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Viernes 12 de Marzo

Si se le pregunta a la sexóloga Elizabeth Gutiérrez sobre el principal problema sexual la respuesta es clara: el analfabetismo sobre el tema.
La mayoría de las personas, sostiene esta especialista, presidenta de la Sociedad Colombiana de Sexología, aún piensa que la sexualidad es un asunto que se reduce a la cama y a la penetración.
En su afirmación la secunda el venezolano Rubén Hernández-Serrano, presidente de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología y Educación Sexual.
"Hay que recuperar las clases de educación sexual, desde la casa y reforzarlas en los colegios", opina el experto venido del país vecino para participar en el XIV Congreso Colombiano de Sexología y Educación Sexual.
Y lo señala con propiedad y porque, desde su experiencia, ha aprendido que el sexo es la mejor forma de comunicación. "Uno no conoce del todo a una persona hasta que se acuesta con ella", dice Hernández-Serrano. Pero no se trata de llevar a todo el mundo a la cama, sino de compartir bien con quien se tienen relaciones sexuales.
"Porque es común en una pareja, por ejemplo, que mientras él se sienta satisfecho con el sexo, ella no lo esté tanto. Entonces hay que aprender a conocer al otro a coordinar las necesidades y los gustos", anota el sexólogo.
La primera recomendación de los expertos es a quitar del medio los tabúes, que hay muchos: sobre la masturbación, la virginidad, el sexo después de la menopausia...
Medicinas para el sexo
Claro que para los problemas sexuales la industria farmacológica se ha empeñado bien. Lo demuestra el Viagra. Comenta el experto, además, que hay nuevos medicamentos en desarrollo: para las mujeres, para la eyaculación precoz...
Pero él tiene uno en especial que denomina Vestaf. "Es muy sencillo, es la mejor droga". Y la explica: V de viajar cada vez que se pueda, para escapar de la rutina; E de ejercicio, de estar en buen estado físico, le sirve al corazón y al funcionamiento sexual; S de sexo, pero satisfactorio, conversado, "porque hay gente que lo hace en cinco minutos y ni habla"; T de tiempo, pero no solo para la actividad sexual, sino para los propios hobbies, para distraerse; la A es de alimentación, porque para el buen sexo también es importante comer saludablemente; y la F de fantasías, "porque alimentar la pasión con lo que se desea también es importante", finaliza el sexólogo

(Por Leonor De La Cruz) ¿Es la sexualidad un estado de derecho?, ¿Están los jóvenes iniciándose en la actividad sexual de manera segura?, ¿Cómo ha cambiado la mujer en el aspecto sociocultural a través del tiempo? fueron algunos de los interrogantes que los jóvenes hicieron y que ellos mismos respondieron en el marco del Tercer Congreso Estudiantil de Sexualidad y Literatura realizado con éxito en el colegio Alemán.
El evento contó con la participación especial de estudiantes de último grado del colegio Alemán de Santa Cruz de Bolivia cuya ponencia central “El amor distorsionado”, tuvo como base la novela Cien años de Soledad de Gabriel García Márquez, y fue presentada por los estudiantes Fabio Paniagua y Fernanda Sant, quienes hablaron del incesto en la novela, y compararon las reacciones de los personajes con las de los jóvenes, los impulsos sexuales, la búsqueda de placer y su confusión con la felicidad.
“Muchas veces los jóvenes al igual que en la novela nos sentimos solos y quizás buscamos el placer y un poco de compañía, pero no nos damos cuenta que ponemos en juego nuestra propia felicidad, como se ve en la novela con el incesto, que lo siguen cuatro generaciones no por amor, sino por búsqueda de placer”, expresó Paniagua.
Fernanda Sant dijo que esperar el amor indicado y el momento indicado vale la pena, porque “así no tenemos temor ni angustias que sufrir porque no existe cola de cerdo que nos persiga”, adoptando una frase del nobel Gabriel García Márquez.
Sergio Fernández, estudiante de once grado del colegio Sagrado Corazón se refirió al valor de no tener precio, abordando el tema de la prostitución especialmente la prostitución infantil y como ese factor es consecuencia directa de los problemas sociales y económicos que existen.
Considera que la falta de garantías estatales existentes en el gobierno de los países tercermundistas influyen para que este problema no se solucione. Además los altos índices de infecciones y enfermedades existentes en la sociedad hacen muy propensos a los jóvenes a adquirir esas enfermedades haciendo que la sociedad entre en decadencia tanto moral como biológica.
