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“La educación es un arma para transformar la vida”: Pablo Vera

Opinión Caribe

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Pablo Vera Salazar es un samario por adopción. Nació en 1976 en Ibagué, Tolima; ha sido un luchador de la vida, un convencido de que la educación transforma, sobre todo cuando él es un vivo ejemplo de ello. Pasó de ser un vendedor de playa, quien se rebuscaba unos cuantos pesos con una nevera a cuestas para estudiar y ayudar a su familia, a convertirse en el rector de la Universidad del Magdalena. Razón por la cual es uno de los Personajes OC 2019.

 

Wendy López Picón

Pablo Vera llegó a Santa Marta con su madre y hermana en 1984, cuando tenía unos ocho años, “llegamos huyendo de una situación muy compleja de violencia doméstica, de problemas familiares. Mi mamá tomó la decisión de venirse para Santa Marta con mi hermana Norma y conmigo. Desde que llegamos aquí empezamos a construir nuestro camino, teniendo presente que lo más importante era estudiar, porque era la única opción que teníamos de salir adelante”, cuenta el rector Pablo.

INICIO DE LA TRAVESÍA

La familia se instaló en casa de familiares en el barrio Pescaíto, su madre empezó a trabajar y Pablo inició sus estudios en la escuela Santander en segundo grado, porque no había podido terminar ningún curso en el Tolima por los constantes traslados que debía hacer con su familia debido a la violencia doméstica que sufrían. Luego de eso, su madre volvió a enamorarse y se fueron a vivir a Gaira, donde empezó a estudiar en el colegio Rotario del lugar. Allí terminó su primaria.

“Terminé mi primaria con la idea de estudiar en la Normal para Varones, porque en ese momento se consideraba que la educación allí, en el Inem o la Industrial daba la oportunidad, además de ser bachiller, de trabajar como maestro o en cualquiera de los énfasis que los hacían las escuelas más prometedoras en su momento; así que podía ayudar a mi mamá, y si algún día pensaba ir a la universidad era la única opción, porque mi mamá no tenía la posibilidad de pagármela. Mi padrastro se esforzó y lograron conseguirme el cupo en la Normal de Varones, era muy difícil, porque los cupos se los concedían a estudiantes de un colegio adjunto”, señala el Rector de la Unimagdalena.

VENDIENDO CERVEZAS PARA ESTUDIAR

Conseguir entrar a la Normal de Varones no era el único reto que tenía Pablo, debía conseguir la forma de seguir estudiando. Empezó una de sus travesías más importantes, “nosotros vivíamos en Gaira en el sector de Playa Salguero y había que conseguir cómo pagar la matricula del año escolar; mucha gente en Gaira lo que hace es aprovechar la temporada turística para rebuscarse. En esa temporada del año 1988 empecé a ir a la playa a trabajar para vender cervezas, me quitaron mi primera nevera por no tener permiso, luego me quitaron otra. Me fui para Playa Blanca y también me la quitaron; luego llegué a Playa Salguero, allí trabajé muchos años, mientras cursaba mis estudios, porque necesitaba el dinero para el colegio, los pasajes, además, ayudar a mi mamá porque estaba embarazada”.

Pero vender cervezas en una cava no fue lo único que hizo Pablo para cumplir su propósito de estudiar, también trabajó como pescador y vendiendo pescado, chance, arepa, guineo, lotería, manejando lancha, cualquier trabajo que se le presentara, después que fuera legal, lo veía como una oportunidad de generar ingresos que le servirían para sobrevivir, alcanzar la meta de terminar sus estudios secundarios, encontrar trabajo como profesor y pagarse la universidad.

“Tanto mi hermana como yo empezamos a trabajar a corta edad, porque éramos los mayores, además de la obsesión de estudiar. Dando clases particulares ingresé a la universidad. Este recorrido fue de mucho trabajo y mucho esfuerzo, centrado en comprarle una casa a mi mamá, vivíamos siempre arrimados. Quería comprarle una para que nunca más la humillaran por no tener casa”, cuenta Pablo Vera.

CUMPLIENDO SUEÑOS

Sus esfuerzos se vieron compensados cuando Pablo terminó la universidad y se graduó como ingeniero civil. Se fue a trabajar en varias partes de la Costa. Una de sus metas era comprarle una casa a su mamá, pero pese a que con su primer sueldo de ingeniero no pudo, si le arrendó una para que viviera tranquila. Años después, pudo adquirir una vivienda.

Luego de un tiempo por fuera, volvió a trabajar en la Universidad del Magdalena debido a una invitación que le hizo el entonces rector Carlos Caicedo. Empezó a trabajar como Jefe de Planeación, Vicerrector, luego se ganó una beca para realizar sus estudios de especialización y maestría en la Universidad Eafit, “después de eso, me fui a hacer un doctorado en España y cuando regresé ya había concursado para ser profesor de planta y volví a la Universidad como vicerrector de extensión cuando Juan Carlos Dib era rector y duré 4 años en ese cargo”.

En 2016 Pablo Vera se postuló para la rectoría de la Universidad del Magdalena y resultó electo, “aquí estoy haciendo un tránsito de vendedor en la playa a rector de la Universidad del Magdalena, todo gracias a la educación pública. Soy un convencido que la educación es la única arma que permite transformar la vida de las personas, generar un poquito de equidad y movilidad social, porque sin educación, hubiese seguido en la playa rebuscándome para tratar de ayudar a mi familia, no sé qué me hubiere deparado la vida, pero sin lugar a dudas el papel transformador que tiene la educación en la vida de las personas es muy grande”, expresa con gran firmeza.

