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Bloqueo Digital: Cerrando oportunidades

Opinión Caribe

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Guillermo Reyes Fierro

Guillermo Reyes Fierro

Es una realidad que cada día se vuelve más visible el sinnúmero de opciones que las tecnologías le ofrecen a los usuarios en el mundo, y en el cómo estas han influenciado en los estilos de vida y en los procesos que se realizan en las organizaciones y en la academia.

Al mirar alrededor, vemos a las personas escribiendo mensajes de texto, enviando correos electrónicos, haciendo consultas en Internet, tomando fotos y utilizando diferentes recursos digitales y virtuales, con el fin de facilitar sus vidas y las de los demás.

Sin embargo, en la medida que este avance tecnológico tan vertiginoso se está presentando en nuestra sociedad, también está cambiando los estilos de trabajo y de vida, los cuales influyen en la manera de actuar de los individuos frente a las situaciones cotidianas y, paralelamente, fortalece tristemente la brecha digital.

Básicamente, el concepto de brecha digital se puede definir como la gran separación que existe en la implementación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en procesos cotidianos, académicos y profesionales, tanto a nivel personal como de regiones o países. En este sentido, el Gobierno Nacional y las empresas del sector público y privado han sumado esfuerzos para poder reducir este fenómeno en Colombia, logrando fortalecer el uso de dichas tecnologías en las diferentes comunidades, e implementándolas en gran parte del territorio nacional.

Aun así, y teniendo en cuenta los grandes logros alcanzados en esta materia, es claro que siempre hará falta mucho más, teniendo en cuenta el constante crecimiento que ocurre diariamente en el campo tecnológico; sin embargo, lo más preocupante no es tanto el tema del crecimiento de la brecha digital, sino de un elemento que muy pocos han considerado y es el tema del “bloqueo digital”.

La Real Academia Española define el término bloquear como “dificultar o entorpecer la realización de un proceso”. Si se sigue al pie de la letra esta definición, y la colocamos en un contexto tecnológico, podemos decir que es la acción en donde las empresas, establecimientos educativos, e incluso en los hogares, no permiten o limitan el uso adecuado de las tecnologías para el desarrollo de actividades cotidianas.

Se pueden citar muchos ejemplos de este fenómeno, como la restricción en el uso de redes sociales en los lugares de trabajo, el uso de sistemas de mensajería instantánea en los salones de clase, o el uso de dispositivos electrónicos en algunos sitios específicos. Si bien existen diferentes argumentos como el tema de la productividad, el uso inadecuado del tiempo, o la seguridad en el uso de algunos recursos digitales, la realidad es que, sin “querer queriendo”, están contribuyendo de esta forma al crecimiento de esa brecha digital que tanto luchan los gobiernos de los países para disminuirla.

Esto no es fácil de entender o interpretar, pero en la medida que se eduque a las personas y se comiencen a ver las tecnologías como herramientas de apoyo para mejorar la calidad de vida, el camino para la inclusión digital estará abierto.

La invitación a los profesionales, empresarios, educadores y padres de familia, es más que bloquear o prohibir es formar y concientizar. Darle “freno” a un fenómeno que no tiene reversa, o ir en contra de las actuales tendencias globales, es quitarle la oportunidad a las personas de fomentar su creatividad, de mejorar su comunicación, de fortalecer sus procesos académicos y profesionales, o de darle soluciones inmediatas a los retos que nos depara la sociedad globalizada. La lucha para combatir la brecha digital ya se está dando, pero la lucha para el bloqueo digital apenas comienza.

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