DIVERSIDAD SEXUAL. Andrés Reales, Salomé Llanos, Mayra Múñoz, Carolina Carbonell, Jennifer Yances y Cristian Soler, estudiantes de décimo grado del colegio Colón trataron el tema “Diversidad sexual: un derecho plasmado solo en el papel”, enfocándose en el respeto a la dignidad de las personas no importando su condición social, afectiva y sobre todo sexual.
Los derechos humanos fueron formulados para aprender a convivir, pero no se sabe cómo está sobreviviendo esta comunidad sin tolerancia. Hay diversas tendencias sexuales que de alguna manera son discriminadas y hay que aprender a respetarlas, dijo Andrés Reales.
Para Salomé Llanos, la Declaración de los Derechos Humanos no debe quedar en palabra muerta. “Todos debemos aprender cuales son nuestros derechos y hacerlos valer para evitar ser víctimas de atropellos tanto físico, como moral, acompañado de miseria, pobreza, muerte y la triste guerra que vemos actualmente en nuestro país”.
Sin tapujos, Natalia Hernández, estudiante del colegio San José, abordó el tema ¿Cuando perder mi virginidad?. Planteó que no existe ni edad ni momento preciso. No hay respuestas en libros ni hay que dejarse llevar por factores externos como la familia. “Nosotros tenemos que saber reconocer cual es la persona y el momento correcto y hacerlo sin presión”.

(Por Mariana Suárez Rueda | Elespectador.com) Sábado, 3 de la mañana. Daniel Tono, de 19 años, se despierta sobresaltado por el timbre de su celular. Al otro lado de la línea, un amigo le comienza a preguntar angustiado qué debe hacer, a dónde debe ir. “Tuvimos un accidente”, le dice con la voz entrecortada. Tono no entiende lo que está sucediendo, le pide que se calme y que le explique despacio lo que le pasa. “Nos fuimos de remate a la casa de un amigo y me acosté con la niña que me gusta, pero se nos rompió el condón y no sabemos qué hacer. Estamos muy asustados”, contestó.
Tono trató de tranquilizarlo y luego se comunicó con Germán Salazar, un reconocido ginecólogo infanto-juvenil, quien desde hace tres años dirige la Red Colombiana de Jóvenes Líderes en Salud Sexual y Reproductiva, a la que Tono pertenece. Gracias a la asesoría del doctor, la pareja de adolescentes supo que podía recurrir a un método de anticoncepción de emergencia, para prevenir un embarazo no deseado. Pero, no todos conocen sobre la píldora del día después, ni corren con la suerte de tener un amigo o un conocido al que puedan acudir en estos casos. Y más grave aún, aquellos que saben de la existencia de esta pastilla la están utilizando irresponsablemente como método de planificación.
Así lo reveló un sondeo realizado por Salazar y los integrantes de la Red a 963 jóvenes en Bogotá. La idea de indagar sobre este tema surgió hace seis meses, luego de que Salazar y su equipo se enteraran de que ahora para salir de fiesta los adolescentes llevan consigo el llamado kit de rumba, que consiste en sus papeles para que los dejen entrar a los bares y discotecas, una cajetilla de cigarrillos en caso de que fumen, el celular y la píldora del día después.
“Los jóvenes están improvisando su sexualidad”, explica preocupado Salazar. Y esto, agrega, ha disparado los índices de embarazos adolescentes —en Colombia, por cada mil jóvenes, 90 están embarazadas— y de enfermedades de transmisión sexual, además de poner en peligro su salud al aumentar los riesgos de infertilidad debido al uso abusivo del método de anticoncepción de emergencia.
Daniel Tono cuenta que durante la realización de la encuesta conocieron niñas que se toman hasta 20 píldoras del día después en un año. La mayoría dice que lo hace porque no está planificando, otras simplemente se han vuelto facilistas y como no tienen una pareja estable y sus relaciones sexuales son casuales, la utilizan creyendo que así se están protegiendo, y están las que simplemente lo hacen por ignorancia. A esto se suma la creencia que existe entre los adolescentes de que al utilizar un preservativo la sensación de placer durante la relación sexual es distinta. Tono cuenta que, incluso, muchas niñas le exigen a su pareja no usar ninguna protección para “pasarla más rico”, sin medir el riesgo que están corriendo.
