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Columnistas

Santa Marta, avanzar toca

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Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza

Lo que poseemos, mucho o poco, bueno o malo, son signos indudables de la ciudad, hacen parte de lo significamos, ya que en gran parte son códigos de esa significación que de una u otra manera, hacen posible referencia, comunicación, reconocimiento, interacción, sentidos, sensibilidades, formas de percepción y apreciación.; así como espacio, calles, edificios y el paisaje urbano son significantes, los cuales deben llevarnos desde la competencia sociocultural a comprender la ciudad, interpretarla en sus diversas dimensiones, descifrarla, sensibilizarnos ante ella, estimularnos, identificarnos en su esencialidad, hacer de la ciudad una práctica cultural que nos permita posibilidades, articulaciones, armonizaciones y formas de operar y fluir en positivo y ojalá que sin interrupciones para con nuestros saberes, ser, hacer y quehacer emprendamos trayectorias y afiancemos la convivencia en contexto de capacidad como ciudadanía y comunidad.

Necesitamos forjar una ciudad que enfatice su dimensión significativa con diversidad de lecturas posibles, múltiple, con sus modos distintos de vivirla y percibirla, construirla con las variadas construcciones de su realidad y demás sistemas perceptivos que se suman a la multiculturalidad de nuestro tiempo, más cuando la inequidad social se materializa ante nuestros ojos y apreciamos la velocidad de los cambios y el impacto de las tecnologías de la comunicación e información, que ayudan a desvanecer los límites y oscurecer los aspectos identificatorios.

Se imponen para Santa Marta transformaciones, hacerlas para todos con espacios de interacción y participación. Apropiarse de ella en la afirmación que si real y verdaderamente nos transformaremos, afirmariamos sus signos, sus significados desde el ejercicio ciudadano, comunitario y nuestra participación activa en un constructo cultural integral, para lo que tenemos que proponernos nuevos exámenes, más espacios en la ciudad para la expresión y diálogo entre sus habitantes y, en general, para la interacción en el ámbito urbano, las soluciones políticas adecuadas, los consensos, y la mayor participación de ciudadana, así como impulsar nuevas y variadas formas de convivencia.

Es generar desde la participación activa cambios significativos que sacudan la pasividad y la inacción, ser protagonistas, iniciar de manera constante nuevas etapas de avance que de alguna manera ayudan en la superación crisis en lo económico y social, lo que de contera crea y hace aparecer también nuevas formas de solidaridad, apoyo mutuo y originales modalidades de intercambio, producto de la iniciativa popular; especialmente por cuanto no podemos permitirnos más a quienes medien popularidad por votos, mismos que afortunadamente fueron cuestionados por la ciudadanía y cobrados en sus procederes como causantes directos de la crisis, el desempleo, la falta de dinero, la frustración, el sentirse engañados, defraudados y despojados, que llevó a muchos a sacudir su inercia, a expresarse y deliberar en busca de soluciones. Este es el estado en que se encuentra nuestra ciudad, lo que traduce un momento de ruptura con quienes se creían ídolos, lo que afortunadamente se trocó por enrutarnos hacia una ruta que creemos cierta, a ver si por fin se escribe un nuevo texto de ciudad.