la Universidad de Virginia, que sin sonrojarse sentencia que las amas de casa son malos polvos, por el solo hecho de dedicarse a las tareas domésticas. En otras palabras, que cuidar el hogar y criar a los hijos es jubilar el kit del disfrute.
En contraste, según la investigación de marras, las mujeres que trabajan adquieren una habilidad para el aquello, tanto que estar en una nómina, tener contacto permanente con una oficina o ejercer cargos de poder las convierte en verdaderas Mesalinas, capaces de dejar para recoger con pala hasta al más avezado semental.
Los argumentos que soportan estas conclusiones son igual de estólidos. Para empezar dice que las trabajadoras tienen más ganas y más habilidades de la cintura para abajo, porque son más decididas, más competitivas y no tienen miedo de pedirles a sus maridos lo que quieren y de reclamarles cuando quedan a medias. Todo porque ven el aquello como una recompensa a sus esfuerzos.
Por el contrario, dice Janus, las amas de casa son sumisas, tienen más iniciativa escogiendo una salsa de tomate que bajo las sábanas y hasta se avergüenzan a la hora de quitarse la ropa. A grado tal conciben el apareamiento como un mero asunto reproductivo -dice el estudio-, que a cambio de polvos "hacen el amor".
Pues miente el loquero Janus con su generalización estúpida. Sería bueno que recordara que las mujeres tenemos conectadas con cableado doble el cerebro y los genitales y que nuestros orgasmos dependen más de los sentimientos y del hombre que tenemos al lado.
Así como las amas de casa pueden llegar a ser tan ganosas como un náufrago, puede haber ejecutivas que en un polvo se muevan menos que una muñeca de porcelana.
Dejémonos de bobadas: en la tal investigación parece haber primado más la percepción sobre la ocupación. Si ese es el caso, pregunto: ¿Y si la mujer trabaja en la casa?
Al traste con esos genios. Ojalá se permitieran saborear un quickie en la cocina, mientras los niños duermen. Hasta luego.

(Por Esther Balac) ¿Qué ocurre si es él quien no tiene ganas, rehuye nuestra cercanía o nos sale con que le duele la cabeza? Esta apatía nos genera preocupación y reaccionamos incluso en formas insospechadas.
A las mujeres nos resulta fácil encontrar excusas cuando no tenemos ganas para que bajo las sábanas los señores no se atrevan ni a rozarnos: "Estoy cansada", "El niño está llorando", "Tuve un día pesado" y hasta la desgastada queja del dolor de cabeza siempre están a la mano para darnos media vuelta y dejarlos mirando hacia el techo.
Por supuesto, jamás escuchamos réplicas y, por lo general, a la hora de las explicaciones, no vamos más allá de un seco "¿No entiendes que no tengo ganas?". Eso tiene que ser suficiente para que se queden quietos, a no ser que quieran convertir la cama en un tinglado. Ellos tienen que entender, y punto. Así somos.
Pero en el caso contrario, la desconfianza que nos invade nos lleva a pensar que la intimidad de él cambió de domicilio y que ahora reparte cariño en otra cama. La puñalada a un valor que para muchas mujeres es fundamental, la fidelidad, casi puede sentirse en esos momentos. En adelante todo lo que él diga, haga o deje de hacer confirmará la teoría: se acuesta con otra.
Lo peor del asunto es que eso nos aburre, nos deprime y nos aleja. Ahí aparecen los reclamos y, claro, la negación de ellos: "¿Estás loca?". No les creemos. La imaginación sigue volando y la cosa empeora. De ahí a la debacle sólo hay un paso.
Pues les tengo una noticia: que ellos tengan pereza en la cama no quiere siempre decir que estén gastando energías en otra. Lo que sucede es que como siempre alardean de ser unos titanes del ombligo para abajo, nunca se nos pasa por la cabeza que ellos también se aburren, se rutinizan y se distancian.
Nos toca empezar a entender que somos iguales y que para un buen polvo se necesitan dos, así que la solución a estos problemas está en nuestras manos.
