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Coca al por mayor

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Son diversas las cifras que se manejan en lo referente al número de hectáreas sembradas en el país.

 

Álvaro Mejía Sánchez

El tema de cultivos ilícitos a lo largo de los años se ha convertido en un tema tanto vedado como polémico. Vedado, porque todavía existen en el país ciertas restricciones morales y de comportamiento para hablar de un tema que ha marcado la historia de Colombia por lo menos en los últimos 40 años, y por causa del cual se le ha puesto una especie estigma, que pese a los diversos intentos desde el gobierno central y diferentes organizaciones sociales, no ha sido posible quitarle.

Es un tema polémico, porque las cifras que manejan las diferentes entidades y gobiernos que lo estudian son obtenidos de manera conjunta, por medio de análisis y programas desarrollados de forma multilateral, sin embargo, la forma en la que cada una de las entidades interpreta esos resultados es un indicio de cómo  asume su papel sobre el tema de las drogas y los cultivos ilícitos.

Por ello, es imprescindible aclarar que el análisis de la información recolectada toma mucho tiempo en ser procesada. Los diversos reportes hechos por entidades como la ONU, la DEA, incluso el Gobierno Nacional a través de la división de Antinarcóticos de la Policía Nacional, tarda más de un año en ser entregado. Por ese motivo, los informes contienen datos de los años 2016 y 2017, debido a que sus estadísticas finales y comienzos de 2018 todavía se encuentran en estudio.

En el caso de los datos sobre monitoreo de territorios afectados por cultivos ilícitos hecho por la ONU para el 2016, en  la zona de Parques Nacionales Naturales, resguardos indígenas  y  Tierras  de  las  Comunidades  Negras, la presencia de cultivos de coca continúa como tendencia, y en la actualidad ocupan  un  0.04 por ciento  del  territorio  nacional.

Cuando se habla del año 2016, el informe afirma, que el  32 por ciento del área  sembrada  en  el  país es de zonas  territoriales; basados en los datos entregados por la ONU, estas cifras han disminuido desde  2013, cuando se registraba un 40 por ciento  de cultivos en estas zonas.

Por su parte, el informe entregado por la  Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas de Estados Unidos (Ondcp), hace referencia a que en 2017  los  cultivos  de  coca  en  Colombia  siguieron en  alza,  aunque  con  un  ritmo menor.

Esto no impidió que se llegara a un registro histórico. «Colombia siguió dando pasos para combatir el narcotráfico. Estos esfuerzos impiden el ingreso a EE. UU. de cientos de toneladas métricas de droga cada año. Creemos que la estrategia actual puede tener un impacto a largo plazo en el control de los cultivos y la producción de coca si se destinan los recursos adecuados a la estrategia, mejorar la coordinación entre las fuerzas de seguridad y los programas civiles e implementa esfuerzos redoblados de erradicación en zonas de alto crecimiento de coca, incluyendo áreas previamente vedadas para erradicación forzosa», precisa el reporte.

El informe reitera, que durante 2016 tanto la producción como los cultivos de coca en el país alcanzaron niveles históricos con 710 toneladas métricas de la droga sembradas en 188.000 hectáreas.

La cifra entregada por dicho informe muestra el punto más alto en materia de cultivos de coca sembrados en el país, pero la tendencia de estos ha sido cíclica, con la presencia de aumentos y descensos constantes.

Los datos entregados por las diferentes entidades oficiales en materia de presencia de cultivos ilícitos, son tomados por la Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (Simci).

En  relación con los límites de Parques Nacionales Naturales son definidos por la entidad oficial encargada de su preservación y mantenimiento; los datos relacionados con su continuidad se basan en Cultivos de Coca en Parques Nacionales Naturales

Cabe destacar, que en el país de las 59 áreas consideradas Parque Nacional Natural, 16 presentaron afectación por cultivos de coca en 2016, cifra similar a la de 2015.

