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“Por medio de las piernas puedes utilizar la cabeza, me dijo mi padre”

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En el marco de la celebración del Día de las Madres. Las historias de deportistas extraordinarios pueden estar ocultas entre cerros y montañas, donde sus logros se exponen al olvido o el anonimato. Santa Marta dio un cultivo importante de atletas que por falta de apoyo abandonaron las pistas, abortando una carrera que prometía grandes resultados.

Por: Gennys Álvarez Wianney

Patricia Flórez Díaz, nació en el seno de una familia humilde del barrio San Fernando, por su mente nunca estuvo el deporte pero era un talento que llevaba entre venas y músculos. Es la mayor de cuatro hermanas. Hoy se desempeña como enfermera superior de un hotel de la ciudad, egresada de la Universidad del Magdalena, con una especialización en Epidemiología. Se unió en matrimonio en el 2013, desde entonces formó su familia de la cual nació una niña. Mirando hacia atrás recuerda las jornadas de entrenamientos, lo kilómetros recorridos y las innumerables vicisitudes vividas por la pobreza y la falta de apoyo.

“Nadie pensó que de esas correndillas como toda niña de su edad, iba a surgir un talento para el atletismo, pues, uno como padre no se cansa de ver a su hijo correr” expresó Edgar Flórez, padre de Patricia quien recuerda que la visión deportista de un profesor de educación física pudo descubrir el diamante en bruto que tenía.

“Mi historia como deportista empezó a 8 años, siendo una niña sin experiencia en el deporte, participé en unos juegos intercolegiados representando a mi institución educativa, Liceo del Norte”, dijo la atleta quien hizo de esta participación un inicio en esta disciplina.
Lo que nunca pensaron era que de un viaje a Barranquilla representando a la ciudad de Santa Marta se afianzaría la elección por el atletismo. “Luego de la primera participación nacional, me conoció el entrenador Julio Benavides, quien descubrió que tenía talento por lo que le propuso a mis padres empezar un proceso de entrenamiento en las canchas del estadio Eduardo Santos” indicó Wianney, quien a su edad apenas estaba dejando las muñecas. De esta forma para la familia Flórez Díaz empezaban las disyuntivas de vida, pues, tenían que decidir en ocasiones si comer bien o comprar los tenis, debido a que la situación económica no era la mejor.

“El colegio me apoyaba con los permisos para ir a entrenar porque las prácticas eran por las tardes, pero en consenso entre ms padres y el ‘profe’ Benavides decidieron que lo mejor era realzar mi rutinas por la mañana, a las que siempre me acompañaba mi papá quien se hizo tan cercano a los entrenadores que llegó a supervisar mi plan de trabajo, era un entrenador más (risas)” respondió Flórez Díaz.

El calvario apenas empezaba porque se venían competencias nacionales y de recursos económicos nada de nada. “Luego que Patricia empezó a mostrar resultados en las competencias, toqué las puertas de mucha gente a quien le enviaba un sobre con una carta en la que les pedía la colaboración para tener con qué apoyarla, pues las fuerzas no nos daban. En ocasiones no teníamos cómo darle un buen desayuno luego de entrenar, pero esto no la desmotivó” dijo Edgar.

“Fuimos a Turipaná, Pereira, Manizales y Bucaramanga representando a la liga de atletismo del Magdalena en donde por nuestro desempeño traíamos medallas. Por mi esfuerzo en cada competencia buscaba ocupar los primeros puestos, casi nunca salía de los primeros lugares”, recuerda Patricia al reconocer que toda su secundaria fue entregada al deporte, sus entrenamientos se manutuvieron en horas de la mañana como un bloque aparte del resto de deportista de la liga.

