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El regalo uribista “ser como Venezuela”

Opinión Caribe

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Por: Ariel Quiroga Vides

“Para ser como Venezuela no hay que ser de izquierdas, sino ser gobernados por una manada de idiotas autoritarios y parroquiales”.

La Democracia liberal y moderna es el mejor sistema político que la civilización ha concebido, pues en ella, podemos en teoría progresar en igualdad de oportunidades y estimular el mérito personal (equidad),  todo en un marco de bienestar social. Gracias a la Democracia podemos decir lo que pensamos sin miedo a ser perseguidos, podemos nacer en la más oprobiosa pobreza (la meta es un estándar de vida clase media)  y alcanzar enormes beneficios económico en la medida de nuestro  esfuerzo, disciplina y la inteligencia que se emplee para prosperar.

Por lo general, los países con mayores garantías democráticas son los más ricos a nivel social y por ingresos per-cápita, salvo algunas monarquías, sin embargo  aunque las últimas gocen de relativa prosperidad, el respeto a los derechos y garantías personales son casi nulas.

Los herederos de la cultura jurídica continental (Alemania-Francia) nos hemos acostumbrado a exigir y luchar no solo por condiciones idóneas para prosperar económicamente, sino también por el respeto de los derechos y garantías individuales y colectivas; a la mayoría de nosotros no nos cabe en la cabeza, una Colombia con los estándares de vida de Singapur, sin gozar de las gabelas constitucionales propias de un Estado Social de Derecho.

Entre mayores garantías democráticas, más cerca estaremos de la anhelada estabilidad monetaria, sin embargo, en los últimos años, parece que ese sueño se esfuma, y nos estamos acercando a una temida  pesadilla. La pesadilla de Venezuela.

Hoy por hoy a nadie le queda duda que Venezuela vive bajo dictadura, y aunque haya elecciones (posiblemente fraudulentas) no podemos decir que es un país democrático, pues la democracia va más allá que simplemente ir un domingo a votar. La democracia enmarca un amplio aspecto de la vida misma (dignidad), esto es, que se representa y cobra vida en la efectividad material de los derechos. Desde esa cercanía o lejanía de la efectividad de las garantías individuales y sociales, es que debemos medirnos respecto a esa nueva categoría (estigmatizaste) denominada “ser como Venezuela”.

Tengo mil razones para decir que el uribismo nos lleva rumbo a ser como Venezuela, sin embargo, esta vez solo tomaré dos de ellas. No obstante hay que tener algo claro, para ser como Venezuela no es necesario tener un gobierno progresista, alternativo o de izquierdas, ese no es el requisito esencial, porque si así fuese; Haití (gobernado durante muchos años por gobiernos de derecha) sería una potencia del Caribe, y todos sabemos que es el país más pobre del continente. ¡No! para ser como Venezuela solo basta estar gobernados por una manada de idiotas autoritarios y parroquiales, y ¡Eureka! En Colombia cumplimos ese ítem. Estamos rumbo a ser la Venezuela pero de la derecha.

Las dos razones de las que hablé son: 1) Irrespeto a las solemnidades de la Democracia. Por tercera vez el partido de gobierno y/o el presidente de la república,cometen faltas que van contra el buen desarrollo del principio de la democracia representativa, la última de ellas, se basó en que el pasado 20 de julio, una vez el presidente terminó su discurso de apertura de legislatura, se levantó y se fue del recinto del Congreso sin escuchar presencialmente la réplica de 20 minutos a la que tiene derecho la oposición, esto en mi concepto, representa darle la espalda de una forma grosera e injustificada a los más de ocho millones de colombianos (sin estimar las votos comprados por la Ñeñe manía) que son representados por los partidos opositores.

2) Expulsión de opositores. En las últimas semanas he dado gracias al cielo porque las penas de destierro y confiscación son prohibidas por la Constitución de 1991, de no ser así, más de la mitad del país estaría rumbo a Cuba, Corea del Norte,  Suazilandia o cualquier nación donde el Uribismo tuviese parecidos prácticos. Pues bien, hace unos días, el gobierno nacional (Migración Colombia) expulsó de nuestras tierras a Rebecca Sprößer, una alemana que decidió postergar la llegada a su primermundista país, por quedarse en el nuestro a protestar contra el gobierno URIBE-duque y las condiciones de atraso a las que tienen sumida a Colombia.

Luego de haber sido atacada con trece disparos, los cuales no acabaron con su vida porque un colombiano (acompañante) se interpuso entre ella y los proyectiles, y de haber denunciado tan cruel ataque ante los medios internacionales y la fiscalía, al gobierno no se le ocurrió medida más sabia, que detenerla y enviarla a Berlín. (A su llegada recibió la noticia de la muerte de su amigo).

Más allá de que Rebecca fuese extranjera, lo cierto es que al estar en Colombia tiene derechos y goza de todas las garantías en igual medida que los colombianos, como lo es el derecho a la protesta, la libertad de expresión y el libre desarrollo de la personalidad. El trato dado a Sprößer no fue igual, al que el Gobierno URIBE-duque le ha dado al opositor venezolano Lorent Saleh, quien después de haber sido expulsado por Santos, por demostrarse que estaba armando sicarios para atentar contra el régimen venezolano, fue  invitado por el actual mandatario para exiliarse nuevamente en Colombia, es más, hace uno días el Consejo de Estado admitió una demanda presumiblemente de reparación directa, donde el perseguido político venezolano, pretende una indemnización por los daños ocasionados por la abrupta (así la llama) expulsión ejecutada en el gobierno de Juan Manuel Santos.

La justicia no conoce de afinidades políticas, sin embargo el uribismo tampoco conoce de justicia y derecho, porque lo que critica de Maduro, acá es la regla a seguir.

El expulsar opositores en aprovechamiento de su condición de extranjeros, no es más que otro atentado contra la democracia, que nos acerca desde la derecha a la pesadilla venezolana.

Cuando me encontraba terminando esta columna y le leía el borrador a uno de mis auxiliares jurídicos, este chico me hizo caer en cuenta que me había quedado corto, pues hace rato habíamos superado a Venezuela, pues ellos con todo y su pérfido Maduro, no tienen 6.400 falsos positivos, más de 200 mil víctimas del conflicto armado,  555 líderes sociales asesinados y una fábrica de exportación de mercenarios, prestos para matar presidentes en el extranjero.

Mejor dicho, en poco tiempo a Maduro le dará vergüenzaque lo comparen con Colombia.

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