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Crónica

“Primacho” el  conquistador de lo imposible

Opinión Caribe

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Tuvo una prolífica vida
laboral, deportiva y personal
ligada a la historia de Santa Marta.

Eustorgio Paul Carrillo Serpa, más conocido como “Primacho”, es uno de esos personajes casi anónimos que dejaron un legado para Santa Marta, así no figure en los libros de historia, pero recordado por muchos como el hombre que pese a su nula formación académica, hacía posible lo que para muchos estudiados era imposible.

“Primacho” causaba admiración por su capacidad para resolver empíricamente, pero con notable audacia, problemas tan complejos que les “reventaba la cabeza” a ingenieros, arquitectos y profesionales de áreas afines con los que trabajaba como contratista de importantes empresas.

¿QUIÉN ERA?

Eustargio Carrillo nació en Santo Tomás (Atlántico), era el menor y único varón de los cinco hijos del ingeniero mecánico de origen español que llevaba su mismo nombre, quien murió por la explosión de una caldera cuando “Primacho” era muy niño aún.

Fue entonces cuando su tía Clara se hizo cargo de la crianza de Eustorgio, hasta que cuando despuntaba su adolescencia, decidió emigrar para Santa Marta, donde lo acogió su tío Augusto Carrillo, quien para la época, año 1948, era el jefe de máquinas en la planta de la empresa Bavaria, ubicada donde hoy se erige el Ocean Mall.

Rodeado de los hijos de Augusto, tenían que llamarlo de alguna manera para diferenciarlo de los demás integrantes de la familia. De ahí nació el remoquete de “Primacho”, el cual posteriormente era el que iba a ser invocado gracias al reconocimiento que adquirió por su destreza y con el que se haría célebre, sobre todo cuando alguien requería realizar una labor que le resultara prácticamente imposible.

CARRERA DE MUCHOS MATICES

En el anecdotario de “Primacho” queda que en su adolescencia crió vacas en los corrales de Bavaria, hasta que su tío Augusto lo llevó a trabajar con él en la fábrica.

Fue allí donde empezó a forjar esos conocimientos en herrería, plomería y montaje de cargas pesadas, que lo convirtieron en un referente en la materia, codiciado por muchas empresas que lo querían en su ‘roster’ de empleados, pero con las que nunca tuvo vinculación directa, sino a través de contratos.

De Bavaria pasó a los Ferrocarriles Nacionales de Colombia, donde fue contratado para mantenimiento, pintura y reparación de puentes y embarcaderos ferroviarios entre Santa Marta y Barrancabermeja.

Igualmente se destacó por ser el único en Santa Marta capacitado para reparar puentes, grúas y winches de los buques que llegaban al puerto. Su hijo mayor, Eustorgio Carrillo, recuerda que tenía una técnica para trenzar las guayas, que reforzaba con plomo fundido, para que éstas no se reventaran.

Antonio Carrillo, también hijo de “Primacho”, menciona que su padre también era un experto en mantenimiento y pintura de los buques graneleros que atracaban en el puerto de Santa Marta. Así mismo, destacan que sin ser marinero, era un experto en nudos, conocimiento que aplicó a la perfección en sus trabajos de carga pesada.

La mano de “Primacho” también estuvo metida en los tanques elevados que construía la extinta Empomarta. “Él era el que montaba los tanques a punta de diferenciales con cadena triple, una técnica que se le ocurrió de repente para llevar los pesados tanques a esas alturas y después los remachaba y hacía el mantenimiento”, coinciden sus hijos Eustorgio y Antonio.

TRABAJOS ÉPICOS

A principios de los años 80, un avión se accidentó en la pista del aeropuerto “Simón Bolívar” y la dirigencia de la ciudad decidió trasladar la aeronave para el polideportivo. El indicado para esa tarea era “Primacho” y en efecto lo contactaron.

Después de rascarse la cabeza y andar de un lado para otro, ideó el sistema de anclajes y rodamientos para trasladar el pesado aparato. “Todo iba bien hasta que en la curva del Irotama, el avión se volteó. Entonces se inventó un sistema de soporte con ruedas unidos a los costados del avión para que no se volviera a caer”, rememoró su primo Manuel Simmonds, quien hizo part e del equipo que llevó el avión por las calles de Santa Marta, hasta el polideportivo.

