Connect with us

Edición impresa

Refugio del interno sin rumbo

Opinión Caribe

Published

on

El proceso de resocialización se convierte en un problema para la población carcelaria en Santa Marta, porque cuando un convicto sale de prisión se enfrenta a una realidad para la que muchas veces no está preparado, ni él, ni la sociedad que lo debe acoger. Razón suficiente para que se den las Casa Libertad.

Wendy López Picón

En los últimos años se ha hecho común ver en los medios de comunicación noticias acerca de la sobrepoblación carcelaria que se vive en Colombia, sobre todo, fenómenos como la reincidencia de reclusos en los delitos. Cuando un preso sale de la cárcel tras haber cumplido condena, inicia un proceso de reinserción para el cual, muchas veces, ni la sociedad ni él, están preparados; un complejo camino cuya meta es que la persona que ha delinquido y ha sido castigada por ello, obtenga las herramientas necesarias para reintegrarse a la sociedad.

“Muchas veces el interno sale sin oportunidades de conseguir trabajo, sin nadie que lo reciba, con un sello que lo estigmatiza de por vida; es otro desempleado más en medio de una crisis psicológica y económica”, asegura Germán Roldán, un expresidiario que hoy pretende cambiar la vida de los que se encuentran en su misma condición.

CONDICIONES INFLUYENTES

Las condiciones en las que viven las personas privadas de la libertad no ayudan a que haya una resocialización, pese a que la Constitución recoge como derecho fundamental que las penas privativas de libertad deben estar orientadas hacia la reeducación y reinserción social de las personas encarceladas. Pero, ¿hasta qué punto la reinserción laboral y social es una realidad? ¿De verdad se llega a conseguirla o simplemente se intenta?

La cárcel Distrital ‘Rodrigo de Bastidas’ de Santa Marta tiene capacidad para 314 personas, pero, hay 1.349 reclusos, incluyendo 63 reclusas, es decir, una sobrepoblación carcelaria de 1.098 personas. La cárcel de Santa Marta es una de los establecimientos carcelarios con mayor hacinamiento del país, lo que dificulta la reeducación y reinserción social por parte del Estado y los entes encargados. Según información brindada de manera extraoficial por un guardia del Inpec, el 20 % de los reclusos que ingresan por delitos de hurtos o por tráfico de estupefacientes son reincidentes cuando recobran la libertad.

CASA LIBERTAD

Ante esta problemática a nivel nacional y local, el Estado en 2015, a través de un convenio que suscribe el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, Inpec; el Ministerio de Justicia, Colsubsidio y la Fundación Teatro Interno, crean Casa Libertad con el objetivo de aunar esfuerzos para lograr la integración de las personas pospenadas a su vida social y familiar. Entendiendo por pospenado, a aquellas personas que han tenido una sentencia condenatoria en su contra y a quienes los antecedentes penales les dificultan su reintegración.

“De manera inicial lo planteamos en lo laboral, porque cuando una persona va a solicitar trabajo a una empresa lo primero que hace la entidad es verificar los antecedentes penales, y en la forma en la que en este país están reportados los antecedentes y las anotaciones es muy fácil que cualquier persona se entere de ese proceso y se le dificulte su vinculación laboral”, asegura la Oficial de Tratamiento, Sandra Calderón Lozano, encargada de la implementación nacional de Casa libertad.

El convenio de Casa Libertad que se suscribió con las cuatro entidades, tenía una vigencia inicial de 4 años; cuando llevaban 3, el Ministerio de Justicia, como ente regulador de la política pública, estableció la necesidad de crear una política de atención pospenitenciaria que permitiera crear casas libertad a nivel nacional.

Por ello, el Ministerio de Justicia planteó un borrador de lineamientos pospenitenciarios, con el ánimo de involucrar a los entes territoriales como las alcaldías en el funcionamiento de Casa Libertad. Por esta razón a partir del 11 de marzo de 2019 se vinculó al proceso de Casa Libertad Bogotá a la Alcaldía de Bogotá por intermedio de la Secretaría de Seguridad Convivencia y Justicia.

“Esta experiencia ha permitido conocer cuáles son las necesidades que tienen estas personas y entre entidades articularnos para brindar soluciones y hacer que estas personas puedan conseguir sus recursos de manera legal y no tengan la necesidad de delinquir”, manifiesta la oficial Calderón Lozano.

