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Columnistas

A qué costo – Por: Cecilia López Montaño

Opinión Caribe

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cecilia_lopezCon gran despliegue Barranquilla anuncia lo logrado en las pasadas elecciones, como el gran poder político alcanzado en la Región Caribe en cabeza de los líderes de esta ciudad y de su departamento (el Atlántico). Como lo demuestra el Heraldo “el partido del vice-presidente y del alcalde electo de Barranquilla, Alejandro Char, ganó en la mayoría de gobernaciones y ciudades capitales de la Región.” Por consiguiente, Cambio Radical fue el gran ganador y su eje es imbatible en Bogotá y en nuestra región. Y tienen razón: ganaron alcaldía y gobernación del Atlántico y su área metropolitana; tres gobernaciones adicionales, la Guajira, Magdalena y Sucre; dos importantes alcaldías de otros departamentos caribeños, Riohacha y Valledupar. Faltan datos de otros municipios y gobernaciones en que Cambio Radical ganó en coalición con otros partidos. La euforia en Barranquilla no tiene nombre. Ya se sienten dueños del poder nacional con Germán Vargas Lleras de Presidente y Alejandro Char de vice-presidente.

Sin duda es una hazaña estar al lado de quien derrotó a Pardo, al candidato del Presidente de la República a la segunda posición política del país (la alcaldía de Bogotá), y logró el triunfo de Peñaloza, además de coronar en una de las regiones más importantes del país. Imposible negar esta gran victoria que muchos consideran el caballo de Troya para acabar con el centralismo que sigue siendo la causa (para la gran mayoría de costeños), de que nuestra región tenga vergonzosas cifras de pobreza y rezago social.

Una pregunta inoportuna que sin duda generará rechazo generalizado de quienes se sienten ya en el Palacio de Nariño, no solo en un mandato presidencial sino en varios, es la siguiente: ¿A qué costo se está logrando este triunfo político que consideran histórico? ¿Al costo de fortalecer la terrible imagen del Caribe colombiano que hace de la política un negocio o compra a bajos precios la voluntad de los necesitados? Así se califique como un éxito, el tipo de democracia que se ha consolidado en la región es precisamente la que debe erradicarse, si de verdad se quiere abrir un nuevo capítulo en la historia de Colombia.

Vamos por partes: negocios y poder político es una bomba que explota en contra de la región más temprano que tarde; obvias irregularidades e incompatibilidades se logran acallar solo por un tiempo; hacerse los locos con la oscura o precaria hoja de vida de sus elegidos en los departamentos de la región tendrá un efecto bumerang -póngale la firma-. Si el abuso con los recursos públicos ha sido una constante o si la concentración del poder en unas cuantas familias ha sido la forma de llegar a estas posiciones, ese tipo de trayectoria no cambia. Pero no se equivoquen: el país es más consciente del robo miserable de muchos de estos clanes, y como prueba ya hay varios jefes en la cárcel. ¿Se sienten los barranquilleros tranquilos con tener a Oneida Pinto en la Guajira y a Rosa Cote en el Magdalena, para solo mostrar la punta del iceberg?

Recen ya para que no haya una gran catástrofe en esta parte del país porque el costo lo asumirá Barranquilla y su liderazgo. El triunfo es innegable, pero ya se siente, no entre los áulicos ganadores sino en el país, la consolidación de la mala imagen de la política caribeña. Esta sigue siendo la región donde la máxima (no de Einstein) sino de Maquiavelo mejor se aplica: “el fin justifica los medios.”

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