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Edición Especial

Subregión Centro, leyendas y vallenato

Opinión Caribe

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Los municipios del departamento del Magdalena complementan la oferta turística que ofrece Santa Marta para posicionarla como destino nacional e internacional. La subregión del Centro, compuesta por los municipios de Chibolo, Sabanas de San Ángel, Tenerife, Plato, Nueva Granada y Ariaguaní, hace su aporte al enriquecimiento de la cultura y la historia de esta región del país.

La Gobernación del Magdalena, a través de su Secretaría de Turismo, ha trazado algunos proyectos para promover el turismo en ocho municipios priorizados gracias a su potencial.

“Hemos visto en ocho municipios un potencial turístico que estamos apoyando. Sin embargo, esto no quiere decir que el resto del Departamento no cuente con atractivos, pero no podemos trabajar por ellos, porque no tenemos los recursos económicos ni la capacidad instalada de compañeros de trabajo para abordarlos y convertirlos en destinos turísticos”, explicó Fidel Vargas, secretario de Turismo del Departamento.

OPINIÓN CARIBE, por tanto, en su especial sobre Turismo: Cambio de paradigma (V) destaca algunas actividades que se pueden realizar en los municipios que integran la subregión Centro para motivar la llegada de visitantes a cada uno de ellos.

PLATO, MITOS Y NATURALEZA

El municipio de Plato es uno de los municipios priorizados por el Gobierno departamental. Está ubicado sobre el río Magdalena, por lo que se caracteriza por hacer turismo de naturaleza.

Así mismo, tiene una de las leyendas más populares del país ‘El Hombre Caimán’, por lo que ofrece turismo de cultura e historia. Según lo descrito en el portal calendario de Colombia, la historia que da nombre al Festival es la compilación que hizo el escritor Virgilio di Filippo de unos cuentos de pescadores.

El apuesto y joven pescador Saúl Montenegro tenía como afición ver desnudas a las lavanderas y bañistas que visitaban el Caño de las Mujeres, en Plato, Magdalena. Para continuar visitando el caño, y ante la prohibición legal para que los hombres anduvieran por ese lugar, Saúl Montenegro recurrió al uso de rezos y brebajes que le enseñó y le preparó un indio de la alta Guajira, los cuales lo convertían en Caimán.

Un día, la botella que contenía el líquido que lo devolvía a su forma humana se soltó de las manos de su compañero de aventura y se estrelló contra una roca. De este brebaje, únicamente unas gotas cayeron en su cara, devolviéndole la faz humana solo al rostro. Desde ese momento, Saúl Montenegro quedó convertido en un caimán con cara de hombre o en un hombre con cuerpo de caimán.

Un festival donde los niños y adultos den a conocer mitos y leyendas de su pueblo fortalecería el nivel cultural de la población. Un ejemplo de esta actividad es el desfile o festival de Mitos y Leyendas que se realiza cada año en Medellín y cuya celebración se ha extendido a otros municipios del departamento de Antioquia y de Colombia.

Historias como la ‘Patasola’, la ‘Madremonte’, el ‘Sombrerón’, el ‘Ruanón’, el ‘Cura sin cabeza’, ‘La Dama Verde’, la ‘Madre del agua’, ‘La Llorona’ y el ‘Judío Errante’, que se remontan a la época colonial y finales del siglo XIX salen a relucir en este evento.

Un artículo publicado por la Red de Bibliotecas explica que esta fiesta se realiza los 7 de diciembre. Consiste en un recorrido por las principales calles de la ciudad y en Pueblito Paisa, y se convierten en una verdadera muestra de tradición, folclor y creatividad. Muchos pueblos realizan grandes y enormes carrozas que emplean en el desplazamiento por la parte central de Medellín.

ARIGUANÍ, TIERRA DE ACORDEONES

Tal como lo describe el historiador Raúl Ospino Rangel en su crónica ‘Municipio de Ariguaní, el pueblo del son vallenato’, este género musical es considerado patrimonio cultural de Ariguaní, zona central del departamento del Magdalena; cuna biológica de Carlos Arrieta Castilla, Alberto Rada Ospino, Nemer Tetay Silva, Jesús Ocampo Ospino, Luís Daza Maestre, Carmelo Hernández, Pachito Rada Ortiz, Kico Rada, Camilo Hernández, Fredy ‘El Negrito’ Ospino, Anuar García Pedroza, Ramón Lemus, Manuel Hernández, Juan Hernández, Jairo Moreno Orozco.

En el año de 1988, Melquíades García sugiere la realización de un festival de acordeones en Ariguaní, época en la cual se realizaba un encuentro de violina o dulzaina. Fue en el año 1990, cuando se realiza el primer festival con la expresión: Homenaje al Son. Participaron, Martín Fontalvo, Eduardo Leones, José Hernández, Roque Trujillo, Juan Hernández, Manuel Vega, Rafael Dávila. Impulso que le da al evento en 1991, el alcalde Hugo Barrios Tovar. Desde entonces, la población de El Difícil rinde homenaje al creador del ritmo Son Vallenato, el legendario y emblemático acordeonero, Francisco ‘Pacho’ Rada Batista.

