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Columnistas

Una lección de vida

Opinión Caribe

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Por: Rafael Castañeda Amashta

 

En la historia de Colombia, la presencia de la violencia en todas sus manifestaciones, ha sido continua. El siglo XIX, con varias guerras civiles, fue violento de principio a fin, el siglo XX inició con la Guerra de los Mil Días y el siglo XXI ha tenido muchas causas, que explican la larga duración de la violencia.

Según el Departamento Nacional de Planeación – DNP, Colombia es el país con la mayor tasa de desastres naturales en América Latina, lo cual ha permitido durante años, que ocurran tragedias tan dolorosas como, emergencias invernales, avalanchas, deslizamientos, entre otros.

Tal vez por eso, nuestra sociedad es cada día es más indolente e insolidaria, ante el dolor ajeno. En la actualidad, pocas cosas causan sensibilidad, se ha perdido la capacidad de asombro y lo extraordinario parece poca cosa. Se ha vuelto costumbre la muerte de campesinos, líderes sociales, víctimas por accidentes de tránsito y solo por curiosidad, se pregunta por las cifras de las muertes producidas por el Covid-19. Todo eso se volvió un hábito.

Pero sin duda, algo que despertó en los colombianos un sentimiento de apoyo, fue la situación presentada a Daniela Álvarez, ex Señorita Colombia 2011-2012, quien, a través de Instagram, anunció que entró a una clínica, “a una operación que supuestamente iba a ser sencilla, para retirar una masita muy pequeña como una moneda de doscientos pesos que tenía en mi abdomen”.

Como resultado de lo anterior, la aorta sufrió un daño y fueron necesarias tres cirugías más, donde le hicieron una reconstrucción con un injerto, que le causó una isquemia y como consecuencia de eso, no le llegaba sangre a su pie izquierdo.  Al final afirmó: “tendré una quinta operación donde tendrán que quitarme mi pie izquierdo y un poco de mi pierna”.

Luego de eso, el apoyo de los colombianos se desbordó a favor de Daniela, con mensajes de aliento y cariño, que nos recordó el acto simbólico de solidaridad que unos años atrás, miles de ciudadanos en todo el mundo hacían, remangando su pantalón hasta la rodilla, para decirle a los soldados víctimas de las minas, que no habían sido olvidadas y que rechazaban esta infame práctica.

Lo sorprendente para muchos, es la actitud positiva de Daniela, que, por medio de las redes sociales, ha expresado frases, como: “pies para qué los quiero, si tengo alas para volar”; “yo estoy feliz en este mundo para disfrutar de la vida y de Ustedes”. Además, en entrevistas por medios de comunicación, expresó: “le voy a demostrar a toda Colombia que si se puede, que voy a volver a bailar champeta”; “estoy feliz y orgullosa de mi nueva pierna”; “quiero inspirar y aconsejar a las personas, para poder ayudarlas”; “tengo tantas ganas de volver a mi vida normal”; “soy atleta, deportista y voy a superar esto”; “me siento orgullosa que me vean así, porque estoy viva”.

Son palabras de una mujer admirable, valiente, llena de fe, que se convierte en un referente, en un ejemplo para seguir y en un modelo a imitar. Un mensaje perfecto para este mundo, y una lección a todos, para que dejemos de quejarnos por cosas tontas. Nos recordó, que hay que agradecer siempre a Dios por nuestras vidas y por nuestra fragilidad, que debemos volver a lo normal, a lo ordinario y a ser feliz con pocas cosas y que el apoyo de la familia es fundamental.

Nuestro país necesita corazones como el de Daniela, para que nos recuerde que no podemos perder el optimismo, ni los sueños y que siempre se debe tener la esperanza, de construir una mejor nación para nuestras próximas generaciones. La vida es de actitud y no se puede hacer nada para cambiar lo que ya pasó. La felicidad no se alcanza mediante la inexistencia de problemas, sino enfrentándose a ellos.

Daniela entendió el significado de la vida: que, a pesar de todo, siempre hay razones para ser feliz.

 

 

Contacto

Twitter: @RafaelCastane

Facebook: Rafael Castañeda Amashta

 

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