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Columnistas

Ciudad segura

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Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez

Doloroso ver sinnúmero de personas de todas las edades que salen a las calles de nuestra ciudad con miedo de ser atacadas, violadas, robadas, agredidas, ultrajadas, intimidadas, violentadas, atracadas, circunstancias de las que ya está cansada la ciudadanía, y es que no son solo percepciones, sin situaciones adversas que tienen que convertirse, de una vez por todas, en aviso a solucionar para quienes nos gobiernan. Insisto, la inseguridad entre nosotros no solo se percibe, sino que es palpable, es evidente, es tema en el diario acontecer entre las gentes de buena fe que se reúnen en cualquier lugar a compartir un café o por cualquier otro motivo. Es asunto que se observa a todo momento y en todo tiempo y lugar.

Hay sin duda un desamparo constante, una absoluta dejadez de la salvaguardia de la vida, honra y bienes de los ciudadanos de buena voluntad unido a una falta de presencia de autoridad que convierte nuestras calles en pasarela y acicate de malhechores, ya que nada les pasa, lo que hace que se escuche a cada paso de parte de las personas mayores la sentencia que antes vivíamos seguros.

Mucho ha sido lo que se ha deteriorado la seguridad en los últimos años. Los mayores que deberían disfrutar plenamente la ciudad y su pensión con un simple paseo por todas las calles de la urbe, tengan que mirar por donde transitan y no salir a la calle con nada que pueda llamar la atención de los delincuentes. Es situación a la que debe ponérsele remedio de inmediato, con el fin que nos sintamos propios y visitantes real y verdaderamente seguros, como debe ser en una ciudad reputada desde siempre como de las más pacíficas del país en la que se gozaba de una paz octaviana. La inseguridad que vivimos es una verdad así lo queramos ocultar y por más que se quiera zarandear la información, lo que no comparto, porque definitivamente los hechos son los hechos y los estamos padeciendo.

Somos una ciudad insegura, en la que da miedo transitar por determinadas calles y zonas, No hay seguridad y lo peor de todo es que parece no existir ningún tipo de temor a nada ni a nadie. La policía, siempre profesional, comparte esta impotencia ellos también la sufren y se preguntan qué tienen que hacer para que un delincuente que ha cometido distintos delitos se le detenga, se le ponga en manos de las autoridades y en menos de nada salgan a las calles a seguir cometiendo sus consabidas fechorías.

Desde hace años ya los encargados de aplicar justicia defiendan que a los “delitos de calle” no se les pueden acumular agravantes. Es el asunto y por eso los ciudadanos tenemos que apuntar a manifestarnos en consecuencia. Desoladora es la estampa de la ciudad, lo que obliga que las autoridades todas tomen cartas en el asunto. La gente sólo quiere que algo tan simple, básico y esencial como poder sentirse seguro al caminar por las calles en las que una vez crecieron en armonía y felicidad vuelva a ser una realidad.