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Hasta las murallas de La Heroica

Opinión Caribe

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El pasado 7 de agosto se cumplieron 200 años de la Batalla de Boyacá. Sin embargo, en el Caribe hace 198 años, un 10 de octubre de 1821 se dio la liberación definitiva del Puerto de Cartagena, una fecha que marca el rompimiento de las cadenas españolas, el renacer de un Caribe libre y que ha sido olvidada en la historiografía que se definió durante años como nacional.

Marcela Escandón

INDEPENDENCIA DEL CARIBE COLOMBIANO

De acuerdo con información del Banco de la Republica, de la autoría de la doctora en Ciencias Jurídicas e Historiadora, Adelaida Sourdis Nájera, después de la Batalla de Boyacá, Simón Bolívar centró sus ojos hacia la liberación de la región Caribe, y su coterráneo el general Mariano Montilla, estuvo al mando. La ofensiva fue organizada en tres frentes: el primero a cargo del mismo Montilla, quien invadió la Costa desde la isla de Margarita.

El segundo estuvo dirigido por los jóvenes granadinos tenientes coroneles José María Córdoba, libertador de Antioquia y Hermógenes Maza, veterano de San Mateo, ocupó el bajo Magdalena y las sabanas de Corozal. Y el tercero fue comandado por los coroneles Jacinto Lara y José María Carreño, venezolanos que habían luchado con Bolívar en la campaña de 1818 en su país, invadió la provincia de Santa Marta por la vía de Ocaña.

En las llanuras del Caribe, en las provincias de Cartagena, Santa Marta y Riohacha, el proceso tuvo especiales características. El proceso a favor y en contra de la independencia se dio en las ciudades, bien pequeñas, por cierto. Las provincias eran vastas extensiones de costa, llanura, montañas y bosque húmedo tropical escasamente pobladas, en donde lo urbano primaba sobre lo rural, en medio de condiciones de vida dominadas por los elementos de la naturaleza. La vida giraba en torno a las urbes que jalonaban la actividad económica y social manejada por la encumbrada casta de blancos criollos y peninsulares, pues la posición social y los bienes económicos estaban unidos a la limpieza de sangre.

La independencia se gestó en Cartagena, en donde nació el segundo Estado soberano de América, después de Caracas, y en Santa Marta se organizó la resistencia realista por los partidarios de la monarquía española. Riohacha, la más pequeña de las tres secciones, siguió casi hasta el último momento el derrotero trazado por Santa Marta.

EL 7 DE AGOSTO DE 1819: EL INICIO DE LOS HECHOS

Los lazos con España venían rompiéndose desde varios años antes. La revuelta de Los Comuneros en Socorro y otras localidades (1781) mostró la generalizada inconformidad con algunas medidas económicas del reformismo borbón. A esto se sumó la crisis interna española derivada de la invasión napoleónica a la península Ibérica. En 1810 empiezan a crearse las juntas: a Caracas le sigue Cartagena y luego Bogotá el 20 de julio del mismo año. Pero, contrario a lo que comúnmente se cree, estas juntas no buscaban desconocer el poder español y juraban fidelidad al cautivo rey Fernando VII. Entonces, si estas juntas lo que querían era oponerse a la invasión napoleónica y no al rey español, ¿cómo terminaron siendo precursoras de la independencia?

“Hasta cierto punto, esta desunión política era inevitable. Sin duda, ninguna otra región de América española enfrentaba tantas dificultades (tantos obstáculos de transporte y comunicaciones por kilómetro cuadrado) como la Nueva Granada, con una población esparcida en núcleos aislados en las cordilleras andinas, para no mencionar los asentamientos de la costa. De esa manera, la separación geográfica vino a reforzar todas las diferencias socioeconómicas básicas que existían entre las grandes regiones; el resultado fue un agudo regionalismo que complicó enormemente los primeros intentos de organización política”.

