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Edición Especial

Del cielo estrellado a los cinemas bistro

Opinión Caribe

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119 años de teatros

El Centro Histórico de la ciudad más antigua de Colombia, albergó la mayoría de teatros y escenarios culturales, en la que los samarios podían disfrutar de las artes escénicas y plásticas, que se erigían como el principal atractivo del ayer. OPINIÓN CARIBE invita a hacer un recorrido a través de la historia del teatro al cine actual y por los distintos recintos que fueron testigos de amores, alegrías y vivencias, mientras se proyectaban las películas de la época.

 Por Laura Vélez Vargas

Desde su fundación en 1525, Santa Marta tuvo que esperar al menos 372 años para que en 1897 se proyectara la primera escena de un mundo desconocido, incluso, para algunas personas de la alta sociedad de aquella época. Se trataba del ‘séptimo arte’, concepto más allá de las tradicionales tablas y que, de manera casi mágica, se reflejaba en un enorme pedazo de tela blanca desde la ‘chorreante luz’ que provenía de una cajita rectangular, la cual guardaba en su interior el misterioso secreto compuesto por un bombillo de varios voltios y láminas fotográficas llamadas celuloides.

Para los samarios siempre fue un hábito ir al teatro, pues a pesar de ser una ciudad pequeña, sus coterráneos eran amantes de la cultura, teniendo en cuenta que solo tenían dos opciones para distraerse: el Paseo Bastidas y la vespertina o nocturna del cine, por tanto, en una época determinada, que más adelante se describe, surgió una multiplicidad de teatros al aire libre.

ENTRE ÁRBOLES, GRILLOS Y DEMÁS INSECTOS

De acuerdo con José Rafael Dávila, historiador y cineísta, como él mismo se describe por su afición al cine y artes visuales, las primeras experiencias cinematográficas se registraron en compañía de grillos, luciérnagas, entre otros insectos, que al ritmo de las bandas sonoras adornaban la ausencia fonética de las películas en blanco y negro.

El cielo estrellado hacía el papel de grandes plafones o techos de los teatros modernos y los árboles frondosos del entonces eran las grandes columnas que sostenían la evolución tecnológica de las artes plásticas y escénicas.

Como vuelta de página, en el marco del cumpleaños 491 de la urbe instaurada por don Rodrigo Galván de La Bastidas, ya son 119 de los que esta ciudad ha crecido, no solo de la mano de los últimos dirigentes, sino también en compañía de la cultura y con ella, la historia de sus diferentes escenarios artísticos, para ser más preciso, los teatros.

Con base en la valiosa información suministrada por el nonagenario historiador, pasó muy poco para que de los abiertos campos y de los maderos que, sostenían en amarras las ‘pantallas’, se pasara a recintos cerrados.

“Los cinemas eran mal llamados teatros, pero realmente funcionaban para la proyección de películas cinematográficas”, señaló Dávila.

Siendo la zarzuela el ‘performance’ preferido de la alcurnia samaria, arte que saltó precipitosamente a un segundo plano tras la llegada de dos hermanos nacidos en Italia, la misma tierra del legendario actor y ganador del Oscar, Rodolfo Valentino.

“Los primeros en proyectar películas en Santa Marta fueron Francisco y Javier Daconte, que venían de Italia a probar suerte en Colombia. Tales obras audiovisuales eran dirigidas de forma inicial a las clases pudientes, pero dicha exclusividad fue cediendo hasta llegar a las clases más humildes, quienes aún continuaban viendo cine desde escenarios artesanales o abiertos, donde la brisa movía aquel telón blanco”, relató el historiador.

EL CLAUSTRO, EL SEMINARIO Y LA SEDE DEL CONCEJO

De igual forma, José Rafael Dávila aseguró, que el primer inmueble donde se proyectó una película es el Claustro San Juan Nepomuceno, epicentro y hoy vestigio cultural de los samarios.

El historiador, también recalcó la importancia del cine traído por los hermanos europeos, quienes con su revolucionaria propuesta no solo incentivó la creación de teatros en la ciudad, sino que también dejaron una profunda huella en la memoria literaria de Gabriel García Márquez, luego de trasladarse a Aracataca, porque fueron fuente de inspiración en la obra ‘El rastro de tu sangre en la nieve’, escrita por el Nobel.

Así mismo, la tradición oral de los samarios puede dar fe de lo sostenido por el maestro Dávila, dado a que anteriormente las zarzuelas se practicaban en lo que hoy es la sede del Concejo o en su defecto, en las instalaciones del Seminario.

Por aquel tramo de la historia, las lunetas, graderías y palcos eran las locaciones de los incipientes espacios para las prácticas escénicas, pero, como sacado de un cuento macondiano, irónicamente, cada quien llevaba su asiento.

