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Entrevistas

“El centralismo nos está matando”: Patricia Caicedo

Opinión Caribe

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Desde el Sofá Naranja de OPINIÓN CARIBE, la exconcejala Carmen Patricia Caicedo, representante por el Magdalena del comité de impulso al plebiscito, aúna esfuerzos para que haya una convergencia nacional en la que la corriente de izquierda tenga participación con garantías. Relata su experiencia como ex militante del Ejército de Liberación Nacional y su participación política en la vida civil. Analiza los acuerdos con las Farc y los inicios de la negociación con el ELN.

OPINIÓN CARIBE: ¿Cuál fue su participación en el Ejército de Liberación Nacional?

CARMEN CAICEDO: Soy desmovilizada de una facción del Ejército de Liberación Nacional que se denominó Corriente de Renovación Socialista, hice parte del ELN desde que estaba en el colegio, también participaba en movimientos cívicos en Santa Marta. Luego me incorporé más de lleno a la formación política-militar que daba el grupo; éramos muchos jóvenes inquietos que nos formamos en los años 80, época de los movimientos campesinos, el movimiento estudiantil, el movimiento obrero, fue cuando se conformó la Central Unitaria de Trabajadores y se fortaleció la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos.

Era una lucha por el derecho a la vida en Colombia, se estaba aplicando el estatuto de oposición con baja intensidad, el cual acorta una serie de libertades a todos los luchadores sociales, y a quien se atreviera a hablar en contra del Estado.

En ese momento asesinaron a los militantes de la Unión Patriótica que procedían de un proceso de acuerdo de paz. Por la falta de libertades se fortalecieron esos movimientos sociales en defensa de la igualdad que queríamos para el pueblo colombiano, era un momento clave de la historia.

Se dio la Unión Camilista – Ejército de Liberación Nacional, con el Partido Revolucionario de Trabajadores y el Ejército Popular de Liberación se conforma una coordinadora nacional guerrillera que era un grupo mucho más grande para accionares políticos y armados. En esa época me formé con otro grupo de personas que hoy también hacen parte de las direcciones de las organizaciones sociales de esta Nación, los que sobrevivimos a una oleada de muertes, de persecuciones políticas, estuve detenida dos veces en condiciones muy duras y otros compañeros perdieron la vida.

O.C: ¿Cuándo decide reincorporarse a la vida civil?

C.C: Vino el proceso de la Asamblea Constituyente, lo trabajamos muy duro y con la esperanza de que se abriera la posibilidad de un país distinto, de mayores garantías donde participaran todos los sectores sociales, en la que los sectores más vulnerables pudieran hacer política y ser tenidos en cuenta como el movimiento indígena y los estudiantes que tuvieron protagonismo. Vemos que el país empieza a cambiar, con un grupo pensamos en que sí era posible hacer política dentro de las estructuras del Estado.

Cuando estábamos dentro del ELN, hacíamos campañas de voto en blanco porque no había garantías, en ese tiempo el movimiento social tenía muy pocas posibilidades de aspirar y salir en el ordenamiento político; los únicos que tuvieron oportunidad fueron los de la Unión Patriota con candidatos como Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo, que para este periodo era cuando el país más necesitaba de mentes claras comprometidas con que Colombia fuera uno solo.

Nos empezamos a hacer cuestionamientos de por qué estábamos tan alejados de donde se toman las decisiones, la ciudad; nuestro accionar político se reducía a grupos de pequeños campesinos que se cansaban porque estaban en medio del fuego. Y hacer política desde un grupo armado es interesante, pero compartir la operatividad militar de un grupo armado es doloroso; por ejemplo, los secuestros son dolorosos. Esas situaciones nos llevaron a decidir que no podíamos seguir así, que había que participar en política, decirles a las guerrillas que debían desmovilizarse, no había que secuestrar ni quitarle su patrimonio.

El grupo se llamó ‘El Parche’ luego de una reunión en Antioquia, estos miembros del ELN pensábamos en que debíamos crear una corriente de opinión y debate en el interior del grupo, una salida negociada al conflicto. Nos reunimos varias veces, en una conferencia lo planteamos y fue una hecatombe, la línea dura del ELN no lo aceptó, nos llamaron agentes del Estado, vinieron cosas duras y nos desmovilizamos.

O.C: ¿Cuántos años estuvo en el ELN y cuántos se desmovilizaron?