Dejemos la cantaleta y pensemos en innovar, en hablar. A veces nos olvidamos de que somos las responsables de atraer al marido: recordemos que los hombres son absolutamente visuales, por lo que a veces es necesario hacer cambios, arreglarnos el cabello, abrir un poco más el escote, variar los escenarios. Por un día no le hable de cuentas y mucho menos de su mamá. Pruébese, siéntase una gata, atráigalo. Créanme que por desganados que estén, algo ayuda.
Ahora, esta no es una invitación al autoengaño. Si sienten que sus sospechas no son infundadas, actúen sin maltratarse y sin maltratar.
Mientras tanto no se dejen ganar por la paranoia. Seduzcan. Yo he llegado hasta meterme con tacones altos en la cama, sólo para mantenerlo activo. Y que funciona, funciona. Hasta luego.

(Por Esther Balac) Todos lo saben: siete de cada diez mujeres fingimos orgasmos. Lo curioso es que la mayoría de los hombres piensan que las que no hacen teatro en la cama son, justamente, sus mujeres. Ilusos.
¿Por qué lo hacemos? Esta parece ser la pregunta más tonta que cualquiera podría hacer. Y nosotras tenemos que reconocer, digamos lo que digamos, que nosotras, sobre todo las latinas, de liberadas no tenemos ni el forro. Tanto que se nos escurren los calzones de la vergüenza de sólo pensar en la cara que pondrían si les dijéramos qué nos gustaría hacer en la cama. Nos falta valor.
De ahí que muchas veces simplemente quedemos insatisfechas. En un mundo como este, ¿qué mujer se atreve a guiarlos sin correr el erosivo riesgo de que la tilden de fácil? Peor aún, que le caiga toda el agua sucia de la situación: "La culpa es tuya, tú eres la frígida". Mejor dicho: aparte de insatisfechas, ¿señaladas? El colmo.
No crean que todo eso se debe a la educación de nuestras sanas mamás, nada de eso: también hay una tendencia que parece unida a los genes y que nos obliga a gritar, a emitir gemidos, a movernos más de la cuenta, sólo para hacerles creer a nuestras parejas que ellos son unas fieras bajo las sábanas, así en ese momento nos genere más estímulo pensar en un telettubie.
¿Qué tiene que pasar para que ellos entiendan que sino tenemos orgasmos es porque no queremos? Hay días en que estamos molestas, indispuestas, cansadas o simplemente no se conjugan los astros. Como sea, hay días en que no se puede y punto. Más todavía, ¿hasta cuándo vamos a permitir que crean que si ellos tienen ganas, nosotras también? A veces accedemos sólo para evitar problemas, y eso a la larga le quita la gracia al aquello.
Entiendan: los queremos, los amamos, los deseamos, pero nadie como las mujeres conocen su propio cuerpo. Los señores ni son magos ni son adivinos, por eso deben aceptar que podemos guiarlos cuando estén obrando mal y entender que si les tomamos las manos o se las retiramos no es porque seamos unas cualquieras.
Bueno, a nosotras nos cabe la tarea de aprender a orientar. Si no lo hacemos, si no hablamos, si no pedimos, ellos creerán que todo lo hacen a las mil maravillas.
También hay que aprender a perder el miedo a decirles que no, cosa que ellos no pueden seguir interpretando como un rechazo. Maduren, ¿si?
A los señores diré que si no quieren que sus mujeres se conviertan en actrices en la cama, escúchenlas; tampoco se desesperen si mientras ustedes están en el punto máximo, ellas parecen estar leyendo una lista de impuestos. No pierdan de vista que ellas también lo hacen para complacerlos. Yo dejé de fingir desde que me di cuenta que él lo notaba, y que no se quejaba ni decía nada, también para complacerme. Hasta luego.

(Por John Santana) ¿Alguna vez lo ha hecho? Seguramente sí, pues de todas las fantasías es la que más posibilidades tiene de cumplirse, sobre todo si se deja a un lado las aspiraciones de hacerlo en el baño de una mansión inmensa y de arquitectura árabe.
OLVÍDESE DE ESO. Para tener esa relación sexual al mejor estilo de la película Atracción Fatal no necesita sino estar ahí, con él o con ella, y dejarse llevar por la fascinación del momento. Pero, ¿cuál es la gracia de hacerlo entre agua y jabón?
