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Análisis

¿425 mil magdalenenses botaron sus votos?

Opinión Caribe

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¿Deben los magdalenenses seguir votando por congresistas que no muestran ninguna preocupación por contribuir a modificar la tendencia y la estructura de las transferencias y las inversiones del Gobierno Nacional de los últimos años en obras de infraestructura vial, de servicios públicos y de servicios sociales, sin los cuales la competitividad, la calidad de vida o la sostenibilidad ambiental seguirán como inalcanzables?

¿Los alcaldes, los dirigentes políticos, los concejales y líderes sociales deben seguir comportándose como meros intermediarios y operadores que son desechados cada cuatro años por los barones electorales del Atlántico y del resto del país?

Por Nicolás Gómez

El domingo 11 de marzo de 2018 se elegirá al nuevo Congreso de Colombia. Para poner en contexto la forma como los ciudadanos perciben el proceso electoral que se avecina y las decisiones que empiezan a anunciar los dirigentes políticos regionales para conformar listas y componer alianzas.

OPINIÓN CARIBE decidió pasar revista a los resultados y al comportamiento de los votantes del Departamento para el escogimiento de senadores en las elecciones de 2014.

Para ello, consultó las opiniones de un excongresista, un exalcalde, de académicos y profesionales de distintas disciplinas.

“Al rompe -dijo coloquialmente el excongresista- se puede anticipar, que una vez conocidos los resultados de las elecciones al Senado de la República en el año 2014 quedó confirmado, que, en términos políticos y económicos, Santa Marta es un corregimiento de Barranquilla, y que los desolados municipios del Magdalena son un atractivo coto de caza de los barones electorales del resto del país, sobre los cuales los atlanticenses tienen especial predilección”.

En esa ocasión se registraron 425.676 sufragantes por candidatos al Senado en este Departamento, de un potencial de 851.822 personas habilitadas para votar. Para un registro final de 357.770 votos válidos.

Todos estos electores depositaron su confianza en candidatos al Senado de otras regiones, especialmente barranquilleros.

Se exceptúan, claro, a los 1.008 votos que juntos obtuvieron Eduardo Yánez Silvera, Carlos Urbano Díaz Granados y Álvaro José Salomón Calvano, coterráneos vinculados en la lista del Polo Democrático, y a los 18.871 votantes que apoyaron a Raúl Vives Lacouture, quien con el lema “Magdalenense vota magdalenense”, acumuló su segunda derrota consecutiva, esta vez inscrito por el partido Conservador. El respaldo electoral que alcanzaron estos cuatro candidatos no alcanzó el cinco por ciento de la votación.

El sentimiento de orfandad cedió un poco, porque con el reporte final de los escrutinios nacionales se conoció que en la lista cerrada del Centro Democrático había sido elegido el senador Honorio Henríquez Pinedo, oriundo de esta tierra.

A Miguel Amín Escaf, un arquitecto barranquillero de origen árabe, quien fuera concejal de la capital del Atlántico por 14 años y elegido dos veces Representante a la Cámara por esa circunscripción, ‘se le apareció la Virgen’ en el Magdalena: Durante las elecciones de 2014 obtuvo el 32 por ciento de los votos con los que aseguró su credencial de Senador de la República, curul a la que llegaba por primera vez.

De los 31 senadores elegidos en el Caribe colombiano, el Atlántico eligió 11. Amín Escaf fue uno de los tres nuevos congresistas de la Cámara Alta que logró ese departamento. El otro, de los que por primera vez obtenía credencial, fue Eduardo Pulgar Daza, quien le debe a los electores de esta región el 22 por ciento de su curul. El tercero, Laureano Acuña Díaz, aunque en una proporción menor, también logró adhesiones.

Pero no fueron los únicos. Aún en el caso de otros barones electorales atlanticenses que superaron la barrera de los cien mil votos, los apoyos fueron significativos en su elección: Arturo Char recibió el 18 % de contribución en votos; José David Name, 16%; y Roberto Gerlein, el 5%.

