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¿Cómo fue pensada?

Opinión Caribe

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La capital del Magdalena desde sus comienzos no fue bien pensada, ello, se refleja en su desorganización actual. Sin embargo, tiene desafíos que enfrentar de cara a una vocación que no parece estar totalmente definida.

Daniela Pirela Wisman

De acuerdo con la docente e investigadora de la Universidad del Magdalena, Luz Helena Díaz Rocca, para conocer y entender los fenómenos sociales y urbanísticos de Santa Marta, se debe empezar por analizar la trayectoria histórica de la ciudad. “Cuando conocemos nuestra historia, sabemos nuestro presente y nos proyectamos hacia el futuro”.

Desde la Colonia, el Puerto de Santa Marta fue uno de los principales del país. En el siglo XX el banano se convirtió en el producto principal de exportación y con esta base se desarrolló y creció el territorio. Luego de 1950 a 1970 la economía de Santa Marta se diversificó, porque, además del Puerto y el banano, surgió el turismo gracias a que se construyó la carretera hacia el balneario El Rodadero.

En el año 1957 se construyó el hotel Tamacá y a partir de la mejora en la conexión del interior del país con la ciudad se impulsó a este balneario, pero sin ninguna planificación. “Desde siempre ha tenido problemas con los servicios de acueducto y alcantarillado, además, con la construcción del hotel Tamacá se pensó que iban a llegar de manera espontánea inversionistas que quisieran explotar el turismo a través de hotelería, pero no ocurrió así, en su lugar se dio el desarrollo de una urbanización de propiedad horizontal, es decir, de apartamentos, y esto marcó el desarrollo turístico de la ciudad”, explicó la investigadora Luz Díaz.

Con la construcción de los grandes edificios de apartamentos surgió la parahotelería, personas que pensaban que era interesante tener un apartamento en El Rodadero, lo adquirían como inversión y en las épocas de temporada lo rentaban. Lo que produjo, de la mano de la falta de planeación de este balneario, un turismo de baja calidad, informal y estacional. Un turismo que solo se limita al periodo de vacaciones nacionales, causando informalidad en la economía y cuando esto sucede, no se recaudan los suficientes impuestos para el desarrollo de la ciudad.

Llegó la bonanza marimbera y se redujo el crecimiento urbanístico o la burbuja inmobiliaria, hubo inseguridad, “quienes tenemos un poco más de cuatro décadas nos acordamos de la pelea entre las familias guajiras de apellidos Cárdenas y Valdeblanquez, la ciudad se volvió supremamente insegura”, señala la investigadora de la Unimagdalena. Aparecieron, además, cultivos ilícitos, el tráfico de cocaína, grupos armados, violencia y el flujo poblacional.

Entre los años 1980 y 1990 se marca una huella de lo que hoy es Santa Marta, surge un conflicto entre el puerto carbonífero y el turismo. A partir del desarrollo de la explotación carbonífera de La Guajira y el César, el Puerto de Santa Marta se vuelve un puerto de carbón y empiezan los conflictos de intereses en materia turística, que aún se mantienen.

En 1988 se dio la elección popular de alcaldes, con esto surgió la esperanza de que la ciudad se desarrollara a partir de la autonomía de sus autoridades locales, pero entre los años 1999 y 2004, esas esperanzas se fueron diluyendo en el tiempo. “Los alcaldes elegidos fueron destituidos y se produjo una inestabilidad política, porque un alcalde que solo gobierna uno o dos años no puede hacer una buena planeación de su territorio. Se presentó una insolvencia fiscal y funcional por el mal manejo de los recursos, cuando un municipio o departamento cae en Ley 550, la prioridad es pagar la deuda y se detiene la inversión social y de infraestructura”, precisa la docente Luz Díaz.

En los años 2000 y 2008 se intensificó el desplazamiento forzoso debido a la disputa entre grupos armados locales y autodefensas en el resto del país; se produce el desplazamiento que se detiene un poco en 2008, pero sigue su marcha inexorable hasta hoy.