De esos parques, onces presentan un aumento del área sembrada respecto a lo identificado en 2015, uno muestra estabilidad; cuatro una tendencia a la reducción. Por último, en lo referente al tema de cultivos ilícitos en zonas de Parques Naturales, el  70% del área sembrada con coca en 2016 se concentra en tan solo tres áreas protegidas: Sierra de la Macarena, Nukak y Paramillo, de acuerdo con las  cifras que maneja la ONU.

 

CULTIVOS ILÍCITOS EN LA  SIERRA NEVADA Y MAGDALENA

El sistema montañoso a orillas del mar más alto del planeta, está conformado por los departamentos de Magdalena y La Guajira. Los datos que maneja la ONU indican, que desde 2011 registra menos de 100 hectáreas. El punto más alto de la serie se presentó en 2004 cuando se reportaron 1.262 hectáreas; el punto más bajo se registró en 2015 cuando se registraron apenas 7 hectáreas.

En el caso del departamento de La Guajira, este completaba 3 años sin cultivos de coca hasta 2016, a la espera de los nuevos datos que entregue la Organización de las Naciones Unidas. En Magdalena, aún quedan reductos identificados en la zona de   Machete  Pelao y Perico Aguao, que permanecen a pesar de continuas acciones de erradicación manual.

Para la secretaria de Seguridad y Convivencia, Priscila Zúñiga, “se ha implementado una serie de destrucciones de cultivos, aunque no manejo  la cifra exacta, se trabaja de manera mancomunada con la Policía Antinarcóticos  y el Ejército Nacional para erradicar cultivos ilícitos en la Sierra Nevada de Santa Marta, que es en la única zona en la que se han detectado, porque siempre es endémica para que produzca este tipo de plantación”.

El coronel Gustavo Berdugo, aunque no habla de cifras puntuales, manifiesta, que  una de las zonas en la que durante los últimos días se han hecho incautaciones y se han descubierto plantaciones de marihuana es en el sector de Minca. El Comandante de la Policía Metropolitana de Santa Marta aseguró, además, que varias de esas plantaciones pertenecen a las comunidades indígenas, y que por medio de los monitoreos elaborados por el Simci, se conocerá el número de hectáreas dispuestas para la comercialización.

Basados en los diferentes informes que muestran una tendencia al alza en materia de cultivos ilícitos sembrados en el país, el hecho de que en la zona de la Sierra Nevada la cifra sea tan baja, refleja algún tipo de  contradicción, aunque para el profesor Armando Lacera, químico egresado de la Universidad Nacional, docente de la Universidad del Magdalena por más de 30 años´, historiador por vocación  y quien ha estudiado de cerca los diferentes fenómenos sociales y ecológicos de la Sierra Nevada de Santa Marta, estos datos no tienen nada de paradójicos.

“En la Sierra Nevada la existencia de cultivos de coca ha sido poca, pese a que se hicieron intentos por sembrar la variedad amazónica, no fue fácil. En la época en la que los paramilitares dominaban la zona, ellos se dedicaban a otros negocios, lo más seguro, es que este  sector se usara como centro de acopio y exportación. En esta zona el negocio fue la madera”.

OPINIÓN CARIBE intentó conocer la información oficial por parte de la dirección Seccional de la Policía Antinarcóticos, pero al cierre de esta edición, ello no fue posible.

En lo referente a los  cultivos de coca  en zonas de resguardos indígenas, en el informe presentado por la ONU se vio un incremento al pasar de 11.837  en 2015 a 15.665 hectáreas en 2016, que equivale a un aumento del 32 por ciento; sin embargo, este incremento no se ve reflejado en el total nacional que registra un 11 por ciento del total de cultivos sembrados.

 

PRODUCCIÓN DE COCA Y DERIVADOS

Los estudios de productividad que la Oficina de la Organización de las Naciones Unidas Contra las Drogas y el delito y el Gobierno Nacional, ofrecen información sobre el rendimiento de la hoja de coca fresca y características del proceso de transformación de la  pasta básica o base de cocaína realizados en las zonas de influencia de los diferentes cultivos.