Salazar advierte que se trata de un fenómeno alarmante que demuestra los vacíos que existen en nuestro país en materia de educación sexual. “Los padres prefieren no hablar de estos temas con sus hijos y a los colegios les interesa más la excelencia académica y obtener buenos resultados en el Icfes”. Precisamente este complejo escenario al que se enfrenta la juventud fue el que llevó a Salazar a impulsar la creación de la Red Colombiana de Jóvenes Líderes en Salud Sexual y Reproductiva, mediante la cual se busca que los adolescentes impacten a sus pares hablándoles sobre la importancia de llevar una vida sexual responsable, de planificar y protegerse para prevenir embarazos no deseados y el contagio de enfermedades de transmisión sexual.
Sin embargo, la tarea de este grupo debe ser reforzada por los docentes, los padres y por el propio Estado. “Si entre todos no nos esforzamos por articular todas las instancias para que los jóvenes estén informados, conozcan las herramientas con las que cuentan para llevar una vida sexual responsable y encuentren escenarios apropiados en los cuales puedan resolver sus inquietudes sobre estos temas, sentencia Salazar, Colombia seguirá siendo el primer país del mundo con los índices más altos de infección por el Virus del Papiloma Humano en adolescentes, y cada vez será más frecuente ver mamás de 12 años paseando sus bebés en los parques”.
Para ver la infografía ¿cómo funciona la pildora anticonceptiva un día después?, haga clic AQUÍ [1]

(Por John Santana) El tema ya suena a chiste y, aparentemente, está trillado. No obstante, nunca se han dado las razones lógicas y científicas del por qué de cada desliz. SÍ se tomó el asunto en serio y por eso decidió buscar una explicación.
LA RESPUESTA. El ser promiscuo es una tendencia universal, lo que quiere decir que todos los adultos han considerado serlo una vez, de acuerdo con un grupo de sexólogos británicos que estudiaron el tema entre 2004 y 2006.
Ellos agregaron que las veces que una persona ha decidido tener un 'affair' lo hace sólo por la atracción sexual, aunque, debido a la obsesión del momento, pareciera ser una cuestión de enamoramiento. La novedad, el riesgo, la libertad, es lo que conlleva a buscar a alguien más, magia que se rompe con el primer encuentro.
EL CASO CONTRARIO. Los mismos sexólogos y sociólogos añadieron que el caso es totalmente diferente cuando la mujer es la que engaña, pues mientras que el hombre sólo necesita una amante para satisfacer una fantasía, en cambio, la mujer lo hace para dar un escarmiento, pues su nivel de conciencia le hace pensar mucho en lo que se merece su compañero, pero también en lo que no le gustaría que hicieran con ella.
Sin embargo, cuando siente que tiene razones para traicionar, lo hace y no es cuestión de sólo sexo. Parte del ser mujer encierra dar mayor importancia al amor que a otras cosas.
SÍ entrevistó al urólogo y sexólogo Kenneth Morillo y, al respecto, dijo que cuando dos personas que se gustan, se produce, en cada una, la liberación de dopamina, tiamina, adrenalina y testosterona.
Esto es lo que comúnmente se conoce como mariposas en el estómago, las cuales duran de 18 a 32 meses. De acuerdo con su experiencia, en Colombia, la infidelidad es fomentada más por la mujer que por el hombre, aunque sean ellos los más juzgados por esto.
Por otro lado, la especialista de cabecera de SÍ, Gloria Cabrales Pinto, sin estar en total desacuerdo, dice que lo que acaba en dos o tres años es la actividad fisiológica que genera la fascinación, pero, después de eso, sigue el verdadero afecto por la costumbre y la confianza.
Cabrales también indica que la monotonía es la causa por la que alguien empieza a buscar ‘novedad’ sexual y advierte que, supuestamente, es a los 45 años, en los hombres, cuando se siente la necesidad o en los 35, en la mujer.

(Por Esther Balac) 14 es el número de parejas sexuales que, según una encuesta, tienen las asiáticas a lo largo de su vida. En eso son campeonas, pues las europeas apenas llegan a 10, con todo y lo liberadas que son.
No sé si lo de las asiáticas es mucho o poco, pero el récord me parece insustancial. Si me atengo a lo que cuentan algunas amigas, que de dientes para afuera dicen ser Mesalina pese a que sé bien que pasan por sequías bravas, me toca poner en duda los resultados de la encuesta.
