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Análisis

La lucha de las mujeres

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Desde las administraciones públicas se deben fomentar programas de formación para incentivar y fortalecer el liderazgo político femenino, porque a pesar de superar muchos obstáculos e influido de manera positiva, se debe seguir trabajando para lograr la igualdad de oportunidad para todas.

El derecho al voto fue la llave que abrió la puerta de entrada a la participación política de las mujeres, sigue existiendo una brecha de inequidad en la sociedad, prevaleciendo el ‘machismo’ en la esfera pública y política.

A través de la historia la mujer ha jugado un papel ‘secundario’ en los principales acontecimientos de la historia. Pero solo hasta el siglo XX, el género femenino pudo ocupar cargos de poder y de decisión. Con la aparición de los grupos feministas, las mujeres han superado un poco la brecha de inequidad, sobre todo, al incursionar en la educación superior, que la ha llevado a ocupar importantes cargos políticos.

“Colombia con la Ley 581 le otorga a la mujer un 30 % de la participación en los diferentes niveles decisorios en las administraciones públicas y en espacios relacionados con la vida política, social, económica y humana del país. Su participación ha ido escalando lugares privilegiados desde el siglo pasado porque logra posicionarse en espacios que solo les eran permitidos a los hombres, es decir, en lo laboral y en lo político”, aseguró Giovanna Simanca, coordinadora Regional de la Misión de Observación Electoral, MOE, en el Magdalena.

El Acto Legislativo No. 3 de 1954 le otorgó a la mujer el derecho a elegir y ser elegidas, pero fue hasta el año de 1957 cuando por primera vez fueron a las urnas y posteriormente, la Constitución de 1991, estableció la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

“Hemos tenido avances en comparación con lo que fue la vida de nuestras abuelas, pero es indudable que las mujeres deben que seguir formándose para el liderazgo político y desarrollar habilidades en la esfera pública para conquistar esos espacios donde haya rezago en nuestra participación: Congreso, gobernaciones y alcaldías, donde vemos que todavía es muy débil la participación”, señaló la asesora de Mujer y Equidad de Género de la ONU e integrante de la Fundación Mujer y Futuro, Isabel Ortiz.

Aunque en estos tiempos la participación de la mujer es mayoritaria como votante, aún quedan obstáculos por sortear, como consecuencia de esto la equidad de género no es un asunto de mujeres sino de desarrollo con enfoque de género para lo cual se deben garantizar tres elementos, la inclusión, la representación y la paridad.

El censo electoral de 2016 indica que el potencial de sufragantes para el 2016 fue de 917.127 del cual 458.373 corresponde a mujeres y 458.754 a hombres, es decir, existe una diferencia de 381 personas, no es una brecha muy amplia la diferencia de electores entre hombres y mujeres.

La Ley 581 conocida como Ley de Cuotas estableció que mínimo el 30 % de los cargos de máximo nivel decisorio deberían ser desempeñados por mujeres. “Con la Ley de Cuota ha ido creciendo la participación de la mujer en la vida política, social y económica del país, pero aún nos hace falta”, manifestó la Coordinadora Regional del MOE en el Magdalena.

Asimismo, la psicopedagoga Isabel Ortiz, asesora de Mujer y Equidad de Género de la ONU e integrante de la Fundación Mujer y Futuro indica, que “en todas las listas de los partidos debe estar presente el 30 % de las mujeres, pero desafortunadamente todavía estos las ven como rellenos”.

LO QUE DICE LA HISTORIA

Partiendo de lo legal, ha habido esfuerzos para incorporar a la mujer en diversos ámbitos sociales, públicos y políticos, pero todavía falta mucho para que esta juegue un papel fundamental en el poder político. “Muchas mujeres tienen mayor preparación y formación profesional que los hombres, pero por el hecho de ser sexo ‘débil’ la discriminan; la sociedad debe hacer esfuerzos para que este pensamiento cultural cambie y haya una verdad equidad de género, no de igualdad masculina, porque no somos iguales”, explica la politóloga, Catherine Juvinao.

La Reforma Política de 2009 estableció que uno de los principios rectores de los partidos y movimientos políticos debe ser la equidad de género. Para desarrollar este principio, la Ley 1475 de 2011 estableció que, ‘las listas donde se elijan 5 o más curules para corporaciones de elección popular o las que se sometan a consulta, exceptuando su resultado, deberán conformarse por mínimo un 30 % de uno de los géneros’.

