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Opinión Caribe

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Por Rosario Pisciotti Lara

‘Mi raza’, escrito de José Martí, latinoamericano como todos en este continente,  dice: Todo lo que divide a los hombres, todo lo que especifica, aparta o acorrala es un pecado contra la humanidad. ¿A qué blanco sensato le ocurre envanecerse de ser blanco, y qué piensan los negros del blanco que se envanece de serlo y cree que tiene derechos especiales por serlo? ¿Qué han de pensar los blancos del negro que se envanece de su color? Insistir en las divisiones de raza, en las diferencias de raza, de un pueblo naturalmente dividido, es dificultar la ventura pública y la individual, que están en el mayor acercamiento de los factores que han de vivir en común.

Con base en este fragmento del ensayo, se puede afirmar, que los latinos se envanecen de una u otra forma; algunos se avergüenzan de lo que son; otros más racistas rechazan a la raza de bronce, es decir, a los hermanos mayores: Tan lejos de Dios y de los hombres, pero tan cerca de los Estados Unidos, porque no se responde a la entelequia, a la pluriculturalidad, a lo que se es, sino a modelos ajenos al entorno en el que se desenvuelve la raza diversa, esa que representa lo que Latinoamérica debe defender a capa y espada.

Día de la raza, 12 de octubre, así está instituido, pero qué dolor causa la falta de orgullo, la fuerza para defender la dignidad y no estar condenados a otros cien años de soledad.

Hasta la Unesco señala en uno de sus apartes, que el racismo engloba las ideologías racistas, las actitudes fundadas en los prejuicios raciales, los comportamientos discriminatorios, las disposiciones estructurales y las prácticas institucionalizadas que provocan la desigualdad racial, así como la idea falaz de que las relaciones discriminatorias entre grupos son moral y científicamente justificables; se manifiesta por medio de disposiciones legislativas o reglamentarias y prácticas discriminatorias, así como por medio de creencias y actos antisociales; obstaculiza el desenvolvimiento de sus víctimas, pervierte a quienes lo ponen en práctica, divide a las naciones en su propio seno, constituye un obstáculo para la cooperación internacional y crea tensiones políticas entre los pueblos; es contrario a los principios fundamentales del derecho internacional y, por consiguiente, perturba gravemente la paz y la seguridad internacionales.

Se ha perdido hasta el término de raza, porque lo que existen son etnias; los antropólogos cambiaron la esencia del día, así que el 12 de octubre es el Día de la etnia.

Etnia despreciada desde el tío Sam que han penetrado en estos pueblos con toda la discriminación y el ánimo de causar prejuicios como los existentes en su nación. Esos patrones de conducta se deben erradicar de estas tierras para que se abrace el amor y el respeto y por una lucha de clases que debe vivir sin prejuicios, sin los odios siderales de los campeones del racismo.

El 12 de octubre no debe perder la fuerza de su significado y la educación debe abanderar la determinación de los valores e ideales que conforman la identidad étnica, cultural y nacional, Que esa pluriculturalidad no es solo europea, sino indígena, africana, mulata, mestiza, zamba. Esa es Latinoamérica.

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