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Siete cosas que no sabías del único órgano dedicado en exclusiva al placer

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De todos los órganos del cuerpo humano, solo uno está hecho para sentir placer y se encuentra en el cuerpo femenino. Este es, probablemente el motivo por el cual ha vivido siglos en la oscuridad y no por el hecho de que esté entre los labios de la vagina y tapado por varias capas de ropa la mayor parte del día.

Hablamos del clítoris, al que la sexóloga, Alexandra Hubin, y la periodista, Caroline Michel, le han dedicado su libro Entre mis labios mi clítoris, en el que cuentan todos los secretos sobre este pequeño gran desconocido.

A continuación repasamos algunas de las curiosidades y los mitos sobre el clítoris de los que hablan Hubin y Michel en su libro.

No es solo lo que asoma entre los labios

Con el clítoris ocurre igual que con cualquier otra parte del cuerpo, el de cada mujer tiene su propio aspecto. Aunque, tienen una forma común.
Lejos de lo que se puede pensar, este órgano va mucho más allá de lo que se ve entre los labios. Está formado por varias partes: las raíces, los bulbos, el tronco y el glande —sí, como en el pene—, aunque algunos expertos incluyen este último en el tronco, indican las autoras de Entre mis labios mi clítoris.

«Todo el clítoris mide una media de 9 a 11 centímetros, y el glande —que es la parte exterior, situado en la zona superior de la vulva— mide 1 centímetro», aclaran Hubin y Michel y añaden que «está total o parcialmente cubierto por un capuchón protector, llamado también prepucio».

El tronco, por su parte, es la prolongación del órgano hacia el interior del cuerpo y acaba dividiéndose en las raíces, que rodean la uretra y la vagina. Por último, en el lugar de nacimiento de las raíces «emergen los bulbos», que también están en el interior del cuerpo y pegados a las paredes de la vagina.

Es el órgano del cuerpo con más terminaciones nerviosas

Ya lo hemos contado, el clítoris es el único órgano destinado únicamente al placer y para ello cuenta con un total de 8.000 terminaciones nerviosas, el doble de las que tiene el pene. Y la parte que más tiene es el glande.

Se trata, al igual que el pene, de un órgano eréctil que puede responder a estimulaciones sexuales táctiles o mentales, que pueden ocurrir incluso de forma involuntaria y cuando dormimos.
En el momento de excitación, todo el órgano «se llena de sangre y se hincha», aclaran las autoras y continúan explicando que «a medida que nos acercamos al umbral del placer, el glande sale de su escondite y se tensa».

El tamaño podría importar

Hubin y Michel mencionan en su libro un estudio realizado por la división de Uroginecología y Reconstrucción Pélvica del Good Samaritan Hospital (Cincinnati, EE. UU.) en el que, tras tomar las medidas de los clítoris de las participantes y realizarles resonancias, concluyeron que aquellas con un glande de mayor tamaño y situado más cerca de la entrada de la vagina podrían disfrutar con más facilidad, sobre todo porque la fricción podría ser más asequible. Sin embargo, las autoras del libro matizan que se trata de un estudio muy pequeño y que es necesario realizar más.

El punto G se llama zona C

Por la forma del clítoris y el lugar donde está situado existe una zona de contacto entre la parte interna del clítoris y la zona vaginal, que es precisamente el denominado como punto G. Pero que, explican las autoras, en realidad no se trata de un punto ni tiene un lugar concreto: «Es una zona más o menos extensa de la pared anterior de la vagina» y que, dependiendo de la mujer, puede situarse en un lugar u otro.

De hecho, las investigaciones de la ginecóloga francesa Odile Buisson han determinado que durante el sexo el clítoris se mueve gracias a las contracciones de los músculos. «Con la penetración vaginal o con la presión de los dedos, la horquilla del clítoris desciende hacia la zona vaginal», explican las autoras de Entre mis labios mi clítoris.

¿Y el de la vagina?

«La respuesta es sí y no», dicen las autoras, que explican que se trata de un conducto que une el útero con el exterior del cuerpo. Hubin y Michel añaden que los investigadores conocen su tamaño «en reposo» —tiene una longitud media de 6,3 centímetros y un diámetro de 17 milímetros en la zona de la vulva y de 40 milímetros en el fondo—, pero no han podido medirla «en acción».
También se sabe que «todas son elásticas, pero cada una tiene sus fibras musculares y su anchura, que varía más o menos según la situación». Por esto, «el diámetro depende de la capacidad del perineo —que es el conjunto de músculos que se extienden desde el pubis hasta el ano— para estirarse». Cuanto más tonificados estén estos músculos, mayor capacidad habrá para contraer y relajar la vagina durante la penetración. «Un perigeo tonificado permite experimentar más sensaciones internas, provocadas en el clítoris», que desciende al contraer los músculos.

Sin embargo, también es importante que haya elasticidad porque si los músculos están demasiado tonificados y rígidos pueden provocar dispareunia, que es el dolor durante la relación, aclaran.

A veces necesita descansar

Al igual que ocurre con algunos hombres, una vez pasado el clímax, algunas mujeres también necesitan un descanso. El motivo, explican las autoras del libro, «sienten una gran sensibilidad en el clítoris después del orgasmo». Esto no quiere decir que no puedan seguir disfrutando de la penetración o de caricias en otras partes del cuerpo, añaden. Sin embargo, otras mujeres pueden seguir sin descanso o parando solo un corto periodo de tiempo. «Cada una debe descubrir sus necesidades de hacer pausas», aclaran.

Tras una erección, también podría llegar ocurrir el llamado síndrome de la erección exagerada o priapismo. Es decir, que el órgano permanece erecto durante más de cuatro horas. Según narran, ha habido al menos un caso de una mujer que acudió al hospital después de sentir durante cinco días dolores en el clítoris que casi no le dejaban caminar ni sentarse. Lo habitual, matizan, es que esto ocurra por medicamentos antidepresivos o psicotrópicas y se trata de un fenómeno raro.

El mito del orgasmo vaginal

En los años 60, tras analizar varios centenares de orgasmos, Masters y Johnson concluyeron que solo existe un orgasmo que nace en el clítoris y se propaga por la vagina. Es decir, las mujeres no necesitan la penetración para llegar al clímax.

Fuente: Elpais.com

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