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Crónica

Réplica complementaria a una historia del Cerro y el Parque Cundí

Opinión Caribe

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Por Raúl G. Martínez Ceballos

Con mucho entusiasmo empecé las lecturas de sendas crónicas del sector barrial donde nací, el barrio y el Cerro Cundí, en dos periódicos impresos de esta mi ciudad, en su parque donde me crié puliendo con nuestras rodillas y codos el duro pavimento de nuestro antiguo parque, hoy remodelado; así como también en el cerro, recogiendo higos bajo el doloroso rigor de sus afiladas púas, de las cactáceas Stenocerus griseus y las apuntias wentianas (Arepas o tunas), o evadiendo los roces con las espinas de los Poponax tortuosa (Aromos) o las pelusas urticantes de las Cnidoscolus urens (pringamosa blanca), al mismo tiempo que disfrutábamos de la fragancia del Lipia Oreganum Sp (orégano de monte), hoy casi extinguido en nuestro pequeño niño ecológico, en contraposición cuando rozábamos la planta llamada vulgarmente ‘desbaratabailes’ con sus olores nauseabundos, cuyo nombre, en efecto, no solo acabó con muchos bailes, sino también con reuniones políticas y familiares.

Recorríamos el Cerro Cundí en todas sus dimensiones diametrales opuestas, expuestos a la picadura de algunas bothropssp (Mapanas) o escorpiones endémicos que habitaban allí, junto con mis hermanos, primos vecinos y amigos, especialmente en los meses de las vacaciones; pero a medida que entraba en las lecturas me iba desilusionando por las cantidades de verdades a media y muchísimas omisiones, por cierto, muy valiosas para la historia de Santa Marta. Ojalá esta cadena de pequeños cerros se convierta algún día en área protegida por el distrito de Santa Marta.

Es muy cierto que muchas de las personas citadas fueron los colonizadores del sector del Cundí, pero se les olvidó mencionar que muchos fueron migrantes guajiros y otras partes de Colombia; fundadores con sus negocios que se instalaron allí, a los cuales quiero referirme: Muchos recuerdan a la familia dibullera de Luís Carlos Pérez y Bernarda Mora, quien hacía unas deliciosas arepas fritas o asadas; a Luís Aurelio Castiblanco y su familia, también guajiros; los apodados los ‘Quimbes’, dedicados a la mecánica en plena calle 16 A, (negocio que continúan sus herederos) ubicado en el costado sur del parque, exactamente en la esquina de la carrera 15; la Vieja riohachera ‘Meme’ Remedios, donde se cocinaban unos suculentos sancochos y otras comidas; Carlos Arregocés, también guajiro, quien con su carro de tiro recogía las podas y escombros de los vecinos; cerca al parque en lo que llamamos ‘Media Luna’ carrera 15, estaban Lino Robles y Ana Lizcano, padres del distinguido profesor y vicerrector del Liceo Caribe y comentarista deportivo Reinaldo Robles Lizcano; y su vecina Sixta Meza con sus hermanas. En el costado occidental del parque, Francisco Pérez, apodado ‘Mezcla’ por su labor de maestro de obra; Antonio López el ‘Viejo Tibi’, quien maduraba guineo y sus ventas eran muy concurridas, casado con una descendiente del famoso doctor Próspero Reverend, Isabel; enfrentado de esquina en boca calle al linotipista y periodista Ciro Maiguel. Hoy donde queda el ‘Cundí Plaza’ vivía una familia a quienes llamaban los ‘Morrocos’.

