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Internacional

El Comandante en la Quinta

Opinión Caribe

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Testigo de los cambios geopolíticos más importantes de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI, ejemplo de las luchas izquierdistas latinoamericanas y personaje clave en la firma de los Acuerdos de Paz entre las Farc y el Gobierno de Colombia, Fidel Castro murió al mando de la única isla comunista del Caribe: Cuba.

En 1994, con motivo de la IV Cumbre Iberoamericana, celebrada en Cartagena de Indias, el comandante Fidel Castro aprovechó para visitar la Quinta de San Pedro Alejandrino. Durante su recorrido de más de cuatro horas, Fidel Castro dio cuenta, ante un grupo de acompañantes, de su amplio conocimiento del pensamiento y la obra de Simón Bolívar. Donó esa vez al Museo de Arte una importante colección de pintores cubanos.

A propósito de la visita de Fidel Castro a la Quinta, OPINIÓN CARIBE entrevistó a Zarita Abelló de Bonilla, directora del Museo de Arte Bolivariano, quien confesó haber quedado sorprendida por la personalidad del Comandante y de sus amplios conocimientos sobre temas de arte y de la historia de El Libertador.

“Me llamó el General de Primera División para decirme que necesitaban la Quinta de San Pedro Alejandrino temprano”, explica Zarita Abelló. Le insistieron en que no dejara entrar a nadie, pero no le dijeron el porqué. “Cuando conocía Fidel me impresionó mucho su amor por la historia. Dominaba el tema de Bolívar como si se hubiera criado con él. Era una persona cultísima. En cuanto entró dijo:“Me imaginaba a la Quinta muy diferente: una casita y ya, pero esto es hermoso. Tiene árboles centenarios y muchas especies”.

Fidel Castro fue acompañado por el Ministro de Defensa, Rafael Pardo, y su comitiva cubana la formaban, según Zarita Abelló, alrededor de unas 50 personas. “Sus guardaespaldas llamaban la atención porque eran unos negros como de 2 metros que no lo dejaban solo en ningún momento”, anotó la directora del Museo.

“Fidel me hizo muchas preguntas sobre la historia de Simón Bolívar y confesó que la Quinta era el único sitio donde había estado Bolívar que él no conocía. Era su gran admirador. Yo le dije: Comandante, aquí hay obras de los países bolivarianos y Panamá, estamos ampliando la colección, pero no hay pintores cubanos. Entonces se comprometió a enviar unas obras. En febrero de 1995 me avisaron de la Presidencia que venía el vicepresidente de Cuba, Carlos Lage Dávila, acompañado de un artista cubano y varias obras de arte de Puerto Carrero, Mendivil, Favelo, entre otros. Fue una estancia muy buena”, precisó Zarita Abelló.

Al mediodía, mientras su comitiva y demás acompañantes daban señales de cansancio, Fidel Castro parecía no tener calor ni hambre. Esta impresión que Fidel Castro dejó a Zarita Abelló la testimonió como un rasgo de su personalidad García Márquez en el texto “El Fidel que yo conozco”: “Es un lector voraz. Nadie se explica cómo le alcanza el tiempo ni de qué método se vale para leer tanto y con tanta rapidez, aunque él insiste en que no tiene ninguno en especial. Muchas veces se ha llevado un libro en la madrugada y a la mañana siguiente lo comenta. Lee el inglés, pero no lo habla. Prefiere leer en castellano y a cualquier hora está dispuesto a leer un papel con letra que le caiga en las manos”.

El Comandante estuvo toda la mañana en la Quinta de San Pedro Alejandrino fascinado por la exuberancia del entorno y el peso de la historia de la última morada de su admirado Libertador. A la 1:30 de la tarde, sin esperar el almuerzo, subió a un helicóptero de regreso a Cartagena.

INSPIRADO EN SIMÓN BOLÍVAR

Fidel Castro admiró a Simón Bolívar y su obra, a través de la obra del poeta cubano José Martí, miembro del partido socialista cubano, y quien murió peleando por la libertad de Cuba del dominio español. Motivado por el proyecto de la Latinoamérica unida y emancipada que proponía El Libertador, Martí consolidó su obra poética y una filosofía que serviría, con el tiempo, de plataforma a las ideas revolucionarias de Fidel Castro.

“Había leído muchas biografías de Bolívar y sentía una profunda simpatía hacia la vida y la obra de aquel hombre extraordinario. Naturalmente que no podía, entonces, analizar, sino de una manera muy simple el fenómeno, con una concepción realmente idealista de la historia. Me imaginaba aquello como resultado de traiciones, las perfidias humanas, políticos corrompidos, militares ambiciosos, y en cierto sentido transportaba mecánicamente a la situación de los distintos países la imagen que tenía del cuadro de nuestra propia política nacional, saturada de esos ejemplos”, declaró Fidel Castro en el libro ‘Memorias de Franqui’ de Carlos Franqui.

En los años 50, durante el régimen de Fulgencio Batista, Cuba era una especie de paraíso para la mafia. No faltaban los espectáculos en clubes caribeños donde abundaba la prostitución, el licor y el juego. Escenas de estos años cubanos fueron fielmente retratadas en películas como El Padrino y recreadas en las páginas de la novela Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante. El 31 de diciembre de 1959, Fidel Castro y sus muchachos del Movimiento 26 de Julio entran finalmente a La Habana y derrocan el régimen de Fulgencio Batista.