Al acercarse el final de sus estudios en el colegio debía decidir qué iba a realizar en su vida, y fue Julio Benavides quien alentó a la atleta a conseguir la superación profesional utilizando el deporte como una forma de puente. “Mi familia no tenía los medios para que yo ingresara a una universidad, por más que lo quisiera, pero el entrenador le inculcó a mi papá que en la Universidad del Magdalena podía ingresar como bachiller deportista, ahí fue cuando me dijo que por medio de las piernas podía utilizar la cabeza, queriendo decir que mi esfuerzo deportivo me aseguraba un lugar en la academia”.

El apoyo familiar hizo del atletismo una opción fundamental para Patricia, su madre Clara Díaz le atribuye el éxito en sus competencias a la ayuda emocional que recibió desde temprano: “Gracias a Dios esta familia ha sido muy unida y nuestro apoyo moral fue la mejor ayuda que ella pudo recibir. La acompañábamos en todos lados, tanto que hicimos grandes esfuerzos para brindarle una nutrición balanceada. La Providencia Divina no nos dejó aun cuando nos tocaba elegir entre comer o el sueño de ‘Pato’ (como cariñosamente la llaman)”.

El proceso de admisión a la universidad no fue fácil, cuenta Patricia que el esfuerzo de sus papás y entrenadores tuvo su primer impase, ya que a la primera oportunidad no pasó en el plantel educativo, eso la obligó a prepararse de mejor forma para la próxima, en donde sí logró entrar. Pero en la transición hacia el alma mater departamental, Julio Benavides se vio impedido para continuar ejerciendo su acompañamiento por lo que asumió esta tarea la entrenadora Leonor Santana, quien la preparó para obtener mayor velocidad en los 400, 800 y 1.500 metros planos.

Al entrar en la universidad con cupo y beca especial por ser deportista debía posicionar este deporte entre las disciplinas representativas del plantel puesto que hasta ese momento solo era reconocido deportista de alto rendimiento los jugadores de futbol.

“La entrada a la universidad me exigió mucho más, pues todas las puertas estaban cerradas para sacar este deporte de esas cuatro paredes. La inversión para nosotros era bastan escasas” manifiesta Patricia, y continuó “recuerdo una vez que hasta mi papá le tocó apostar mi beca para que la universidad creyera no solo en mí sino en otros chicos que estaban en la misma condición. Mi papá dijo en Bienestar Universitario que si nuestra delegación no traía una medalla que mi beca se la cediera a otro. Pero para sorpresa fuimos y nos trajimos 3 medallas, 2 de oro una de las cuales fue mía y 1 de bronce. Ahí las puertas se abrieron para el atletismo”, “aposté, porque sabía lo que tenía” completó el padre de Patricia.

De esta forma Patricia Flórez se empezó a mostrar como deportista de la Universidad del Magdalena lo que la llevó a representar a la institución en instancias nacionales, desde donde se trajo más medallas. Bogotá, Medellín, fueron sus pistas. Pero Durante este tiempo no tuvo acompañamiento técnico por parte de la liga del departamento por lo que ya no pertenecía a ella, entonces su padre tomó el papel de entrenador.

El cambio de rectoría en la Universidad no favoreció a Patricia, la administración de Carlos Caicedo había impulsado su carrera de atleta y al acabar esta política todo volvió al principio en donde conseguir apoyo para esta disciplina era casi imposible, por lo que optó por dejar un lado las pistas y sacar adelante sus estudios en enfermería.

“Me tocó ir dejando poco a poco esta carrera que para mí fue emocionante. Significaba desprenderme de mi niñez y de todo lo que a través del atletismo conseguí. Al octavo semestre dije adiós al deporte, entonces comprendí lo que me dijo mi padre, por mis piernas conseguí graduarme”, agregó Flórez Díaz, a lo que a su vez su madre agregó “Si ella hubiese mantenido el ritmo que llevaba, hoy estuviera nombrada entre las atletas más importantes del país”.

Patricia aunque retirada en el deporte con 32 años de edad no escatima esfuerzos para alentar a atletas que como ella hicieron de la pobreza su mayor reto.

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