Editorial & Columnas
Abrirnos a la reflexión
Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza
Corresponde a Santa Marta como Distrito Turístico, Cultural e Histórico, darse su Administración a la loable tarea de buscar caracterizarse por difundir a nivel nacional e internacional conocimiento y cultura, visionar y asumir la posibilidad de abrir nuevos espacios que lleven a reflexionar sobre algo que nos toca de cerca y es la ciudad que habitamos, acercar a la ciudadanía los temas urbanos de forma clara y atractiva, soportado lo cual en la idea que el entorno construido no es sólo un asunto técnico ni de especialistas, sino una dimensión social, diaria y profundamente política de nuestra cotidianidad.
Hablar del Distrito en los medios tiene gran sentido en un país cada vez más urbano, confirmándose así que las urbes son el escenario central de la vida nacional, entorno en el que la población enfrenta problemas concretos, tales como baches, coladeras tapadas, fallas en el suministro de agua, falta de alumbrado público e inseguridad entre otros, lo que evidencia que la calidad del espacio urbano impacta directamente en la rutina, el ánimo y las prioridades de miles de personas.
Entender y comprender debemos que una ciudad no es sólo pavimento y servicios, sino una construcción colectiva donde se reflejan decisiones políticas, desigualdades históricas y visiones de futuro, lo que sugiere de manera valiosa que los medios abran este debate, a efecto de traducir lo urbano en un lenguaje accesible y conectarlo con la experiencia de quienes habitan la ciudad todos día con día; es asumir ese desafío con mirada cercana, crítica y comprensible, desmontar el lenguaje especializado y convertirlo en historias concretas, preguntas urgentes, ejemplos que cualquier individuo puede reconocer; ya que más que hablar de planos, es referir, explicar cómo una calle mal diseñada condiciona la movilidad, cómo la ubicación de una clínica puede afectar la salud, o cómo un parque sin alumbrado puede volverse sin lugar a dudas un espacio propicio para el acometimiento de acciones delictivas de toda laya.
Es recorrer a conciencia los asuntos que configuran la vida urbana desde la vivienda y la planeación territorial, hasta la movilidad, la infraestructura verde, los servicios educativos y de salud, abordar los mercados, la economía informal, el arte público, la preservación patrimonial y la memoria colectiva, incorporar focalizaciones transversales como la equidad de género, la participación ciudadana activa y el cuidado del medio ambiente, con la clara y fructífera como productiva intención de mostrar que la ciudad no es solo lo que vemos, sino también lo que permite o impide, lo que recordamos e imaginamos.
Es ponerlo todo al nivel de la realidad, narrar la historia de sus lugares como eje de encuentro comunitario, de cómo un mural puede resignificar una calle entera, reflexionar sobre cómo el diseño de una escuela influye en la convivencia, el aprendizaje y el sentimiento de pertenencia; fragmentos de vida misma que los convierten en conversación cotidiana, buscando con ello generar conciencia, motivar participación y sembrar la idea de que la ciudad puede y debe dialogar igualmente desde las bancas de los parques y de los escenarios que de común acuerdo escojamos.
Los medios nos dan la oportunidad de demostrar que estos contenidos además de interesar, conmueven, ayudan a explorar cómo se organizan las urbes para nutrir, proteger y mover a sus habitantes, para reflexionar sobre cómo el diseño urbano influye en la historia cultural de los pueblos, siendo de suyo claro ejemplo que lo urbano no es un asunto periférico, sino un tema central en el diálogo público con espacio para la emoción, la crítica y la imaginación constantes; ya que hablar de cómo se diseña y se habita la ciudad es hablar de derechos, justicia y oportunidades, el escenario donde se cruzan las historias personales y las decisiones colectivas que nos afectan; al igual que entender como desde la lógica, los aciertos y las omisiones es dable su transformación, lo que indica que debemos como Distrito, abrirnos a ese diálogo, invitar a mirar con otras ópticas nuestras calles, espacios comunes, formas de vivir juntos, para así recordar y recordarnos siempre que construir una mejor ciudad empieza por entender y comprender el territorio que tenemos.