Esta hazaña sería la inspiración para las guerrillas latinoamericanas, incluyendo a las colombianas como Las Farc, ELN y el M-19.

COLOMBIA MARCÓ SU DESTINO REVOLUCIONARIO

En 2011, Fidel Castro concedió una entrevista a la periodista cubana Katiuska Blanco. En ella recuerda, concretamente, su participación en el Bogotazo. Fidel Castro asistía, entonces, a un encuentro de estudiantes latinoamericanos paralelo a la IX Conferencia Panamericana que se celebraba en Bogotá.

Inspirador del encuentro de estudiantes latinoamericanos en Bogotá, Castro asistía en representación de los estudiantes de su país. Su idea era aprovechar el escenario de la Conferencia Panamericana para reclamar la entrega del Canal de Panamá, las Islas Malvinas, y pedir la salida del dictador Leónidas Trujillo de la República Dominicana.

Él y un grupo de estudiantes se entrevistaron con Jorge Eliécer Gaitán dos días antes de su asesinato. Habían pactado una cita más formal para el 9, en horas de la tarde, a la que asistirían Rómulo Betancur y el pintor Leo Matiz. Castro recuerda así a Gaitán: “Encontré a una persona de mediana estatura, aindiado, inteligente, listo, amistoso”. A ojos de Castro y sus jóvenes amigos, Gaitán era un coloso y lograr el apoyo del líder al congreso estudiantil constituyó un éxito de enorme significado. Gaitán les entregó, según confesó a la periodista, varios discursos, entre ellos, “Oración por la paz”, que el líder bogotano pronunció el 7 de febrero de 1948 ante más de 100 mil personas.

En una de sus conversaciones con el periodista español Ignacio Ramonet, Fidel Castro explicó su participación en el Bogotazo, un episodio crucial en su formación revolucionaria: “Yo aún no había cumplido los 22 años. Gaitán era una esperanza. Su muerte fue el detonante de una explosión. El levantamiento del pueblo, un pueblo que busca justicia, la multitud recogiendo armas, la desorganización, los policías que se suman, miles de muertos. También me enrolé, ocupé un fusil en una estación de policía que se plegó ante una multitud que avanzaba sobre ella. Vi el espectáculo de una revolución popular totalmente espontánea”. ‘Cien horas con Fidel’, un éxito literario en 2006.

GABO Y FIDEL, UNA AMISTAD POLÉMICA

El 11 de agosto de 1993, de paso por Cartagena y en compañía de su amigo Gabriel García Márquez, Castro relató durante una larga hora su participación en el Bogotazo. Recordó que, luego de los hechos, le tocó salir de Bogotá en un avión de carga que transportaba toros de lidia a Cuba. El avión aterrizó en Cartagena para aprovisionarse de combustible. Esa vez solo vio partes de la ciudad desde la ventanilla del avión. Fidel Castro tenía entonces 22 años, pero, según anotó en varias ocasiones, El Bogotazo, en el que alcanzó a empuñar un fusil por unas horas, marcó su destino revolucionario.

Gabo y Fidel Castro tenían 21 años de edad cuando asesinaron a Gaitán. “Ninguno tenía noticias de otro. No nos conocía nadie, ni siguiera nosotros mismos”, dijo Castro, quien confesó haber conocido a García Márquez leyendo sus obras. Una vez entablada esta polémica amistad, Gabo en su texto anotó:“Tiene la convicción de que el logro mayor del ser humano es la buena formación de su conciencia y que los estímulos morales, más que los materiales, son capaces de cambiar el mundo y empujar la historia.”

Amigos desde 1977, Gabo fue confidente de Fidel y ayudó a la liberación de algunos presos políticos de la isla. Su acercamiento con Castro sirvió de asidero para la búsqueda de la paz en Colombia, según expone César Leante en su libro Gabriel García Márquez, el hechicero. Esta amistad fue mal vista. Incluso el Nobel Vargas Llosa llegó a tildar a García Márquez de ‘Lacayo de Castro’, un juicio, sin duda, exagerado.

Durante su visita a Cartagena en 1993, el líder cubano invitó a los movimientos guerrilleros a buscar una salida negociada “para no derramar más sangre”. Esa propuesta cuaja 23 años después con la firma de los Acuerdos de Paz entre el Gobierno Colombiano y las Farc-EP.

SU AMISTAD CON “EL FLACO” BATEMAN

Darío Villamizar, autor del libro Jaime Bateman, biografía de un revolucionario, sostiene que El Flaco como era llamado este guerrillero samario líder del grupo insurgente del M19, fue bastante cercano de Fidel Castro. Según Villamizar, Bateman encandiló a Fidel Castro con su personalidad y por su compatibilidad en las ideas marxistas. Su amistad fue tan cercana que, además de la causa revolucionaria, compartieron aficiones como la pesca, el Risk y el buceo.

Villamizar retrata una escena curiosa: Fidel Castro entró en la casa de protocolo del donde Bateman jugaba Ricks. Con el fin de integrarlo en el juego, El Flaco le pidió un consejo de estrategia a lo que Fidel expresó: “Pero, chico, cómo tú crees que voy a intervenir en ese jueguito imperialista, donde ni siquiera aparece Cuba”. Antes de despedirse, Fidel Castro le obsequió una pistola que Jaime Bateman conservó hasta su muerte.

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