LOS TEATROS OFICIALES Y EL TEATRO SANTA MARTA

Ya en 1912, el primer recinto en abrir sus puertas como cinema oficial, fue el Teatro Universal; el Teatro Variedades, ubicado entre calles 11 y 12 con carrera cuarta y que era filial de Cine Colombia; el Teatro Rex, que fue el uno de los primeros en desaparecer, ubicado entre las calles 18 y 17; el Teatro Colonial, el cual guarda, todavía, sus vestigios, siendo hoy un parqueadero, ubicado en la calle 19, entre carreras cuarta y quinta y, el de El Libertador, que no duró mucho.

“Entre las características que se resaltan de la mayoría de estos teatros, era sus horarios nocturnos, pues su estructura, sin techo, obligaba a proyectar las películas apenas oscurecía. Por otra parte, el Teatro Rex y el Colonial además de la Casa Blanca, ubicada en el puente de la quinta, en Manzanares, tenían como particularidad volverse salones de baile en época de Carnavales”, recordó Dávila.

Sin embargo, el primer gran teatro de la Ciudad no fue necesariamente construido tras la necesidad cinéfila legada por los hermanos Daconte. De acuerdo con indagaciones generales, un fenómeno natural también había sido el detonante para que los dignatarios de la década del 30, del siglo pasado, se ‘pellizcaran’ en aras de erigir templos para el desarrollo cultural.

La historia narra, que, en plena bonanza bananera, una plaga llamada la ‘sigatoka negra’ invadió los cultivos del fruto que constituía el pilar económico del Magdalena y que era exportado desde el terminal marítimo de su ciudad capital.

Con ello, las producciones mermaron y miles de empleados fueron despedidos. Por lo que una orden presidencial expedida por Eduardo Santos Montejo, avaló la gestión del desaparecido gobernador, José Vives, de darle cierta distracción al pueblo, cual emperador romano, surgiéndole la idea que dio pie a la edificación del Teatro Santa Marta, único en aquel momento en tener techo y estructurado para funcionar como tal.

El magno establecimiento escénico de la Ciudad vio su primera luz en 1942, siendo ya su gobernador don Armando Fuentes y era el lugar ideal para que anualmente se presentara la Orquesta Sinfónica de Colombia.

UNA DURA TAREA

No obstante, como si se tratara de una jugada del destino, por cada ladrillo se presentaba un detalle o inconveniente; al principio se creyó que el lugar escogido sería La Casona, lugar en el que funcionaba el desaparecido Seminario Conciliar, hoy sede de la Universidad del Magdalena, a la altura de la calle 17, entre carreras tercera (Callejón del Correo) y carrera segunda (Calle del Río), sector donde paradójicamente hoy convergen jóvenes y adultos pero bajo el desorbitante frenesí de los bares y discotecas.

Pese a ello, la zona finalmente escogida se encontraba en la Avenida ‘Campo Serrano’, ente calles 16 y 17. El predio pertenecía a Nicolás Salomón, quien exigía la suma de 35 mil pesos, que, de forma contradictoria, hoy equivale a una o dos boletas para entrar a cualquiera de los cinemas modernos.

No obstante, la puesta en marcha continuó y el 10 de junio de 1942 iniciaron las obras que cubrían 1.690 metros cuadrados, con un costo cercano a los 87 mil pesos, se concluyó la obra que 37 años después, el 8 de mayo de 1979, fue consumida por un voraz incendio ante la mirada atónita de los samarios.

“¡TEATRO ‘LA MORITA’ PRESENTA…!”

Claro, durante el periodo previo al siniestro, como as bajo la manga, los samarios también se distraían en algunos teatros de menor cuantía en sus aforos, los cuales estaban ubicados en diferentes puntos del casco urbano. No necesariamente en el Centro Histórico.

Comenta José Rafael Dávila, que, entre los distintos escenarios se encontraba el Teatro ‘La Morita’, localizado en el sur de la Ciudad, muy cerca al puente de la Carrera Quinta del barrio Manzanares, donde se establece con fervor el único templo religioso de Santa Marta, llamado por el Vaticano, Santuario Nuestra Señora de Fátima.

Con el jingle: “¡Teatro ‘La Morita’ presenta…!”, las emisoras de la época hacían publicidad de las producciones de Paramount, entre otras firmas estadounidenses y del Viejo Continente.

“Hasta allá iban las personas a ver buen cine; cine arte, no cine comercial. Y con silla en mano disfrutaban de las gestas de los artistas del aquel entonces”.

UN MEXICANO QUE NO SE RAJÓ

Dentro de la ya entrecortada memoria del historiador, guarda en los archivos de su alma, la única vez que un ganador del premio Globo de Oro como mejor representación cómica en la película ‘La vuelta al mundo en ochenta días’ de 1956, visitó a una Santa Marta carente y precaria de cineastas.

Era Mario Moreno, el actor latinoamericano por excelencia y mayoría de votos, era el ‘Chaplin mexicano’, el dueño y autor de la frase: “¿Qué hay chatos?”. Era Cantinflas.