Si hay algo sobre lo que hombres y mujeres alardean es sobre su imaginario rendimiento en la cama. ¿Qué no? Quiero ver al primer cuarentón capaz de reconocer abiertamente que ha habido veces en las que su mejor amigo no se levantó ni para saludar, pese a que hay estudios que dicen que uno de cada dos caballeros en estas edades tiene algún grado de impotencia. ¡Nunca! ¡A todos Nacho Vidal les queda pequeño!
Ellas no se quedan atrás: algunas investigaciones sugieren que cuatro de cada diez se jubilan, de la cintura para abajo, sin haber conocido un orgasmo.
No puedo dejar de preguntarme si será por pura insatisfacción que las asiáticas saltan de cama en cama; razones no les faltarían, pues otro estudio indica que sus hombres, comparados con los de otras latitudes, lo tienen muy chiquito. Visto desde el otro lado, cabe otra duda: ¿No serán ellas las aburridas?
La reflexión sí que es pertinente, pues la mencionada encuesta de la Sociedad Europea de Ginecología también dejaría mal 'parados' a los latinos: sus mujeres dicen tener, en promedio, 12 parejas sexuales a lo largo de su vida. ¿Será por fogosos o por aburridos?
Las gringas ponen sus cuentas en 11 parejas; curioso, si se tiene en cuenta que sus hombres clasifican entre los más sosos. Insisto en que no se puede creer en estos estudios, porque no hay modo de garantizar que los encuestados no busquen lucirse con el entrevistador (o dárselas de mojigatos) y no aclaran si el cambio de pareja es porque les gusta mucho el aquello o porque el tedio invade sus camas.
Creo que no nacimos para hipotecarnos a una sola pareja, pero es claro que con los mejores polvos duramos más. ¡Hasta luego!

Las mujeres europeas tienen menos parejas a lo largo de su vida sexual que las de otros continentes, según una investigación sobre la contracepción presentada en Roma con motivo de la celebración del Congreso de la Sociedad Europea de Ginecología.
El estudio, para el que fueron entrevistadas más que 9.600 mujeres entre los 16 y los 49 años, mostró que las europeas son las que menos cambian de pareja durante su vida sexual, ya que el número declarado de relaciones es una media de 10.
Las más activas son las mujeres asiáticas, que tienen una media de 14,3 parejas, seguidas por las latinoamericanas, con 12 relaciones, y por las norteamericanas, con 11 parejas a lo largo de su vida sexual.
La investigación reveló también que la media mundial de relaciones sexuales de las mujeres es de 11 durante su vida sexual y que el 63 por ciento de éstas tomó un anticonceptivo oral al menos una vez en su vida.
Sin embargo, Italia es el último país europeo de la clasificación, con el 16,2 por ciento de mujeres que usa el contraceptivo oral, frente al 50 por ciento en Holanda, el 40 por ciento en Francia y Portugal y el 30 por ciento en Suecia.
Además, para el 91 por ciento de las mujeres la contracepción es una acto responsable, para el 89 por ciento es un derecho y, según otro 81 por ciento, un instrumento óptimo para vivir su sexualidad.
En lo que concierne a las costumbres sexuales, el estudio indicó que el 32 por ciento de las europeas tuvo la primera relación sexual entre los 16 y los 17 años, mientras el 24 por ciento la tuvo entre los 18 y los 19 años.
Sin embargo, el estudio destaca que el nivel de conocimiento del contenido de los anticonceptivos orales es bajo y superficial.

(Por Esther Balac) Acepto, en parte, que la voz puede decirnos algunas cosas de las personas, pero me resisto a creer que mande señales específicas de cómo se comportan estas bajo las sábanas, como lo asegura un estudio.
Aunque hay excepciones y masoquismos, es claro que no pueden meternos en la cama ni a gritos ni sin decirnos una sola palabra.
También es cierto que un susurro en la oreja puede convertirse en un empujoncito que impacta justo por debajo del cinturón, y que algunos jadeos le ponen sal al aquello.
Pero que haya voces más sexuales que otras, eso sí que es novedad.
Los autores de un estudio de la Universidad de Nueva York, publicado en la revista 'Evolution and Human Behavior' relacionan directamente la garganta con el departamento inferior del cuerpo y aledaños.
Para no ir más lejos, éstos pusieron a consideración de un grupo de hombres ganosos las voces de 51 mujeres que habían sido grabadas en diferentes etapas de su ciclo menstrual. El objetivo era que las calificaran otorgándoles un puntaje más alto a las que les movieran más la aguja del gusto. ¿Simple, no?