C.C: Estuve ocho años, en ese momento éramos alrededor de unos mil y elegimos una coordinación conformada por quienes habían sido mandos del comité central del ELN o comandantes de frentes de guerra. Ellos fueron los delegados para empezar los primeros acercamientos con el Gobierno Nacional, que dieran cuenta de que nos íbamos a salir de este grupo para conformar un grupo político civil y legal.

O.C: ¿Cómo fue la desmovilización?

C.C: Los dignatarios se dedicaron a hacer los acercamientos con el gobierno de Ernesto Samper, en ese momento tuvo un papel importante Horacio Serpa, quien era ministro del Interior. Lo hicimos, después de un buen tiempo, acampamos en Flor del Monte, en los Montes de María donde teníamos buena operatividad, había una base social que simpatizaba con este sector.

En el proceso de negociación Carlos Prada, quien fue el comandante militar del frente Guerra Norte y de los hombres más queridos del ELN mandado por la comisión de negociación del Gobierno para que fuera y movilizara las tropas de Urabá hacia Flor del Monte y se desmovilizaran, pero el Ejercito lo mató, a pesar que él entregó sus credenciales. Hace dos años se condenó al Estado, se declaró un delito de lesa humanidad y un crimen de Estado.

En ese momento, casi entra en retroceso la negociación, porque los combatientes no veían garantías de estar en el proceso, nos tocó hablar mucho a los que creíamos que debíamos salir de eso, que creíamos en los ideales de igualdad, garantías para la política, de libertad, de derecho a la vida, de inmersión social, estábamos convencidos que debíamos hacerlo por fuera y después de meses de pausa, retomamos la negoción.

Se formó la Corriente de Renovación Socialista, negociamos participación en el Congreso, éramos una fuerza muy pequeña y logramos negociar tres puestos en el Congreso. Luego empezamos a trabajar por los Derechos Humanos, otros desde la academia.

O.C: ¿Hubo rechazo en la población cuando se desmovilizaron?

C.C: Hubo rechazó de algunos sectores, pero también acogida en los medios nacionales. Los desmovilizados nos dedicamos a construir organizaciones sociales y políticas. Entramos a construir la AD- M19 cuando se desmovilizó el M19, el RPT, el EPL, el ‘Quintín Lame’, y se formó la Alianza.

Se empezó a trabajar en la convergencia nacional y a discutir cómo iba a ser la participación en proyectos electorales, porque no teníamos fortalezas y debíamos hacer alianzas para participar.

O.C: ¿En qué se diferencian el ELN y las Farc?

C.C: El ELN le apuesta a la formación de las masas, formaban a los campesinos, a los indígenas y estudiantes, los educaban políticamente y las Farc se dedicaba más a limitarlo.

También por los orígenes del Ejército de Liberación Nacional, que fue fundado por curas españoles, que trabajaban la teología de la liberación y eran rigurosos en el aprendizaje de los clásicos, no solamente del marxismo y de las teorías socialistas y comunistas. El ELN era más nacionalista, que quiere levantar la voz en contra del saqueo de los recursos naturales del Estado.

O.C: Como líder política, ¿qué papel está cumpliendo en el actual acuerdo con las Farc?

C.C: En el Magdalena logramos hacer una convergencia que hace ratazos no se veía, nos constituimos en el comité de impulso al plebiscito. Desde mucho antes empezamos a trabajar en el comité y ahora seguimos con la misma dinámica solicitando el acuerdo ya. Realizamos actividades de pedagogía con la población sobre la importancia de que en Colombia se firme el acuerdo que nos va a beneficiar a todos y que no crean las mentiras que están proliferando, que se entienda que cuando se negocia con un grupo no es porque ha sido derrotado, las Farc no derrotó al Estado ni el Estado a ellas.

En esa convergencia están la Unión Patriótica, Marcha Patriótica, hay sectores de Movimiento Alternativo Indígena y Social- Mais, Confederación General del Trabajo, la Confederación de Trabajadores de Colombia, los pensionados portuarios, las mujeres víctimas, las organizaciones del sector de los vendedores informales, hay organizaciones juveniles, de pescadores, y el Partido Verde al que represento, entre otros.

