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Columnistas

Te toca a ti, nos toca a todos

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Por: Luis Miguel Moisés

En un ejercicio de pausa y reflexión, comparto con usted, apreciado lector, el que considero, puede ser el sentir de un ciudadano frente a una realidad ineludible de la que hoy somos testigos al salir a las calles y enfrentar los retos del día a día. Esa realidad que se presenta cruda, sin matices y por la que hoy, mucha gente se sumerge en un ambiente cargado de desdén e incredulidad, es la que paradójicamente hace contraste frente al despliegue de promesas, caras vistosas y derroche propagandístico que cada cuatro años inunda nuestras calles, los paraderos de buses, los medios digitales y en general, todo canal concebible que le llega a las masas y transmite ese mensaje de esperanza, de oportunidad y de promesa, tan desgastado y tan marchito, como la historia trágica de nuestro país.

Hoy no pretendo hablarle como candidato a una corporación, sino como un ciudadano de a pie, que en medio de la tormenta, guarda la esperanza de que los tiempos difíciles se transformen en la oportunidad para dar inicio a un vuelco por la vida, la reivindicación del individuo y la exigencia sobre aquellos que toman las decisiones importantes, las realmente importantes.

La gente hoy le ha perdido el respeto al político. Lo asocian con todos los males que aquejan a la sociedad, son conscientes de que una parte importante de los recursos que aportan en materia de impuestos, son dilapidados por obras inconclusas, sobrecostos, burocracia exacerbada y formas sofisticadas de transgredir el deber ser de la contratación y el manejo sagrado de lo público, saciando intereses muy particulares y profundizando cada vez más, las inequidades, la falta de oportunidades, la pobreza e incluso, la miseria.

No basta con la espiral de males, para terminar inmersos en la hipnótica polarización, esa que se sitúa en dos bandos y promete ser siempre el camino de uno para no caer en el otro, el miedo hoy se convierte en el puente de ideas, se aprovecha de la circunstancias y capitaliza la necesidad de pensar en un futuro incierto, obviando el presente apremiante que late a la necesidad de enfrentarlo, cada día con más fuerza.

Analizado nuestra casa, nuestro territorio, aun cuando la diversidad del mismo parece truncarse con la incapacidad histórica de sus gobernantes de trabajar, realmente trabajar por el mismo, he tenido la dicha de escuchar de sus gentes, el deseo vivo por lograr un mejor mañana, un mañana distinto, que empiece a abrirse frente a nuevas oportunidades, uno en donde el rebusque no sea sinónimo de emprendimiento, en el que el trabajo no dependa de cuantas planillas se llenen en esta víspera electoral,  en el que el estudio que se tenga se pueda ejercer con orgullo, sin el miedo a convertirlo únicamente en un cartón que únicamente revindique el sacrificio de unos padres que con mucho esfuerzo y orgullo, dieron lo mejor de si para hacer que los suyos se educaran.

Apreciado lector, lo convido a que cambiemos la cara de nuestro territorio, a que usemos nuestro poder de decisión y elijamos bien, dejemos a un lado las rencillas, exijamos por aquellos que han de ser elegidos para trabajar por nuestros intereses, dejemos de dar las gracias por el deber y luchemos por cimentar una sociedad justa, que haga que el político, el buen político pueda servir porque así el pueblo se lo exige.

Entendamos que no está bien recibir dinero para dar el voto, es probable que la necesidad inmediata lo lleve a considerar cualquier oferta, porque en eso nos sitúa esta crisis tan dura. La pandemia nos ha marcado; todos de alguna forma hemos sufrido por el paso de la misma, la economía se ha afectado y se seguirá afectando, pero es nuestro deber como sociedad, salir adelante, sin amedrentarnos por aquellos que se aprovechan del caos, del desasosiego y el camino facilista.

La inseguridad no puede ser el camino para castrar las ideas, en días pasados fui amedrentado por una llamada en la que me cargaban con el mensaje claro de que debía frenar mi campaña a costa de mi integridad y la de mis amigos y familiares. No es una situación fácil, lo confieso, porque en un país tan recurrente en la desdicha de la muerte, esta realidad deja de ser distante a cualquiera, sin embargo, me repongo y sigo y así, apreciado lector, lo invito a que se reponga y siga.

Entendamos de una vez por todas, que nuestro territorio, nuestra casa, merece lo mejor, determina de que todos sumemos una luz de verdadero cambio, de real esperanza y sobre todo, de trabajo. Las formas importan y no todo fin justifica los medios, por lo tanto, pensemos por un instante en que las cosas se pueden hacer bien, en que la gente que merece que nos represente, sea la mejor posible y sobre todo, exijamos, veamos el panorama completo y luchemos para que nuestro futuro, pero en especial, el que se hace a partir de nuestro presente, sirva de ejemplo para los que han de venir.