ELLOS LO TRATAN DE EXPLICAR. Roberto y Ramona viven juntos desde hace siete meses y son pareja desde hace más de tres años. El tiene 30 años y ella 29. Dicen que disfrutan de su intimidad, pero también cuentan que lo hacen en cualquier parte menos en la cama y que, últimamente, está pasando algo que preocupa un tanto a Ramona y es que no le dan ganas sino es en la ducha.
No es que tenga nada de malo, agrega ella, pero sí la pone a pensar el hecho de que, para poder disfrutar del coito, siempre debe ser al momento de bañarse o si no nada de nada.
Y, ¿ENTONCES?. La ‘gastadera’ de agua los hace reflexionar ya que se toman hasta dos horas. Sin embargo, comentan que la sensación de tocar a alguien limpio es indescriptible y que el olor les encanta y que todo se siente mucho mejor después de haber terminado de bañarse porque el frío de la piel y la sensación de aseo general proporcionan la confianza al entregarse totalmente.
¿CUÁL ES LA MAGIA?. Esta es una forma de explorar el cuerpo en unas condiciones higiénicas más que necesarias para relacionar sin inhibiciones y con la entera confianza de no desencantar con malos olores o con aspecto sucio de la piel, de acuerdo con la psicóloga especializada en sexualidad humana, Gloria Cabrales Pinto, quien además indica que no es necesario tener grifos de oro ni pisos de granito para vivir intensamente esa ocasión.
En cambio, sí lo es el que el ambiente sea agradable y libre de cualquier germen para concentrarse en nada más que los movimientos y todo lo que encierra la intimidad.
LA PROFESIONAL DICE QUE... En cuanto al encanto, Cabrales informa que el sexo es una parte de la vida que va ligada a la privacidad y si hay dos personas que se atraen tras una puerta cerrada, lo que pase después es casi automático. Además, explica que tener sexo en la regadera es un fetiche más, así como lo son los zapatos, la lencería o el cine porno, lo que no es perjudicial en la vida de pareja.
No obstante, indica que si es un condicionamiento para el goce, sí empieza a tomar forma de problema ya que está interfiriendo en el desarrollo y exploración sana de algo tan amplio e importante como es la sexualidad.
QUÉ: De acuerdo con un grupo de científicos de la Universidad de Cambrigde, Inglaterra, el sexo en la regadera aumenta la circulación, debido a los movimientos y al leve golpe del agua. Según ellos, quien lo hace mantiene su piel joven y humectada.

(Por Pandora Rebato) Me han dejado en el buzón un 'recadito'. Normalmente no presto mucha atención a los folletos de publicidad, pero es que lo que se ofrecía hoy era un 'producto' en el que era imposible no fijarse. "Soy un estudiante de 24 años y quiero alquilar una habitación en Madrid a cambio de sexo. Soy ordenado, atlético y heterosexual. Si estás interesada, llama al..."
Me he quedado de una pieza. ¿Será una broma? Me fui a buscar a Amadeo, mi portero, para preguntarle si sabía algo del asunto, y me he encontrado a Laurita, su hija, con el mismo anuncio en una mano y el móvil en la otra.
—"¡Quieta, insensata! ¿Qué haces?".
—"Pero si iba a llamar para ti, Pandora, que tienes sitio de sobra y así no estarías tan sola...".
Sí, claro, lo que me faltaba. Si ahora mismo no me apetece tener un novio serio, como para encima meter en mi casa a un tipo del que no estoy enamorada para que 'okupe' mi cama y mi sofá.
—"No acabo de entender el negocio, Laura. No me parece bien aprovecharme así de la necesidad ajena. Y, además, ¿a cambio de sexo?... Sexo ya tengo cuando quiero".
—"Mmm".
Le he quitado el anuncio y la he dejado pensando. ¿Es que yo no le he enseñado nada a esta niña? Comentándolo después con Elena y Patricia, me he enterado que es una especie de 'moda' que está llegando de Europa, donde es relativamente habitual pagar de esta forma el alquiler. Incluso salió en un reportaje en el Crónica de EL MUNDO hace unas semanas. Yo tengo algo que tú necesitas y tú tienes algo que yo quiero. ¿Es prostitución o es intercambio?