La Ley 65 establece que la casa del pospenado es un espacio para facilitar la reintegración del condenado a la familia y a la sociedad, pero la misma Ley 65 faculta al Inpec para que por intermedio de fundaciones o entidades terceras firmen convenios que atiendan a esta población. En Casa Libertad no son asistencialistas, es decir, no tienen hospedaje, ni alimentación, por lo contrario, va más allá del servicio pospenitenciario, integrar de manera efectiva a las personas a la sociedad.

UBICACIÓN DE LAS CASAS

Por el momento, la primera y única Casa Libertad está ubicada en Bogotá, a raíz del lineamiento que ha creado el Ministerio de Justicia para llegar a diferentes ciudades a nivel nacional, por lo que ya se han hecho algunos avances con la Gobernación del Atlántico y así construir una Casa Libertad en Barranquilla, al igual que con la Alcaldía de Medellín, Cali, Bucaramanga y Manizales.

“Por la coyuntura del año electoral, el cambio de administración lo ha dificultado un poco, porque los alcaldes no quieren asumir compromisos futuros, pero nuestra tarea en estos momentos es contarles a los entes territoriales las experiencias que hemos tenido aquí en Bogotá para facilitar la creación de casa libertades a nivel nacional”, agregó la Oficial.

En la nueva implementación de la Casa Libertad, una de las sugerencias que hace el Inpec al ente territorial y tiene el mismo como regla, es que el espacio físico destinado para esto, sea agradable, que no esté tan marcado en una zona diferente para que la gente solicite los servicios; que de alguna manera le permita al exconvicto camuflarse como un ciudadano normal, donde no se estigmatice a los pospenados.

PERSONAS BENEFICIADAS

En el registro del Inpec hay un total de 1.816 personas que han pasado por los servicios de Casa Libertad desde el 22 de julio de 2015. Estas personas tienen una clasificación de usuarios activos y usuarios en caso de cierre. 1.380 permanecen activas en los procesos de Casa Libertad; 436 con casos de cierre.

Una de las cosas importantes y para resaltar del programa es que, de esos 436 casos de cierre, solo 46 personas han reingresado al sistema penitenciario, “Casa Libertad no ha logrado que ellas no vuelvan a delinquir, pero sí consideramos que nuestro trabajo es un aporte importante para que cambien su forma de vida, para que puedan vivir en el marco de la legalidad”, asegura Sandra Calderón.

INFORMACIÓN A LOS INTERNOS

El Inpec tiene un programa llamado ‘Preparación para la libertad’, este va dirigido a los presos que están a menos de un año de recuperar su libertad; por instrucciones de la dirección nacional del país, todas las personas en las cárceles a nivel nacional que estén en la fase de recuperar la libertad deben entrar en el proceso de los servicios que se ofrecen en Casa Libertad para que ellos conozcan y una vez salgan tengan un sitio donde acudir, ser orientados y ayudados en ese proceso de reinserción a la vida civil.

CAPACITACIÓN A LA SOCIEDAD

En la nueva implementación de Casas Libertad en todo el país se viene el reto de sensibilizar a la sociedad y acercarla a la cárcel, “la sociedad debe darse cuenta que en la cárcel no solo hay personas culpables como el caso de la niña Samboní o como Garavito, sino que seres humanos que en algún momento de sus vidas cometieron un error, o que por X o Y circunstancia fueron a parar a una cárcel. Estigmatizamos y de una vez les ponemos el rótulo de Garavitos y no los queremos de vecinos”, enfatiza Sandra Calderón.

Por lo general, quienes van a Casa Libertad son personas que están cansadas de delinquir, que quieren cambiar su vida, salir adelante o simplemente por error llegaron a una cárcel y por los antecedentes penales se les dificulta reintegrarse.

En este momento, el Instituto reforma en servicio pospenitenciario y pretende dentro de los establecimientos carcelarios una oficina que se llame Oficina Libertad, que será la encargada de hacer el puente directo entre la persona y la Casa Libertad; suplir las necesidades primarias e inmediatas que tiene la persona al recobrar la libertad.

SANTA MARTA

En Santa Marta, el Inpec no ha logrado aún hablar con los entes gubernamentales para implementar la Casa Libertad, pero la Confraternidad Carcelaria del Magdalena quiere implementar una Casa del Pospenado con una razón social diferente a la de Casa Libertad, pero con un mismo objetivo, ayudar a los expresidiarios.

Por tanto, con el ánimo de mejorar las condiciones de vida de los reclusos y prepararlos para la libertad, nace la Confraternidad Carcelaria que cuenta con 30 voluntarios, entre ellos, Germán Roldán, un exconvicto, quien tiene el propósito de ayudar a otros que se encuentren en la misma condición. La confraternidad tiene cobertura en la cárcel de Santa Marta y en la de El Banco, Magdalena.