Las mejor calificadas fueron aquellas que estaban en la etapa de ovulación. Las voces menos gustadoras resultaron ser las de mujeres que tomaban píldoras anticonceptivas.
Por su parte otro estudio puso a 149 hombres y mujeres a catalogar el atractivo de una serie de voces grabadas y encontró que las más agradables pertenecían a personas que sostuvieron relaciones sexuales a una edad más temprana y tenían mayor inclinación a ser infieles. ¿Qué tal?
Ni tonta que fuera para desconocer que el tono de la voz es un signo directo de la carga hormonal, tanto que unas cuantas moléculas de andrógenos en exceso son suficientes para que una mujer hable como un camionero y que, de paso, de su cama salte en feroz huída hasta un náufrago recién rescatado.
Lo contrario también ocurre. Las voces aflautadas en los hombres están muy distantes de los testículos, a grado tal que estos apéndices eran cercenados a los futuros cantantes de ópera. Se sabe que eran capaces de poner a vibrar las tablas de los escenarios, no las de la cama.
Pero insisto: son casos extremos, porque si bien el sonido de la voz conlleva información sobre el estado biológico del que hablo, eso no es suficiente.
Para la muestra está un estudio de Sarah Collins según el cual las voces atractivas no se relacionan con la apariencia física de las personas.
Así que desencántense: las dueñas de la mayoría de las voces que calientan algunas líneas telefónicas se parecen más a mi tía Rosa que a Megan Fox. Y también conozco unos mudos que en el catre son de ataque. Hasta luego.

(Por: Pablo Correa) En el barco que los conducía hacia el reino de Cornualles, Tristán y la princesa Isolda bebieron, por equivocación de una doncella, un filtro de amor. La Reina de Irlanda, madre de Isolda, lo había preparado para sellar el amor entre su hija y el poderoso rey Marcos; para que por tres años no pudieran vivir separados sin enfermar y pasado ese tiempo siguieran amándose hasta la muerte. Las cosas no resultaron como todos pretendían y cuenta la leyenda que el caballero y la princesa “al instante se miraron extrañados. El amor, tormento del mundo, los sometía y los sojuzgaba”.
Los filtros de amor y las pociones mágicas poco a poco se esfumaron de las páginas literarias. ¿Quién, lejos de la imaginería medieval, sería tan ingenuo para creer que los sentimientos se pueden prolongar por cuenta de un bebedizo? No muchos, seguro. Pero entre los que sí, habría que anotar a Larry J. Young, del departamento de psiquiatría del Center for Behavioral Neuroscience en la Escuela de Medicina de la Universidad Emory (Atlanta, EE.UU.).
Hace pocos meses, en un ensayo titulado Amor: las neurociencias revelan todo, publicado en la revista Nature, este bioquímico fascinado por los mecanismos moleculares y celulares que subyacen y explican nuestros comportamientos sociales, conjeturó que no falta mucho para que “algún inescrupuloso pueda dejar caer una farmacéutica poción de amor en nuestras bebidas”.
Young y su equipo estudian el cerebro de los campañoles, mamíferos roedores parecidos a un ratón y que comparten con los humanos la propensión a la monogamia (un exclusivo y extraño club al que pertenecen menos del 5% de los mamíferos). Pocas dudas le quedan al doctor Young de que el amor no sea otra cosa que una cadena de eventos bioquímicos (ver entrevista página 12).
Uno de sus argumentos es que cuando inyecta a hembras campañolas una infusión de oxitocina, hormona relacionada con los patrones sexuales y con la conducta maternal y paternal, éstas inmediatamente se unen al macho más próximo. Algo similar ocurre con los machos campañoles cuando se les suministra otra hormona conocida como vasopresina. Las diferencias entre hembras y machos hacen suponer que la sexualidad de unos y otros evolucionó por caminos distintos.
El objetivo de Young en realidad es que tarde o temprano se puedan diseñar fármacos para ayudar a personas autistas o esquizofrénicas a interactuar socialmente. Pero en esa búsqueda no descarta que otros busquen vacunas contra el amor o sustancias que ayuden a las parejas, al borde de un divorcio, a renovar los votos.
¿Por qué nos besamos?
