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Edición Especial

Edificaciones de la época bananera

Opinión Caribe

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Inspiradas en la tradición europea y estadounidense de las ciudades industriales de las explotaciones mineras, las ciudades bananeras constituyen auténticos ejemplos de ciudades agroindustriales. Aún quedan vestigios de estas técnicas constructivas en madera, así como la importación de ciertas maderas como la pinotea y la implantación del zinc y de los calentadores de agua solares de serpentines de cobre.

[Leer introducción del especial: “Magdalena, enclave bananero”]

A principios del siglo XX Santa Marta y Ciénaga fueron las ciudades de los espejismos. La bonanza del negocio del banano se materializó en la construcción de casa- quintas, palacetes, y mansiones que aún dejan entrever el poder que trajo la United Fruit Company a las familias tradicionales y a los trabajadores locales.

La admiración de las sociedades europeas por las élites norteamericanas y la influencia en Santa Marta y Ciénaga provocan la dependencia cultural que deviene la característica de la cultura y de la arquitectura de esta época. Paradójicamente esta arquitectura de influencias provee una producción cuantitativa y cualitativamente importante durante este período de progreso. También llegaron nuevos materiales de construcción como el ‘cemento romano’ que entraba al puerto de Santa Marta en barriles.

En Santa Marta hay ejemplos de casas bananeras muy conocidas: las casa-quintas con nombres de señoras como Isolina, Pura Isabel, Magdalena, Rita, Carmen, Alicia, Reyes y Tomasa.

[Leer nota:“La ‘Bruselitis’ y la dolce vita de la élite bananera”]

En Ciénaga, el estilo neoclásico de las viviendas en el Centro Histórico, pertenecen a esta etapa. De hecho, algunas casas coloniales fueron remodeladas. El estilo neoclásico o ecléctico, una combinación del romanticismo francés, estilo victoriano con inspiración griega, se asoman en las puertas y ventanas con ornamentos florales, camafeos y celosías; tal como gritaba la moda en Europa.

A comienzos del siglo XX llegaron a estas ciudades, maestros de la arquitectura como Sebastián Cabana y Ernesto Bernal quienes construyen la mayoría de casas en Ciénaga. A Santa Marta arribaron el bogotano Daniel Sánchez, Francisco Gámez Fernández, los italianos Ernest Nati, Benigni y Lamboglia, la firma de arquitectos Villa & Double (constituida por un antioqueño y un chileno), la firma Molendi Hermanos Constructores, experta en reparaciones y constructora de casa-quintas, y más tarde, el reconocido arquitecto cubano Manuel José Carrerá Machado.

[Leer nota: “Panorama del Siglo XIX“]

La multinacional norteamericana llegó en 1900, pero el negocio alcanzó sus mejores cifras solo en los años 20. En esta década y la siguiente se construyen nuevas edificaciones al norte del río Manzanares, en el camino a Mamatoco y en inmediaciones del puerto: el futuro sector de Pescaíto. En el centro de Santa Marta y alrededores de la Plaza de San Francisco se construyen suntuosas casas, hoteles y locales para la venta de mercancías. Igualmente, las casas de las calles 10 y 11.

Esta vivienda está ubicada en Panamá y demuestra los rasgos comunes de los asentamientos de la UFC en Latinoamérica.

El auge del banano y de la construcción en Santa Marta se ve interrumpido por la segunda Guerra Mundial. La guerra obliga a la Ufco a suspender actividades. Regresará en 1947, pero las exportaciones solo se reinician en firme en 1952. Las cosas no fueron las mismas. Santa Marta, ante esta crisis del banano, comienza a pensar en el turismo.

[Leer nota:“Enfermedad holandesa en las exportaciones bananeras del siglo XX”]

Las casa-quintas construidas en la Avenida del Libertador, que recibieron los nombres de las damas de la alta sociedad o ‘Bananocracia’, poseen un estilo victoriano. Muchas de ellas fueron réplicas de casas vistas por la élite que acostumbraba a hacer viajes de placer a Niza, Francia. El constructor de esta serie de casas fue el empresario samario Pedrito Hernández.