“Mi experiencia me permite ser partícipe de este proyecto, sé lo que significa estar encerrado, sin oportunidades, hacinado, con hambre, rodeado de una inmensa soledad, falto de resocialización, muchas veces, salimos a delinquir, porque no tenemos las herramientas que nos ayuden a ser mejores seres humanos”, señala Germán Roldán.

Germán conoció la confraternidad carcelaria en 2002 en la Cárcel Modelo de Bogotá y privado de la libertad, a través de unos voluntarios supo sobre la palabra de Dios, a quien aceptó para transformar su vida. Es así como desde 2004 se encuentra vinculado a la Confraternidad Carcelaria del Magdalena.

“Fue una de las promesas que le hice al Señor, que si salía en libertad yo seguiría evangelizando en las cárceles. A partir de ese año me vinculé a la Confra, nos independizamos de la central, la Confraternidad Carcelaria de Medellín, tenemos personería jurídica acá en el Magdalena”, asegura Roldán.

FUNCIONES

La Confraternidad Carcelaria tiene labores en el interior de la cárcel, hace acompañamiento espiritual tanto a hombres como a mujeres que se encuentran en este lugar, en los diferentes patios de la cárcel. “Ingresamos todos los días a la cárcel, los acompañamos constantemente, tenemos lugares asignados para que los internos puedan llegar a este lugar y recibir la palabra de Dios, las enseñanzas, los testimonios de personas exconvictas que van a llevarles esa palabra de esperanza, demostrarles que Dios los transformó. Asimismo, realizamos matrimonios y bautizos”, cuenta Germán.

Además, la Confraternidad encontró apoyo de la Fundación Ancla de Suecia, la cual los ayuda desde 2010 y en estos momentos, tratan de construir la Casa del Pospenado en Santa Marta. “Estoy haciendo los estudios de presupuesto, es decir, los gastos en los que incurriría esta casa de paso, porque allí van a recibir vivienda, alimentación y un seguimiento a todas las personas que han salido de la prisión para que no delincan otra vez. La idea es ayudarlos en la resocialización y continuar con ese trabajo que hacemos en el interior de la cárcel”, agrega Roldán.

CASA DE PASO

Los exconvictos, inicialmente no pagarán nada, pero si se van a encargar de mantener limpia la casa, ellos deben preparar sus alimentos, porque todo va a ser comunitario, “no es que llegan y tienen hotel, no, allí las personas deben comprometerse a que van a ayudar a sostener la casa. Habrá un manual de convivencia que se le va a explicar a cada uno de ellos, explicarles cuáles son las reglas del juego.”

La casa se hará con recursos de la fundación sueca, pero realizarán la socialización con el Inpec para que sea avalada y reconocida por ellos, que sea útil tanto para la institución como para los jueces de reducción de penas. “Desde mi punto de vista, falta resocialización, una oportunidad. Un director de cárcel me decía: Germán, porque no les enseña algo, no es entretener al interno, es cambiar su corazón, porque, nada saco al enseñarle a una persona a hacer una silla, una mesa, si sale en libertad a maltratar a su esposa, debo cambiarlo de adentro hacia afuera, no solo la parte económica, sino la parte espiritual”, puntualiza Germán.

De igual forma, manifiesta, que requiere la ayuda de la Gobernación y la Alcaldía para sacar este proyecto adelante, principalmente con programas que puedan brindarles trabajo a estas personas.

“Con esta casa de paso queremos que la Gobernación y la Alcaldía nos brinden la oportunidad de trabajar y demostrarles a las personas que salen de este lugar, que son útiles a la sociedad, por ejemplo, un contrato de limpieza de la ribera del Río Manzanares. Ese trabajo lo podemos hacer nosotros, que nos paguen 8 horas y nosotros trabajamos 13, pero que se vea que esas tres horas que regalamos son un aporte de nosotros a la sociedad por lo que hemos hecho, que sea la compensación entregada por el interno totalmente resocializado, que pone la cara y a través de su trabajo siembra algo”.

De lograrse la materialización de la Casa del Pospenado en Santa Marta, los prisioneros próximos a salir en libertad tendrán un lugar donde llegar si no cuentan con una familia. Sería una segunda oportunidad para limpiar sus penas y demostrarle a la sociedad que a pesar de los errores cometidos, ellos son merecedores de tener condiciones dignas.

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *