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Opinión: La Colombia del post-acuerdo

Opinión Caribe

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Por: Carlos Holmes Trujillo

Más que pensar en predicciones o proyecciones es esencial definir propósitos, porque el palo no está para hacer cucharas. Lo que se percibe es una especie de desconcierto global a partir del cual se lanzan señales en distintos sentidos.

Eso no sería preocupante si se tratara de direcciones claras. Infortunadamente, lo que está sucediendo es bien diferente.

Las realidades son globales, es verdad, pero el impacto general en materia económica y tecnológica carece del mismo efecto en los sistemas políticos nacionales. El debate que tiene lugar en Europa durante estos días de fin de año, por ejemplo, así lo pone en evidencia.

A raíz del resultado de las elecciones españolas, y otros acontecimientos dolorosos, han quedado nuevamente sobre el tapete los temas que persiguen como un fantasma a la Unión Europea desde hace varios años.

Austeridad o gasto público, recetas cocinadas en Bruselas o flexibilidad, seguridad o libertad, estabilidad basada en partidos políticos fuertes o nuevo orden con más pluralismo, manejo de los flujos migratorios, en fin, el veredicto de los electores en España ha contribuido a alimentar las incertidumbres que afectan al continente.

Es tan fuerte el eco de dichas elecciones que algunos ven los resultados como el camino hacia el aislamiento de las políticas de Ángela Merkel, la líder más exitosa de esa zona del planeta.

Estas reflexiones, breves y parciales sobre el ambiente internacional, tienen el propósito de señalar que, frente a lo que sucede en el mundo, el acuerdo entre el Gobierno y las FARC no es la hoja de ruta del país.

Hará parte de ella, desde luego, porque habrá compromisos que deben cumplirse, si es que el pueblo los aprueba. Pero en ningún caso podrá entenderse como un programa que los colombianos adoptan y que compromete a varios gobernantes en el futuro, haciendo caso omiso de las realidades mundiales y de nuevas necesidades domésticas.

Así de claras deben ser las cosas, el itinerario hacia adelante tendrán que definirlo los ciudadanos en las próximas elecciones presidenciales. Por esa razón debe iniciarse rápidamente la tarea de construir con la gente una propuesta para la Colombia del post-acuerdo.

Permitir que se confunda lo uno con lo otro le haría mucho daño a un país en el cual la frontera de lo nacional con lo internacional desapareció. Y ya no existe, porque los temas domésticos son a la vez asuntos de naturaleza global.

Que las FARC dejen de hacer terrorismo es bueno, pero lo que el Gobierno ha acordado hasta ahora con esa organización está muy lejos de ser suficiente para que los ciudadanos vivan seguros, reciban educación de calidad, y sean atendidos por un buen sistema de salud, accedan a más y mejores empleos y confíen en su sistema institucional.

Tengamos presente que los acuerdos con enfoque territorial no son, no pueden ser, la agenda nacional.

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