“Teniendo como referencia los resultados de los estudios de productividad obtenidos en 2015, se estima la producción potencial de hoja de coca, base y clorhidrato de cocaína, aplicando los ajustes metodológicos socializados: el factor de permanencia y el factor de conversión de base de cocaína. Se cree que la producción potencial hoja de coca fresca pasó de 454.050 toneladas en 2015 a  606.130  toneladas  en  2016,  un  incremento del 33.5 % explicado principalmente por el aumento en el área productiva durante el año del 31.6 %”, así lo asegura el informe de las Naciones Unidas.

Para entender estos hallazgos en estas estimaciones, se requiere reconocer un aumento en el volumen del follaje en los diferentes lotes cultivados con coca, cambios en la densidad foliar que configuran una dinámica espectral característica,  en función del ciclo natural que ahora alcanzan los  cultivos  antes  de su aprovechamiento (cosecha).

En esta parte del proceso, las plantas producen un aumento en el número de hojas, de igual manera se presenta una mayor maduración que aumenta la concentración del alcaloide. Esto indica, que  a mayor biomasa por hectárea cultivada, mayor es la producción; y a mayor maduración de las hojas, mayor es el rendimiento.

A partir de los datos disponibles, se estima que la producción de hoja de coca alcanzó 606.130 toneladas en Colombia, un 33.5 por ciento más que lo reportado en 2015, además, que 389.190 toneladas en 2016 fueron vendidas por los Productores Agropecuarios con Coca (PAC) a fin de ser acopiadas para compra – venta o para el procesamiento externo a la zona de cultivos; a partir de este volumen de hoja, se calcula una producción potencial de cerca de 701 toneladas de base de cocaína.

En la Sierra Nevada de Santa se encuentran diferentes plantaciones de coca, principalmente en zona de resguardos indígenas.

Las estimaciones de la ONU y el Gobierno Nacional hacen referencia a que un 40 por ciento de los cultivadores procesan la hoja de coca en fincas, de los cuales, solo el 1 por ciento transforma la hoja de coca hasta obtener base de cocaína, esto significa, que solo este porcentaje de campesinos realiza el proceso de refinamiento para convertir la base de coca en clorhidrato de cocaína.

Con base en esos cálculos, se estima que 8.770 toneladas de hoja de coca fresca fueron convertidas a 24 toneladas de base de cocaína por los Productores Agropecuarios en el año 2016.

Basados en esos datos, se requieren cerca de 208.180 toneladas de hoja de coca para obtener 345 toneladas de pasta básica de cocaína.

Al tener en cuenta estos resultados la ONU afirma, que la producción potencial de base de cocaína pasó de 797 toneladas en 2015 a 1.069 toneladas en 2016. Es importante destacar, que no toda la base de cocaína que se produce se transforma en   clorhidrato de cocaína dentro del país, por lo cual las estimaciones pueden variar.

También es necesario, tomando como referencia el informe de Naciones Unidas, precisar, que la calidad y cantidad de clorhidrato de cocaína que se obtiene depende de la manera en la que la hoja de coca sea procesada, y depende de quien sea el dueño de la base de coca, es decir, no obtiene la misma cantidad de clorhidrato un campesino que de forma rudimentaria realiza el proceso de purificación en su finca con métodos y compuestos químicos ‘tradicionales’, que un narcotraficante que usa técnicas avanzadas de refinamiento y purificación de la base de coca.

Según la ONU, un método usado para la exportación de la droga, es sacar la base de cocaína sin procesar, y realizar el proceso de cristalización en Centroamérica para evitar la interceptación, esto ayuda a minimizar el riesgo de pérdida por las acciones de interdicción.

