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Columnistas

Un Centralismo que ahoga

Opinión Caribe

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Por Alfredo Pertuz Crespo 

Muy a pesar de que el debate entre centralistas y federalistas que se denominó históricamente como la “patria boba” está proscrito, hoy día es mas incipiente que en el ayer esta ocasión furrusca, con la consideración de que en la actualidad se soluciona voluntariamente a costa de que los centralistas se queden con la patria y el resto nos toque el papel de bobos.

Al isócrono paso del evidente desprecio que se suscita desde la más alta esfera del poder bogotano hacia todo lo que proviene del litoral Caribe, han sido rodeadas de inocuidad todas las manifestaciones que desde esta región se impulsan para reclamar unos mínimos presupuestos de libertad política y económica que permitan autonomía con miras al desarrollo regional, el más prominente de su especie sin lugar a dudas fue el ya olvidado Voto Caribe, que con una masiva respuesta de 2.500.000 votos, fue engavetado en el más recóndito de los archivadores del Palacio de Nariño a conveniencia lisa y llana de los que no necesitan aire acondicionado.

Podríamos fácilmente culpar a la historia de nuestra coyunda, pues han sido los desaciertos electoreros, pues de ninguna forma pueden llamarse electorales, los que nos imbuyen en este sitial de inferioridad, si bien ellos son los responsables de ese pasado, el presente y futuro nos compete a nosotros y en particular a nuestros dirigentes parlamentarios. La costa muy escasamente ha podido llevar personajes que desde su curul puedan reclamar esa autonomía e independencia que el contexto de pobreza de nuestra región demanda. Como es común, nuestros senadores y representantes caribeños se han replegado a los pies del gobierno central como forma de quietud y sosiego, evitando entrar en discordia con los intereses de la capital, que solo consideran lo sucedido entre el capitolio nacional y la 100 con 7ma.

Se pensó, o por lo menos así lo creyeron los eruditos en política de nuestra región, que con el irrestricto apoyo electoral a la reelección de Santos podía verse recompensado en algo más que una cuota burocrática. El tiempo dictamina su ineluctable sentencia, la respuesta sigue siendo NO para la Región Caribe.

En el tema de paz como en todos los asuntos de trascendencia nacional no tenemos voceros, ni representantes a los que podamos recurrir para que defiendan los intereses particulares de la Región Caribe, no es para nada extraño que ninguno de los negociadores del gobierno en la habana sea costeño, aun cuando sea esta región una de las más afectadas por las afujías de la violencia.

Es más preocupante aun lo que ha logrado el centralismo bogotano, desunirnos en torno a los proyectos y planes de región. Hoy en día los contratos por ejecutar en la región Caribe son los más trabados del país, con esto no quiera excusarse los intereses y abyectos fines de algunos, pero por lo menos la critica debiera hacerse transversal y tocar las irregularidades en todo el país, lo que daría más a pensar en que el derecho de la administración pública debe aterrizar y no circundar en lo conceptual.

Como contradictor acérrimo de las vías de hecho, esta es una invitación a ejercer nuestra única y valerosa salida, el voto, pues solo cuando los merecedores de las posiciones democráticas accedan a ellas, encontraremos en la región un panorama alentador, que nos permita sentarnos en la mesa redonda de Colombia a hacer la historia, esa que solo se ha hecho con saco y corbata y que se olvida de la inclemencia de nuestro clima, en el que también germinan grandes hombres, buenas ideas y magníficos proyectos.

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