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EDICIÓN ESPECIAL.

¿Qué pasa en las escuelas?

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Educación preescolar, primaria, secundaria y media.

Marcela Escandón

La educación es uno de los principales determinantes del crecimiento económico y del desarrollo en cualquier país. Adicionalmente, es un factor fundamental para cambiar las historias familiares y el ascenso social individual basado en el mérito. Si esto no fuera suficiente, la educación es, además, un derecho fundamental de los niños y la herramienta por excelencia para fomentar “prácticas democráticas para el aprendizaje de los principios y valores de la participación ciudadana” tal como lo señala la Constitución.

En efecto, la palabra educación se encuentra 34 veces en la carta política, lo que demuestra su importancia. Consistente con esto, Colombia ha hecho ingentes esfuerzos para mejorar su sistema educativo, en especial en materia de calidad y cobertura. ¿Qué se ha logrado hasta el momento? ¿Cuáles son los principales avances en materia de educación primaria, secundaria y media? ¿Cuáles son las principales dificultades que enfrentan docentes y estudiantes en las escuelas?

COBERTURA:LOGROS PARCIALES

El aumento de la cobertura en educación en el país es el indicador básico que señala el porcentaje de niños que están realmente en las aulas. En Colombia se han presentado dos momentos importantes en el aumento de cobertura: primero en la década 1985-1995, el cual significó un crecimiento nunca antes visto en la cobertura de la educación secundaria y media. La tasa promedio de crecimiento de la matrícula, que para el período fue del 8.3 %, solo ha sido superada por el aumento durante el período 1964 -1976. En ese momento, el número de estudiantes de secundaria y media pasó de 359.383 a 1.367.685.

Ahora bien, de acuerdo con cifras del Ministerio de Educación Nacional (MEN) , entre 2014 y 2018 la matrícula total presentó una disminución de 231.728 estudiantes pasando de 10.341.023 en 2014 a 10.109.295 en 2017. Así mismo, tanto la cobertura bruta total (estudiantes sin importar si la edad corresponde con el grado que cursan) como la neta total (estudiantes que por su edad deben estar en ese grado) disminuyeron en 1.95 % pasando de 98.36 % en 2014 a 96.41 % en 2017, y 1.24 % pasando 86.23 % en 2014 a 84.99 % en 2017, respectivamente. Algunas de las posibles causas de esta disminución son:

  1. La mejora en la calidad del reporte y la depuración de la matrícula como resultado de las auditorías; de matrícula y la implementación del Simat.
  2. La sobreestimación de la tendencia de crecimiento de la población en edad escolar proyectada por el Dane.
  3. La disminución de población en edad escolar y la reducción en la demanda de educación para adultos. Esta última, presenta una tendencia decreciente a partir de 2010 y una mayor tasa de caída que la de la educación regular por el aumento en los años de educación que ha registrado la población colombiana.

Esto significa que se tiene una gran dificultad para estimar realmente el avance o retroceso en cobertura. En términos generales se habla de un aumento significativo y que se ha llegado casi al 100 % en promedio nacional en casos como el de la primaria o secundaria. Sin embargo, el promedio nacional esconde las profundas diferencias regionales, por lo que resulta más preciso revisar las cifras a nivel departamental, al menos. Esta revisión arroja resultados desalentadores en unos casos y esperanzadores en otros, pues algunos departamentos avanzan sustancialmente, mientras que otros tienen retrocesos. En la tabla 1 se observa que en el ranking de cobertura, el mejor porcentaje de cobertura en un año no implica que esa ganancia se mantenga en el tiempo. En color naranja se observan los porcentajes que disminuyeron entre 2007 y 2017, lo cual sucede en la cobertura de preescolar y primaria. En secundaria y media la cobertura parecería que mejora (color verde) en el mejor y peor departamento del ranking, sin embargo, esto no necesariamente ocurre porque año tras año cambia el departamento que ocupa tanto el mejor como el peor puesto, lo cual implica que tener el mejor porcentaje de cobertura en un año no garantiza ser el mejor en el año siguiente, y esa rotación evidencia retrocesos en estos departamentos.

Es decir, hay que mirar las cifras con lupa. Los gobiernos han anunciado sucesivamente avances en cobertura. Por ejemplo, en 2015, se presentaron resultados agregados como los siguientes: la tasa de cobertura bruta, con corte a noviembre 30 de 2015 en Educación Media era de 79.09 %, en Educación Primaria de 106.58 %, y en Educación Secundaria de 102.48 %. Sin embargo, al mirar la cobertura neta, que es un indicador más preciso (elimina por ejemplo, a estudiantes repitentes o que entraron tarde al sistema y que modifican las cifras de quienes realmente deben estar en ese grado), el panorama cambia: también para 2015 la cobertura neta en la Educación Media fue de 63 % frente a 84.62 % en Educación Primaria y 71.72% en Educación Secundaria.