Para que se lleve a cabo esta modalidad, el ‘químico’ se desplaza hacia el país en el que va a realizar el proceso de cristalización; se acondiciona el lugar de destino con la infraestructura y equipamiento técnico necesario para desarrollar la conversión a clorhidrato de cocaína.

Otra tendencia descubierta por la ONU en su informe, se refiere a la producción de base de cocaína con destino al consumo interno. Según las fuentes consultadas por esa organización, de acuerdo con los distintos estándares de calidad establecidos para la base de cocaína, la que no cumple con ciertos parámetros, es vendida en el mercado local, con diversas denominaciones relacionadas con la cocaína e inclusive con bazuco.

De acuerdo con el estudio, la caracterización de los complejos de producción de clorhidrato de cocaína se reconfirma la existencia y especialización de este tipo de complejos de cocaína en el país, los cuales se han clasificado en tres grandes categorías: pequeños complejos donde laboran en promedio 4 trabajadores, quienes producen entre 5 y 100 kilogramos del alcaloide en una jornada diaria; complejos medianos, que cuentan con el concurso de aproximadamente 10 trabajadores y con una producción cercana a los 200 kilogramos del alcaloide al día; los grandes laboratorios, que tienen la  capacidad  de producir alrededor de 400 kilogramos diarios, con la intervención de aproximadamente 40 trabajadores.

Por último, la Oficina Contra las Drogas y el Delito de las Naciones Unidas, encontró los megalaboratorios, que reaparecen en el panorama de la producción de cocaína, con capacidad de producir hasta una tonelada de clorhidrato de cocaína al día, con un trabajo de cerca de 100 operarios.

Teniendo como referencia los resultados obtenidos en los estudios de productividad, las estimaciones de producción de pasta básica y base de cocaína y las tasas de conversión utilizadas (81 por ciento de pureza promedio de la base de cocaína y la conversión de base de cocaína a clorhidrato de cocaína en una relación de 1.1), la producción de base de cocaína en 2016 equivale a 866 toneladas de clorhidrato de cocaína pura.

“Si se comparan los resultados obtenidos en los procesos de cultivo, extracción y refinación del alcaloide anteriormente expuestos con la unidad primaria de producción, se calcula que una hectárea de coca tendría una producción potencial de 8.6 kilogramos de base de cocaína/hectárea cosechada y de 6.9 kilogramos de clorhidrato de cocaína/hectárea cosechada”, de acuerdo con los datos del informe de la ONU.

 

MERCADO Y PRECIOS

Según estas cifras que maneja la ONU, durante 2016, los precios de la hoja de coca, de la pasta básica y de la base de cocaína, descendieron; mientras que el precio del clorhidrato de cocaína tendió al alza. Esto indica, que el precio de la hoja de coca se mantiene en los niveles altos los dos últimos años.

Con base en esos datos, los precios de la hoja de coca pasaron de 3.000 pesos por kilogramo en el 2015 a 2.900 por kilogramo en 2016, que corresponde a una disminución del 3.3 por ciento. Por su parte, el valor del kilogramo de pasta básica de cocaína pasó de 2.005.700 pesos por kilogramo en el año 2015 a 1.895.700 pesos por kilogramo en  2016, que corresponde a una disminución del 5.5 por ciento.

La calidad de los subproductos de la coca que consumen los colombianos es de baja calidad en comparación con la que es exportada.

Asimismo, el informe hace referencia a una reducción de los precios de la base de cocaína de 2.681.700 de pesos por kilogramo en 2015 a 2.485.900 pesos por kilogramo en 2016,  que equivale a una disminución del 7.3 por ciento en relación con el año anterior. Estos datos muestran una  tendencia contraria a la presentada en el mundo, ya que  los precios del kilogramo de clorhidrato de cocaína al comercializarse dentro del país,  durante el 2016 presentaron un aumento del 5 por ciento, al pasar  de  4.747.300 kilogramos en 2015 a 4.984.600 kilogramos en 2016, según la ONU.