En palabras de la docente e investigadora, Santa Marta tiene una lucha para identificar su verdadera vocación. “La ciudad no ha sido pensada, simplemente se van aprovechando las oportunidades, por ejemplo, llegan recursos para hacer una carretera y se hace, pero no porque se haya planificado.

¿UNA CIUDAD SOSTENIBLE?

De acuerdo con Gobiernos Locales por la Sostenibilidad, Iclei (por sus siglas en inglés), una ciudad es sostenible cuando “ofrece servicios ambientales, sociales y económicos básicos a todos los miembros de la comunidad sin poner en peligro la viabilidad de los entornos naturales, construidos y sociales de los que depende el ofrecimiento de estos servicios”. Partiendo de esta afirmación, ¿será Santa Marta una ciudad sostenible?

Según cifras de la Superintendencia de Servicios Públicos y del Departamento Nacional de Planeación, DNP, la cobertura de acueducto en Santa Marta es del 83 por ciento y alcantarillado sanitario del 76 por ciento. Asimismo, la cobertura del alcantarillado pluvial es del 19 por ciento y lo más importante, las pérdidas del agua son del 58 por ciento, lo cual indica que hay un problema de deficiencia en el manejo del acueducto y esto hace que exista un contaste desabastecimiento del preciado líquido en los hogares samarios y año tras año se repita la crisis.

“Si se compara a Santa Marta con Montería, esta última tiene una cobertura de acueducto del 99 por ciento y el alcantarillado del 90 por ciento, de acuerdo con el DNP. De igual forma, si se compara con Palmira, la diferencia también notoria, puesto que, en acueducto presenta una cobertura del 100 por ciento y en alcantarillado es del 99 por ciento”, señaló la docente e investigadora de la Unimagdalena, Luz Díaz Rocca.

Además de tener una cobertura relativamente baja debido a que no hay redes de acueducto en varios sectores, en los últimos años la ciudad padece de desabastecimiento de agua. En las épocas de lluvia, hay una demanda de 2.314 litros por segundo al día y una oferta de 1.584 litros por segundo, dándose así, un déficit de 730 litros por segundo al día.

En las épocas de sequía la situación se torna peor, porque la demanda es mucho mayor y la oferta mucho más baja, y esta época coincide con las temporadas vacacionales o turísticas. 2.387 litros por segundo al día es la demanda de agua y la oferta es de 1.120, por tanto, hay un déficit de 1.268 litros por segundo al día durante la sequía.

“Todos los que vivimos aquí sufrimos por esta situación, el cambio climático nos está afectando. De acuerdo con el Ideam esto será peor, las fuentes de agua que abastecen al acueducto dependen de las lluvias y como consecuencia del cambio climático, las precipitaciones disminuirán en un 30 o 40 por ciento. Este es un reto enorme para la ciudad”, puntualizó la docente Luz Díaz.

De igual forma, agrega, que una ciudad es sostenible cuando las aguas que toma de la naturaleza las devuelven en las mismas condiciones de calidad, en este sentido, Santa Marta no es una ciudad sostenible, teniendo en cuenta que, desde el año 2000 cuenta con un emisario submarino como método de disposición final de las aguas servidas, por causa de la baja cobertura del alcantarillado y la carencia de un sistema de alcantarillado pluvial hace que cuando llueva se rebosen las alcantarillas y las aguas servidas vayan a parar al mar, devolviendo en malas condiciones las aguas que son tomadas de la naturaleza.

Con la construcción del Tamacá se pensó que iban a llegar inversionistas para explotar el turismo a través de hotelería, pero no ocurrió así.

Por otro lado, en cuanto al manejo de las basuras, históricamente Santa Marta ha sufrido con varios problemas. Entre 1964 y 2004 no se realizaba ningún tipo de manejo y los residuos se encontraban a cielo abierto en el botadero de Veracruz, estos producían gases, lixiviados que se vertían en un acuífero (quebrada de La Mojada) y los suelos no eran los adecuados para la operación de un relleno sanitario. Después, se habilitó el relleno sanitario de Palangana, sin embargo, en 2018, fue sancionada Interaseo por ser responsable del vertimiento de lixiviados provenientes del relleno de Palangana a las aguas superficiales de la represa Los Fundadores.

