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Columnistas

Turismo, agro, cultura, gastronomía y folclor

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Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*

Importaría en contexto de aupar el importante y vital sector del turismo que autoridades municipales y departamentales, operadores, encargados y demás sectores y segmentos en él inmerso, lancen desde ya rutas que articulen turismo, cultura agropecuaria y folclor. Creo que se está perdiendo por esta vía un importante filón económico, el cual no se debe ni puede desperdiciar ni desaprovechar ya más, por ser sin duda una oportunidad de rentables dividendos y gran dimensión.

 Seguro que no solo por lo novedoso, sino por lo atractivo, edificante y enriquecedor, entre otras seducciones, miles de turistas propios y foráneos aplaudirán la iniciativa y se sumarán a sus recorridos e itinerarios donde guías expertos los animarán y entretendrá en contexto de mágico realismo por culturales recorridos con historias y sucesos reales, así como con crónicas miles de fantasía y leyendas particulares y del entorno, que contarán sin duda con su beneplácito. Rutas todas que traerán y atraerán gentes por montones que llenarían los pueblos, impulsarían y fomentarían las artesanías, el folclor, la gastronomía y demás otras actividades, amén de poder venderse millones de suvenires y recuerdos propios de las regiones visitadas, de los que nadie se resiste a adquirir por exclusivos.

 No se debe seguir perdiendo tiempo precioso en esto, que bien pueden constituirse en emprendimientos de grandes dimensiones y notables alcances, lo que impone reaccionar más pronto que después, so pena de arrepentimientos posteriores. Tenemos como departamento un territorio rural para ser explorado y explotado de la mejor forma y manera posible dada su riqueza natural, paisajística, pecuaria, hídrica, ictiológica, posibilidad de grandes aventuras, así como demás otros atributos y componentes que lo hacen desde su solo enunciado, tanto deseable como importante para el turismo.

 Es volver a estar en contacto directo con los saberes populares, con las culturas terrígenas, con tierras añoradas y ubérrimas, topados con una gastronomía primaria, con establos, labores de ordeño y de vaquería, de corte de pasturas, de pesca, ver rebaños de cabras, piaras de cerdos, naves de pollos y sinfín de flora y fauna para los turistas desconocidos.

 Es potenciar un mundo rural con mucho que ofrecer, un mundo abierto, desde donde se difundirán sus valores, se hablaría de la localidad y se enterarán de qué va el asunto, qué problemas tienen nuestros pueblos, aldeas, centros poblados, veredas y corregimientos en la verdad verdadera que no volverán a ser ignorados y hasta convertirse en nichos de inversión.