[Leer nota:“El Ocaso de la United Fruit Company”]

Al tiempo que las élites samarias y cienagueras construyen casas de estilo neoclásico, los norteamericanos levantan sus comarcas aisladas en prados: Prado Sevilla y Prado de Santa Marta, que también funcionaba como sede administrativa de la United Fruit Company.

Los norteamericanos utilizaban el mismo estilo de viviendas en todos los países latinoamericanos donde tenía sus divisiones la United. Eran casas funcionales, adaptadas al calor del trópico, construidas con madera tratada e importada de Estados Unidos. Las cubiertas estaban compuestas en láminas onduladas de zinc y artesonado en madera. La altura interna de estas casas promediaba los 4.00 metros. El estilo norteamericano fue reproducido por la arquitectura popular. Hoy, pueden apreciarse en Santa Marta, viviendas en mampostería con cubierta de zinc y en la zona bananera, casas con encerramiento en tablas y techo artesonado en madera.

[Leer nota:“Potentados bananeros de la United Fruit Company”]

CIÉNAGA: EL DESEO Y UNA MODERNIDAD INESPERADA

Juan Carlos Pérgolis Valssechis, arquitecto y magíster en historia, señala que la ciudad de Ciénaga, en el departamento del Magdalena, permitió dar cuenta de una particularidad del deseo de modernidad, tal vez única en el país en las primeras décadas del siglo XX: el anhelo de modernidad que aparece con el desarrollo económico de una comunidad. Desde ese punto de vista, el deseo se satisface con el reconocimiento social por medio de las imágenes que genera el poder económico; y de esta manera, esas imágenes se convierten en representaciones del deseo satisfecho. Por ese motivo, la economía de la ciudad como centro de la región adquiere especial significación para el estudio del concepto de modernidad a través de la arquitectura y las formas de la ciudad.

A mediados del siglo XIX la economía de Ciénaga se basaba en la producción de tabaco; para mediados de la década de 1880 era el tercer productor de este producto, después de Ambalema, Tolima y Carmen de Bolívar. Sin embargo, aunque en esos años la economía de la ciudad era satisfactoria, la transformación urbana y la nueva arquitectura se relacionan con la explotación del banano –la bonanza bananera– en la misma zona donde se habían desarrollado los cultivos de tabaco, primero con el samario José Manuel González Bermúdez en 1887, como refiere el historiador cienaguero Elías Eslait Russo y luego con la compañía norteamericana United Fruit Co. que trajo a Ciénaga inmigrantes de todo el mundo, en especial italianos, que contribuyeron notablemente a su arquitectura.

[Leer nota:“Choque entre el comportamiento ribereño y el asentamiento de la UFC”]

Pero el dinero trajo excesos en el deseo de los habitantes de la ciudad donde la tradición cuenta que la cumbia se bailaba con rollos de billetes encendidos en lugar de velas. Las fantasías más notables en el lenguaje arquitectónico estuvieron en la arquitectura de vivienda, que permitía la ostentación personal y no en la arquitectura institucional que se desarrolló dentro de los parámetros del neoclasicismo y las escuelas parisinas de Bellas Artes.

Ciénaga cambió su aspecto colonial y austero, similar al de tantos otros pueblos colombianos en la década de 1920: se construyeron o modificaron edificios públicos y viviendas particulares; los primeros configuraron el centro monumental de la ciudad en particular con el edificio de la Alcaldía, el templete en el centro de la plaza o parque principal y la iglesia, en tanto que las viviendas se construyeron en un radio cercano al parque principal y constituyeron verdaderos palacetes de arquitectura ecléctica en la que el neoclasicismo reinterpretado por las escuelas de Bellas Artes se mezcló con el Art Nouveau y otros lenguajes de la Europa de fines del siglo XIX.