Además de la precaución en el tipo de cobertura que se analiza, se debe tener en cuenta lo que esconden estas cifras agregadas nacionales, recordando que algunos departamentos tienen menos de 20 % de cobertura en preescolar o menos del 10 % en educación media. En la región Caribe, solo un departamento (Sucre) en uno los años comparados (2007) logró cobertura del 100 % en uno solo de los periodos (primaria), pero luego perdió ese 100 %. Esto nos lleva a preguntarnos ¿cómo lograr que todos lleguen al 100 % de estudiantes asistiendo a las aulas, y que, además, ese logro no se pierda en el tiempo?

 

AVANCES EN CALIDAD, PERO MUCHO POR MEJORAR

Luego de garantizar la cobertura viene el debate de la educación. Algunos investigadores en educación, cuentan a los estudiantes como NO escolarizados si la educación que reciben no es de calidad, es decir, si la formación docente, los materiales educativos, el conocimiento que reciben y la infraestructura en la que desarrollan sus habilidades no son las adecuadas. De ahí la importancia de trabajar en el mejoramiento continuo de la calidad.

En Colombia, el principal indicador en materia de calidad es el resultado en las pruebas Saber, que elabora el Instituto Colombiano para la Evaluación de la Educación (Icfes). Estas pruebas, también conocidas como pruebas Icfes, evidencian importantes avances en los promedios nacionales de los resultados de los estudiantes. Entre 2014 y 2017 se observa un mejoramiento en todos los niveles de comparación, lo cual se evidencia en la tabla 3. Es decir, en las pruebas Saber 3º, 5º y 9º, el desempeño de los alumnos mejoró en los tres grados y en las dos áreas valoradas: matemáticas y lenguaje. A esto se suma que los puntajes de los colegios oficiales, que representan el 75 % de los estudiantes evaluados, crecieron más que los colegios privados.

Además, entre 2014 y 2017, la brecha entre el sector oficial y no oficial se ha cerrado en dos (2) puntos en promedio. En 2014 el sector oficial estaba alrededor de 11 puntos por debajo de la media nacional y en 2017 se ubicó alrededor de nueve (9) puntos por debajo de la media nacional. A esto se suma que los resultados de los estudiantes en las pruebas Saber 11 tuvieron un incremento de cinco (5) puntos, al pasar de un promedio de 250 en 2015 a 255 en 2017.

Estas cifras son muy importantes y reflejan unos logros que no deben desconocerse. Sin embargo, nuevamente los promedios nacionales pueden minimizar brechas regionales y problemas locales que se deben considerar seriamente. En términos de calidad, la situación es aún más compleja porque se deben considerar otros factores importantes que inciden en la misma, como son, el número de docentes, la formación de los mismos, el tamaño de las clases, los materiales educativos y recursos de aula, la infraestructura disponible, el acceso a tecnología, la longitud de la jornada, la calidad de la información que reciben los estudiantes, el tipo de habilidades que se promueven en ellos, los métodos pedagógicos que utilizan sus docentes, entre muchos otros.

Lograr calidad, entonces, es un reto multidimesional que requiere acciones en diversos frentes. El Día E y su respectivo indicador de calidad (el Índice Sintético de Calidad Educativa -Isce-) son un avance en ese sentido, pues permiten generar insumos concretos a los colegios y espacios de reflexión acerca de lo que hacen bien y las oportunidades de mejora en cuatro componentes:

  1. Progreso: entendido como la mejoría del colegio en relación con el año inmediatamente anterior.
  2. Eficiencia: busca balancear el puntaje obtenido en desempeño. Mide que todos los estudiantes alcancen los logros propuestos en el grado escolar. La calificación será según el número de estudiantes aptos para aprobar los grados del ciclo evaluado.
  3. Desempeño: incentiva a aquellos con los mejores resultados en las pruebas Saber.
  4. Ambiente escolar: revisa en qué contexto se desarrollan las clases que reciben todos los estudiantes. (MEN, 2015).

Este Isce está en una escala del 1 al 10, de acuerdo con los componentes anteriores, y se establece de manera anual en cada uno de los ciclos educativos: básica primaria, básica secundaria y media. Este esfuerzo ha permitido fomentar la apropiación de las instituciones educativas de los procesos de mejoramiento internos y de control externo a la calidad.

