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Columnistas

El vital crecimiento económico

Opinión Caribe

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Por Rubén Darío Ceballos

El crecimiento económico, definen los expertos, es una de las metas de toda sociedad. Impone un incremento notable de los ingresos, y de la forma de vida de todos los asociados.

Existen muchas maneras o puntos de vista desde los cuales se mide el crecimiento de una sociedad, se podrían tomar como ejes de medición la inversión, las tasas de interés, el nivel de consumo, las políticas gubernamentales, o las políticas de fomento al ahorro; todas estas variables son herramientas que se utilizan para medir este crecimiento.

Requiere de una medición para establecer qué tan lejos o cerca estamos del desarrollo. Es el aumento de la cantidad de trabajos que hay por metro cuadrado, la renta o el valor de bienes y servicios producidos por una economía.

Habitualmente se mide en porcentaje de aumento del Producto Interno Bruto real, o PIB. El crecimiento económico así definido se ha considerado (históricamente) deseable, porque guarda una cierta relación con la cantidad de bienes materiales disponibles y por ende, una cierta mejora del nivel de vida de las personas.

Como municipios y departamento, deber es apuntar a la recuperación del crecimiento económico, garantizar equidad y procesos de distribución justa de la riqueza, lo cual requiere de desafíos, responsabilidad, voluntad y decisión política. Abrirnos a variables económicas, romper las trampas de la inequidad, los abusos de la desigualdad, el crecimiento mediocre, la reproducción intergeneracional de la pobreza, quebrar toda forma de discriminación, violencia, exclusión y empobrecimiento.

Crecer es palabra clave. Importa diseñar políticas económicas, plantear nuevas opciones, acudir al diálogo democrático, construirlo, en el entendido que la democracia no es sólo la existencia de un sistema de partidos políticos, sino aquella que permite dar pasos competitivos y exigir que la democratización institucional contemple abrir a debate las decisiones de política económica y social que se diseñan sin tener en cuenta la base societaria, debiendo desvincularse las decisiones macro y microeconómicas de las disputas políticas de coyuntura; vale decir, evitar que las aspiraciones de corto plazo produzcan ruina financiera. Es edificar un diálogo democrático que permita establecer prioridades que respondan a un verdadero compromiso social.

Tenemos que vislumbrar y buscar salidas coherentes, viables, factibles, dentro de un cuidadoso proceso de revisión de los principios sobre los que funciona lo económico y lo fiscal del país. Implementar procesos de reordenación y de autonomía municipal que permitan una mejor conducción, ordenamiento y liderazgo. Cerrar brechas, reducir las disparidades, establecer nuevos pactos sociales ajustados a las propias realidades y necesidades, sin omitir nuestro contexto político e histórico.

Necesidad nuestra es crecer, aplicarnos en ello es una obligación que envuelve asumir con seriedad el reto de pensarnos una vez más, como el grande departamento que deberíamos ser, capaz de superar las peores adversidades y en el que es posible cimentar oportunidades para una vida en dignidad para todos los nuestros.

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