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Cómo ayudamos como ciudadanos

Opinión Caribe

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Por: Cecilia López Montaño

Estamos frente a una crisis cuyo fin es absolutamente impredecible en estos momentos. Nuestra obligación empieza sin duda por evitar con muestro comportamiento que la pandemia se siga extendiendo en Colombia, pero nuestras obligaciones van mucho más allá y aumentan en la medida en que pertenezcamos a sectores que gozan de privilegios. Si este fuera un país donde la gran mayoría pertenece a una clase media con ingresos altos y pleno acceso a bienes públicos, seguiríamos teniendo obligaciones adicionales con nuestros conciudadanos. Sin embargo, la gran mayoría de la población colombiana, mínimo 2/3, no gozan de estas condiciones y esto suponiendo que la clase media baja sí puede vivir decentemente, lo que está por verse.

Sorprende el profundo desconocimiento que sectores ilustrados de este país tienen sobre la realidad social de la mayoría de los colombianos. Este país no está dividido en tres grupos: los pobres, la clase media y los ricos. Muchos economistas también creen que es suficiente apoyar a quienes siguen bajo la línea de pobreza y con esto se asegura la solidaridad necesaria y más que eso, la equidad tan esquiva en estos momentos. Pero están equivocados lo mismo que muchos funcionarios del gobierno incluyendo a destacados miembros de gabinete. Los vulnerables que superaron la pobreza pero aun no reciben como ingreso un salario mínimo y lo único que disponen es de un derecho muchas veces teórico a la salud. Ni pensiones, ni subsidios del gobierno que si reciben los pobres. Pero hay otro grupo del cual no se conocen seriamente sus limitaciones que en esta coyuntura los sumirán no solo en la miseria o los dejará en manos de los gota a gota. Nada se ha dicho hasta ahora de cómo abordar su inminente caída y la de las instituciones que los financian.

Estas profundas desigualdades, este inmenso número de personas que tiene condiciones tan distintas a ese sector de ingresos altos, tienen un profundo significado cuando se trata de entender quién y cómo se asumen los costos. Casi que por definición el impacto negativo especialmente el que tiene que ver tanto con la salud pero especialmente con los ingresos, será también profundamente desigual. Y es ante esta realidad que los ciudadanos podemos actuar a varios niveles.

Por un lado, los que tiene el conocimiento deben recomendar estrategias macro para ayudar a que el Estado actúe en consecuencia. Obviamente esto es posible si los que están en el poder abandonan la idea de que quienes opinan los están censurando y además sus recomendaciones son de mala fe. Pero hay otro tipo de acciones que por fortuna ya empiezan a aparecer. Antioquia le está dando una gran lección al país y está mostrando cómo debemos actuar desde los empresarios hasta los ciudadanos con recursos. El empresariado paisa acaba de hacer una fuerte donación para dotar hospitales que requieren con urgencias una dotación mucho mejor que la que tienen actualmente para atender a todos los enfermos tanto las víctimas del virus Codvid-19 como con los que sufre de otras enfermedades. Hasta ahora ningún otro sector de grandes empresas en otras partes del país se ha pronunciado en esta misma dirección. Están a tiempo. La Región Caribe podría ser el segundo ejemplo, o el Valle del C auca, Santander.

Pero tal vez lo más pertinente para despertar la conciencia de todos y cada uno de los ciudadanos que pueden aportar es lo que están haciendo los ciudadanos de Medellín: comprando a los vendedores ambulantes una cocada, una flor, un dulce, por el valor de un mercado, $300 mil. Tenemos familias que nos rodean que viven de lo que logran hacer diariamente, sin ahorros, sin ser beneficiarios de los subsidios del gobierno, si ningún apoyo real. Mientras el gobierno escucha a quienes piden encarecidamente que encuentren soluciones reales para este sector de la población, nosotros los ciudadanos que tenemos ingresos seguros, ayudemos con dinero a quienes nos han apoyado, preferiblemente comprando con un gran sobre precio, lo que venden o lo que hacen. Nuestras manicuristas, nuestras peluqueras, la vendedora de dulces en la esquina de nuestras oficinas, el jardinero por cuenta propia y todos los demás que nos hacen la vida fácil, merecen en estos momentos un apoyo real y significativo. Así podemos ayudar.

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