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 Cojan juicio

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Por Victor Rodríguez Fajardo

Hacer justicia en un Estado de derecho con actos fuera de la ley, coloca a quien la imparte en el nivel del acusado.

Existe un debido proceso en la investigación que se le adelanta al alcalde Rafael Martínez, donde presuntamente dio motivos para ser sancionado en procesos de contratación. Hasta ahí todo normal en Colombia donde no ha ordenador del gasto que no tenga más de un proceso.

La fiscalía, ente encargado de acusar y solicitar medidas cautelares al juez del caso, pide detención domiciliaria la cuál el juez concede. Normal dentro de las leyes actuales.

El acusado apela el fallo por considerar excesiva la medida y a más de un mes, el juez de segunda instancia aún no se pronuncia. Aunque es costumbre esta demora, comienza aquí la afectación del sistema democrático que perjudica a una ciudad de más de 600 mil habitantes.

En otro escenario y en paralelo, el grupo significativo de ciudadanos que inscribió a Rafael Márquez, envía al presidente Iván Duque la terna para reemplazar en ausencia del alcalde y mantener respeto por la decisión popular al haber elegido un programa de gobierno. Dicen los entendidos que el presidente contaba con 30 días para escoger de la terna, acto que aún no se surte con lo que se violenta el estado social de derecho y la voluntad del electorado.

Hay antecedentes como el caso de Cartagena y Pedrito que ha dado para que se presente denuncia contra el decreto presidencial, en similar caso al de Santa Marta.

Por encima de los intereses políticos partidistas, más allá de la guerra de poder de la izquierda la derecha, están los intereses de los ciudadanos que ven en un limbo la administración distrital. El vacío es evidente e imposible de darle continuidad a la gestión de gobierno ya en el remate de este gobierno.

Estamos a 6 meses de elegir un nuevo alcalde, y por el desarrollo de los acontecimientos, el escenario político está afectado y de seguro las consecuencias más que en el resultado electoral, la viviremos los samarios por el tiempo perdido.

Santa Marta, ciudad bendecida por sus bellezas naturales, ha criado generaciones creyendo que es natural vivir sin agua, sin energía eléctrica, sin acceso a salud y educación y con canibalismo entre los líderes que no han entendido que la gran tarea por hacer, es tendiendo puentes y aunando esfuerzos para ser competitivos y con sostenibilidad.

P.D. como una escena apocalíptica, en Santa Marta se reparte agua en tanquetas de la policía.

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