En el caso de Efraín Cepeda, el 12% de los 98.588 votos que alcanzó en total, se lo debe a estos paisanos.

El apoyo de los magdalenenses fue crucial para asegurar la elección de senadores de otras regiones del país, que deberían estar agradecidos, porque su votación nacional fue bastante pobre y sin estos votos tal vez se hubieran ‘ahogado’. Aquí solo se hace referencia a los barranquilleros Álvaro Asthon (15%) y a Armando Benedetti (8%).

En total, el Atlántico completaría así 18 congresistas en esas elecciones, si se suma a los siete Representantes a la Cámara. Cifra significativa si se tiene en consideración que el número de sus habitantes es apenas el doble de los elegidos en el Magdalena, que cuenta con los cinco Representantes a la Cámara y al senador Henríquez Pinedo.

Aquí interviene el exalcalde para decir que la razón por la cual el Magdalena eligió cinco representantes a la Cámara es porque la circunscripción electoral otorga esa protección a los candidatos de cada departamento. “De no ser por este impedimento legal todos los Representantes a la Cámara elegidos serían también barranquilleros, o de otras regiones”.

Con las estadísticas oficiales de la Registraduría Nacional expuestas en la pantalla de la computadora, se le preguntó al excongresista, ¿cómo se explica la preeminencia política del Atlántico sobre el resto del Caribe colombiano?

Sonríe condescendiente y dice, “comparativamente, el departamento de Bolívar ha llegado a tener mayor participación que Atlántico en el PIB nacional, es decir en la generación de riqueza, de bienes y servicios de la nación. Pero para entender la preeminencia de Barranquilla sobre el resto del Caribe basta revisar el comportamiento de los Presidentes de la República desde César Gaviria hasta Santos; pasando por Samper, Pastrana y Uribe, todos ellos han tenido una relación muy estrecha con Barranquilla, y han recibido, cuando fueron candidatos, jugosas contribuciones de conglomerados empresariales muy sólidos en lo financiero, que para elecciones se desdoblan políticamente con mucha eficacia para conformar las listas de Senado y Cámara”.

Se vuelve a mirar a la computadora para examinar los resultados por partidos. Los registros que señalaron como amplio ganador al partido de la U con 109.817 votos; seguido por los conservadores con 63.074; Cambio Radical 57.913 y el Partido Liberal con 51.405, confirman el análisis de los entrevistados.

Aparecen un poco más distantes, el Centro Democrático que obtuvo 23.867 sufragios y Opción Ciudadana con 18.115. Con guarismos que oscilaron entre el 1 y el 2 % de la votación estuvieron el partido Verde (8.811), el Polo, (7.835) y Mira (4.560).

Al revisar el desempeño de los candidatos, resalta Miguel Amín que aventajó a todos los rivales en ocho municipios y Arturo Char en tres (El Banco, Plato y Sitio Nuevo). Mientras el Centro Democrático resultó victorioso en tres de los de mayor potencial electoral (Santa Marta, Ciénaga y Fundación).

Pero, en términos relativos, si solo se comparara el forcejeo electoral entre Miguel Amín, Arturo Char y la lista del Centro Democrático, se tendría que Amín le ganó a Char en 15 municipios; Char lo logró en 8; y el Centro Democrático en 7.

En contraste, Claudia Nayibe López, del partido Verde y Jorge Robledo del Polo, obtuvieron votaciones bajas, 926 y 2.003 sufragios, respectivamente. Y sin importar si se está de acuerdo con ellos o no, estos senadores han realizado un notable ejercicio de control político por temas de interés nacional e incluso, se cuentan entre los pocos que de manera sistemática se han pronunciado a favor de temas sensibles del Magdalena.

Más controversia genera la mención de Álvaro Uribe y Honorio Henríquez, del Centro Democrático, quienes probablemente se pronuncian con más frecuencia sobre asuntos de este territorio y propician visitas y una comunicación más cercana con sus votantes de la región, en comparación con la mayoría de los otros senador es miembros de partidos beneficiados con un número significativo de votos.