En una de las esquinas del parque hacia el sector de ‘Rincón Guapo’ existía en una vieja casa una tienda de un señor paisa: Arturo Ancísar Piedrahita que vino desde Armenia, (hoy Quindío) a laque llamaban ‘El sol brilla para todos’, y la familia Bermúdez Naranjo; ya saliendo hacia el sur encontramos en toda la esquina de la Cra 14 con calle 17 a otros fundadores del barrio: Ramón Campo y su familia, gran dirigente deportivo y umpire del béisbol samario, de ellos recuerdo mucho a su hijos, Yolanda, abogada vinculada a la rama Jurisdiccional; a Ramiro, recientemente fallecido, quien me enseñó mucho sobre el arte de la fotografía; en la otra esquina vivía el portuario Gabriel Pardo y sus hijos, entre ellos, el famoso ‘Chato Ford’ apodado así porque el plato donde le servían la comida era la tapa de un rin de un clásico automóvil y quien como lanzador de béisbol representó al Magdalena en competencias nacionales; y a otro de sus hijos Hugo Pardo ‘Virigul’, quien siendo empleado de la Universidad del Magdalena, graduó en ella de abogado; un poco más abajo estaban Manuelito Zúñiga, quien tenía una gran casa-finca con frutales; más abajo Pablo Rodríguez, músico de la Banda de Músicos Santa Cecilia. Frente a los Pardo la Familia de Enrique Rosado, dueña de una panadería; en la casa vecina el fonsequero Gabriel Rodríguez, comerciante del mercado y padre de mi compañero de estudios primarios Sabas; le seguían el peluquero del barrio Gilberto Guerrero; la familia de Carmen Tete, madre del famoso y grandote a quien apodaban ‘Medio Pueblo’; antes de llegar a la esquina la familia de Anselmo Otero. Vale recordar como en la 17 entre carreras 12A y 12B estaban la europea ‘Madame’ María de Bernard, casada con alemán (no dejaron herederos); la familia de Juan Capella Tache, hijo de un cubano; familia de Eusebio Dávila, quienes fueron beneficiados por un préstamo de vivienda de la empresa Bavaria en donde laboraron. Frente a estas dos familias vivía el músico clarinetista de la Orquesta Santa Cecilia, Nemesio Diocleciano Morán y su esposa Apolonia Peralta; seguían las familias de Lorenzo Hernández; Mauricio Mendoza; Octavio Manjarrés, padre del gran ‘Mañe’ Manuel Manjarrés Jiménez, campeón con el Unión Magdalena; Grimaldo Guillot y su señora guajira Rosa Valdeblanquez; la familia Palermo, descendientes de italianos; la familia de Aura Arena; Silvia Cubillos de Campo, quien también distribuía leche de vaca cruda y a un costado del lado sur del Liceo el italiano Salvador Escopetta L.

Esa colonización, al parecer, fue producto al principio de invasiones a terrenos particulares y/o baldíos del Estado, algunos fueron por programas de vivienda de Bavaria y la Policía del Magdalena y otros por compra directa a sus propietarios

Construido el edificio del Liceo Celedón y delimitado los linderos en paredes de mampostería de sus campos, quedó un área circunvecina paralela a ese muro occidental que limitaba los patios del Liceo y el ya existente parque que fue inaugurado en 1946, según una placa de mármol con los nombres del Alcalde y El Gobernador del Departamento de esa época, colocada en una de las esquinas. Siendo Alcalde Juan Ceballos Pinto, quien había sido rector del Liceo, quien conocía sus escrituras y linderos, por gestión de un comité que existía en esa época presidido por el señor Dagoberto Reales, en compañía de Ramón Campo, Ciro Maiguel, Antonio López y otros cranearon la idea de lotear esa franja como parte de un anillo que circundara la pared del liceo, calle en medio, del área oriental del Parque Cundí, Ceballos Pinto comprendió que esa franja de tierra debía ser urbanizada porque podía ser invadida y le dio vía libre al proyecto de ese comité, a la vez que le daba protección a los campos del Liceo.

Fue así como previo listado de ciertas familias que escogió el señor Reales a: José Valderrama y Lina Jiménez de Valderrama; Guillermo Martínez Adárraga y Alicia Ceballos; Romualdo Alesio Farrayans Maduro y Mildred Martínez, Edelmira Adárraga y Miguel Mauricio Martínez Mendoza, entre otros, les fueron adjudicados lotes por un valor de $50 pesos. Esta vendría a ser la segunda migración de pobladores de los alrededores del parque junto a los que se ubicaron al norte, Calle 15 Cra 14 Acera norte a esta generación también pertenecieron los Ospino; los Cárcamo, quienes le vendían la leche cruda a los vecinos. Con un lapso de corto tiempo llegó la familia de Agustín ‘Chicho’ Correa García y se estableció en el norte del parque; Igualmente llegó Andrés Fernández con su familia, quien había sido futbolista olímpico del Magdalena y apodaban ‘Garrafón’.

