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¿Cines sin variedad?
Daniela Pirela Wisman
Muchos espectadores y pocas producciones para ver
El cine es un fenómeno cultural imprescindible en las sociedades, este género en un siglo ha logrado desbancar otras expresiones artísticas pasando a ser, con la música, el arte más popular a nivel mundial. Sin embargo, a pesar de existir una cantidad considerable de espectadores, en Santa Marta los cinemas parecen no tener variedad.
En la ciudad de Santa Marta hay tres salas de cine que proyectan las películas más taquilleras del momento. Por taquilleras se entiende que son las películas que a nivel mundial han generado millones de ventas, ya sea por su elenco o efectos especiales. De acuerdo con Gonzalo Restrepo, catedrático de cine, siempre que se sale de observar una película, son muchos los espectadores y con opiniones encontradas sobre este. Hay quienes sostienen que muchas de las cintas presentadas en ciudades como Bogotá, no son exhibidos en Santa Marta; a partir de ahí surge el debate: ¿por qué muchas películas no llegan a las carteleras de Santa Marta?
UNA CARTELERA COMERCIAL

El cine es un fenómeno cultural esta razón los expertos opinan que se deben propiciar espacios desde la academia.
Gonzalo Restrepo precisa, que el cine debe servir para algo más que contar historias, es decir, que el cine debe mostrar, enseñar o revisar una serie de acontecimientos e imágenes para tener una memoria visual con el paso del tiempo desde una perspectiva etnográfica y sociología. “Al ser humano le gusta verse reflejado en el imaginario colectivo. Desde el punto de vista individual del ser humano, grandes estudiosos conceptualizan que al cerebro le gusta que le cuenten historias. Por ello, él debe servir para contar algo más que historias, como, por ejemplo, reflejar, solucionar inquietudes, encontrar respuestas o conocer sucesos históricos, porque el cine nació como espectáculo y diversión en el que se aplicaban los descubrimientos de la época. El cine es, al mismo tiempo, un verdadero arte desde sus comienzos. El cine, también desde su inicio es documento de la vida de la época. Estas tres características, la documental, la artística y la festiva las ha conservado en el tiempo y en la ilusión de todos los que se implican en su mundo, los que lo fabrican y los espectadores”.
Asimismo, que las carteleras de Santa Marta son de tipo comercial, es decir, que solo buscan aumentar sus ingresos monetarios, dejando de lado películas que narran buenas historias. “Considero que al samario no le gusta ir al cine y los pocos enamorados del buen cine y que disfrutan de las buenas películas prefieren verlas por Internet o televisión.
En Santa Marta con el paso del tiempo ha desparecido las salas de cine, y esto se debe a la idiosincrasia del samario, que, desde mi punto de vista, no disfruta del cine”.
La industria del cine, de acuerdo con Gonzalo Restrepo, funciona así: quien produce, quien lo distribuye y el que finalmente las exhibe en las salas de cine. “Pienso que el problema está en quien distribuye y quien exhibe. La idea del cine actual es conseguir dinero y fama, porque de no hacerlo así, quiebran las salas, por eso emiten las películas blockbusters (éxitos de taquilla) de guerras, comedias o terror, cintas repetitivas, superficiales y poco arriesgadas. Las películas finas, por lo menos, las europeas, no llegan porque simplemente la gente no va a asistir a las salas de cine, argumentando que son demasiado aburridas”.
UNA CARTELERA LIMITADA
De acuerdo con el Manual de Gestión de Salas Alternas de Cine del Ministerio de Cultura, el cine es un lenguaje, una forma de expresión, una manifestación artística, una institución, una tecnología y una industria. Pero es también un complejo rito social en el cual la sala de cine es el centro en el que convergen diferentes actores sociales y diferentes sensibilidades. Analizar el cine desde cualquiera de sus escenarios de creación, producción, distribución, exhibición o consumo implica el reto de pensar un fenómeno múltiple que, además, en el momento final de su proceso, se encuentra y se debate con las nociones de espectáculo y entretenimiento.