Otro trabajo épico fue instalar los paneles de aire acondicionado en la azotea del edificio BCH. “Cada uno pesaba 6 toneladas y nos llevó varios días subirlos hasta la azotea, pero sacó a relucir su inagotable ingenio, se inventó una especie de plumas giratorias, nunca antes vistas y con eso las subimos”, mencionó su hijo Eustorgio, quien lo acompañó en ese trabajo.

LA BÓVEDA DEL BANCO DE LA REPÚBLICA

Un desafío bastante difícil fue la instalación de las bóvedas de seguridad al edificio del banco de la República. “Los ingenieros duraron más de dos meses tratando de incrustar las moles de acero en los espacios destinados en la construcción del edificio, hasta que alguien le dijo a uno de ellos que tenía al indicado para ese trabajo”, relató su primo Manuel.

El nombre en consideración era el de “Primacho”, quien llegó en bicicleta, como acostumbraba desplazarse. “Todos esperaban a un ingeniero en un flamante carro y estaban escépticos cuando apareció mi papá en la cicla”, agregó Antonio.

“Tranquilo que yo les meto esa
bóveda”, fue lo que dijo “Primacho” y después de muchos cálculos, de tirar números y medidas, de repasar una y otra vez se inventó una solución, que aún hoy resulta difícil de descifrar, pero logró encuadrar la estructura de acero en el nuevo edificio del Banco de la República.

DESTACADO DEPORTISTA

Eustorgio Carrillo Serpa también fue un pionero del deporte en Santa Marta. A su haber está la creación de la Liga de Tejo del Magdalena y la construcción de las canchas de esta disciplina en el barrio Boston, lugar que fue escenario de campeonatos regionales costeños, que él mismo organizaba y patrocinaba.

Sus hijos recuerdan que en varias ocasiones representó al Magdalena en torneos nacionales y que él mismo sufragaba sus gastos. Esas participaciones le dejaron trofeos y medallas por sus sobresalientes actuaciones con la mecha.

En el fútbol se destacó como jugador en la posición de puntero derecho y luego como dirigente del equipo de Boston. Ese legado se lo trasladó a su nieto Erwin “El Alpinito” Carrillo, reconocido por integrar nóminas de equipos como Unión Magdalena, Junior, Once Caldas, Cali, Huila y Patriotas en Colombia y actualmente en el fútbol de Malasia.

LOS GALLOS Y LA PESCA

Dos de las aficiones de “Primacho” eran la pesca y los gallos. Como recuerdo de sus faenas en el mar queda el bote que hoy se exhibe a la entrada del Restaurante “El Gran Manuel”. “El bote se lo compró hace 44 años a unos indígenas y le puso el nombre de “Salsipuedes”, después se lo vendió a Manuel Villar”, recordó su hijo Antonio Carrillo.

Como gallista construyó la gallera que se ubicaba a un costado de la antigua estación de ferrocarril. También ganó muchas veces la distinción “espuela de oro” en concentraciones nacionales e internacionales.

Eustorgio Paul Carrillo Serpa, más conocido como “Primacho”,

Eustorgio Paul Carrillo Serpa, más conocido como “Primacho”,

PROLÍFICO PADRE DE FAMILIA

“Primacho” dejó una descendencia de 49 hijos, incontables nietos y bisnietos, fruto de su convivencia con 13 mujeres. “A todas las conquistó con su cicla americana marca Raleight, esa misma que un día le arrojaron al mar desde el puerto y que rescató con un gancho triple o garapín”, dijo Eustorgio junior en tono anecdótico.

La llama de “Primacho” se apagó el 28 de marzo de 2012, a sus 86 años, dejando un invaluable legado de trabajo, disciplina, perseverancia y amor por sus hijos, a cada uno de los cuales les ofreció una vida digna, que les permite ser personas y profesionales de excelsos valores
humanos.

 

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