Otros vecinos de ese sector fueron la familia Ibarra, la Familia de Enrique Angarita, la Familia de Isaac Cuello ‘Voz de trueno’, la familia de Carmen Ríos y la familia Ayala. En 1958 se residenció el doctor Antonio Castillo Bolívar con su familia

Los otros sectores de la calle 17, 17 A y 18, ya estaban poblados, y sus familias ya fueron descritas, establecidos mucho antes, cuando la calle 18 era la segunda y única calle, después de la Avenida del Libertador para ir al Estadio ‘Eduardo Santos’.

La parte histórica del Cerro de la Virgen y su referencia con la historia, sucede muchos años después que sirviera como oteadora de vigilancia del puerto y su importancia radica, especialmente, durante la Revolución de 1860 con el intento de algunos estados soberanos en la época de la Confederación Granadina en busca de procesos de descentralización del gobierno central; en el mes de noviembre del mismo año, el Estado Soberano del Magdalena también fue participante de estas guerras, en especial en Santa Marta, entre los Liberales y los Conservadores defensores del gobierno del presidente Mariano Ospina Rodríguez; al mando de las hueste liberales estando el coronel Fernando Sánchez ordenó el 22 del mismo mes y año: “colocar una pieza de artillería en el cementerio de San Miguel y un cañón grande en el Cerro Cundí. Esta pieza no pudo hacer sino pocos tiros, porque viendo el comandante de la fracción conservadora Julio Arboleda el daño que le causaba mandó llevar un cañón de a 12 a la plaza vieja del mercado, y le ofreció un ascenso al capitán José María Flores si desmontaba la pieza del Cundí lo cual efectuó al segundo tiro”. Días después de noviembre los liberales derrotaron a los oponentes y se libró una gran batalla dentro de la Catedral de Santa Marta ocupando el coronel Sánchez la ciudad de Santa Marta el 14 de diciembre del mismo año (José C Alarcón – Compendio de Historia del Departamento del Magdalena desde 1525 hasta 1805 Pág.162)

En relación con la creación del santuario debemos aclarar muchas cosas: Si es cierto que el ‘Capi’ Carlos Ponce construyó la carretera hasta la cima del cerro. El ‘Capi’ fue un hombre amante de construir en las cimas de los cerros, incluso en el cerro donde quedaba el Tanque del Acueducto que proveía de agua a la ciudad, construyó en su cima una gran casa donde vivieron los Owen. (Llamado el ‘Cerro de los Ingleses’ o ‘Cerro del Tanque del Acueducto’).Es de imaginarse la dificultad en subir el agua para esa época a la altura máxima del Cerro Cundí de 60 metros, lo que obligó posiblemente al ‘Capi’ Ponce a abandonar el proyecto. Lo cierto es que varias personas se interesaron por instalar en su cima una virgen, idea acogida por los profesores del Liceo Celedón: Agustín Iguarán, Antonio E. Sánchez J. y José Manuel Conde, quien en su emisora Radio Magdalena, inició la divulgación de una campaña para recaudación de fondos con los cuales se proyectó la construcción de la misma, contratándose con el artista y mencionado profesor Sánchez del Liceo. Cuenta su cuñada en entrevista del día 12 de diciembre de 2011,la cual: “fundió en el patio de su casa de la calle 19 con carreras 6 y 7 en cemento y marmolina, para subirla la dividió en tres partes, las cuales subió una por una”, agrega, que “para ello se utilizó un cargador elevador del puerto de Santa Marta” y posteriormente fueron unidas en el pedestal capillita, donde se erige mirando al ocaso del sol en la bahía, como vigía protectora del puerto y la ciudad.