Igualmente, en cuanto a la construcción de viviendas y edificaciones, no ha habido control en Santa Marta, puesto que, hay infraestructuras cercanas a la zona costera y son vulnerables frente a fenómenos como el aumento del nivel del mar por efectos del cambio climático que pueden debilitar su estructura y colapsar sistemas sépticos u otros servicios públicos existentes.

“Si se hubiese hecho una planificación previa, las zonas de bajamar no se hubieran urbanizado, además, hay viviendas que no respetaron la ronda hidráulica que es de 30 metros y se levantaron alrededor de lagunas costeras. Por ejemplo, Pozos Colorados no tiene alcantarillado, manejan pozas sépticas, por tanto, se produce una filtración hacia las aguas de las lagunas provocando un problema de contaminación, pérdida de biodiversidad y de calidad del agua”.

A raíz del desplazamiento, se produjo un flujo poblacional y se ocuparon los cerros de la ciudad. Según el Plan de Ordenamiento Territorial, POT, son zonas de protección con cota mayor a 40 metros sobre el nivel del mar, es decir, el 22 por ciento del total de los cerros del casco urbano y los asentamientos humanos que cubren el área de invasión que suman 242.8 hectáreas equivalen al 13.5 por ciento de las áreas protegidas de los cerros. “Estos datos son de 2003 y no tenemos información de lo que sucede hoy, pero es evidente que ha aumentado el número de pobladores en los cerros, así como los invasores de las rondas hídricas, los que están en riesgo”.

Por falta de planeación se ha perdido la bahía de Santa Marta, “en los años 50 se decía que era una de las más bellas del mundo, pero hoy la hemos perdido, debido a que se construyó la marina, lo que produjo erosión costera y la desaparición de la playa, además, tenemos el puerto de carbón que contamina el aire y las aguas marinas. Esta playa ha perdido calidad ambiental para el turismo”, señaló Luz Díaz, docente de la Unimagdalena.

Asimismo, la educación es importante para cerrar las brechas entre sectores sociales, y en Santa Marta hay una gran diferencia entre la calidad de los colegios oficiales frente a los privados.

Todas estas situaciones han hecho que Santa Marta tenga en relación con el nivel nacional, indicadores poco favorables que inciden en que la pobreza sea mucho mayor que el nivel nacional. “El Gobierno es el protagonista de todo lo que está sucediendo en Santa Marta, tenemos el POT, los planes parciales, las curadurías urbanas, la Dimar, el Gobierno Distrital y el control urbano, pero el POT de Santa Marta vigente es del 2000; hay una nueva versión, pero está en proceso de aprobación, pero se tardó mucho en ser actualizado, además, existen vacíos en las instituciones, porque, una norma es eficaz cuando existe capacidad de hacerla cumplir, de lo contrario, se dan ciertos incentivos con el fin de violar la ley.

PROBLEMAS SOCIALES Y DESAFÍOS

Alfredo Bateman, director de UrbanPro, una corporación de gestión urbana para el desarrollo, cuyo objeto es incidir en la capacidad de las ciudades para gestionar su desarrollo, señaló, que Santa Marta ha acumulado desde hace años una serie de problemas sociales tanto en pobreza como en desigualdad de ingresos que tienen que ver con la incompatibilidad o la inconsistencia de lo que es su vocación productiva.

“La vocación de Santa Marta gira en torno a la actividad económica derivada del aprovechamiento de riqueza natural de los entornos, sus playas, sus ríos que bajan de la Sierra Nevada y la Ciénaga Grande. Son una serie de atractivos naturales que le dan a la ciudad una vocación turística, pero es un turismo de playa y naturaleza que ha venido creciendo y no ha podido ser aprovechado adecuadamente por los mismos samarios”.

Añadió, que en la ciudad se deben desarrollar una serie de emprendimientos que ayuden a que los samarios deriven un ingreso adecuado de la actividad turística, teniendo en cuenta que, en la actualidad, el turismo está envuelto en la economía del rebusque y la informalidad, tanto en la infraestructura hotelera como en las actividades económicas que se dinamizan. “Podría ser un turismo de mucho más valor agregado y que le permita al visitante dejar más parte de sus ingresos circulando en la economía de la ciudad, este es un gran desafío”.

