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¡Salvemos al pedagógico!

Opinión Caribe

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Por Juan Manuel Galán

El Instituto Pedagógico Nacional (IPN) de Bogotá no es solamente un colegio o una escuela de formación. Se trata de un verdadero laboratorio de innovación en pedagogía y de un centro de práctica universitario. Además, fue la institución pionera en la educación de la mujer en Colombia.

Históricamente, el IPN inauguró la educación de la mujer como maestra. Fue semillero y cuna de la educación superior para la profesión magisterial, consolidando en 1934 la primera Facultad de Educación para Mujeres y posteriormente en 1955 convirtiéndola en la Universidad Pedagógica Femenina.

Se trató de un gran avance para la época; si hacemos memoria, durante la década de los 30, el país apenas estaba consagrando los derechos de la mujer a la libre disposición de sus bienes, cuando continuaba bajo el dominio del hombre como persona y aún no conseguía el reconocimiento ni siquiera, de sus derechos políticos.

Además de la innegable herencia en temas de desarrollo para la mujer, el instituto ha dejado un legado cultural importante para el país, forjado por músicos, literatos, historiadores y artistas entre los que se encuentran Gerardo Arrubla, Tomás Rueda Vargas, Darío Garzón, Hena Rodríguez, entre otros. La diversidad socio-económica y cultural de los estudiantes que han pasado por sus aulas, le ha permitido al Instituto tener un diálogo productivo y hacer aportes a la construcción de la paz desde un marco democrático, intercultural e incluyente.

Así, el camino que el IPN ha abierto en la historia de Colombia y la trascendencia de sus programas en Educación Especial, Preescolar, Educación Básica, así como la Media, Extensión, Pedagogía y Práctica Docente, lo ubican hoy en un lugar privilegiado para el desarrollo de proyectos de innovación e investigación en materia educativa, ratificando su carácter especial y su alto nivel académico.

Su acción está impregnada de humanismo, de reconocimiento del otro y de creatividad, para llevar a cabo proyectos en beneficio de las comunidades a las que pertenece. Sin lugar a dudas, el IPN es un baluarte pedagógico que se ha materializado en metodologías de enseñanza sobre temas como la formación musical, educación física, formación en valores y formas alternativas de práctica docente, entre otros.

Su impronta histórica lo convierte en un bastión de la formación de antiguas y futuras generaciones, y en merecedor innegable del título de ser Patrimonio Pedagógico de la Nación.

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