Durante muchos años para la Organización de la fiesta patronal de La Milagrosa como se le bautizo a la virgen y su festejo del 27 de noviembre con su novenario, ha pasado por varias personalidades, unos, del barrio; y otros externos o vecinos. Inicialmente fue la familia Campo la encargada de organizar las festividades, pero siempre se realizó en coordinación con el seminario San José y recordamos como mi abuela Edelmira Adárraga Acosta de Martínez, con el patrocinio de familiares y amigos del sector se encargaron de las festividades, posteriormente la señora Lourdes Vives de Campo fue un pilar fundamental en la continuidad del fervor y la peregrinación hacia la cima donde está la virgen. Antes solo se realizaba la novena con el rezo del rosario y la novena por las tardes, últimamente, el sacerdote del seminario sube en peregrinación a las 5:00 a.m. y repite a las 5:00 p.m. durante los 9 días del novenario, realizando una misa al pie de la virgen durante esos días, la procesión con una virgen más pequeña se realiza por la tarde del día 27 de noviembre, parte desde la entrada de la subida del cerro en la calle 18 hasta el seminario.

Durante el resto del año y en los últimos 20 se ha convertido en una guarida de fumadores y consumidores de drogas; en varias investigaciones que realizaba sobre plantas que abundan en el cerro, en compañía de un biólogo, hasta hace poco tiempo entre los 15 y 18 años, con uniformes de varios colegios se camuflajeaban entre los escondites dejados por las malezas y enredaderas que lo cubren, en una ocasión observe que subieron dos policías y vi como retornaron muy alegres a sus motos. Debo confesar que las veces que subí fuera del novenario, sentí miedo, pero conté con la fortuna, que, al parecer, hay un administrador del lugar, había sido mi vecino, me reconoció y nos dio su protección. Sé que han sido numerosas las denuncias ante todos los organismos del Estado a los cuales les atañe este flagelo, pero al sol de hoy, sigue igual, aunque disminuye en las horas del novenario.

El Cundí ha sido un barrio muy proactivo a pesar de las nuevas olas que lo han abatido, pero ha intentado subsistir. En una época un partido de fútbol entre el equipo de El Cundí y otro de Pescaito en la primera categoría de la liga del Magdalena no se podía jugar ni en la cancha del Liceo ni en la Castellana, tenía que jugarse en el ‘Eduardo Santos’, zona neutral y con presencia de la policía. Por los años sesenta y ante la indiferencia del municipio en los arreglos materiales pertinentes un grupo de jóvenes fundó la Junta de Acción Juvenil los cuales con colectas y rifas dotaron al parque con nuevos pisos y bancas de concreto y granito pulido que subsistieron hasta el 2016 cuando lo intervino el Distrito de Santa Marta; entre esos jóvenes nos acompañaron mis hermanos, Alfredo Valderrama, Sabas Rodríguez, Ramiro Campo, Raúl y Walter Martínez Polo, Dubis Cuello, los hermanos Maiguel Olaciregui, los hermanos Robles Lizcano, Julito Núñez Jr. Romualdo Farrayans Martínez, Hugo ‘Virigul’ Pardo, entre otros.