SUPERANDO LA DESIGUALDAD

Pese a todos los procesos positivos mencionados, no hay calidad sin igualdad y este es uno de los principales retos para Colombia. Escuelas rurales sin suficientes docentes y con infraestructura deficiente, vías de acceso en mal estado, con pocos materiales pedagógicos, entre otros. El panorama es desalentador, pero conocido y extendido. Las diferencias son siderales, en especial, entre colegios públicos y privados; y entre urbanos rurales. Por ejemplo, aunque programas como Computadores para educar han llevado tecnología a zonas con población vulnerable, el poco tiempo de contacto de los estudiantes con ellos y el escaso número de computadores para la cantidad de estudiantes hacen que las brechas permanezcan.

Es por esto que resulta urgente que el sistema educativo colombiano sea realmente un factor de movilidad social y de eliminación de las desigualdades que traen los niños de sus hogares o de contextos más amplios como localización en zonas de gran vulnerabilidad: no es lo mismo un estudiante que en su casa cuenta con biblioteca y acceso ilimitado a Internet con uno que solo toca un computador una vez a la semana en una hora de clase, con más estudiantes que computadores.

Así, se deben considerar estas diferencias (público/privado, rural/urbano) para realizar análisis más precisos y plantear posibles soluciones. Al respecto, los resultados de Pisa, por ejemplo, muestran que “para todos los países los estudiantes de colegios privados tienen puntajes promedio superiores a los de los colegios públicos y el puntaje promedio aumenta con el nivel educativo de la madre del estudiante”.

En el caso de Pisa, por ejemplo, entre 2006 y 2009 hubo una mejora en los resultados para todos los grupos considerados, pero el cambio es más grande para los estudiantes de colegios privados que para los de colegios públicos. En las pruebas de Matemáticas y Ciencias se ve una mayor mejoría para los estudiantes hijos de mujeres de mayor nivel educativo; esto a pesar de que no sea posible afirmar algo parecido en la prueba de Lectura.

En cuanto a los promedios de los resultados en las pruebas nacionales (Saber 5, 9 y 11) un estudio en 2009 arrojó que “los estudiantes colombianos están distribuidos de forma bastante desigual. Los estudiantes de zona rural tienen peor desempeño que los de las zonas urbanas y los estudiantes de estratos socioeconómicos bajos tienen peores desempeños que los de estratos socioeconómicos altos. Todas estas diferencias son estadísticamente significativas. Una conclusión similar se obtiene al calcular los resultados promedio en estas pruebas por departamentos: la desigualdad entre departamentos también es importante”.

Ante este panorama, algunas estrategias se han diseñado, como lo es el Plan Especial de Educación Rural (Peer), “un mecanismo para emprender una política integral y pertinente para el campo que lleve a cerrar brechas sociales en educación. Aumentar los niveles educativos alcanzados por la población rural en una sociedad genera desarrollo económico, retornos positivos a la inversión, equidad y justicia social, e impacta directamente en factores como la criminalidad y el embarazo adolescente”. (MEN).

 

JORNADA ÚNICA: ¿ES LA SOLUCIÓN?

Un asunto que se ha planteado como respuesta a buena parte de los retos mencionados es el de la jornada única. A pesar de que existe un consenso entre investigadores, organismos internacionales y diferentes actores relevantes de la educación en el mundo acerca del impacto negativo de los sistemas de doble jornada (clases para unos estudiantes por la mañana; para otros, por las tardes, en las mismas instalaciones y con la misma infraestructura educativa). En Colombia este es generalizado, con un máximo de seis horas de permanencia casi siempre. La conclusión, entonces es que si se logra aumentar este tiempo de permanencia en las instituciones educativas, se podría impactar en calidad y equidad.

Por ello, en el Plan Nacional de Desarrollo 2014 – 2018, en su artículo 53, definió la jornada única como una jornada escolar de 7 horas para preescolar, 8 horas para primaria y 9 horas para secundaria y media. Su implementación se planeó de forma gradual, en un plazo que no superara el año 2030 (MEN, Colombia Aprende, s. f.). El problema con esta estrategia es que requiere la construcción de cientos de escuelas en todo el país y la ampliación del número de aulas en colegios ya existentes para superar el déficit que obliga a las actuales instituciones a tener jornada doble para atender a toda la población en grupos diferentes con la misma infraestructura.

