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#BlogOC: La dieta como un estilo de vida

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Por Julio Morales Daza

¿No les parece que las dietas, como las entendemos hoy, son como torturas autoinflingidas?, como si para adelgazar tuviéramos necesariamente que someternos a un ayuno extremo o a un régimen temporal de comidas desagradables como la quinua. Sí, la quinua. Esa vaina sabe a tierra y no hay poder humano que me convenza de lo contrario.

Creo que el ejercicio de adelgazar y mantener la línea es más de largo aliento que una cuestión de meses. Debo aclarar que no soy médico ni nutricionista, sino una persona que vio en la gente del sur de Europa un método que tiene más sentido y no es autodestructivo como las populares dietas de estas latitudes.

Paradójicamente este método también es una dieta, pero tiene el apellido de mediterránea. La palabra “dieta” viene del latín “diaeta”, y del griego “díaita”, que significan ‘régimen de vida’. Es así como los que practican la dieta mediterránea la ven: algo que los acompaña a lo largo de la vida y no un simple “tengo que adelgazar porque debo llegar flaco(a) al matrimonio de mi hermano”.

Los europeos del sur llevan siglos practicando este tipo de dieta, que incluye comer alimentos a base de vegetales, con pequeñas cantidades de carne de res o pollo, más porciones de granos, frutas, nueces, legumbres y comidas con altas cantidades de fibra. En su mayoría, reemplazan las carnes con pescados y mariscos típicos de la zona en la que viven, no sazonan mucho sus comidas, no tienen salsas y normalmente usan el aceite de oliva para cocinar.

Según el informe de la Organización Mundial de la Salud en 2018, España, Francia e Italia están dentro de los 10 países con mayor expectativa de vida, mientras que Grecia está en el puesto 23. En todos se puede esperar que las personas vivan entre los 80 y los 84 años. Colombia, por otro lado, está en el puesto 74 con un promedio de expectativa de vida 75 años. Si bien es cierto que estas estadísticas no se deben completamente al régimen alimenticio y de actividad física, sospecho que mejorar estos dos indicadores pueden tener una incidencia significativa en el aumento de esa cifra.

En una ciudad como Santa Marta (o en cualquiera de la costa atlántica), por ejemplo, no debería ser muy difícil implementar una dieta como la mediterránea porque tenemos todas las condiciones para tener alimentos muy parecidos, locales y saludables. En ese sentido, el verdadero reto no es tener acceso a ese tipo de comida sino instalar en la mentalidad de los samarios que una alimentación más sana, en conjunto con la actividad física y la restricción de malos hábitos como el tabaquismo, son la fórmula perfecta para mantenernos en nuestro peso ideal y dejar de hacerle daño a nuestros cuerpos en el largo plazo.

Imagínense empezar a comprar e incentivar productos cultivados, pescados o criados en los alrededores de nuestras ciudades, a comer alimentos de manera más balanceada, a hacer comidas más variadas, no solo para las ocasiones especiales, sino en la vida diaria, a la vez de hacer ejercicio y dejar los malos hábitos. Si esto llegase a pasar, eventualmente tendremos poblaciones más saludables en nuestras ciudades y menos locuras efímeras y colectivas como “la dieta de esto o la dieta de aquello”.

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