Patricia está un poco espantada (Patricia siempre está un poco espantada, la verdad), pero Elena dice que no. Que es intercambio. De hecho, me ha recordado un detalle que había olvidado por completo, como cuando compartimos piso el último año de universidad y yo me enrollé con un estudiante de Bellas Artes al que contratamos para pintarnos la casa.
—"¿Le pagaste el trabajo Pandora?"
—"No quiso cobrar, acuérdate. Insistí, pero no quiso ni a tiros".
—"Porque ya se sentía pagado, mujer. Es lo mismo: él te pinto la casa y tú le echaste un polvo. Favor por favor".
Llevo un rato dándole vueltas y me parece que Elena simplifica mucho las cosas. ¿Favor por favor? Porque vale, sí, me acosté con él, puede que incluso un par de veces. Pero es que estaba buenísimo y tuvimos un percance tonto con un bote de pintura (que acabó hecho un artístico trampantojo entre mi vello púbico y mis pezones, y pintaba tan bien con los dedos...), que nos obligó a ducharnos... juntos. Pero insisto: es distinto. Cuando le contratamos para pintar el piso, yo no estaba pensando en tirármelo, puesto que aún no le conocía, y él no se anunciaba: "Llámame, te pinto la casa a cambio de un polvo". El chico se sacaba un sobresueldo como pintor de brocha gorda, nada más.
No sé, no lo acabo de ver. Lo del alquiler por sexo parece algo completamente diferente, más profesional y sacrificado. Menos espontáneo. Es... como un trabajo: compartimos piso y... ¿follamos cuando yo lo diga, que para eso soy la casera? ¿Y si al inquilino no le apetece ese día? ¿O tiene un gatillazo? ¿Qué hago, le echo de casa? ¿Y si el tipo, cuando le conozca un poco mejor, me cae mal pero folla divinamente (es decir, 'paga' su renta religiosamente)? Porque para eso se inventaron los patinazos de una noche (en plan "gracias por el sexo. No me llames, ya te llamaré yo..."). Pero aquí no. Si le alquilas la habitación y te paga a polvos te lo encuentras a la mañana siguiente haciendo chistes malos, rascándose las gónadas y metiendo la mano en la caja de tus cereales. Como no me aclaro acabo de llamar a Raúl que, desde que se liberó de la esclavitud de ser mi pagafantas, no para de alternar.
—"Claro, Pandora. Yo sí que lo he hecho. Hace tiempo tuve una chica viviendo en casa. Fueron sólo unos meses. No pactamos nada, pero era más o menos así. Ella no pagaba alquiler, pero nos acostábamos de vez en cuando, en plan follamigos", me ha dicho tan pancho.
—"¿Qué dices? ¿Y cómo la conociste? ¿Por un anuncio?".
—"No, me la presentó un amigo mío, con el que ella estaba compartiendo piso, pero que tenía que irse a trabajar fuera de España. Y, como la pobre se quedaba sola, le dije que se mudara aquí. Era muy simpática y... era buena en la cama. Estuvo tres meses y se marchó. Si te digo la verdad, me alegré de no tener que recoger más pelos suyos de la ducha ni más compresas del baño".
¿Qué puedo decir? Mientras sea consentido... Al final lo que vale es aquello en lo que dos adultos estén libremente de acuerdo. De hecho, me he guardado el anuncio del estudiante atlético. Sólo por si acaso... Puede que no genere ingresos económicos, pero es verdad que hay gente a la que le hace más falta un polvo a la semana que un sueldo extra... ¿Lo mejor? ¡Que no hay que declararlo a Hacienda!

La Alcaldía de Cartagena, en su programa de las Fiestas de la Independencia, acoge el desfile de la Diversidad Sexual que se realizará el viernes 13 de noviembre; una marcha que busca hacer de la ciudad, una sociedad diversa donde la comunidad LGBTI (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transgeneristas e Intersex) y heterosexual, marchará por el respeto, la tolerancia y la participación plena e igualitaria de la población LGBTI en la sociedad.
Por eso, la Alcaldía, el IPCC, la Universidad de Cartagena y la Corporación Caribe Afirmativa ofrece el Seminario de la Diversidad Sexual que se realizará este martes 27 de octubre a las siete de la noche en el Teatro Adolfo Mejía, cuya entrada es gratis, para abordar el tema también desde la academia.
