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Los nuevos ricos

Opinión Caribe

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Por Cecilia López Montaño

Desde hace varias décadas se identifican en Colombia generaciones de nuevos ricos. El problema no es que gente antes sin recursos se llenen de dinero, ni más faltaba. El tema es otro: cómo obtuvieron esas fortunas. Esto empezó con el auge del narcotráfico desde los años 80, primero con los grandes capos y sus tristemente célebres cárteles y después con sus herederos menos visibles, pero igualmente mafiosos. Durante mucho tiempo esas nuevas generaciones de personas y familias derrochadoras se calificaron como traficantes de drogas y a ese factor se les atribuyó su rápido ascenso económico.

Sin negar que este sector de la población existe y explica todavía muchos comportamientos sociales que no se ajustan a lo que se considera aceptable, es innegable que muchas de las nuevas fortunas inmensas provienen de hechos tan graves como el narcotráfico, pero que no reciben la censura social que deberían. Se trata de la cantidad de individuos y familias enteras, muchas vinculadas a políticos, que se roban los recursos del Estado de la manera más olímpica a través de la contratación pública que amerita con urgencia una seria revisión.

Sin temor a equivocarnos, es el atraco al Estado colombiano a nivel nacional, regional y local, la fuente de muchos de los nuevos ricos del país. Lo que acaba de suceder en la Guajira es prueba contundente de esta nueva modalidad de salir rápidamente de pobre, que se extiende por todo el país, desde Bogotá hasta las regiones.

Desafortunadamente la Región Caribe, de nuevo, claro que no es la única en donde se evidencia esta modalidad de ganar dinero con todo tipo de trampas, salta a la primera plana de las noticias nacionales por el atraco al Estado con los contratos de alimentos escolares. Las sumas son escandalosas, 29 mil millones de pesos, sin ningún reato de conciencia, dejando nada menos que a los niños en situación más precaria de la que naturalmente tienen los menores en amplios sectores de este departamento.

Algo muy de fondo debe hacerse desde el Estado para que se acaben los mecanismos de asignación de recursos que se han convertido en una manera de enriquecerse los avivatos que sobran. Por ejemplo, ¿es indispensable que la política social se ejecute a través de operadores? Y si eso es cierto, ¿por qué no existen los controles necesarios para que no se queden con la mayoría de los recursos que deberían llegarles a los pobres? La contratación pública en manos de muchísimas dependencias del Estado, es claramente una fuente de corrupción ¿No existen experiencias en otros países, como Chile, donde la corrupción es menor y también se han celebrado grandes contrataciones de obras públicas? Que quede claro. Es inaudito que ahora saquear al Estado es la nueva forma de enriquecimiento rápido y además disfrazado de lícito. El primer gran escándalo se dio en Bogotá en cabeza de grandes personajes cachacos y costeños. ¡Qué tristeza!

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