Todos los días hacemos reuniones y contactos para convocar a más personas por la unidad, para sacar adelante el proceso y todas las personas que creen en la democracia colombiana. He estado en esta política de izquierda y lo he venido haciendo para salvar vidas en este país. Tenemos que ser la generación de la paz, del cambio de mentalidad, que construyamos un país donde todos cabemos, donde nos reconocemos como iguales, que tenemos el derecho a serlo y a hablar como creamos, como nos parezca, en la medida que no se irrespete a nadie.

En esos espacios que estamos creando como sociedad civil para impulsar los acuerdos, el 31 de octubre estaremos en Conejo, La Guajira, tenemos la invitación del frente 57 de las Farc para participar en una vigilia por la paz y los acuerdos. Nosotros vamos a asistir, estamos convocando a distintos sectores del Magdalena. Se abrirán los campamentos para que se hable con ellos y conocer sus posiciones frente a los acuerdos.

O.C: ¿Qué cree que falló en los acuerdos con las Farc?

C.C: Falló el esquema del Gobierno Nacional de poner al frente de la campaña por el Sí a actores políticos que están muy desgastados, que en las regiones no representan a la comunidad, son partidos que no tienen legitimidad ante la gente del común. Segundo, fue un ejercicio de falsa democracia, porque le dijeron a la gente que se organizara como comité y no fueron tenidos en cuenta, ni siquiera para mandarles publicidad. Hicimos un recorrido muy modesto por el Magdalena con los recursos de las personas porque los partidos políticos aquí no dan nada para eso.

El modelo centralista que tiene este país, de alguna manera hay que modificarlo, por eso no soy impulsora del proceso Constituyente en este momento, creo que es muy peligroso. Primero debemos salir de la refrendación de los acuerdos de paz, llevarlos al Congreso y después acabar el centralismo político, porque esas medidas que asumen con la mentalidad del interior, perjudican a las regiones Caribe y Pacífica, que está matando al país en lo político, social y en lo económico.

La otra falla es las Farc, que se sentó a esperar a que se diera el proceso, no contribuyeron, no se mostraron sencillos y humildes cuando la sociedad se los pidió. No se le estaba haciendo un favor, ellos también necesitan este acuerdo, sienten que su estrategia militar de tomarse el Estado por las armas fracasó, y sus jefes políticos están convencidos de que tienen que hacer ejercicio político.

Tampoco escucharon a la Iglesia, la menospreciaron y ellos son una fuerza increíble. Hay un sector que votó por el NO que no es del uribismo, que no está representado en los personajes que están conversando con el Gobierno y que están pidiendo que también sean escuchados.

O.C: ¿Cuál es la solución para salir de este momento de incertidumbre?

C.C: Es una consulta plebiscitaria, se planteó que se debía refrendar con plebiscito, se perdió y no hubo plan B. Estamos diciéndole a los del NO que propongan algo para meter un anexo y eso hay que refrendarlo con otro plebiscito. Hay quienes están proponiendo el cabildo, pero no sé qué tan expedita sea esa figura, lo claro para mí es una consulta plebiscitaria. Ojalá sea pronto, duramos cuatro años de acuerdo y estamos ad portas cumplirlo. La implementación es lo más difícil, la reforma agraria es inmensa y es lo mejor que tiene el acuerdo.

O.C: ¿Cómo debe ser el proceso de implementación de los acuerdos?

C.C: Con la Comunidad Internacional que sigue queriendo este acuerdo, tenemos que seguirla involucrando y solicitando que haga presencia dentro del Estado en la implementación de cada uno de los puntos y en las estructuras que deben implementar esos puntos. Necesitamos que ellos sean los garantes y que se dé cómo debe ser. Por otro lado, lo único que ha reformado la política del Estado y ha cambiado de estructuras es las movilizaciones, no es el Congreso. Este hace las leyes, pero las mayorías son de rehabilitación social, su origen está en las calles, en las organizaciones gremiales y sociales.

O.C: ¿Qué percepción tiene de la negociación con el ELN?

C.C: Es importante que el ELN haya aceptado sentarse a negociar, porque no tenían unidad en eso, no va a ser fácil, ellos son muy celosos de la salvaguarda de su nombre, de su actividad. No aceptan que se les iguale a las Farc o se les pongan por debajo. Los recursos no renovables tendrán un papel importante en esta negociación para el ELN. Sus negociadores están muy preparados, pienso que van a esperar si el proceso avanza con las Farc y si no, se quedarán en una zona de confort para saber qué pasa.

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