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Los liderazgos que cobran vidas en San Sebastián, Magdalena
Los asesinatos de Diomedes de Jesús Mejía Navarro y Milton Rocha Peña confirman que ejercer liderazgo social en San Sebastián de Buenavista se ha convertido en una actividad de alto riesgo, pese a las reiteradas alertas de la Defensoría del Pueblo.
Por: Arnol Sarmiento
San Sebastián de Buenavista, en el sur del Magdalena, se ha convertido en un territorio letal para quienes ejercen liderazgo social, reclaman tierras o sostienen una postura política visible. En menos de dos años, dos líderes sociales han sido asesinados en este municipio, mientras las advertencias oficiales de riesgo permanecen archivadas y sin respuestas efectivas.
El caso más reciente es el de Diomedes de Jesús Mejía Navarro, líder social, reclamante de tierras e integrante del movimiento Fuerza Ciudadana, cuyo asesinato vuelve a encender las alarmas sobre la sistemática violencia contra líderes comunitarios en esta zona del departamento. Su muerte no es un hecho aislado: el 19 de febrero de 2023 fue asesinado Milton Rocha Peña, reconocido líder social y miembro activo de la Colombia Humana, quien había denunciado amenazas en su contra antes de ser silenciado.
Ambos crímenes ocurrieron pese a que la Defensoría del Pueblo había advertido reiteradamente el riesgo extremo que enfrentan las comunidades y sus dirigentes. Tras el homicidio de Rocha Peña, la entidad emitió la Alerta Temprana, que abarcó municipios del Cesar y del Magdalena —entre ellos San Sebastián de Buenavista— señalando que, bajo la presencia y accionar de grupos narcoparamilitares, se estaba configurando un proceso progresivo de despojo de tierras, especialmente en esta zona.
Dos años después, el panorama no solo persiste, sino que se agrava. La Defensoría volvió a emitir una advertencia, la AT 013/25, en la que incluyó nuevamente a San Sebastián de Buenavista con un llamado a la acción prioritaria, alertando sobre la imposición de normas y formas de gobernanza ilegal por parte de grupos armados, lo que representa un riesgo permanente de violaciones a los derechos humanos de la población.
La pregunta sigue siendo la misma y cada vez más urgente: ¿cuántas alertas deben emitirse para que se actúe antes y no después de los asesinatos? Las advertencias existen, los diagnósticos son claros, pero las medidas de protección no han logrado frenar la violencia ni garantizar la vida de quienes defienden el territorio y el liderazgo comunitario.
Tras el asesinato de Mejía Navarro, la gobernadora del Magdalena se pronunció públicamente: “Condeno con firmeza el asesinato de Diomedes de Jesús Mejía Navarro, líder social de San Zenón. Este hecho enluta al Magdalena y nos obliga a redoblar acciones para proteger la vida. En las próximas horas convocaremos un Consejo de Seguridad extraordinario para esclarecer lo ocurrido y garantizar seguridad en el territorio”.
Sin embargo, para las comunidades de San Sebastián de Buenavista, los consejos de seguridad y los comunicados oficiales ya no bastan. Dos líderes asesinados en dos años confirman que las alertas fueron desoídas y que la violencia avanza más rápido que la respuesta institucional. Hoy, el municipio no solo llora a sus muertos: exige acciones reales antes de que una nueva advertencia vuelva a convertirse en otra vida perdida.
