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¿Quién era Roque Morelli?

Opinión Caribe

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Hoy se cumplen 18 años del asesinato de Roque Morelli Zárate. Aquel 5 de septiembre del año 2002 se le apagaron los sueños al decano de la Universidad del Magdalena; su familia lo califica siempre como una persona de espíritu afable, criado bajo principios morales y espirituales, quién además salió adelante con sus uñas y hasta quemándose sus pestañas para formarse y educarse.

De convicciones de izquierda, Roque Morelli Zárate fue líder estudiantil del Instituto técnico Industrial en Santa Marta y miembro de la Unión Patriótica. Desde 1996 estuvo vinculado a la Universidad del Magdalena como docente de cátedra desde 1996 y, entre 1997 y 1999, fue Vicerrector del Programa de Educación Abierta y a Distancia (IDEA), por nombramiento del entonces rector Carlos Caicedo Omar. Desde 1999 hasta el día de su muerte, fue el decano de la Facultad de Educación del centro académico.

Lucy Morelli Zárate, hermana del asesinado directivo de la Unimagdalena, es consciente que todos los 5 de septiembre se genera en su garganta un «terrible nudo» pues es sin duda una una fecha «muy dolorosa era un ser muy querido, una persona tan dada a la gente, al público y a la familia. Es imposible olvidarlo».

Roque con 39 años se sentía aún en el esplendor de su juventud, y entre sus mayores ilusiones estaba ver crecer a su hija que para el año de su partida, solo tenía 3 años; sueño que no pudo cumplir.

Hasta el último día de vida, remarco su deseo de contribuir a la superación de las personas para transformar las condiciones del territorio.

«De hecho cuando lo asesinaron él en ese momento se dirigía a un encuentro con las niñas de la Normal Superior, pues tenían un programa de Cero Analfetización en la que ellas participarían y recibirían unos estudios que él había gestionado para ellas», menciono Lucy Morelli.

El profesor Roque Morelli, además, tenía una profunda devoción por sus padres. «Era un hijo dado a sus padres, los quería mucho, se preocupaba por ellos», relata su hermana Lucy.

Prueba de ello era la costumbre que tenía todos los días antes de sentarse a comer. «Siempre, antes de cenar o comer, llamaba a su mamá para ver si había comido y los hombres por lo general no son detallistas. Él siempre llamaba si había comido, no porque le faltaba, solo por cerciorarse».

Su esposa e hija lo mantienen presente todos los días. «A ellas siempre les ha hecho falta y su hija se siente muy orgullosa de su papá por todas las cosas hermosas que decimos todos y también sus amigos, sus estudiantes”.

El 5 de septiembre de 2002, a las 2:30 de la tarde, en la entrada del barrio La Ciudadela 29 de Julio quedaron los sueños y las ilusiones de un esposo, un padre de familia, un hermano, un hijo, amigo y profesor. Hoy 5 de septiembre de 2020, en medio de la tristeza sus familiares piden justicia para que el autor o los autores intelectuales paguen por este vil asesinato.

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