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Columnistas

Ojalá me equivoque

Opinión Caribe

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Por: Carlos Enrique Martínez Caballero

 

Las alarmas políticas, económicas, sociales e internacionales están prendidas desde hace mucho rato para los colombianos, pero como dice el viejo adagio “no hay peor ciego, que el que no quiere ver”.

Políticamente, el país va girando de la derecha hacia la izquierda a pasos agigantados, ejemplos más que suficientes cuando se analiza que entre el Pacto Histórico liderado por el exguerrillero Gustavo Petro, manejan 778 cargos públicos de poder (16 senadores, 11 representantes, 1 gobernador, 38 diputados, 70 alcaldías, entre ellas Bogotá, Medellín y Cali además de 642 concejales) y la Coalición de la Esperanza de Humberto de la Calle, manejan 1.161 cargos de poder (10 senadores, 10 representantes, 4 gobernadores, 46 diputados, 50 alcaldes, 1041 concejales), juntos representan 1.939 cargos del sistema político con ideologías de izquierda, donde se mueven intereses, puestos, leyes y erario.

Si a lo anterior se le agrega, el partido de las FARC, el Partido de la U, del traidor del pueblo Juan Manuel Santos y el grupo significativo M19, entre otros; una derecha fraccionada cuya única cabeza representativa es Álvaro Uribe, con el Centro Democrático, el modelo comunista cada día se hace más visible para asumir la totalidad del poder brindando una oscura esperanza.

Económicamente, no vamos muy bien, el erario siente la afectación representada al ocupar el puesto 92 con una puntuación de 37 sobre 40 en el IPC (índice de percepción de corrupción mundial) para el 2020, el incremento indiscutible del narcotráfico y los indicadores medio engañosos del PIB para el segundo semestre del 2021 de 17,6 % sobre el primero de 8,8 % según el DANE, incrementándole las consecuencias por causa del COVID-19 que se sienten todos los días.

Socialmente, la indiferencia ciudadana es impresionante, la negación y no aceptación de los males que los aquejan conducen al caos reflejado en la pobreza, violencia, precaria autoridad y ambiente de impunidad, además de un alto índice de inseguridad reportado por el DANE. Lo curioso del tema es que los “malos” se unen y los “buenos” solo critican o no hacen nada.

A esta situación, se le agrega el fenómeno sociológico incomprensible de las FARC, que siguen fortaleciéndose en armas y el ELN ejerciendo el terrorismo (grupos conformados por colombianos que atentan contra los colombianos).

En lo internacional, las miradas para cambiar la democracia no se detienen, para Venezuela somos el objetivo de la nueva Gran Colombia, para Cuba históricamente una posibilidad de revolución, para Nicaragua apoderarse de San Andrés, para China un objetivo económico para desplazar a los Estados Unidos y para exmandatarios de España, Colombia, Ecuador, Republica Dominicana, Paraguay, Brasil, Costa Rica, Panamá, Bolivia y Uruguay miembros Foro de Puebla, la intención de implantar el socialismo del siglo XXI, que nadie cree, eso sin dejar de mencionar el delito trasnacional y el tráfico de armas entre otros.

Ojalá me equivoque, pero Colombia avanza hacia un futuro supremamente violento, hostil, de crisis económica, con mutación política, donde los que tienen dinero proyectan la salida del territorio a tiempo y los que no, asumirán las consecuencias de las decisiones que tomen, por eso algunos analistas dicen “estamos en un gobierno de transición”.

“El camino puede ser difícil, pero con su ayuda lo podemos lograr” (Soy Ciudadano)