En Santa Marta se toman decisiones que van en contra de la sostenibilidad, por ejemplo, el cargue del carbón a cielo abierto sin ningún tipo de protección, lo cual redunda en un deterioro ambiental. “Se debe hacer un llamado a construir la vocación a largo plazo y articular a la universidad con la empresa privada y el Estado. Esto hace falta en la ciudad, las disputas políticas han evitado que se tenga una visión en la que todos los actores halen hacia el mismo lado y los empresarios no son conscientes de que el futuro de la ciudad y de sus negocios depende de esa articulación, si no, no vamos a avanzar de manera adecuada”, puntualizó Alfredo Bateman, director de UrbanPro.

La carencia de alcantarillado pluvial hace que cuando llueva se rebosen las alcantarillas y las aguas vayan al mar.

PROFUNDAS BRECHAS

Francisco García Rentería, exsecretario de Planeación Distrital, afirma, que en Santa Marta hay profundas brechas de desarrollo social que afectan la calidad de vida y el medio ambiente y la sostenibilidad de la ciudad. Esas profundas brechas parten de muchos rasgos de vulnerabilidad que tiene la población, “en proporción con otras ciudades tenemos muchas desventajas de organización y población del territorio. Hay brechas demográficas por la llegada de desplazados y hoy, con la llegada de los migrantes venezolanos se agudizan aún más los problemas que ya padecemos en Santa Marta”.

De igual manera, precisó, que en Santa Marta no se organizaron bien las ideas, “no hicimos una buena lectura de nuestro territorio y no planeamos la ciudad hacia el futuro, este es uno de los grandes problemas. Tenemos un puerto, un aeropuerto, una cárcel, un batallón, una empresa petrolera y cementerios mal ubicados, algunos de estos en el centro de la ciudad y de haber pensado eso en el pasado, hoy tendríamos una mejor urbe. Todavía se puede hacer mucho para frenar esa tendencia hacia el deterioro que trae la urbanización de la ciudad y potenciar verdaderamente la sostenibilidad”.

En Santa Marta hay una profunda contradicción en la forma como se ha pensado y desarrollado, señala el exsecretario de Planeación Distrital, “no puede ser que hoy se venda el metro cuadrado en $20 millones de pesos; en otras zonas a $7 millones y no tienen ni siquiera solución definitiva para la provisión de servicios públicos, es un problema que debemos solucionar y no se puede postergar”.

Agrega, además, que espera que con el nuevo POT, todo pueda solucionarse. Se presenta otro problema, se vende un metro cuadrado costoso para segunda vivienda, apartamentos que solo prenden sus luces en temporadas y hay un déficit estructural de 40 mil viviendas, aproximadamente, “hasta hace poco nos hemos preocupado por ese problema, debido a ello, Ciudad Equidad quedara desconectada de la ciudad, es lamentable, que la tierra para vivienda de interés social y prioritario esté después de la línea férrea, el tren en lugar de cohesionar la ciudad y servir para su ordenamiento y potenciar su competitividad tiene el efecto de dividir a la ciudad en dos, entre una ciudad más formal y una ciudad para los pobres”.

El exfuncionario Distrital precisó, que aun cuando en la ciudad haya agua en los ríos y llegue a las fuentes y plantas de tratamiento, hay cerca de 150 mil samarios a quienes no les llega el preciado líquido, porque no tienen redes conectadas, “debemos ponernos de acuerdo como ciudad para saber cómo vamos a solucionar el problema. A estas alturas, Santa Marta después de pagar cerca de 12 mil millones de pesos en estudios y eliminar a la mala concesión que teníamos y que nos obligaba a tener el metro cúbico de agua más caro, estemos hablando de que debemos hacer más estudios”.

SANTA MARTA DEBE REDIRIGIRSE

De acuerdo con Sandra Vilardy, bióloga marina, doctora en Ecología y Medio Ambiente, Santa Marta tiene retos de cara no solo al posacuerdo y la migración, sino también a los efectos del cambio climático. “Debemos reflexionar en como la ciudad se están pensando para readaptarse y redirigirse porque la situación actual no es satisfactoria, es preocupante”.