Al igual que en otras ciudades colombianas –y latinoamericanas en general– los jóvenes económicamente pudientes que viajaban a formarse a Europa no se incorporaban a las vanguardias (en la década de 1920 comenzaba la difusión de las ideas de la Bauhaus y la arquitectura moderna) sino a las retardatarias escuelas de Bellas Artes. Esta situación y su resultado en la magnífica arquitectura cienaguera son ejemplos de los detalles neoclásicos en la arquitectura popular cienaguera: pilastras, cuidados capiteles y cornisas sobre la tradicional arquitectura de bahareque. Las secuencias de pilastras, ventanas enmarcadas, cornisas y frisos dan un ritmo especial a las largas cuadras del centro de la ciudad moderna.

Esta vivienda en Prado, Sevilla funciona como un museo de los tiempos de la UFC.

El paradigma fue Nueva York y, el centro de Medellín a través de esas imágenes se renovó, no con los rascacielos –imposibles cuando los materiales de construcción dependían del transporte en mulas– sino con los edificios de fachadas continuas con vitrinas comerciales en el primer piso y vivienda en los pisos altos.

El análisis simultáneo del deseo de modernidad en Cartagena y Barranquilla permitió ver las dos caras de un mismo anhelo: mientras en Cartagena el deseo de recuperación de anteriores momentos abrió las puertas a una modernidad que se concentró en una parte de la ciudad (en torno al Camellón de los Mártires y el Parque Centenario), en Barranquilla la modernidad se expresó a través de la movilidad y el transporte.

La relación entre conciencia colectiva y sociedad, a nivel histórico se confunde con otra dimensión: el desarrollo infantil en el que la relación conciencia-realidad tiene su propia historia. El historiador actúa simultáneamente sobre dos momentos, afirma Buck-Morss, uno es la disciplina de recordar; el otro momento es el golpe emocional que produce el despertar con el sueño aún fresco: ese instante del paso del sueño a la vigilia.

Esa fue la etapa de este ejercicio en la ciudad de Ciénaga donde la ensoñación modernista manifestada en el lenguaje arquitectónico (el cuento feérico) despertó bruscamente a la modernidad a través de las luchas obreras que condujeron a la Matanza de las Bananeras: una forma de toma de conciencia del pasado.

El espacio del Parque del Centenario se definió como plaza central en 1760 cuando, por acción del mar, se debió trasladar el pueblo de su antigua ubicación, en lo que hoy se conoce como Puebloviejo, a la actual. En 1910, el principal espacio de la ciudad se transformó en parque como homenaje al Centenario de la Independencia y se incorporaron las cuatro fuentes donadas por la colonia italiana.

Al igual que el ámbito del actual parque, la iglesia es de origen colonial. Una acuarela de Edward Mark muestra la primitiva iglesia de ‘La villa de San Juan Bautista de la Ciénaga’, de la cual la iglesia actual conserva el lenguaje de la torre a partir de su segundo cuerpo. La primera remodelación del templo que incorporó el lenguaje neoclásico se desarrolló en las décadas de 1910 y 1920; con estas transformaciones desapareció el carácter doctrinero del templo y la nueva fachada junto con el parque y el templete conformaron la primera parte del centro urbano monumental, que se completó con la construcción del Palacio Municipal.

El Parque Centenario con sus amplios caminos y el templete que se agregó años más tarde. Al fondo, la iglesia y el Palacio Municipal completan el centro monumental. La acuarela de Mark muestra la iglesia de Ciénaga a mediados del siglo XIX con su gran arco doctrinero en la fachada, pero también permite ver el entorno de la población con sus casas de bahareque y techos de paja. No hay dudas de que la sociedad de Ciénaga dio satisfacción a sus deseos de modernidad y se sintió partícipe del mundo a través de esa arquitectura ecléctica que configuró su ciudad, ajena a las frías imágenes que generaban los conjuntos de viviendas (los ‘gallineros electrificados’) de los empleados de la United Fruit Co. que eran vistos como ‘una rareza de los gringos’.