Mientras algunos neurocientíficos siguen escarbando en el cerebro de los campañoles, muchos otros intentan develar otros secretos del corazón. Algunos, por ejemplo, fabrican teorías para explicar por qué nos besamos. El psicólogo evolucionista Gordon Gallup, de la Universidad de Albania, opina que los besos “involucran un complicado intercambio de información olfatoria, táctil y postural relacionada con mecanismos inconscientes que les permiten a las personas tomar decisiones sobre el grado de incompatibilidad genética con la pareja”. En pocas palabras, los besos serían un test genético que aplicamos a nuestras parejas.
¿Tan poderosa es la información que intercambiamos en un beso? En una encuesta, Gallup y sus colegas se sorprendieron al encontrar que el 59% de los hombres encuestados y el 66% de las mujeres admitían que en varias ocasiones después de besar a alguien que los atraía, el deseo se había evaporado.
La ruta del orgasmo
Entre el misterio de los besos y los neurotransmisores del amor, aún está por armarse el rompecabezas de un orgasmo. Gert Holstege, de la Universidad de Groningen (Holanda), es uno de los que intenta juntar las piezas escaneando con un Tomógrafo por Emisión de Positrones los cerebros de hombres y mujeres mientras sus parejas los estimulan sexualmente.
En el caso de los hombres detectó una intensa actividad en el área ventral tegmental, una parte de lo que se conoce como el circuito de recompensa del cerebro. “La intensidad de la respuesta es comparable a la inducida por la heroína”, apuntó. Otras zonas encendidas fueron las relacionadas con la memoria de imágenes mientras la amígdala, centro de vigilancia y el miedo, mostró una disminución.
La sorpresa apareció cuando estudió el cerebro de las mujeres durante un orgasmo: ¡gran parte de las neuronas entraban en silencio, se inactivaban! En especial, aquellas de la corteza lateral orbitofrontal, una región asociada con el autocontrol sobre los deseos básicos, y otras como las de la corteza prefrontal dorsomedial, que aparentemente juegan un rol en el razonamiento y los juicios morales. Como en los hombres, las zonas a cargo de la vigilancia también se apagaron, un dato que respondería al por qué buscamos un lugar íntimo y seguro para tener sexo.
Por supuesto, también el final del amor es motivo de estudio. Psicólogos como Lisa Diamond, de la Universidad de Utah, han establecido que cuando una pareja es separada por cuatro a siete días, los niveles de cortisol, la hormona del estrés, aumentan, lo cual causa la irritabilidad y el insomnio típico de los amantes abandonados.
A este ritmo, y si el doctor Young no se equivoca en sus predicciones, los enamorados añadirán tarde o temprano al ajuar de la boda un botiquín con pastillas para reforzar sus niveles de oxitocina y vasopresina.

Entre los romanos, las relaciones sexuales irregulares eran conocidas como estupro/stuprum y las prohibía la Ley Scantinia pero era tan limitada su observancia como el alcance de la prohibición.
Amancebamiento con mujeres casadas (desde los 14 años) u hombres adultos. Hay poca precisión acerca del género de la pareja: la moral social romana, como la griega, condonaba abiertamente la bisexualidad.
En ambas culturas, la homosexualidad masculina era socialmente admisible siempre que la pareja fuera joven (romanos: no adulta; griegos: menor de 18 años) y asumiera un papel pasivo (erómeno) en el acto sexual. La 'impudicia' o pasividad sexual era condenable en el hombre libre, siendo en cambio obligación moral de la esposa y del esclavo. En el liberto y efebo, era un servicio.
Al ser protagonista activo (erastés), el hombre mayor no arriesgaba su virilidad ni buen nombre.
Los amores con jóvenes eran en cambio encuentros con la juventud y la belleza, endiosadas por griegos y romanos. Aquiles, enojado con Agamenón y alejado de la guerra contra Troya, sólo retoma las armas tras la muerte de Patroclo a manos de Héctor, a quien da muerte para vengar a su favorito.
Para Esquilo y Esquines, la desmesura de su emoción comprueba que Patroclo era erómeno y, Aquiles, erastés. Los doce primeros césares fueron homófilos salvo por Claudio, a quien Suetonio por ello critica.
El austero Trajano tuvo innumerables amores con adolescentes y púberes, y el competir por uno de ellos le valió al joven Adriano el disgusto del Emperador.
Emperador a su vez, Adriano descubre en Asia Menor a su amante Antínoo cuando tenía entre 11 y 17 años. Estando por cumplir 18, perece misteriosamente el joven griego, ahogado en el Nilo a la manera del dios egipcio Osiris, cuya muerte ambos estaban conmemorando.