En 1992 se reúnen inquietos pobladores respaldando el evento folclórico, los cuales eligen junta directiva. Este festival, en atención al tesón de sus fundadores Melquíades García, Juan Vega Barrios, Hugo Barrios, Augustos Ríos, Enrique Fragoso, Armando Andrade, Alfonso Barraza, obtuvo personería jurídica otorgada por la Gobernación del Magdalena, con el número 380 del 2 de abril de 1993. El presidente actual de la Fundación Festival Son Tigre de la Montaña es Armando Andrade Palacio.

A ‘Pacho’ Rada se le adjudica la creación del ritmo Son Vallenato, al respecto alguna vez comentó: “desde que nací aprendí que los ritmos del Son y Paseo que se tocaban en acordeón eran iguales, nadie los distinguía. Con el correr del tiempo fui dándome cuenta de que el Son se escuchaba más bello cuando se le acompañaba de un solo golpe de bajo, pues de esta forma la melodía tenía mayor esplendor lírico. La cadencia del Son se aprecia mucho mejor de esta manera, que cuando se acompaña de dos golpes o compases de bajo como ocurre con el Paseo. A raíz de esa apreciación, decidí comenzar a tocar mi música con ese nuevo estilo, y el público, al notar la diferencia en interpretación, me preguntaba qué ritmo tocaba, a lo que yo respondía: el verdadero ritmo del Son. Cuando se interpreta un ritmo de Son no debe acompañarse con dos ‘porrazos’ o compases como se usa en la cumbia y en la puya, ni tampoco debe hacerse ‘refuego’ de bajo, es decir, utilizar diferentes tonos de bajo. Ese nuevo estilo se impuso rápidamente dentro del público, el cual identificaba mi música en cualquier lugar.

Muchos colegas se vieron obligados a tratar de imitarlo; varios de ellos llegaron a mi casa para que les enseñara el secreto de su ejecución, entre los cuales puedo contar a Juancho Polo Valencia y a Alejo Durán. Casi sin darme cuenta se me bautizó como el ‘Padre del Son’ y sin pecar de egocéntrico creo que es justicia, ya que fui yo quien lo descubrió e implantó dentro de un estilo muy personal”.

La primera composición de ‘Pacho’ Rada fue el Son ‘El Toro Tutencame’. La compuso a la edad de 7 años y se refiere a un ternero defectuoso que parió la vaca que le regaló su padre, que casi muere en su primer parto.

Un encuentro de juglares es una alternativa para enriquecer el folclor vallenato e incentivar a que los más pequeños conozcan y se apropiende la cultura de este municipio, además, para que se fortalezca de generación en generación.

CHIBOLO: TIERRA DE HISTORIAS

Un museo con réplicas donde se narren los hechos ocurridos durante la Guerra de los Mil Días es una estrategia que permite reconstruir la memoria histórica de este hecho de relevancia a nivel nacional.

Raúl Ospino Rangel cuenta en su crónica ‘Nombre, surgimiento e historia de un municipio: Chibolo’ que, “El General conservador Florentino Manjarrés, oriundo de Puebloviejo, Magdalena, impartía las órdenes y las operaciones militares, para contrarrestar a los revolucionarios liberales, durante la Guerra de los Mil Días en el Departamento del Magdalena.

Como consecuencia de un revés militar que tuvieron sus tropas en la población de Remolino el 3 de mayo del año 1900, donde los revolucionarios liberales derrotaron a sus tropas, llevándose consigo las bestias y varios prisioneros; el General Manjarrés tomó la determinación de persecución y ataque al enemigo, para ello nombró al mando de la Compañía del Batallón ‘Padilla’ al general Ramón Álvarez y al Coronel Juan Manuel Iguarán.

Al llegar a Punta de Piedra, el 16 de mayo del año 1900, fueron avisados que los perseguidos se encontraban atrincherados en la población de Chibolo. Allí los esperaban los siguientes jefes rebeldes: General Francisco Socarrás, General Wenceslao Miranda, coronel Joaquín Miranda, coronel Vercelay Angarita, coronel Víctor Gómez, coronel Juan Antonio Gómez.

En el barrio La Popa, ubicado a la entrada del pueblo, empezó el enfrentamiento. Hasta las siete de la noche estuvieron los rebeldes liberales combatiendo e impidiendo la llegada del Batallón ‘Padilla’, de los guerreros conservadores. Esa primera batalla dejó muchos muertos en ambos bandos.

Luego, los rebeldes liberales se atrincheraron en el barrio Pelamaíz, dándole vivas al coronel Joaquín Miranda, quien comandaba con valentía al grupo. En este lugar también hubo muchas bajas, durante las cinco horas que tuvo este segundo enfrentamiento, considerado el de mayor intensidad, en donde se veían muertos regados por el suelo. Este combate fue una verdadera carnicería, pues de parte y parte se luchó con bravura, pero los guerreristas conservadores derrotaron a los liberales. El triunfo de Chibolo le granjeó al coronel Juan Manuel Iguarán los soles del Generalato, anunciado en Barranquilla de viva voz desde los balcones del Palacio de Gobierno, por el gobernador y jefe Civil y Militar del departamento de Bolívar, doctor José Manuel Goenaga”.

 

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