Mauricio Arrieta, docente de Animación del programa de Cine y Audiovisuales de la Universidad del Magdalena, manifiesta, que para él la cartelera de los cines de Santa Marta es limitada. “Cinemark a veces tiene una cartelera en la que presenta películas especiales, esto ocurre aproximadamente dos veces al año, el resto se mantiene con lo más taquillero. Películas colombianas como ‘Pájaros de Verano’ no hizo parte de la cartelera de este cine, la pusieron en Procinal y fue un éxito, quiere decir que a los samarios sí les gusta ese tipo de cintas, pero no tienen donde verlas”.
El docente Arrieta precisó, además, que es necesaria una movilización de las personas que de verdad tengan interés en ver buen cine y debe empezar por la academia. Se debe implementar una mesa de diálogo para que se les abran las puertas a nuevas películas. “Si se ve el cine solo por entretenimiento y desde la espectacularidad, no tiene sentido. El cine debe servir para contar historias que nos ayuden a comprender a la sociedad y a nosotros mismos, si no es así, estamos desperdiciando ese cúmulo de experiencias”.
NO HAY BUENA OFERTA
El docente del programa de Cine y Medios Audiovisuales de la Universidad del Magdalena, Marco Francisco Gaviria, señala, que para su gusto no hay una buena oferta en los cines de Santa Marta. “Poco voy el cine, justamente por eso, porque no soy aficionado o seguidor de las series o películas de acción, a mí me lleva a las salas el cine que cuenta historias, las que no están basadas en mucha acción o efectos especiales. Me gustan que sean más humanas, que me ilustren sobre una cultura, lengua y costumbres, y ese cine no tiene mucha cabida en Santa Marta, tal vez Procinal sea la única sala de cine que le abre un poco de espacio a ese tipo de películas”.
De acuerdo con el profesor Gaviria, de las tres salas de cine a las que pueden acudir los samarios, solo una proyecta historias por fuera de la acción, terror y efectos especiales. “Algunas universidades, por ejemplo, la del Magdalena, proyectan mensualmente películas de otros países, por ejemplo, Eurocine. Sin embargo, el esfuerzo es poco y las universidades como la ‘Sergio Arboleda’ y la Universidad del Magdalena que tienen comunicación y cine deberían buscar la forma de ampliar más ese repertorio y opciones”.
Francisco Gaviria, profesor de la Universidad del Magdalena, traslada la inquietud de a las universidades, con el fin de que los estudiantes de cine y carreras afines a este, tomen la iniciativa de crear espacios para la proyección de cintas que vayan más ligadas a contar historias de vida y muestras culturales, esto con el fin de ampliar la oferta cinematográfica de la ciudad.
“Hay a quienes les gusta una película, pero aquí no nos llega, la podemos ver en línea o en Internet, pero no es suficiente, de pronto, la vemos muy tarde. Los ciclos de cine entre los universitarios son una buena opción, a estos pueden asistir profesores, profesionales jóvenes, jubilados o personas común y corriente. De igual forma, es importante que se termine e inaugure el Teatro Santa Marta, para que las universidades hagan sus cineclubes y que trasciendan en la ciudad”.
En la actualidad el cine tiene muchos matices y les ofrece a los espectadores la posibilidad de ver películas con temáticas de acuerdo con sus gustos, sin embargo, de acuerdo con el catedrático Gonzalo Restrepo, al samario no le gusta ir al cine y a quien le gusta no se siente interpretado en las carteleras. Por otro lado, el profesor universitario Francisco Gaviria, conceptualiza, que los jóvenes estudiantes tienen en sus manos la posibilidad de romper las barreras cinematográficas que hay en la ciudad e idear alternativas que permitan proyectar películas que cuenten buenas historias de vida y valoren la cultura.


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