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Opinión Caribe

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Por Víctor Rodríguez Fajardo

Por estos días esa palabra incentivó la solidaridad mundial ante un acto de injusticia y violencia, hoy la citamos, pero en nuestro caso traduce YO SOY EL GATO

Y bien podría aplicarse YO SOY EL CENIZO, o YO SOY OSPIPE por mencionar algunos de los reporteros gráficos o reporteros que cubren sucesos de la ciudad y que han sido víctimas del atropello de algunos agentes “del orden”.

Desde la antigua Grecia, el mensajero, si daba noticias contrarias a los intereses del gobernante, era castigado quitándole la vida, no era protagonista del suceso, no era factor determinante, solo era quien servía de estafeta de quien le interesaba enviar una información al superior.

Por lo visto, pasados tantos siglos desde entonces, se continúa ejecutando de muchas formas al que lleva la información, y aun en algunos casos les cuesta la vida, otros son objeto de atropellos para que se aplique un castigo y lo piense mejor antes de llevar la información. Hablamos del siglo 21.

El periodismo, no es juez, ni condena o absuelve, solo sirve de medio para informar los temas de interés público. El periodista hace visible ya no ante una persona sino ante toda la comunidad los temas de interés que tal vez muchos quieran esconder y callar.

Esta semana, en un caso que podría ser de infracción de tránsito pero también de daño en cosa pública como lo es estrellar un vehículo sobre la jardinera de los separadores que embellecen la ciudad, y que han sido dañadas por accidentes de tránsito sin que se vea una pronta reparación, el lente del reportero gráfico Oscar Mejía a quien sus amistades conocen como El Gato, intentó sacar la foto no solo del accidente sino del infractor pero esto incomodó al agente de policía quien de manera inmediata actuó exigiendo que no tomara foto.

Es momento para que a los agentes del orden se les dé una repasada de la carta política de Colombia, nuestra constitución vigente del 91 sobre libertad de prensa y derechos humanos, muchos casos se evitarían de conflicto y de papeleo ante entes de control. “NO HABRÁ CENSURA” dice uno de sus apartes, eso incluye tomar imágenes para difundirlas.

La Coronel Sandra Vallejos, a quien la ciudad de Santa Marta le está agradecida por su labor y empeño por brindar las garantías necesarias que permitan la construcción de un tejido social donde los ciudadanos se sientan protegidos y no amenazados por los integrantes de la fuerza pública, tiene todo un reto en conquistar ese logro. No es la primera, ni la segunda, y lo que es peor, no será la última vez que se presente una situación similar.

Que fue primero “¿el huevo o la gallina?” lo traigo a presente porque de seguro saldrá el argumento que el reportero ofendió a la autoridad, pero no creemos que, para tomar una imagen, el reportero llegue a ofender a un agente. Por lo menos YO no lo creo. En el pasado hemos sido víctima de lo mismo, un agente que para cuidar a un personaje que está en la vía pública, nos ha tapado con su mano el lente de la cámara. ¿Cuál es la ofensa? ¿Cuál es la violencia? Actitud además que absurda, violatoria de DD HH y de nuestra Constitución.

Tuve la oportunidad de escuchar a un ex comandante de policía dirigirse a sus subalternos “No usen gas pimienta en sus operativos, nunca se sabe qué civil puede estar grabándolos y pueden aportar después para una investigación”. Increíble, no era porque había exceso de fuerza, o porque era ilegal, o porque no debían hacerlo, solo fue con la filosofía de NO DEN PAPAYA.

Queremos una policía cercana, confiable, diligente, que viva la comanda DIOS Y PATRIA entendiendo que la Patria no son los edificios, ni las corporaciones, ni los políticos… La patria (del latín patrĭa, familia o clan > patris, tierra paterna) suele designar la tierra natal o adoptiva a la que un individuo se siente ligado por vínculos de diversa índole, como afectivos, culturales, históricos o lugar donde se nace. Patria es la gente que conforma ese territorio que tanto pretenden defender y cuidar.

Y para que no salgan ahora a rasgar vestiduras, no son todos, son algunos, pero que son tan letales que dañan la imagen de toda la institución.

Coronela Sandra Vallejos, ¡salve usted la institución!

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