Cuando damos paso al análisis de los académicos consultados, manifiestan, que “en virtud de la circunscripción electoral nacional, cualquier ciudadano puede escoger su candidato al Senado sin importar de qué región del país es oriundo. Ese derecho lo tiene el elector y el elegido, pero eso no es lo que se discute. Lo que debe examinarse es el doble papel que debe cumplir un senador y una bancada parlamentaria en la democracia representativa”.

En primer lugar, el senador, una vez elegido, debe revisar la conveniencia y la legalidad de las iniciativas que se convertirán en leyes, así como ejercer el control político sobre las decisiones que puedan afectar a todos los colombianos, en especial, las que toma el Presidente de la República”.

 

“Por otro lado, los senadores tienen un compromiso directo con sus electores y con el desarrollo en su territorio, cumpliendo una labor eficaz de interlocución con el Gobierno Nacional. Pero cumplidos más de tres años de la legislatura, el balance de la gestión de buena parte de los parlamentarios votados por los magdalenenses no presenta resultados positivos, por lo menos para esta región”.

Para estos académicos nada va a pasar si no se intervienen una de la que describen como causa más relevante, “en Colombia hay un desequilibrio en el crecimiento de las regiones y la riqueza está concentrada en pocos departamentos. Es bien sabido, que, si alguien batiera con sus manos un recipiente que contuviera toda la pobreza de Colombia, y la arrojara sobre un mapa, esta aparecería principalmente distribuida en los márgenes del mapa, y ahí precisamente está el Magdalena.

“El problema -afirman- con estos senadores por los que votaron aquí en las pasadas elecciones es que se les observa poca cercanía y disposición para contribuir y dialogar con la región, y con esa actitud se priva de un apoyo para modificar la estructura y la tendencia de las transferencias y las inversiones del Gobierno Nacional de los últimos años, y si al mismo tiempo no se modifica el estilo de los gobiernos territoriales, no hay ninguna razón para esperar que se supere la pobreza.

Las obras de infraestructura vial, de servicios públicos y de servicios sociales, por ejemplo, no pueden acometerse sin un cambio significativo en la envergadura del apoyo del presupuesto nacional, y sin ellos la competitividad, la calidad de vida o la sostenibilidad ambiental seguirán como inalcanzables”.

Para hacer una aproximación a posibles conclusiones en este trabajo periodístico, se interrogó a los entrevistados sobre cuáles serían las ideas conclusivas que se derivan del análisis de este comportamiento electoral; respondieron: “resulta mejor que se les traslade a los lectores unos interrogantes que contribuyan a su reflexión, porque no constituye noticia decir que el Departamento es el quinto de mayor pobreza en el país, con un 44.7 % de sus habitantes en esa condición; ni que Bogotá, Valle, Antioquia y Santander concentran casi el 60% del Producto Interno Bruto del país, o que la riqueza está concentrada en pocas personas y en pocas regiones.

La noticia podría surgir de preguntarse, ¿si se mantienen las actuales tendencias y comportamientos, el Magdalena podrá superar las causas estructurales que determinan su atraso y su pobreza?

¿Deben los magdalenenses seguir votando por congresistas cuya función clave es realimentar y consolidar sus propias empresas electorales, en lugar de apalancar una mayor participación del presupuesto nacional para la región donde los votantes le depositan la confianza?

¿Los alcaldes, los dirigentes políticos, los concejales y líderes sociales deben seguir comportándose como meros intermediarios y operadores que son desechados cada cuatro años por los barones electorales del Atlántico y del resto del país?

¿En su lugar, no deberían mejor elevar su nivel de desempeño y crear un movimiento regional que se preocupe genuinamente por arrancar del Gobierno Nacional un trato que remueva las causas estructurales del atraso?”

Para el cierre, se debe decir que, según el adagio popular, “al perro no lo capan dos veces”. En tan solo siete meses, los magdalenenses tendrán nuevamente la oportunidad de ir a las urnas para elegir Senadores y Representantes a la Cámara. ¿Se cumplirá el refrán o en el caso del Magdalena existe la posibilidad de una segunda castración?

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