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Educar con excelencia

Opinión Caribe

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Es claro que un país desarrollado y socialmente justo, es aquel donde la educación pública prevalece sobre la privada, es excelente, accesible a todos y disminuye las desigualdades. Contamos nosotros con un sistema educativo obsoleto, decimonónico, una educación pública deficiente que genera desigualdades enormes entre quienes pueden pagarla y asistir a escuelas privadas y quienes no y, como consecuencia, caen en el sistema educativo público, altamente incompleto, lejos de entender que el aprendizaje sea una actividad placentera, creativa e innovadora. 

Ideal fuera que pudiésemos pasar de una educación soportada en atrasados sistemas a una basada en ideas y métodos educativos vanguardistas que ayuden a disminuir en verdad las desigualdades entre sus habitantes. Esto nos hace pensar que a mayor cantidad de alumnos en escuelas de excelencia donde exista un verdadero acceso a la mejor educación para todos, mayor es la justicia social y desarrollo de un país. En los países subdesarrollados, la injusticia social y la diferencia entre clases es evidentemente superlativa. 

Pero no es suficiente tener educación si no es de excelencia, debido a que de esta forma solo sacan provecho los estudiantes provenientes de estratos sociales con privilegios económicos que puedan darse el lujo de pagar escuelas privadas de excelencia. Esto, además de reproducir desigualdad a través de las generaciones, debilita el tejido social de un ente territorial. Como ciudad, departamento y sociedad todavía, considero yo, estamos a tiempo de cambiar, lo que implica exigir una educación de excelencia y moderna para todos, cerrando la brecha de logros entre los estudiantes más ricos y más pobres, y convertirnos en un ejemplo de éxito educativo contemporáneo. 

Educar con excelencia entraña la necesidad de potencializar integralmente todas y cada una de las capacidades del ser humano para realizar desde su interior la transformación de la sociedad y su aporte significativo a construir un entorno más humano y feliz, debiéndose trabajar simultáneamente tanto para las necesidades de la época con elementos diferenciadores, pues no es suficiente formar estudiantes con capacidades y conocimientos; sino seres humanos autónomos identificados plenamente con su realidad, lo que les permitirá desenvolverse y participar activamente en ella con saberes pertinentes y contextualizados. 

Es lograr el mejor resultado para cada persona, con miras a provocar transformaciones que impidan todo sesgo de fracaso, en el entendido que formar en la excelencia es potenciar la capacidad del ser humano de ser para los demás, desde el ser consciente, competente y comprometido en valores, como la solidaridad y la justicia social en ruta a ser agentes de cambio en la construcción de una sociedad mejor equilibrada entre la naturaleza y la condición humana centrada en la persona y en la excelencia en su acepción más correcta.

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