Asimismo, que existe la necesidad y la urgencia del POT como un instrumento para articularlo con situaciones reales, “el documento en este momento está en conciliación con la autoridad ambiental, y este realmente contiene información técnica muy poderosa y datos importantes para la ciudad, además, samarios requieren un instrumento actualizado”.

Por otro lado, señala, que la ciudadanía debe participar mucho más activamente en los procesos y presionar para que se socialicen y lleven a cabo con celeridad. “Nos hace falta licencia social, hemos tenido la mala costumbre de estar a espaldas de los procesos. Hay problemas económicos que no se informan debidamente, las entidades cumplen con procedimientos básicos que piden las autoridades, pero no se habla abiertamente de los proyectos y este es el caso del Puerto de las Américas; es perentorio, que los impulsores de este proyecto sean explícitos en dar la información para que se ganen la licencia social”.

La bióloga marina Sandra Vilardy, precisó, que, si en Santa Marta no hay una sociedad activa, la dimensión de invisibilidad de lo que está pasando es mayor en el departamento del Magdalena. “Nosotros seguimos como en el siglo XIX, abordando problemas que otras ciudades superaron en ese siglo, como es el caso del agua. Eso nos pasa en nuestra ciudad capital, en nuestro departamento y en la zona rural es mucho peor, no nos lo merecemos. Somos un departamento rico, con gente maravillosa, pero sumidos en unos niveles de inequidad y pobreza que deben resolverse de una forma moderna con acceso a la información y participación ciudadana”.

Santa Marta no fue pensada, puntualizó Sandra Vilardy, “seguimos con una fracturación de las visiones de la ciudad y seguimos en una tensión entre una ciudad turística, portuaria o industrial que no hemos logrado resolver, porque no se han dado espacios de apertura, diálogo y construcción colectiva. Se nos agota el tiempo, el cambio climático ya está aquí, la extinción de especies también y la mayor evidencia de ellos está en el agua”.

ANALIZAR Y RECAPACITAR

Sectores que no tienen alcantarillado provocan contaminación, pérdida de biodiversidad y de calidad del agua.

Gerardo Ardila Calderón, antropólogo, doctor en Ecología Humana y coordinador del Foro Nacional Ambiental, FNA, junto a la organización Friedrich Ebert Stiftung Colombia, Fescol, asegura, que “es el momento de mirarnos a nosotros mismos y recapacitar en que la ciudad no esta tan bien como algunos piensan, hay problemas que son necesarios superar. Para identificar cómo fue pensada Santa Marta desde sus inicios, es importante remontarse a la historia, conocer todos aquellos sucesos por lo que pasó la sociedad samaria para ser lo que hoy es”.

Por otro lado, Santa Marta casi cumple 500 años “y lo que se ha hecho es destruir lo bello y lo bueno que tenemos. No hay paz mientras exista desigualdad y las personas no tengan acceso a los servicios básicos”. Son muchos los retos a los que debe enfrentarse la ciudad de cara al cambio climático y el posacuerdo. El crecimiento en el número de sus habitantes ha ampliado la demanda de los servicios públicos básicos.

Sin embargo, no es un secreto que desde sus inicios la ciudad no fue pensada, la falta de planificación y ordenamiento del territorio hoy pasan una costosa factura y a pesar de esto, el POT aún no está actualizado y desde la Secretaría de Planeación Distrital no se conoce la fecha en la que los samarios podrán hacer uso de este como hoja de ruta del crecimiento de la ciudad.

Como señala la bióloga Sandra Vilardy, se acaba el tiempo y parece que la sociedad continúa dormida ante las problemáticas sociales, educativas, ambientales, entre otras por las que atraviesa, hace falta licencia social, socialización de los proyectos, desarrollo de un tejido participativo y voluntad para alcanzar los retos que tiene la ciudad en el camino que recorre para lograr ser un territorio mejor planificado. Es imprescindible la carta de navegación, imposible de trazarse sin anclaje y sin una identidad, saber quién se es, hacia dónde se va y qué se quiere.

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