Para la directora del IPCC, Gina Ruz Rojas, con este tipo de actividades la Administración Distrital busca crear espacios de participación ciudadana que ayuden a la construcción de políticas públicas para la ciudad en el tema de género y diversidad sexual. “Esta Administración le apuesta a la generación de espacios de discusión entre los ciudadanos, y los aportes de esta población también son importantes para la construcción de Una Sola Cartagena”.
Ruz Rojas recalcó la activa participación de este sector dentro del proceso de fortalecimiento y revitalización de las Fiestas de Independencia. “Son parte activa de nuestras fiestas. Están involucrados en todos los aspectos que abarcan esta celebración. En la creación de las comparsas, cabildos y carnavales, en la elaboración de máscaras y disfraces, en la formación festiva a las comunidades, en el Reinado y en la construcción de las políticas públicas de fiestas. Este espacio se lo han ganado a pulso a pesar de tener derecho por el hecho de ser cartageneros”, dijo Ruz Rojas.
EL SEMINARIO
La motivación para realizar el Seminario es la preocupación que hay por la violación de los derechos ciudadanos de la comunidad LGBTI, que se manifiesta en los constantes abusos e intimidación en los espacios públicos de la ciudad a esta población.
“Nos preocupa que hayamos encontrado que en la ciudad hay una violencia simbólica y estructural contra la comunidad LGBTI y que la sociedad ve como normal. Por ejemplo, el uso de lenguaje discriminatorio hacia los jóvenes gays o lesbianas en los colegios, los actos de desprecio y hasta asesinatos por la homofobia”, expresa Wilson Castañeda Castro, politólogo de la Universidad Nacional, director de la Corporación Caribe Afirmativa.
El moralismo, acciones discriminatorias invisibilizan y violentan cualquier expresión de la diversidad sexual e identidad de género. Toda la violencia simbólica, la impunidad de las agresiones, la ausencia de la cultura ciudadana, la pasividad de la fuerza pública y los medios de comunicación, crean el espacio propicio para la homofobia, llegando al extremo nefasto de las “limpiezas sociales”.
Para contrarrestar esta realidad, la Corporación Caribe Afirmativa, propuso exponer el tema a través de varias acciones que incluye el seminario de este martes, el desfile en noviembre y la formación permanente, que es un proyecto de largo plazo para que la comunidad LGBTI no sea excluida, no se les maltrate y no sea motivo de violencia.
“El principal problema es el desconocimiento, por eso, en el seminario vamos a hablar sobre la diversidad, qué es la diversidad sexual, qué es ser gay, lesbiana o travestis”, afirma el director de Caribe Afirmativo.
“No queremos hacer de Cartagena una sociedad homosexual sino una sociedad diversa, que respete la diversidad sexual”, explica el politólogo.
En el imaginario colectivo, se acusa a la comunidad LGBTI de ser promiscuos y por eso, se les juzga y se les condena. “Se piensa que el homosexual vive con la sexualidad a flor de piel, que es sinónimo de sexo, promiscuidad y de debilidad de carácter”, agrega Castañeda.
Es así como Cartagena se une a una causa que ha movilizado a millones de personas alrededor del mundo. “Recordemos que la Constitución de 1991 consagró que todos somos iguales en derechos, independientemente de nuestra orientación sexual e identidad de género”, expresa el director de la Corporación Caribe Afirmativa.
ESTO ME INTERESA
El Seminario sobre la Diversidad Sexual se realizará este martes 27 de octubre a las cuatro de la tarde en el Teatro Adolfo Mejía. Entrada gratis.

(Por Esther Balac) Hay que reconocer que no sólo a los hombres les excita amanecer en cama ajena. A algunas mujeres, eso no se puede negar, les privan los hombres con dueña.
Y si bien esto se ajustaría a la famosa teoría de que lo prohibido es lo más deseado, también existen otras razones que explican por qué en esos casos la atracción se hace más fuerte.
Una de ellas es que ya puede hablarse de una generación de mujeres que les temen a los compromisos profundos; mejor dicho, con ellas no es eso de casarse, de tener hijos, de aguantarse a las cuñadas y a la suegra en almuerzos dominicales y mucho menos lavarles los calzoncillos a un señor, a cambio de un programado polvo semanal.