La otra respuesta que muestra la arquitectura de Ciénaga se refiere al momento en que las ideas y las imágenes extranjeras llegaron al territorio. Esta arquitectura deja ver que, ideas e imágenes vinieron en el momento apropiado, cuando el contexto estaba preparado para recibirlas, esto es, cuando existió el deseo de ellas o cuando ellas se presentaron como la satisfacción de deseos latentes en la comunidad; por lo tanto, el desfasaje temporal no puede ser objeto de crítica sino motivo para la comprensión de un determinado contexto y sus anhelos.

El modelo de vivienda, era práctica y cómoda y es común a todos los asentamientos de la compañía.

Las transformaciones en la arquitectura y en el espacio urbano en la ciudad de Ciénaga son los mejores ejemplos de la concreción del deseo de modernidad en la década de 1920, favorecida por el ingreso de dinero del pago por Panamá, por el precio del café en los mercados internacionales y, en general, por la irrupción de capitales extranjeros que incentivaron la industria y la infraestructura en el país.

Pero los rasgos más notables y consecuentes con esta modernización son –sin duda– la aparición de una clase obrera urbana y la incorporación de la mujer al mercado laboral. Esta movilización a las fuentes de trabajo significó la expedición de la ley de circulación que permitió que grandes contingentes de obreros llegaran a trabajar en los enclaves norteamericanos que explotaban el petróleo, la minería y las frutas, a la vez que abandonaban las fincas que mantenían relaciones feudales en la producción.

A mitad de la década de 1920 se fundaron la primera Confederación Obrera Nacional y el Partido Obrero Revolucionario, confirmando así la entrada de Colombia en una modernidad que las clases burguesas no imaginaban, pero era coherente (y consecuente) con las transformaciones del país. Se calcula que el 5 de diciembre de 1928, 5.000 trabajadores de las bananeras se concentraron en la plaza de Ciénaga, la Plaza o Parque del Centenario, la de El Templete inaugurado un año antes, la de la iglesia con su fachada neoclásica, la del Palacio Municipal aún en obra, cuando fueron rodeados por los 300 hombres armados.

Contaban los sobrevivientes que después de un toque de corneta el propio Cortés Vargas dio la orden de fuego por tres veces, sin embargo, nunca se supo cuántos muertos hubo: las narraciones populares orales y escritas difieren: de 800 a 3.000, y agregan que los botaron al mar. Las oficiales admitieron de 15 a 20. Aquel fue el ‘bautizo de fuego’ de la clase trabajadora colombiana. Vinieron los Consejos de Guerra, posteriores asesinatos selectivos de otros líderes y cárceles para los dirigentes nacionales y locales.

Ante la ausencia de la United, en los años de la guerra, el gobierno de Eduardo Santos financia para Santa Marta, Ciénaga y el Magdalena un conjunto de edificaciones y obras públicas.

Para reactivar la economía local es necesario construir edificaciones con funciones sociales que generen empleo e ingresos. El gobernador de la época, José Benito Vives de Andreis, contrató al arquitecto cubano Manuel Carrerá, quien impone en sus obras un estilo Art Decó muy caribeño. Construye, entre otras, El Teatro Santa Marta, el Palacio Tayrona y en Ciénaga el Hospital San Cristóbal y el Hotel Tobiexie y demás edificaciones. Inicia, por estos mismos años, la prolongación y pavimentación de la avenida ‘Campo Serrano’.

A partir de los sesenta serán el desarrollo del puerto, el crecimiento del comercio y el despegue del turismo, los factores que impulsen el desarrollo de Santa Marta.

Ciénaga y los pueblos de la Zona Bananera empezaron a vivir unos años de decadencia que solo el impacto del negocio de la marihuana en los setenta sacará del marasmo. Algo de este influjo tocará el crecimiento urbano de la capital de Magdalena.

PARQUE DEL BANANO

Desde el año 2012 la Oficina de Turismo de la Gobernación del Magdalena pretende que la Unesco declare como patrimonio de la humanidad, el complejo agrícola y urbanístico de la United Fruit Company, no obstante, los dineros solicitados para la financiación del estudio final aún no aparecen. Las casas pertenecientes a este complejo se ubican, preferencialmente, en Prado, Sevilla, Zona Bananera.