Es un barrio rodeado por varias instituciones educativas importantes: El Liceo Celedón, El seminario conciliar y colegio San José, la Universidad ‘Sergio Arboleda’ la escuela y colegio de Bachillerato ‘Francisco de Paula Santander’ y hoy día por el Instituto Técnico Industrial, una subsede de la Corporación Bolivariana del Norte y ha producido entre los muchos notables de Santa Marta, el doctor César Pompilio Martínez Racines, considerado uno de los sabios mundiales del genetismo y cultivo del arroz; un ingeniero inventor profesor de la Universidad de Pereira, el doctor Sigifredo Arregocés, quién, además, fue un gran futbolista que representó al Magdalena; un Magistrado de los tribunales de Medellín, Cundinamarca y Bogotá, Guillermo José Martínez Ceballos; el ex-magistrado de la Corte Superior Penal Militar, Alfredo Guerrero Bolaño y su hermano Jorge, quien ejerció la medicina en Venezuela; un diputado y representante a la Cámara, el médico Antonio Castillo Bolívar y su hijo, un notable y estudioso nefrólogo e internista doctor Luís Aurelio Castillo Parodi; varios licenciados en educación como Jorge Maiguel O, profesor de la UIS en Bucaramanga y Édgar Maiguel Olaciregui, Haroldo y Alicia Martínez Ceballos, Reynaldo Robles Lizcano, Hernando Correa M; una bacterióloga la Dra. Gracia Rodríguez R; un Coronel del Ejército y embajador agregado militar de Colombia en Venezuela, Carlos Martínez Caballero; un ingeniero Agrónomo, Oswaldo Martínez Ceballos, profesor de la Universidad de La Guajira, un concejal y cirujano ginecobstetra Julio Martínez Adárraga, gestor y fundador del Colegio ‘Hugo J. Bermúdez’ y su hija, la primera cirujana pediatra de Santa Marta, Maritza del P Martínez Correa, Un veterinario y coronel del ejército, el doctor Antonio López Reverend; un oftalmólogo, quien labora en un prestigioso hospital de Extremadura (España), Marco Mauricio Martínez Ceballos; un tecnólogo industrial de fama mundial residente en Dubái con un prestigiosa compañía americana Carlos Núñez Mora; el biólogo Francisco Correa Polo, actualmente residenciado como activista ecológico de Minca; un director de un periódico y abogado Ulilo Acevedo Silva; una prestigiosa abogada Yolanda Campo Angulo y su sobrina también abogada, Míriam E. Granados Pardo, juez en Bogotá; varios futbolistas, entre ellos, Manuel ‘Mañe’ Manjarrés; Alberto ‘Chilenita’ Eguis; ‘El indio’ Gustavo del Risco, Osvaldo Redondo y Félix Noguera; dos sacerdotes: el padre Roberto Robles Calderón, párroco de Mamatoco y su hijo Fray Alfredo Robles Olarte, quien fuera rector de la Universidad San Buenaventura de Rionegro, Antioquia, y el padre Gustavo Acevedo; El profesor Miguel Otero del Inem como lanzador en el Béisbol representó a varios departamentos en campeonatos nacionales; de la calle 18 recordamos a los hermanos Cansario, Jairo Peña y al neurocirujano Rafael Ospino Núñez. Varios afamados comerciantes, entre otros: Manuel Segrera y Raúl Correa Márquez, iniciador de la zona Rosa de El Cundí con el Níspero.

En relación con la zona Rosa, esta se ha convertido en una problemática para los moradores del parque, porque ha traído una profunda división entre vecinos, ante la proliferación de bares y cantinas que emergen en el sector de los fines de semana, a pesar de ser una zona escolar y de recreación infantil y juvenil, residencial, donde existen como lo mencionamos anteriormente varias instituciones educativas.

Se crea los fines de semana un gran barullo a gran volumen que a veces no se entiende que música está sonando, hasta el amanecer, sin ningún respeto por los vecinos residenciados, a esto se suma que están llegan carros con equipos de sonido a gran volumen, estacionándose en las puertas de las casas, irrespetando e interrumpiendo el sueño de los residentes. Se comenta, es ‘Vox populi’ que casi todos esos negocios tienen como propietarios a miembros vinculados con la policía y fiscalía. Algunas veces me ha tocado acompañar a cuidar por la noche a mi madre anciana, de 98 años en su casa de la carrera 14 y me he cansado de llamar a la policía para que por lo menos les bajen el volumen a los equipos y nunca se presenta la autoridad. Como resultado de todo esto el parque amanece con botellas rotas o enteras, plásticos de bebidas y de comidas, latas, cajas de cartones vacías, amontonados en el frente de casi todas las residencias; algunas veces también se encuentran heces y orinas en esquinas o al lado de los árboles, y a muchos vecinos trasnochados y de mal humor.

Fuente: Eunice Zambrano, Ismael Correa Manjarrés, Sabas Rodríguez, Familia Capella, Familia Guerrero, Alicia Ceballos de Lavalle.

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