Es así como estas juntas luchan entre sí. La Provincia de Cundinamarca, liderada por Antonio Nariño, se oponía a las Provincias Unidas de la Nueva Granada, que habían sido creadas en 1811 y que se tomaron la capital Santafé, gracias a Simón Bolívar, exiliado hacía poco desde Venezuela. Es así como inician las guerras civiles, las juntas una por una van cortando sus lazos con España y arranca el periodo mal llamado ‘La Patria Boba’. La multiplicidad de juntas, la falta de hegemonía de Santafé (hoy Bogotá), el vacío de poder español, las diversas influencias ideológicas extranjeras, la profunda fragmentación regional, las escasas vías de comunicación, los problemas locales de menor escala como rivalidades familiares y personales. Todos estos factores que se habían conjugado no solo para la ruptura con España, sino para la fragmentación interna en la naciente república.

Después de una serie de reformas como la eliminación de impuestos coloniales impopulares, el desmonte de los resguardos y otras medidas que favorecían los intereses de la clase alta criolla, el periodo de la ‘Patria Boba’ culmina con la Reconquista de España. Pablo Morillo y sus hombres restauraron la Inquisición, diezmaron las inexpertas tropas patriotas e instauraron el gobierno español en Bogotá en 1816.

Ese mismo año, Simón Bolívar había regresado de las islas del Caribe y se convirtió en la principal figura del movimiento de intelectuales criollos en contra de españoles. Tres años después, el venezolano dirigió su campaña libertadora hacia la Nueva Granada, atravesando los llanos orientales inundados y escalando los Andes acompañado de venezolanos, neogranadinos y voluntarios europeos se enfrentó a los españoles. Entre Tunja y Bogotá, en un pequeño puente sobre el río Teatinos, se enfrentaron cerca de 3.000 patriotas contra 3.000 realistas, obteniendo los primeros la victoria. La batalla no fue espectacular en términos militares, pero significó la conquista de Bogotá, la capital, tres días después, por parte de Bolívar y sus hombres. Después de esto, Bolívar se comprometió con la toma de la costa Caribe, encargando una campaña que llegó a Riohacha, luego a Valledupar, Sabanilla, Barranquilla, Soledad y, finalmente, a Santa Marta y Cartagena en 1820. Después de casi un año, el último gobernador español sale de Cartagena, el 10 de octubre de 1821.

¿CÓMO SE HA INTERPRETADO? ¿CUÁLES SON LOS PRINCIPALES MITOS EN TORNO A LA BATALLA DE BOYACÁ?

Es el nacimiento del Estado y la nación colombiana. FALSO. Las identidades seguían siendo principalmente regionales. Además, el Estado estaba endeudado y quebrado, era extremadamente pequeño y no llegaba a todos los territorios. No todas las localidades abrazaron la causa de la independencia al mismo tiempo ni con el mismo interés. Ni siquiera en una misma región o población había consenso en ser realistas (estar a favor de los españoles) o independentistas. Numerosas rivalidades, incluso entre ciudades en una misma región -como Santa Marta contra Cartagena, Riohacha, Fundación y Valledupar; Ríonegro y Medellín contra Santafé de Antioquia; Ocaña contra Vélez, Girón o San Gil; Popayán contra Caloto, Cali y Buga; Tunja contra Sogamoso y Villa de Leyva; entre muchos otros-, determinarían la postura hacia la política nacional y posteriormente la pertenencia a uno de los partidos políticos, Liberal o Conservador. Serán estos partidos los que actuarán para cohesionar a la población, más que un sentimiento de pertenencia a la nación, se pertenecía a los partidos.

Implicó la consolidación de los liderazgos políticos. CIERTO. Los veteranos de las guerras de independencia fueron los caudillos regionales, protagonistas de la política colombiana durante la primera mitad del siglo XIX y parte de la segunda.

Se caracterizó por ser de los temibles españoles contra criollos y demás estratos sociales de la época, los cuales todos anhelaban la libertad. FALSO. Los ya mencionados enfrentamientos entre regiones y ciudades estuvieron acompañados de “conflictos internos, pues grupos indígenas, mestizos, negros y mulatos luchaban a favor de a causa realista en regiones como Pasto y Santa Marta, enfrentadas a los criollos de las ciudades de Cartagena, Popayán, Bogotá y Antioquia. Además, en las filas realistas no escaseaban tampoco los criollos (…) Para el conjunto de las élites regionales, federalistas o centralistas, era más importante la defensa de los intereses de las provincias que la construcción de un Estado nacional…”.