Según la costumbre griega, su mayoría de edad habría terminado esta relación. Su muerte evitó la separación terrenal que requería el ethos. Le siguió su deificación en todo el Imperio, por orden de Adriano.
El que no se conozca canto semejante al amor heterosexual en la historia greco-romana no tiene porqué sorprender. El occidente cristiano esperó doce siglos para romantizar a la mujer amada, primera etapa hacia su dignificación, por medio del amor cortés.

(El Universal) Esta debe ser mi semana de la suerte. La vida me ha regalado una maravillosa coincidencia que me ha sacado de un enorme problema. El viernes 28 de agosto ocurrieron dos hechos determinantes para la escritura de este texto. Por una parte, justo en esta fecha se celebra la noche de las mujeres en Cartagena y por otra parte, la revista Viernes presenta un especial de vinos.
Contaré un secreto, desde hace algunos años, Heidi Llanes, quien es el alma de esta revista, me informa el tema de los especiales. Yo trato de escribir algo que se ajuste al tema protagonista de la revista. Justamente con el propósito de evitar lo que ocurrió en una ocasión: para un especial sobre Primera Comunión, yo había escrito un texto sobre sexo oral. Obviamente un total despropósito.
El sexo oral como todos los temas de sexo guardan una estrecha relación con la vida misma, pero definitivamente no era el mejor tema para publicar en aquella oportunidad. Mi problema de esta semana consistía que en la misma fecha ocurrirían dos situaciones que parecían que poco tenían que ver una con la otra y, debo confesarlo, agradecida por todas las noches de amor que el vino ha acompañado, consideré que escribiría sobre el tema del especial y deja-ría aquello de la noche de las mujeres para otros espacios informativos.
Pensar en sexo y vino, implica pensar en mitología. Roma y Grecia. En una mañana calurosa llamo a mi amigo José Jaime, quien siempre sabe algo de estas cosas, y desprevenido menciona una palabra: Bacanales. No soy tan erudita, uno de los secretos de escribir una buena columna es rodearse de buenos amigos que piensan rápido y le tienen paciencia a uno.
Las bacanales eran exactamente la clave que necesitaba para hablar de vino y de una noche, como la de hoy, en la que las mujeres se tomarán la ciudad. En la mitología clásica, Baco era el nombre del dios del vino y se consideraba inspirador de un éxtasis ritual y de un frenesí sin límites. Las bacanales eran ritos femeninos de culto a Baco en los que en casos excepcionales se permitían la presencia de jóvenes adolescentes.
Las mujeres, quienes enfrentaban leyes de exclusión y de inequidad, algunas que establecían límites sobre sus riquezas o sobre la disposición de herencias, encontraban en estos rituales espacios de emancipación y se constituían en cofradías secretas que se burlaban de las viejas prohibiciones.
Un texto maravilloso que encontré de Prieto y Sanahuja, titulado El papel de la mujer en las bacana-les romanas, señala que en las bacanales las mujeres aprovechaban para usar un lenguaje obsceno nunca utilizado en su vida cotidiana, se sumergían en un estado de espontaneidad y frenesí que les permitía estar de lado de la divinidad y sin la amenaza de los hombres.
Los mismos autores describen todos los elementos que vestían estos excéntricos ritos, entre ellos el abundante vino, las antorchas, las danzas, las orgías y la lubricidad, maneras de librarse de las re-presiones diarias.
No tengan miedo. No espero que esta noche de las mujeres sea precisa-mente una exaltación a las bacanales romanas, ni tampoco creo que las mujeres necesitemos espacios para transgredir normas en exceso. El vino puede ser un perfecto compañero, pero también sin un trago de licor sabemos divertirnos.
Sin embargo, me parece increíble esta perfecta coincidencia: vino y cofradías secretas de mujeres. La compañía de los hombres, sobre todo de la de esos hombres que saben ser compañeros, que saben abrazar sin constreñir, la compañía de esos resulta fascinante. Pero justa-mente esos hombres que tienen más de 3 centímetros de libertad en sus ideales son los que hoy entenderán que es una buena noche para quedarse en casa, y sabrán comprender que las mujeres, desde la antigua Roma, necesitamos espacios para pensarnos distintas y para dibujar un mundo en el que podamos ser más felices juntos.
OPINION CARIBE
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