“Mi obsesión fundamental desde la universidad y toda la vida ha sido devolverle a la vida, a Dios y a la sociedad, las oportunidades que yo tuve al estudiar en una muy buena Alma Máter y a pesar de que no tenía las facilidades que hoy tiene, que no tenía la infraestructura de hoy, la Universidad del Magdalena siempre ha sido un buen centro de estudios superiores desde hace 57 años, mi trabajo es dejarla mejor de lo que la encontré, sobre todo, trazar unas políticas como la inclusión, de permitirle más oportunidades a los menos favorecidos. La gente que me conocía cuando trabajé en la playa sabía que lo hacía mientras estaba estudiando, que mi tránsito por la playa era mi proceso de lucha personal para seguir estudiando, porque sabía que la única alternativa que tenía era esa”.

FALTA DE SOLIDARIDAD EN LA SOCIEDAD

Pablo Vera asegura, que recibió ayuda de muchas personas para alcanzar sus objetivos; recibió ropa, comida, ayuda para pagar el semestre y por ello, cada vez que puede, ayuda a los otros, “diariamente veo estudiantes nuestros que van a pie, que van con la misma ropa, que no tienen; recuerdo cuando pasaba de largo en la universidad, porque no tenía plata para almorzar y tomaba solo los tintos que me regalaban, luego, no tenía con que regresar. Una vez me tocó irme a pie de la universidad a Gaira. Además, tenía el reto en la playa de ganar lo suficiente durante la semana para ir y volver de mis actividades académicas. Fue muy duro, pero siempre hubo gente que me ayudó, que me dio una mano, por tanto, procuro en mi trabajo de transmitir esa convicción, que no podemos ayudar a todas las personas, pero a las que podemos, vale la pena hacerlo”.

Asimismo, afirma, que a la sociedad le hace falta solidaridad, las personas que tienen la oportunidad de estudiar y trabajar deberían aportar su grano de arena para que otras personas puedan hacerlo, “mucha gente se indigna en redes, se manifiesta contra muchas cosas, pero eso no genera un compromiso verdadero”.

SUS TRIUNFOS SE DEBEN A UNA MUJER

La madre de Pablo Vera ha sido el motor fundamental para estudiar y triunfar en la vida. Desde pequeño lo enseñó a leer y a amar el estudio. Pese a que con 15 años quedó embarazada de él y tuvo que interrumpir su bachillerato, le dejó claro a sus hijos que esa era la única manera de salir adelante, “mi mamá siempre me exigía mucho, inclusive cuando desde que empecé, tenía la obligación de ocupar el primer puesto siempre, porque debía conservar la beca para no pagar matrícula, no había con qué pagarla. La exigencia siempre fue muy fuerte y quedó en mí esa convicción de exigirme siempre, de dar más, de ser el mejor de la clase, de procurar empujar a los demás”.

Su madre al ver la motivación de sus hijos decidió validar su bachillerato después de más de 40 años y no solo eso, sino que, ingresó a la universidad a estudiar Derecho e hizo una especialización y una maestría en Derechos Humanos, “es un gran ejemplo, siempre nos inculcó esa verraquera y esa lucha. Hay mujeres muy fuertes y yo soy lo que soy por la templanza de una mujer que fue capaz de sobreponerse a una situación difícil, coger a su par de hijitos y venirse a una ciudad que no conocía, lejos de su familia y buscar un mejor futuro. Si me hubiese quedado allá no sería lo que soy. Yo soy lo que soy gracias a la convicción y la firmeza de mi mamá”.

PLANES A FUTURO

El año entrante se acaba el periodo de Pablo Vera como rector de la Universidad del Magdalena, luego de años de triunfos, inclusión, metas cumplidas, este ingeniero civil debe trazar un nuevo rumbo en su vida, “Dios siempre tiene caminos trazados, de acuerdo con su voluntad para lo que uno puede hacer. Yo soy profesor de planta de la universidad, si dejo de ser rector vuelvo a ser docente, tengo que volver a mi grupo de investigación, a mis clases, volver a la educación que es lo que a mí me gusta y sé que desde el escenario en que esté puedo hacerlo con la pasión con la que lo he hecho en este tiempo. Con la convicción de que la educación pública de calidad cambia vidas y es la única que permite que las personas más humildes puedan mejorar sus vidas, sobre todo, generar mayores oportunidades para otros”.

Con una metáfora el rector Pablo Vera envía un mensaje a la sociedad, a esos jóvenes que inician su propia travesía en estudiar y alcanzar sus metas, “uso la metáfora de la nevera, siempre habrá alguien que te va a quitar la nevera, porque a mí me la quitaron, yo iba y buscaba otra y otra; uno no se la puede dejar quitar y si te la quitan busca otra. Pero hay gente que renuncia cuando aparece el primer obstáculo; en este camino de promover mayor inclusión me he dado cuenta que los muchachos que tienen discapacidad, que vienen de entornos más difíciles, son los que tienen más verraquera para salir adelante y otros que no tienen tantos problemas, que tienen todo en su casa, que han tenido la posibilidad de tener una buena educación, no se esfuerzan lo suficiente. Creo que nos hace falta mayor compromiso y fuerza de voluntad, porque los cambios y las oportunidades están afuera, todo depende de la actitud que se asuma frente a la vida, saber aprovecharlas o no”.

 

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