Significó el fin del poder colonial y la principal lucha por la independencia. PARCIALMENTE CIERTO. Cierra el proceso de Reconquista Española y significa el comienzo de una serie de victorias militares en el resto del continente. Sin embargo, no es un resultado automático la salida de los españoles del poder ni la creación de un Estado independiente y fuerte. Muchas instituciones políticas y económicas coloniales siguieron operando, así como las formas de socializar, normas y toda suerte de aspectos de la vida colonial se perpetuaron por décadas.

El fin de la mal llamada ‘Patria Boba’. FALSO. Las discusiones por el tipo de gobierno, las disputas regionales y la competencia política siguieron durante todo el siglo XIX y fueron, incluso, causa de numeras guerras civiles. Lejos de ser ‘bobos’, estos debates fueron fundamentales para el devenir histórico

Es el nacimiento del Ejército de Colombia. PARCIALMENTE CIERTO. Si bien ese mismo ejército continuó recorriendo la Nueva Granada y llegó hasta Ecuador y Venezuela, lo cierto es que este estaba lejos de la idea de un ejército regular, organizado y homogéneo. Por un lado, existían guerrillas patriotas (de las que hizo parte, por ejemplo, Policarpa Salavarrieta) y por otro, los soldados no eran entrenados militares, sino esclavos, pardos, libres de todos los colores, fugitivos, campesinos y personas de todas las regiones y clases sociales. El ejército regular, institucionalizado y profesional solo se establecería a comienzos de siglo XX.

¿QUÉ SIGNIFICADO DEBERÍA TENER HOY? UNA MIRADA REFLEXIVA SOBRE EL PASADO

Más que el nacimiento de una nación colombiana unida, libre y sin conflictos, lo que simboliza la Batalla de Boyacá es el comienzo de una difícil, pero interesante historia republicana. La Nueva Granada empezó a definir de manera interna su destino: sus impuestos, sus nombres oficiales, sus sistemas políticos, sus constituciones, sus obras públicas y, en especial, sus autoridades. La historia colombiana es una historia de encuentros y desencuentros entre lo local, lo regional y lo nacional. Es la historia de las guerras civiles y la violencia política, pero también de las elecciones casi ininterrumpidas y los valores republicanos. Es la historia de los caudillos y de las balas, pero también es la historia de la nación soñada, en palabras de Posada Carbó.

Aunque, de acuerdo con los datos proporcionados por el Banco de la Republica, de la autoría de la doctora en Ciencias Jurídicas e Historiadora, Adelaida Sourdis Nájera, el costo de la independencia fue catastrófico para Cartagena y su provincia.

Los hechos ocurridos significaron la destrucción de la economía, pérdida de su preeminencia geopolítica, empobrecimiento y la recesión económica que duró casi un siglo. La destrucción significó una caída dramática de su población. Perdió la mitad de sus habitantes y la casi totalidad de su clase dirigente, muerta durante el sitio, emigrada o sacrificada en los patíbulos de las autoridades realistas. De 18.708 personas que se calcularon para la ciudad en 1815, la población descendió, según el censo de 1835, a 11.929 personas y siguió disminuyendo durante el siglo. En 1905, Cartagena apenas albergaba a 9.681 personas.

Santa Marta no sufrió un castigo tan severo, sin embargo, su crecimiento se retrasó en comparación con otras provincias del país, aunque durante varios años superó a Cartagena como puerto hasta que cedió primacía a Barranquilla en los años finales del siglo XIX. Riohacha fue dos veces incendiada, quedó en una situación tan precaria que el gobierno tuvo que eximir a sus gentes de ciertos impuestos y auxiliarla con recursos para la reconstrucción de su iglesia.

En comparación con el resto del país, la región Caribe, organizada durante algunos años como el extenso Departamento del Magdalena -integrado por las antiguas provincias de Cartagena, Santa Marta y Riohacha-, sufrió un desplazamiento en cuanto a concentración de población, esto debe atribuirse, en buena parte, a la destrucción de Cartagena, su centro de poder, y ante estas situaciones, hoy la lucha por la independencia y el desarrollo Caribe continúa.

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