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La rectoría de la Unimagdalena entre la independencia y el populismo

Opinión Caribe

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Por: Julio Morales Daza

En 2009, La Silla Vacía publicó un artículo sobre la enemistad entre un exgobernador del Magdalena y un exrector de la Universidad del Magdalena en el cual señalaba que “la Universidad era quizás la única institución pública del departamento que contaba con dinero en 2003 y la decisión del rector de mantenerla blindada contra las injerencias políticas”. Ese año, el rector en cuestión decidió renunciar a su cargo en medio de las presiones y aceptar la rectoría de la Universidad del Atlántico que le había ofrecido el entonces gobernador de ese departamento, Álex Char; sin embargo, los estudiantes de la UNIMAG impidieron la renuncia de su rector y por tres años emprendieron multitudinarias marchas para exigir que la Gobernación sacase sus manos de la institución educativa. A pesar de todo, el gobernador le ganó el pulso al rector, enviándolo a la cárcel en 2006. Poco tiempo después, el gobernador mismo fue capturado y encarcelado por parapolítica; mientras que el exrector fue absuelto, hecho que le sirvió de trampolín para consolidar su candidatura a la Alcaldía de Santa Marta y sembrar las bases de un clan político que en la actualidad sigue gobernando los destinos de la ciudad y del departamento mismo.

Nuestros protagonistas de ese momento eran Trino Luna Correa y Carlos Caicedo Omar. Hoy, 17 años después, la Universidad del Magdalena tiene un nuevo rector, Pablo Vera Salazar, y el Departamento del Magdalena tiene un nuevo gobernador, Carlos Caicedo. Así pues la historia se repite pero con los bandos intercambiados: hoy es la Gobernación la que quiere a toda costa meter sus manos en la dirección de la Universidad que, para fortuna de los magdalenenses, sigue conservando la independencia que paradójicamente ganó bajo la rectoría de Caicedo.

A pesar de la impecable gestión que el rector Vera Salazar ha logrado a lo largo de sus cuatro años de mandato, la Gobernación, en cabeza del antiguo rector, ha decidido interponerse a la candidatura de Pablo Vera a la reelección con un candidato propio, Francisco García, quien incluso -y descaradamente- usa los mismos colores y el mismo eslogan del movimiento político de Caicedo. Pero la figura del “Profe Francisco” no es preocupante per se, ya que es de conocimiento público que este es solo uno más de los avatares de Caicedo, como también lo son el lamentable exalcalde Rafael Martínez y la silenciosa alcaldesa actual, Virna Johnson. Así pues, estamos ante la posibilidad de que Carlos Caicedo retome la dirección de la Universidad del Magdalena en cuerpo ajeno, para darle rienda suelta a sus intereses politiqueros y absolutistas.

Carlos Caicedo sufre de un verdadero complejo napoleónico, que se hace visible con su afán por compensar sus propias limitaciones con la búsqueda del poder absoluto en el departamento. Caicedo quiere ser gobernador, alcalde y rector al mismo tiempo y, para lograr su objetivo, ha emprendido una campaña de desprestigio en contra de Pablo Vera, tratando de empañar la credibilidad del rector con toda clase de ataques a su imagen y a su gestión; una estrategia muy vieja y predilecta por líderes populistas (como Donald Trump, por ejemplo) que tiene por nombre “Character Assassination” o el “Asesinato de la Reputación”, en español. No debe sorprenderle a la opinión, entonces, que en los días previos a la elección del nuevo rector se hagan cada vez más frecuentes los rumores (infundados), las acusaciones falsas, las falacias y la manipulación de la información, eso que hoy se conoce como “Fake News”.

Basta con echarle un vistazo a la página de Instagram del «Profe Francisco» para darse cuenta de lo vacía que es su candidatura: ataques personales al rector Pablo Vera como «Yo no voy a decir que vendí licor en la playa para causar lástima», o lugares comunes como «Soñemos con una universidad que se articule con el entorno para contribuir al desarrollo económico y a mejorar la calidad de vida de los magdalenenses». Podría seguir con cada una de las publicaciones de este candidato que está en campaña, que habla muy bonito, pero que no propone nada en específico con datos y metas claras y concisas. Por supuesto, esto se debe a que el «profe Francisco» no es el rector Pablo Vera, un hombre con experiencia de liderazgo y gestión probada, sino un simple subordinado de Carlos Caicedo.

El discurso del «cambio» finalmente llegó a la Universidad del Magdalena. Por supuesto, y como lo han demostrado los casi 10 años de administración del clan Caicedo en Santa Marta, este es un discurso apenas cosmético que no ha solucionado de ninguna manera los problemas de la ciudad, ni contribuido al desarrollo de los samarios. «Cambiemos la U» (un eslogan extraño, vale decir, porque se supone que ya el propio Caicedo la había “refundado” hace dos décadas) no es más que una frase politiquera que puede estar motivada, más bien, por esos 141 mil millones de pesos que conforman el presupuesto de la UNIMAG en 2020 (equivalentes a un nada despreciable 15% del presupuesto general del Departamento del Magdalena), sobre los cuales Caicedo quiere desesperadamente posar sus manos.

Finalmente, la invitación a los estudiantes de la Universidad del Magdalena, padres de familia y demás actores relevantes en el proceso de elección del nuevo rector de la institución es a que reflexionen sobre lo que quieren para ella, para el porvenir de la educación pública en el departamento y para su propio futuro. Es el momento de decidir si la UNIMAG sigue siendo independiente de la política departamental o si, por el contrario, se convierte en una nueva oficina del Palacio Tayrona. Por lo tanto, esta no es una elección entre un vendedor de cervezas y un profesor al que nadie conoce, no; es una elección entre un reconocido modelo de desarrollo universitario sólido e independiente y la propuesta de centralizar el mando de la Universidad en la Gobernación del Magdalena, a través de uno de los tantos títeres de Carlos Caicedo.

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