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La dignidad humana

Opinión Caribe

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En el Mundo actual la dignidad es el centro de renovación del enfoque de Desarrollo Humano a partir del multiculturalismo y visionando una nueva politicidad. Es indispensable resaltar la sistémica violación a los derechos humanos a algunos grupos: primero diferenciándolos para luego inferiorizarlos. Con ello se fue labrando un camino de humillaciones, maltratos y heridas profundas. La exclusión es un efecto de la diferenciación tanto individual como grupal donde la inferiorización hace referencia entonces, al estatus del individuo dentro de la sociedad.

Estos conflictos de inclusión/exclusión, inclusión limitada y diferenciación social han permitido la emergencia de una nueva politicidad, cuyos principales protagonistas son los jóvenes, que buscan, a través de un nuevo espacio público llamado ciberespacio, o sociedad red (Castells; 1997), retomar valores democráticos, participativos, pluralistas y equitativos, cuyo fin último es revalorizar la dignidad humana a través del fortalecimiento de la educación, la información y el conocimiento.

Sin embargo, estas tensiones plantean varios problemas, uno de ellos es poder responder a la pregunta de cómo vivir bien entre personas y grupos diferentes en procura de una mayor y mejor inclusión y equidad verdadera. Asimismo, además de ser un nuevo espacio público, el ciberespacio se convierte en un espacio que incluye a la vez que excluye no sólo información, sino también individuos y/o grupos.

El segundo problema que plantea esta tensión es la capacidad del Estado para dar frente a éstos, de manera que se esbozan cuestiones políticas de grandes complejidades que conllevan al mismo Estado a replantear sus cursos de acción, así como ampliar las opciones deliberativas, una de las más importantes exigencias de los movimientos sociales que en la actualidad han “forzado” al Estado a replantear el Desarrollo Humano a través de demandas por una sociedad más equitativa y justa.

Esta búsqueda conduce a plantear la cuestión de la dignidad humana como núcleo de los derechos humanos y del desarrollo. Una dignidad o, al decir de J. Habermas (2010), un “honor social” que requiere de un estatus, esta vez universal e igualitario, que traspasa los límites del Estado y se ancla no sólo en los Estados democráticos, sino también en la ciudadanía, “acudiendo a los medios que proporciona el derecho positivo” (Habermas; 2010). Lo anterior nos pulsa a repensar la inclusión de las identidades culturales, pues la agencia se edifica con los otros, en el conflicto, pues éste es el escenario para la lucha por la dignidad, núcleo, como he mencionado, del Desarrollo Humano.

La convivencia entre diferentes plantea, además, otro problema que A. Sen (2004) ha cuestionado, refiriéndose a la visión de la multiculturalidad como convivencia pacífica. Para Sen no existe la convivencia sin conflictos, por ello proyecta el concepto de interculturalidad para señalar que la convivencia entre varias culturas debe basarse en el respeto de la diversidad, así como en el derecho a la igualdad como aspectos centrales de la dignidad humana. Para Sen la diversidad es un valor en sí mismo, lo que constituye una fuente para el Desarrollo Humano; no obstante, también debe existir la libertad de elección frente a las múltiples identidades en contextos donde éstas se superponen, se interconectan y se viabilizan a través de procesos de racionalidad crítica.

La primacía debe ubicarse entonces en el metarrelato que simboliza los derechos humanos. Sin embargo, se hace sustancial respetar, tal como afirma Sen, la diversidad y la construcción de multirrelatos que reafirman la diversidad y que construyen identidad personal y grupal en su propio entorno sin pretender “que cada una de ellas se universalice como verdad única obligatoria de «los otros»” (Vega; 2004). La importancia de la libertad cultural tiene como núcleo la dignidad humana, pues significa que las personas puedan ejercer su religión, cultura, identidad de género u otra, sin ser molestado, discriminado o humillado, además de reafirmar su historia.

Finalmente advertimos a través de algunos movimientos sociales cómo “la diversidad cultural y social de los jóvenes y las mujeres puede contribuir a expandir un desarrollo humano sostenible orientado al informacionalismo” (FLACSO; 2015), utilizando el internet como espacio público, planteando demandas de equidad, justicia, participación, pues manejan (manejamos) códigos, somos más flexibles y manejamos el contexto de la tecno-sociabilidad.

Como vemos, la dignidad está presente en cada una de las diferentes culturas, en las cuales el concepto se interpreta de manera distinta. La función catalizadora de la dignidad humana, primero como concepto moral y luego como concepto legal, radica en la construcción de los derechos humanos, pues los derechos, independientemente de las diferencias que puedan encontrarse en la humanidad, están investidos de una carga moral que trasciende toda diferencia: la dignidad humana, y este, para Habermas (2010), es el legado más importante que nos pudo dejar la Revolución Constitucional del Siglo XVIII.

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