CASAS DE LA UNITED FRUIT COMPANY

  1. La casa del telegrafista o intercomunicador. Prado, Santa Marta. Donde se emitieron las comunicaciones de la United Fruit Company a todas sus bases en el Caribe y Norteamérica. Aún pertenece a la United o Chiquita Brands. Santa Marta.
  2. Hospital Cardiovascular. Santa Marta.
  3. La United Fruit Company trajo, además de sus propios materiales de construcción, colegios y hospitales, su propia iglesia protestante. Santa Marta.
  4. Casas del barrio El Prado reservado. Santa Marta
  5. Casa 58. Río Frío, Zona Bananera.
  6. Complejo urbanístico de la United Fruit Company en Sevilla, Zona Bananera.
  7. Casa Tomasa, Isolina, Carmen. Santa Marta.

CASAS DE LA BRUSELITIS

  1. Mansión de la familia González. Nieto del influyente bananero y político liberal Enrique González Guerrero, dos veces alcalde de Santa Marta. González construyó esta mansión para vivir con su familia, hoy la casa en donde funciona la Registraduría Nacional del Estado Civil en la Avenida del Libertador. Santa Marta.
  2. A principios de siglo XX se levantaron varias edificaciones de relevancia en esta ciudad. Destacamos la Quinta de las Señoritas Goenaga de inspiración francesa. Santa Marta.
  3. La casa-quinta Dávila al pie del playón que separaba el mar Caribe de la ciudad. Actual sede las oficinas del equipo Unión Magdalena. Santa Marta.
  4. La casa del general Florentino Manjarrés, una de las más lujosas e imponentes de su estilo. Su propietario fue el general Florentino Manjarrés que pasó a la historia nacional al firmar la paz de Neerlandia, dando por terminada la Guerra de los Mil Días (1899–1902). Santa Marta.
  5. La casa alta Lacouture de esquema neoclásico con balcones abalaustrados y organización axial de vanos en los dos pisos.Santa Marta.
  6. Casa del primer boom del banano. Fue originalmente de José Antonio Fernández de Castro Daza y de su esposa Zoila Fernández. El carnaval sangriento de Macondo, en Cien años de soledad, se desarrolló aquí. El hecho sucedió en realidad: El dueño de la casa iba a coronar a su futura nuera, Ana María Henríquez Ruiz en 1926, pero, otro sector de la sociedad de Ciénaga, comandado por César Riascos Cifuentes, quería que fuera su prima Lola Riascos Morán, prima de Ana María. Cuando coronan a Ana María, el grupo de jóvenes que auspiciaban a Lola le quitaron la corona a la reina, hecho que produjo una batalla campal. Ciénaga.
  7. Casa del propietario de Agapito Clavería, después fue un convento.
  8. Casa de Julio Álvarez Correa, uno de los primeros bananeros, se casó allí y luego se fue a Barranquilla. Casas del primer boom del banano. La casa aún tiene muebles de Bamboo traído de Asia que vendían en los comisariatos de la United. Esta casa ahora pertenece a la familia Morán-Zabaraín. Ciénaga.
  9. Esta casa que en 1886 perteneció a ‘Pacho’ Robles, el personaje que inspiró a Gabo para contar los hechos de los famosos billetes falsos en Cien años de soledad. Aquí fue donde Eulalio Meléndez compuso la Piña Madura para celebrar el triunfo de Rafael Núñez contra los liberales. Para la época de la huelga, César Riascos y Carmen Labarcés, se fueron a Bruselas huyendo de los huelguistas y regresaron en los años 40.

ART DECÓ – Obras de Manuel Carrerá

  1. Hotel Tobiexie. Ciénaga.
  2. Hotel Santa Marta. Actual sede de la Gobernación del Magdalena.
  3. Hospital San Cristóbal.

 

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