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¡Se acabaron ya!

Opinión Caribe

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Por: Víctor Rodríguez Fajardo

“Se acabaron, se acabaron ya…” estribillo de una canción que se puso de moda en Santa Marta cuando apareció el fenómeno político del momento, Hugo Gnecco.

Eran los tiempos donde los samarios decían que al gobernador y alcalde de la ciudad los escogían en el club Santa Marta; los apellidos Vives y Pinedo concentraban el real poder de la política en todo el Magdalena. Edgardo y Miguel eran jefes reales en dimensiones que hoy la nueva generación no alcanza a entender. Alrededor de ellos, existían otras jefaturas de singular poder.

El apellido Pinedo se concentraba alrededor de un tronco en el que todos giraban, el de don Miguel Pinedo Barros. En el caso de los Vives, habían varios liderazgos, cuya cabeza era don José Benito Vives De Andreis; un independiente José Ignacio Vives Echeverría, quien era la ‘oveja negra’.

Todos tuvieron kínder. Pinedo Barros impulsó a Miguel, Hernando y Alfredo Pinedo Vidal. Hay que incluir en estas líneas a Carlos Pinedo, quien fue abriendo espacio posteriormente, cosas de diferencia de edades.

Don Pepe tuvo interesados en el tema político a Edgardo y Alfonso. Su primo ‘Nacho’, unido por el apellido nunca por el estilo, cada uno fue consiguiendo su espacio. Del kínder de ‘Nacho’ hoy conocemos a Juan Carlos y Jota, también a Donaldo Duica y a Hugo Gnecco.

Hago un paréntesis, hay un universo de nombres en solo los apellidos Pinedo y Vives que eran liberales, ahora imaginen las galaxias de apellidos por partidos que no voy a mencionar, porque no alcanzarían todas las páginas de esta edición para seguir mi historia, por ahora, ellos son suficientes.

Hugo Gnecco resultó ser el más avezado y triunfador del kínder de ‘Nacho’, escaló rápido en el escenario político por su discurso, juventud y novedad. Concejal, diputado y… ¡alcalde! No una, sino dos veces.

También eran los tiempos donde las expresiones ‘dineros calientes, narcotráfico y paramilitarismo’ establecían estatus y subordinación en la pirámide del poder. La base popular a los que llamaré  #LosDeSiempre buscaron como sobrevivir ante la realidad que no ‘veían’ en Bogotá. Un joven con ideas de cambio, con simpatía, líder, rompiendo esquemas tradicionales que hacían sentir a #LosDeSiempre que por fin llegaba su salvador y si, además, contaba con el músculo financiero de sus tíos, primero Jorge, después Lucas.

Hugo ganó o mejor, ‘barrió’ en las elecciones, puso de moda la canción de Farid Ortiz, “se acabaron, se acabaron ya…” tractomulas con pickup y planta eléctrica paseando por las calles de la ciudad, fue un salto al futuro…  Hugo Gnecco había derrotado a la tercera generación de don Pepe, algo impensable, aunque anhelado por #LosDeSiempre. También ayudaron a ese estruendoso y apabullante triunfo, muchas casas políticas que tenían su espacio, pero veían con resentimiento no estar al nivel de los verdaderos jefes.

Resentimiento popular, grupos políticos segundones, dineros calientes, figura nueva con discurso y carisma se unieron en el sancocho electoral que dio un triunfo arrollador. Fue tal la tendencia de la victoria, no solo en Santa Marta, que su tío Lucas salió elegido como gobernador del Cesar, quienes no dudaron en organizar la toma del ‘Magdalena Grande’: Alcalde en Santa Marta; Gobernador en el Cesar, parientes en Cámara de Representantes y Senado de la República proyectaban a la casa Gnecco como el gran liderazgo que acabó con años de poder de otras casas políticas.

El infierno comenzó en el paraíso… el horizonte estimulaba al ego a seguir conquistando y dejando tierra arrasada en el mapa político, no del Magdalena, del Magdalena Grande. Hugo fue elegido dos veces, nunca pudo terminar ninguna de sus administraciones y Lucas inhabilitado por razones penales. Judicializaciones, prófugos y varias situaciones no permitieron la continuidad y materialización de los planes iniciales. Hoy, el grupo Gnecco y su siguiente generación mantienen un poder político y económico, pero reiniciándose y con otras caras en la familia.

El otro componente para dañar el paraíso Gnecco fue la obligatoria sentada de las cabezas de las casas derrotadas. No tenían el premio mayor, pero si credenciales en Congreso y relaciones con el alto gobierno. Ver a Miguel y Edgardo haciendo causa común no era habitual, pero ante la coyuntura, dio como resultado la no terminación de los periodos de Hugo Gnecco como alcalde, quien terminó prófugo y regresó a la vida civil en un rol muy diferente.

Pero el negocio familiar necesita seguir funcionando, no está activo Hugo, pero para el caso sí lo están quienes hoy tienen músculo financiero y no dudaron acercarse a la campaña del neosalvador del Magdalena.

¿Se repetirá la historia? Solo hay que dejar que los días pasen, ya acostumbrado a que los escándalos en mi parroquia duren hasta el siguiente, que por encima de ideología política hay una materia que une al universo: el Poder.

Nacer en Patillal, Aracataca o Guamal sirve para demostrar que el sueño americano se materializa aquí, sin ir al extranjero. Que un vendedor de cerveza, cobrador de bus o cualquiera, si se lo propone, puede llegar a liderar este territorio, pero sin lugar a dudas, mira cuántas heridas dejas en el camino, cada quien es un universo que interpreta el poder y tiene un plan para conquistarlo.

¿Se acabaron ya? El exsenador Luís Vives ha dado la estafeta a su hijo, joven que se ha preparado para asumir la responsabilidad histórica de mantener vivo el legado de don Pepe, va por buen camino, eligió a su reemplazo en la Asamblea del Magdalena y se proyecta a instancias superiores del poder. Eso  pasa con la historia entre Vives y Gnecco, y así será entre Caicedo y Cotes. No hay afán, a mis casi 60 años, he visto lo inimaginable en temas políticos, con la seguridad de que aún no he visto nada para lo que falta.

P.D. me quedó sonando en mi cabeza la canción de Farid Ortiz y la ya antigua realidad que la historia se repite en espiral,  aprovecho que llegó ‘La Loca’ y me voy a disfrutar una cerveza en la playa a tararearla, “se acabaron, se acabaron yaaa…”

 

 

 

 

 

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