Al momento de  analizar las  tendencias de los precios de los derivados de la coca, el informe de las Naciones Unidas presenta comportamientos diferenciados de acuerdo con el tipo de producto. Si bien el precio de la hoja de coca registró una disminución en 2016, su nivel actual se encuentra por encima del promedio histórico registrado en los últimos seis años.

Entre las posibles causas que afectan el comportamiento de los precios de la coca y sus derivados se puede hablar de un fenómeno contrario al que se presenta con los negocios legales y tiene que ver con el hecho de que este negocio a causa de su clandestinidad, impone sus propias reglas, entre ellas se observa, que quien impone los precios no es el vendedor, sino el comprador, el cual hace presencia en los diferentes territorios.

En efecto, en la mayoría de las zonas con afectación por cultivos de coca, los grupos al margen de la ley son quienes, por medio de la coacción y la violencia, regulan la participación de la oferta y demanda de estos productos y favorecen los intereses de los compradores.

 

ENTORNO DE LA COMERCIALIZACIÓN DE LA HOJA DE COCA

En los últimos años se ha observado una reactivación en el mercado interno de venta de hoja de coca. La ONU en su informe destaca, que actualmente las Unidades de Producción Agropecuaria con Coca (Upac), tienden a vender la hoja de coca fresca. Según la información de los estudios de productividad, a la fecha se estima que el 60 por ciento de los cultivadores venden su cosecha mientras que al 2005 lo realizaban el 35 por ciento de productores agropecuarios.

La producción de coca queda en manos de los pequeños campesinos,
mientras que la cosecha queda en manos de los productores.

La modalidad de la negociación ha cambiado en los últimos años, el comprador asume  los costos de las labores de recolección de la hoja de coca, entre estos, la mano de obra usada para tal  fin, esto según las estimaciones de las Naciones Unidas, hace que los compradores asuman el 77 por ciento de los costos correspondientes a las labores de recolección.

Después del proceso de recolección de la hoja de coca, son diversos los escenarios que se presentan en lo que tiene que ver con el destino de esta materia prima de acuerdo con el informe de las ONU.

Una proporción de hoja que puede llegar a ser comprada por un acopiador, para luego ser vendida a un actor quien realice el proceso de extracción y refinación hasta base de cocaína; en este escenario, se configuraría un actor intermediario en la compra y venta de hoja de coca, sin ningún nivel de trasformación, es decir, dedicado exclusivamente a la comercialización de este producto.

Es de anotar que la hoja se comercializa en estado fresco, lo que implica que sea un bien perecedero debido a que alrededor de dos días después de la cosecha, la hoja tiende a podrirse; en este escenario, las negociaciones de la producción se realizan previamente con el fin de garantizar el estado óptimo de la materia prima. Una proporción de hoja que podría ser obtenida directamente del productor agropecuario por un actor ‘especializado’ quien acopia la hoja de coca para su posterior procesamiento hasta la base de cocaína.

En el año 2017, se lograron erradicar 29.621
hectáreas de cultivos ilícitos en todo el país.

Otra parte de la hoja de coca podría ser acopiada por un Productor Agropecuario con Coca (PAC) quien cuenta en su Unidad de Producción Agropecuaria con una infraestructura destinada a la extracción del alcaloide; frente a ello, se ha evidenciado que las unidades de producción de mayor tamaño, es decir, que en promedio concentran más de 50 hectáreas, realizan los procesos de extracción  primaria,  específicamente para producir pasta básica de cocaína y estarían en la capacidad de absorber la producción de hoja de coca de sus vecinos.

De acuerdo con la información reportada por los estudios de productividad, entregados por la Oficina Contra las Drogas y el Delito de las Naciones Unidas, en 2005 se estimaba que solamente un 33 por ciento de los productores agropecuarios con coca vendían la hoja de coca sin ningún tipo de transformación, mientras, estas cifras aumentaron al 64 por ciento en el 2015.

Las regiones con mayor proporción de venta de hoja de coca son: Sierra Nevada con el 91 por ciento; Amazonía, 64 por ciento; y Putumayo – Caquetá 64 por ciento. Por otra parte, las regiones con menor proporción fueron Catatumbo 27 por ciento, la región Central con 24 por ciento, Meta – Guaviare con el 14 por ciento y Orinoquía 5 por ciento.

La ONU asegura, que durante el 2016, los precios por kilogramo de pasta básica han tenido una trayectoria similar a la registrada con la hoja de coca; es decir, existe la evidencia de una reducción sostenida del precio. En particular, el precio de la pasta básica de cocaína se redujo de 2.005.700 pesos por kilogramos en 2015 a 1.895.700 por kilogramos en 2016, que corresponde al 5.5 por ciento menos.

En el caso de las regiones, se puede ver una  caída de 26.8 por ciento en el precio en la región  Central de  2.184.800 pesos por kilogramo en 2015 a  1.600.000 por  kilogramo en 2016. La ONU también reporta una tendencia a la baja en zonas como la Sierra Nevada de Santa Marta, con menos de 11.3 por ciento; Meta – Guaviare menos 6.0 por ciento; Amazonía  menos 4.0 por ciento; y Putumayo – Caquetá menos 1.7 por ciento. Con un comportamiento diferente, se observó al Pacífico y Orinoquía que aumentaron  7.9 por ciento  y 5.1 por ciento.

En lo que respecta a los precios de la base de cocaína registrados durante el año 2016, se observó una reducción en el mercado interno de  2.681.700 pesos por kilogramo en 2015; pasó a  2.485.900 kilogramos en 2016, que corresponde a una reducción del 7.3 por ciento frente al comportamiento de 2015. Estos números reflejan una caída del precio corriente de base de cocaína.

El informe muestra que la Sierra Nevada de Santa Marta fue la región que mostró la mayor disminución con el 13.6 por ciento de reducción. Otras regiones que también tuvieron caída fueron la Central con el 8.0 por ciento; la zona del Pacífico 7.4 por ciento, y Meta – Guaviare  con el 4.8 por ciento. Las regiones de Orinoquía, Putumayo – Caquetá y Amazonía decrecieron 4.1 por ciento, 3.7 por ciento y 3.6 por ciento, en ese orden.

Caso contrario se presentó en regiones como: Orinoquía con 2.756.300 pesos por kilogramo; Meta – Guaviare  2.585.400 por kilogramo; Amazonía 2.566.700 pesos kilogramos. En el informe de la ONU, también se habla de las regiones que muestran precios inferiores al promedio nacional, entre ellas están, el  Pacífico  con 2.301.400  de pesos por  kilogramo;  Putumayo – Caquetá con 2.386.800 pesos por kilogramo; Sierra Nevada  2.400.000 pesos kilogramos. En el caso de la región Central, sus precios  estuvieron muy cercanos al  nacional.

La conversión de pasta básica a base de cocaína tan solo es realizada por cerca del 1% de los Productores Agropecuarios que siembran coca. No obstante, en regiones como la Sierra Nevada de Santa Marta y Pacífico es hecha por el 5 y el 3 por ciento, respectivamente. En el resto de regiones no hay evidencia de esta transformación en sitios de producción.

Durante el 2016, los precios nacionales del kilogramo de clorhidrato de cocaína presentaron una tendencia al alza, contraria a todos sus predecesores productivos; es decir, su aumento contrasta con las disminuciones en los precios de hoja, pasta básica y base de cocaína. El clorhidrato de cocaína aumentó de 4.747.300 de pesos por kilogramo en 2015 a 4.984.600 de pesos por kilogramo en 2016, equivalente a un crecimiento del 5.0 por ciento.

 

RESULTADOS DE LA ERRADICACIÓN SEGÚN ANTINARCÓTICOS

Por otra parte, el informe que presenta la división de Policía Antinarcóticos, muestra, según los parámetros que establecieron para el periodo de 2017 y de acuerdo con lo reportado, que cumplieron con la meta establecida por el Gobierno Nacional que era de 29.500 al lograr la erradicación de 29.621 hectáreas de cultivos ilícitos en todo el país.

 

De acuerdo con las diferentes entidades que estudian el tema de cultivos ilícitos en Colombia, los últimos años se ha
presentado en el país un aumento en el número de hectáreas sembradas.

A esto se les suman 215.393 acciones de prevención donde participaron ciudadanos en los programas de prevención frente a la producción, tráfico y consumo de sustancias psicoactivas.

En lo relacionado con los bienes se habla de 7.010 incautaciones, además de  194 capturas con fines de extradición, 4.950 bienes presentados, 63.992 nacionales capturados y 882 extranjeros aprehendidos, de acuerdo con los datos de la Policía Antinarcóticos.

 

CONSUMO DE DROGAS EN EL MUNDO

En el tema de consumo de drogas en todo el planeta, el informe de la oficina contra las drogas y el delito de la ONU de  2017,  en  su  capítulo  sobre  la  reducción  de  la demanda y la oferta de drogas, destaca lo siguiente:

“Un cuarto de billón de personas o cerca del 5% de la población adulta entre los 15 y los 64 años, consumió  drogas  por lo menos en una ocasión en 2015. Los opioides son las sustancias que causan el mayor impacto negativo en la salud, pero la cannabis se mantiene como la droga más ampliamente usada, con una prevalencia anual del 3,8  por cierto de la población adulta. Los estimulantes de tipo anfetamínico se mantienen  como  la  segunda  droga más usada a nivel mundial, con un estimado de 35 millones de usuarios en el último año y el uso de metanfetaminas se percibe que ha aumentado en muchas subregiones, incluyendo Norteamérica, Oceanía y la mayor parte de Asia”.

En este informe se puede identificar también, que el número de personas que usan de manera inapropiada opioides de prescripción inadecuada es unos 35.1 millones, de los cuales  cerca  de  17.7  millones  ha  utilizado opiáceos (heroína y opio).

Las estimaciones referentes al último año señalan, que 17 millones  de  personas consumieron cocaína alrededor  del  mundo. En el caso del consumo de cocaína porcentual se divide en: Norteamérica  1.8 por ciento,  Europa Occidental  y Central 1.1 por ciento y Oceanía 1.5 por ciento,  primordialmente  en  Australia  y  Nueva  Zelanda.

En el caso del consumo de éxtasis, se estima que   21.6 millones de personas en el último año usaron dicha sustancia, cuyo empleo se mantiene alto en Oceanía, principalmente en Australia y Nueva Zelanda, Europa y Norteamérica.

Muchos  consumidores de drogas, tanto ocasionales como regulares,  tienden  a  ser policonsumidores.  Con el fin de mejorar la experiencia psicoactiva general de las drogas consumidas, usan más de una a la vez o secuencialmente para experimentar un efecto sinérgico acumulado, complicando el escenario de consumo.

En el informe de la oficina contra las drogas y el delito de las Naciones Unidas se observa que en muchas subregiones se ha presentado una relación compleja en el uso de heroína y sintéticos, en la cual la elaboración ilícita de opioides y la disponibilidad de varios ‘opioides de investigación’, tales como  AH-7921, U-47700,  AH-21,  MT-45  y  diversos  análogos  del  fentanilo.

Otra entidad que monitorea temas de drogas y cultivos ilícitos en el país es el Observatorio  de  Drogas  de  Colombia, que es una entidad multidisciplinar que vincula a empresarios y a miembros de la sociedad civil. De acuerdo con esta organización, “el país  ha  alcanzado  progresos importantes  en  el  desarrollo de estudios epidemiológicos periódicos, con  metodologías  estandarizadas  internacionalmente y dirigidos a tres poblaciones clave: población general de 12 a 65 años, población escolar y población universitaria. Estas investigaciones han sido lideradas por el Ministerio de Justicia y  del  Derecho,  con  el  apoyo  del  Ministerio  de  Salud  y  Protección  Social  y  del  Ministerio  de  Educación  Nacional”.

Desde el observatorio aseguran, al igual que en el resto del mundo, en Colombia la marihuana es la sustancia ilícita de mayor consumo, seguida por la cocaína, el bazuco y el éxtasis. Del total de consumidores de drogas ilícitas en el último año, el 87 por ciento consume marihuana.

El consumo de marihuana requiere un análisis más detallado, considerando que, además de la cannabis regular, se ha vuelto común la presencia de variedades más potentes, como es el caso del cripy. Del total de consumidores de marihuana, el 75.1 por cierto, reportó consumo de cripy, que es más potente por su alto contenido de tetrahidrocannabinol (THC), componente activo de la cannabis.

 

 LA  DISTANCIA AUMENTA EL COSTO DE LA DROGA

El presidente Juan Manuel Santos se refirió hace pocos días a un reconocido medio nacional, que el problema del aumento del tráfico de droga no solo tiene que ver con la producción, sino con el consumo. La alta demanda de narcóticos hace subir el precio de la cocaína de manera excesiva dependiendo de la zona donde se encuentre.

El mismo medio de comunicación hizo un detallado informe, en relación con el costo de la droga, desde que sale de la zona de producción, que son los lugares en  donde se cultiva la hoja de coca y se procesa en laboratorios para convertirla en clorhidrato de cocaína. En esos puntos, según la información, entregada por dicho  medio de comunicación, 1 kilogramo de esa droga puede costar 3.5 millones de pesos.

La segunda parte del recorrido, la constituyen las llamadas ‘zonas de ruta’ que pueden considerarse zonas de transición, y en la cual se puede dejar un porcentaje de la droga para el microtráfico. Esos puntos son las ciudades cercanas a los puntos de salida, como Cali, San José, Medellín, Cartagena, Cúcuta, entre otras. Cuando se encuentra ahí, el kilogramo de cocaína alcanza un valor de 5 millones de pesos.

Al ser un negocio ilegal, el narcotráfico no se rige por las normas generales
que se establecen en el libre mercado.

El camino de la droga continúa hacia los ‘puntos de salida’ que corresponde a las zonas de  puertos, tanto marítimos como aéreos. Al llegar hasta este lugar,  el kilogramo de cocaína alcanza un precio de 7 millones de pesos, las ciudades donde se presenta este fenómeno son Santa Marta, Barranquilla, Cartagena, Buenaventura, Tumaco y La Guajira.

La información que manejan las diferentes organizaciones que se dedican a estudiar el fenómeno del narcotráfico, concuerdan en afirmar, que Colombia exporta el 90 por ciento de la droga que se produce. El mismo kilogramo que en el punto de producción cuesta 3.5 millones de pesos, en un barco alcanza los 25 millones de pesos.

De acuerdo con el lugar del mundo al que se dirija el cargamento, así varía su valor, en el caso de que su destino sea Suramérica, el costo es de  28 millones de pesos, si el destino es Centroamérica cuesta 43 millones de pesos, si va con destino a Europa o África, su valor es de  100 a 170 millones de pesos. En el caso de  Asia, el precio de 260 a 370 millones de pesos y la zona más cara es Oceanía que puede costar de 520 millones de pesos a 650 millones de pesos.

Todavía queda mucho camino por debatir sobre el tema de las drogas y aunque las políticas varían con el paso de los años, en el caso de la coca y de sus derivados, la legalización de su uso medicinal parece lejano y aunque desde la antigüedad se ha usado con estos fines, las restricciones establecidas para su uso recreativo no posibilitan que el estigma que existe sobre ella, permita abrirla a otros usos, como ha sucedido con la marihuana.

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