Y es que las dificultades no son menores. Pese a que ha existido cierto consenso en la importancia y ventajas de ampliar el tiempo de permanencia de los estudiantes en las instituciones y a que existe la voluntad política, en 2017 solo se había avanzado en un 16 % de las obras necesarias para la implementación de la jornada única, según cifras entregadas a los medios de comunicación por parte del MEN, pocos meses antes de finalizar el gobierno Santos. Adicionalmente, no es claro el impacto en términos de calidad de la jornada única, si no se desarrolla con materiales, apoyo y cualificación de los docentes, además de implementar otras estrategias.

En este mismo sentido, la permanencia por más tiempo en el aula no será posible ni efectiva sin la infraestructura necesaria. El impacto en la reducción de la deserción, la mejora sustancial en la nutrición infantil, la oportunidad en términos de refuerzo de contenidos, recreación, desarrollo de todo tipo de habilidades cognitivas y no congnitivas, no será una realidad si la implementación resulta deficiente. Este es un reto importante para el nuevo gobierno. En cualquier caso, hay un mensaje claro orientado a la necesidad de mejorar la infraestructura en la cual reciben clases nuestros estudiantes, tanto en lo urbano como en lo rural, lo cual impacta directamente en el ambiente escolar y en la generación de contextos adecuados, estimulantes y acogedores que permitan aprender.

CONCLUSIÓN: LO QUE SE HA LOGRADO Y LO QUE FALTA

En el pasado gobierno, la educación llegó a ocupar el primer rubro del Presupuesto Nacional, en un hecho sin precedentes.

Además, en los últimos años se adelantaron estrategias como la gratuidad educativa, la ampliación de la Jornada Única, el Plan Nacional de Infraestructura Educativa, las Becas para la Excelencia Docente, ‘Colombia Científica’, entre otras. Se diseñaron políticas orientadas puntualmente a mejorar la calidad, como el Programa Todos a Aprender (PTA), Colegios Pioneros PTA, Aulas sin Fronteras, Colombia Bilingüe y Estrategia de Entidades Precursoras.

Muchos han sido los avances y las políticas orientadas a fortalecer el sector educativo. En materia de cobertura, la educación primaria y secundaria muestra importantes logros. Muchos departamentos alcanzan una cobertura del 100 % o muy cercana.

Esto se debe a un conjunto de esfuerzos por identificar a la población infantil no escolarizada, desde lo local con apoyo nacional, y a la generación de incentivos para vincularla, con el objeto de que se beneficien todos los actores del sistema, desde las secretarías y los colegios, con la mejora en cobertura y los incentivos positivos en jornadas como el Día E, hasta los estudiantes y sus familias al recibir alimentación escolar, entre otros.

Sin embargo, la deserción es aún un enorme reto, tal y como lo muestran las cifras de menos del 10 % de cobertura en algunos municipios para la educación media.

Esto significa que el Estado no logra garantizar la permanencia en las aulas, y que el trabajo infantil o la apatía hacia la educación están muy presentes y determinan las decisiones de las familias y los niños. Evitar la deserción es, entonces, uno de los retos más urgentes.

Otro de los retos es reducir varios tipos de desigualdades: público/privado

En materia de calidad, los resultados en las pruebas nacionales e internacionales también muestran avances, aunque no de manera homogénea. Como se mencionó, existen grandes diferencias regionales, así como sucede en la cobertura. Sin embargo, el asunto de la calidad es un tema más complejo que se ve afectado por múltiples factores que deben ser abordados por la política educativa, ya que no es posible ‘educar únicamente para los exámenes’ sean nacionales o internacionales. Algunos de los factores que deben abordarse para el mejoramiento de la calidad son:

 

  • La relación proporcional de número de docentes y estudiantes.
  • El apoyo necesario a la formación de los docentes.
  • El ambiente de aula y escolar en general.
  • Los materiales educativos y recursos de aula, bibliotecas, textos, entre otros.
  • La infraestructura disponible.
  • El acceso a tecnología.
  • La duración y distribución de la jornada, uso del tiempo.
  • La calidad de la información que reciben los estudiantes.
  • El tipo de habilidades que se promueven en ellos y con qué fundamentos.
  • Los métodos pedagógicos que utilizan sus docentes, entre muchos otros.

Finalmente, otro reto para tener en cuenta es la garantía de cobertura y calidad en las adaptaciones a estudiantes con discapacidad en cualquier colegio, público o privado, rural o urbano, para garantizar realmente el respeto al derecho a la educación para estos niños y jóvenes.

 

 

 

 

 

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