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Días después de firmada la paz – Por: Carlos M. Polo Jiménez

Opinión Caribe

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Carlos_PoloNo alcanzo a imaginar el efecto que se puede presentar en la población colombiana, días después que se firme el acuerdo de paz y sigamos con el desorden en que hoy vivimos en este país. Lo digo por lo siguiente: el campo y las ciudades, casi sin distingos, serán escenarios receptivos de la movilización de los que hoy conforman las huestes ilegales de los movimientos armados. ¿Cuántas familias representan estos y qué se disponen a hacer en la nueva vida? ¿Todos querrán irse a la parte urbana o en su defecto cuántos a la urbe y cuántos al campo? ¿La organización social, la disponibilidad de comunicaciones y conectividad, infraestructura y servicios públicos, están disponibles para esta nueva etapa de convivencia? ¿La oportunidad laboral es suficiente para garantizar la estabilidad de todos? ¿Es suficiente la disponibilidad de vivienda en el país? ¿Los nuevos POT de las ciudades, que están en proceso de ajuste, reúnen todo para cumplir con las futuras expectativas de uso? ¿Sectores de salud y educación?

En fin son interrogantes cuyas respuestas hacen parte de la solución al conflicto actual social que vive nuestro país. El proceso de paz, como se observa hoy, es un objetivo que al parecer del gobierno, en cabeza del Sr. Presidente Santos, hay que firmarlo a como de lugar. Sin embargo, puede ser peor el remedio que la enfermedad. Vamos por parte.

Las ciudades y el campo colombiano se encuentran en proceso de expansionismo. En algunas latitudes se han definido las fronteras de desarrollo. Pero no en todo el territorio esto ha sido positivo. De otro lado si analizamos las condiciones de disponibilidad de suelo, vemos como en casi todo el suelo colombiano hay deficiencias en ese aspecto, con el cometido de desarrollar proyectos de vivienda social, en virtud a que la infraestructura y estructura de los servicios públicos y de urbanismo, no existen. Y los sectores que si las disponen no son accesibles por sus altos costos. Esto es sin haber firmado la paz y con ello poder atender a miles de familias nuevas que representan las de los futuros desmovilizados de las FARC.

La conectividad entre ciudades, aunque el gobierno ha hecho notables y millonarias inversiones en carreteras y vías de primer orden, todavía esta lejos de cerrar la brecha en este sentido en el sector rural de nuestro país.

Ahora los servicios públicos. Sin que se entre a discutir la disponibilidad de agua presente y futura inmediata, enfrentamos situaciones de escasez que obligan a estudiar el efecto próximo en las expansiones de las locaciones poblacionales actuales.

Y qué se puede decir de las oportunidades de trabajo. Factor que más pesa en el futuro desarrollo normal de un país que busca la paz; las oportunidades laborales en los diferentes ramos de la producción, son factores determinantes para el sostén del núcleo familiar, no solo para los que se reintegran a una nueva vida, sino también para los demás conciudadanos que esperan resarcir las necesidades de desplazamiento, o de aquellos quienes a pesar de no haber sufrido en el campo las consecuencias de la guerra (50 años) no han tenido la oportunidad de trabajar por primera vez.

En la salud, cómo será, si hoy antes de que la familia usuaria se expanda, tenemos problemas de calidad, oportunidad y seriedad en la prestación del servicio. Y en el sector de la educación, también hay un alto compromiso en la disposición de nuevos centros educacionales a todo lo largo y ancho de nuestro territorio. Sumado al número de docentes y a la capacidad y categoría necesaria para que se dé una oportuna educación, de calidad suficiente para nuestros estudiantes urbanos, veredales y rurales.

Como lo anotó ONU Habitat en el Foro Urbano Nacional, celebrado en días pasados en la ciudad de Bogotá: “la paz no se alcanza solo con el silencio de las armas, sino con la construcción de una sociedad más incluyente, equitativa, cohesionada y segura”…

 

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