Vigente en su cumbre, ‘El mimo de la gabardina’, como también era conocido el astro de México, pisó suelo samario en agosto de 1964, con el propósito de hacer presencia en un evento benéfico. Pero como toda estrella errante, su paso por nuestra tierra fue fugaz.

“El hombre vino y fue furor y de inmediato se marchó y fue tristeza”, apuntó en tono bohemio el principal guía de esta historia, José Dávila, quien recuerda de manera melancólica a aquel mexicano que no se rajó.

Así como tampoco se rajó la ciudad que, en las vísperas, en el marco del siglo XX, recibió con beneplácito la llegada de nuevos teatros, nuevos templos de emociones.

Entre esos lugares, destacaron el Teatro ‘Simón Bolívar’, ubicado en la calle 17, entre carreras sexta y séptima, justo detrás del Teatro Santa Marta; así como llegó, se esfumó rápidamente, y pasó de homenajear a El Libertadora la cristiandad, tras quedar en manos de pastores que lo tienen como el templo de la ‘Oración fuerte del Espíritu Santo’.

Por otra parte, estaba el Teatro El Popular, de Pescaíto, que por algún tiempo tuvo conexión con el de ‘La Morita’, y así, cuando terminaba de proyectarse el rollo en La Morita, alguien iba rápidamente en bicicleta a Pescaíto para que pusieran la película.

 Luego, se hizo imposible de visitar, porque, de acuerdo con lo que algunos recuerdan, coterráneos de aquella época, los habitantes del sector, tenían como costumbre tirar desde el exterior de las paredes del teatro, todo lo que se les cruzara, entre piedras, bolsas de orines y hasta una vez, lanzaron una pequeña boa, espantando a espectadores interesados por las artes escénicas, dejando a jóvenes que convirtieran dicho escenario en centro de drogadicción y relaciones amorosas.

También funcionó el Teatro El Tayrona, ubicado en El Rodadero, que luego se convirtió en una bolera, una Olímpica, un centro religioso y uno deportivo y, el Teatro San Jacinto, entre las calles 16 y 17 con carrera 11, en Gaira.

LA ERA DE LOS CENTROS COMERCIALES Y LOS BISTRO

Por esos años también surgió el Teatro Royal, bajo la administración del Centro Comercial Royal Plaza, vigente en la calle 14 entre carreras cuarta y quinta.

Actualmente, con el desarrollo comercial de la ciudad y con él, los centros comerciales como Ocean Mall, Buenavista y Arrecife, llegaron los cines contemporáneos, con la opción de no solo ver las películas sino de sentirlas, de manera tridimensional, o en las sillas con movimientos, llamadas Dbox, las cuales están programadas para moverse con la película y que ofrecen al usuario diversos niveles de intensidad, que pueden cambiar a su gusto, para disfrutar de experiencias nuevas que se asemejan a la realidad.

Para muchos, es sabido que el primer inmueble albergó dos firmas cinéfilas en un mismo recinto, pero en dos periodos de tiempo distintos. El primer cinema fue Royal Films y el segundo, y que actualmente se encuentra disponible, es Cineland, ambos bajo la propuesta 3D.

Con su reciente cambio y cuantiosa inversión, Cinemark, ubicado en el centro comercial Buenavista, relativamente lejos del Centro de la ciudad, ofrece también el sistema 3D, pero agrega la sofisticada propuesta de un bistro de atención personalizada y gourmet y las sillas Dbox.

Y si de servicio bistro se trata, también hay que mencionar las acogedoras salas de Procinal del centro comercial Arrecife.

LOS TEATROS DEL MAÑANA

Conjuntamente, la Caja de Compensación Familiar del Magdalena, Cajamag, le brindó hace pocas semanas a la comunidad samaria, un digno teatro, en donde podrán disfrutar de la música, la danza y demás manifestaciones culturales y artísticas de la Región y el país.

La tierra que una vez fundó Bastidas, aguarda con ansias el renacimiento no florentino de su escenario cultural más significativo, el Teatro Santa Marta, ícono que, con la actual administración distrital del alcalde Rafael Martínez, mantiene esa esperanza compartida por los hijos y visitantes de una ciudad que ha visto tejer sus 491 años de la mano de emblemáticos templos del arte, que siempre valdrán la pena recordar.

¿Se subirá nuevamente el telón rojo que una vez administraciones pasadas dejaron bajar? Amanecerá y veremos. ¡Buen cine!, dijo el cinéfilo de antaño.

Teatro San Jacinto de Gaira

El Teatro San Jacinto de Gaira también funcionó como salón de baile en Carnavales. Dicen los vecinos de la zona, que se rumoreaba en aquella época, que el administrador de este teatro tenía un pacto con el diablo, y, que cuando la función de las nueve de la noche no tenía gente, se iba por un camino que da al río y se perdía un tiempo; al regresar, encontraba un salón totalmente repleto, no le cabía ni una aguja.

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