Eso no las pensiona de la cintura para abajo: ¡Todo lo contrario! Con un señor ajeno pueden hasta fantasear e imaginarse en una relación idílica, con la tranquilidad de que las cosas de ahí no pasan.
Consideran que los hombres comprometidos no son tan exigentes como los solteros, son más complacientes, más permisivos, más generosos y menos asfixiantes.
Eso les permite sentirse un poco más libres y percibir que tienen control de la situación. Mejor dicho, en las relaciones de este tipo, él y ella van a lo que van bajo las sábanas, y ambos lo aceptan.
Otra razón es que durante sus encuentros los amantes sólo exhiben lo mejor de sí mismos. Que él se arregle para ella, que siempre esté sonriendo, que no busque oportunidades para discutir, que no le lleve sus problemas, sus ronquidos y sus borracheras y que, por encima de todo, jamás esté cansado para el aquello, tiene que ser emocionante...
Bueno, debo decir que algunas amigas que andan en ese plan encuentran un cierto placer inconfesable en arrebatarle el hombre a otra mujer. No sólo les parece seductora la idea, sino que ven en eso una especie de autoafirmación.
Aquí me meto, porque también sé de otras que les apuntan a los casados porque su autoestima no da para lanzarse en pos de uno libre. Y por eso arrastran sentimientos de culpa, con ellas mismas.
Allá ellas y sus cuentos. De mi parte jamás me sentiré capaz de ser la otra, aun cuando juren y rejuren que ese es el camino directo para un orgasmo.
Prefiero una pareja que me dé la espalda después de un polvo, y no ser la amante que se remuerde con la espina de saber que él salta de su cama para meterse en la de su esposa. Hasta luego.

(Por Esther Balac) Los hombres deberían entender que nosotras preferimos un hombre callado que al final nos sorprenda, a aquel charlatán que después de galantear para poder llevarnos a la cama, a la hora del té quede mal.
Es simple, pero una conclusión tan tonta como esta no es, ni de lejos, conocida por ellos. Parece que la capacidad para exagerar y autoalabar el desempeño del departamento inferior del cuerpo está ligada al cromosoma Y, lo que hace que los señores vengan con un kit que les permite gritar sin avergonzarse que rinden en la cama como un semental, así se queden fundidos después de la primera faena, o que sus actos duran tanto como un partido de fútbol, cuando si acaso resisten lo que tarda un comercial de cereal en televisión.
Ellos jamás tienen la culpa, siempre somos nosotras las que les hacemos perder la concentración, les cambiamos el ritmo, les aceleramos el asunto y les adelantamos el final.
También somos responsables de que se aletargue su mejor amigo y hasta de que no salgan del elemental misionero. En fin, cuando los señores fallan no miran hacia abajo sino que acusan a la que tienen al lado. Eso lo sabemos.
Lo sabemos y callamos porque desde que el mismo australopithecus dispuso sus primitivos polvos, el pánico más grande de los machos es que lo que la naturaleza les dio no muestre su casta a la hora de actuar y los deje bajo las sábanas silbando y mirando al techo, o que en el aquello no duren lo suficiente como para sacarle una sonrisa a su pareja.
Por eso fantasean y hacen de sus doce centímetros todo un estandarte. Nunca reconocerán que son malos polvos. ¡Primero muertos!
Claro, tratando de inventar historias y disculpas desconocen que para llevar a una mujer al cielo no hace falta que estén dotados de apéndices gigantes e indomables, y que si lo tienen entiendan que de nada sirve ser dueño de un Lamborghini si no lo saben manejar.
Señores, dejen la bobada y cierren la boca, empiecen por saber que para nosotras no hay nada más frustrante que quedar mal atendidas después de que se han esmerado en trucos.
Recuerden que el asunto es de satisfacción mutua y que nos interesa que ustedes también se sientan bien. Así que no finjan tanto, que siempre nos damos cuenta, tanto que hemos aprendido que un mal polvo puede ser satisfactorio, siempre y cuando sea sincero. Hasta luego.
OPINION CARIBE
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