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¿La constituyente es la respuesta?

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La propuesta del presidente Petro de realizar una Constituyente para reformar aspectos puntuales de la Constitución, aspectos que el mismo ha desglosado en su perfil de X y que le ha dado un bombo desmedido desde el mes de marzo cuando la esbozó por primera vez, se ha convertido, más que en una verdadera propuesta por reformar la Carta Magna, en una carta electoral por asegurar su reelección en cuerpo ajeno o en su defecto, asegurar el control del Congreso para el 2026, una defensa férrea de una idea que no es más que un globo con propósitos electorales de cara a la contienda presidencial, cuya campaña se ha adelantado como nunca antes, incluso antes de que el presidente cumpla 2 años en el mandato.

El presidente acude a esta figura para subsanar muchos problemas que la Carta Magna en efecto tiene, sin embargo acude a una figura etérea, que nunca le ha sabido dar forma que es el Poder Constituyente, que muchos pensáramos que en verdad se refiere al constituyente primario, que es en efecto la ciudadanía, pero no, para el presidente el poder constituyente son las nuevas ciudadanías o las ciudadanías históricamente excluidas, como los grupos indígenas, afros, campesinos y personas adeptas a las causas gobiernistas, o por lo menos se entiende de esta forma, ya que nunca se ha podido aterrizar el concepto que termina por degenerarse, e incluso por malinterpretarse, debido precisamente a esa falta de claridad y a hilvanar ideas que el presidente lanza en sus discursos.

Pienso que sí es necesario realizar reformas importantes a la Carta Magna, en especial una reforma política en aras de fortalecer el partidismo en Colombia, financiación pública a los partidos y a las campañas que se realicen, que se pase por una reforma al Consejo Nacional Electoral que no sea electo por el Congreso sino por las Altas Cortes o en su defecto por un órgano independiente, una reforma al ordenamiento territorial, una reforma a la LOOT que le dé una mayor autonomía fiscal a municipios y departamentos, reforma al Sistema General de participaciones y a sus categorías, una reforma al sistema penal acusatorio y lo más importante, pasar por el Congreso los pronunciamientos de la Corte Constitucional para mayor seguridad jurídica en el país.

Sin embargo, todas estas reformas se pueden realizar por medio de actos legislativos, ya que nuestra Constitución lo permite a través de sus diferentes mecanismos de reforma, nuestra Constitución sigue siendo una carta vanguardista para la época en la que vivimos, garantista y lo más importante, nos lega el Estado Social de Derecho que acomoda el Estado y su funcionamiento a los intereses generales de la ciudadanía. La Carta necesita reformas, necesita implementación que es el aparte más importante, necesita de claridad en muchos frentes, en especial de la misma guardiana de la Constitución que es la Corte Constitucional, pero no necesita que la cambien, la solución no está ahí, eso solo abriría una caja de pandora que terminaría por destruir el sistema republicano y democrático que se ha ido construyendo estos 33 años, una caja de pandora que terminaría por hacernos retroceder a ese 1886, que tanto detesta el presidente.

La Constitución fue el mayor legado que nos dejó la paz en medio de la violencia de finales de los 80’s, las heridas que nos dejó el narcotráfico el ímpetu de muchos colombianos en alcanzar la justicia social y el bienestar general en nuestros país, por ellos y por nosotros nuestra Constitución debe resistir los embates de la cotidianidad y de cada gobierno que amenaza con crear otra, sin dudas la paz política está lejos de llegar pero actos como este solo hacen que esté aún más lejana la posibilidad de la paz por sobre los partidos.