Según los datos revelados por la Misión de Observación Electoral, en 1991 las mujeres representaban el 9 % de los Representantes a la Cámara electos; el 7 % del total de Senadores electos, 22 años después, dicha representación ha aumentado; las mujeres electas en el año 2014 representaron el 23 % del total de electos en Senado y el 20 % del total de electos en la Cámara de Representantes. Actualmente, el Senado está integrado por 21 senadoras, la Cámara de Representantes por 29 mujeres; solo el 18 % está representando en las gobernaciones del país.

Desde 1994 la representación de la mujer en el Senado y en la Cámara de Representantes ha oscilado entre el 10 % y el 16 %, si bien, en las últimas elecciones, en el Senado aumentó 9 puntos porcentuales, la participación en la Cámara de Representantes ha permanecido constante desde las elecciones generales de 1994. En el ámbito local es menor que en el nacional.

A lo largo de la historia, el partido con mayor representación de mujeres en la Cámara de Representantes ha sido el Partido Conservador con 7 curules, seguido por el Partido Liberal con 4, el Partido de la U con 3, Cambio Radical con 2, y Unidad Liberal, el Partido Verde, MIRA y el Polo Democrático con una curul cada uno.

En las elecciones de 2014, de los cinco representantes a la Cámara que tiene el Magdalena, una es mujer. En Senado, solamente una ha sido elegida por este Departamento durante los últimos 15 años, como lo fue la exsenadora Flor Modesta Gnecco Arregocés.

En la Cámara de Representantes han sido pocas las mujeres elegidas para ocupar curul por el Magdalena, entre ellas, Nubia Correa de Luna, Karely Lara y Mónica Anaya, que perdió su curul por violaciones al régimen de inhabilidades. En este cuatrienio se destaca Kelyn González.

“Las mujeres son poco solidarias con su mismo sexo cuando alguna se postula para un cargo político, porque nos educan para reverenciar el poder de los hombres, por tanto, no confiamos en las mujeres, no aprendemos a reconocer que tienen inteligencia, valores y conocimientos, se nos hace difícil darle credibilidad y reconocimiento a una mujer líder que tiene el atrevimiento de avanzar en la senda política”, sostuvo, Isabel Ortiz.

LA PARTICIPACIÓN FEMENINA, EN ASCENSO

Las mujeres participantes en la política se sienten como ‘rellenos’, porque todavía hay obstáculos por superar. “Los partidos políticos para cumplir la Ley de Cuota meten mujeres solo para rellenar, porque así se lo exigen. Como no hay un real empoderamiento social desde la familia para ocupar puestos de liderazgo, existen pocas féminas formadas para ejercer la administración pública si se compara con los hombres”, afirma la politóloga Catherine Juvinao.

El departamento del Magdalena ha contado con varias mujeres con excelentes condiciones de liderazgo, algunas de ellas aún se encuentran activas; otras, por diferentes motivos, han dado un paso al costado. Han tenido dificultades para acceder a cargos unipersonales como Alcalde del Distrito y Gobernación, porque son los más autónomos en la toma de decisiones y ejecución presupuestal, quizás ha sido el mayor impedimento para el verdadero avance de las políticas de equidad de género y su implementación efectiva.

“Los espacios son reducidos en comparación con los cargos ejercidos por los hombres y para que realmente dejen de ser un ‘relleno’, debe darse un cambio cultural desde la academia, la familia, que fomente la equidad en las oportunidades laborales, que desaparezca ese sentido machista que señala a la mujer como un ser inferior a las circunstancias políticas”, enfatiza la politóloga Juvinao.

Cabe resaltar, que el papel desempeñado por algunas mujeres magdalenenses, casos especiales, la actual gobernadora, Rosa Cotes, y las exgobernadoras Sarita Valencia y Míriam Jafit de Tribín, demuestra que en la sociedad hay obstáculos para que las mujeres ocupen este cargo, son pocas las que luchan hasta lo indecible para desempeñarlo, sobre todo, por los prejuicios y estereotipos culturales que rodean la carrera política.

“Es necesario que existan a nivel de las administraciones públicas programas de formación que incentiven y fortalezcan el liderazgo político de las mujeres”, puntualizó la asesora de Mujer y Equidad de Género de la ONU, Isabel Ortiz.

En Colombia encontramos mujeres que se han destacado en la vida política, jurídica y social del país, como ministras, aspirantes a la presidencia y emisarias de Colombia en el exterior, como María Emma Mejía, embajadora de Colombia ante las Naciones Unidas; Martha Lucía Ramírez, exministra de Defensa; Noemí Sanín, delegada de Colombia y aspirante a la presidencia, primera mujer en obtener una alta votación.

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