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Poder & Gobierno

CADA TORERO TOREA CON SU CUADRILLA

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CADA TORERO TOREA CON SU CUADRILLA

El cambio de gerente en el Hospital La Candelaria de El Banco comienza a sentirse en su estructura administrativa y contractual. Detrás de las salidas y nuevas vinculaciones aparece una realidad conocida de la política territorial: cuando cambia el grupo político alrededor de una entidad, también cambia buena parte de su equipo.

Por Víctor Rodríguez Fajardo
OPINIÓN CARIBE

En política existe un viejo dicho que pocas veces falla: cada torero torea con su cuadrilla.

Eso ayuda a entender lo que está ocurriendo en la E.S.E. Hospital La Candelaria de El Banco después de la llegada de Roberto Pérez Varela a la gerencia.

Pérez Varela fue posesionado el 8 de septiembre por la gobernadora Margarita Guerra. Su llegada ha sido identificada públicamente dentro de la participación burocrática del representante a la Cámara Franklin Lozano en el nuevo mapa político del Magdalena.

Y un hospital público representa mucho más que el despacho de su gerente.

El gerente dirige la institución y, dentro de sus competencias legales y posibilidades presupuestales, toma decisiones que inciden directamente sobre contratación, funcionamiento, organización administrativa y prestación de servicios.

Ahí también aparece la política.

LOS HOSPITALES TAMBIÉN SON PODER

Las Empresas Sociales del Estado tienen una misión fundamental: prestar servicios de salud. Pero alrededor de ellas también se ha construido históricamente poder político territorial.

Un hospital mueve presupuesto, contratos y puestos de trabajo. En municipios y subregiones donde el Estado es uno de los principales empleadores, esa capacidad adquiere un considerable valor político.

No es un fenómeno nuevo ni exclusivo de La Candelaria.

La relación entre dirigentes, burocracia y electores ha formado parte durante décadas de la construcción del poder territorial. Alrededor del acceso al Estado se tejen relaciones que pueden incluir puestos, contratos, gestiones y capacidad de intermediación.

Eso no convierte automáticamente a cada trabajador contratado en activista político ni significa que toda vinculación responda a una recomendación electoral. Pero explica por qué una institución pública con capacidad de contratación puede convertirse también en escenario de disputa entre estructuras políticas.

Por eso sería incompleto analizar los actuales movimientos como si simplemente hubiese llegado un gerente con una nueva metodología administrativa.

Cambió el gerente y también cambió el grupo político alrededor de la gerencia.

QUIENES SALEN TAMBIÉN LLEGARON

Ese elemento resulta indispensable para entender la discusión.

Quienes hoy salen o pueden estar perdiendo sus contratos tampoco aparecieron espontáneamente en el hospital. Buena parte de la estructura que encontró la nueva administración corresponde al ciclo político anterior.

Ahora comienza otro.

Trabajadores y sectores de El Banco hablan de salidas, terminaciones, cambios de funciones y nuevas vinculaciones. Los registros públicos consultados por OPINIÓN CARIBE muestran contratación en diferentes actividades administrativas y asistenciales alrededor del periodo en que se produjo el relevo.

Para establecer cuáles corresponden efectivamente a la nueva administración habrá que seguir cada proceso desde su origen: estudios previos, disponibilidad presupuestal, firma, fecha de inicio y contratista.

Más importante que quedarse con una cifra será construir la radiografía completa del cambio: cuántos salieron, cuántos llegaron, en qué dependencias, con cuáles perfiles, de dónde proceden y cómo se está modificando la estructura administrativa y contractual de La Candelaria.

EL FACTOR FRANKLIN LOZANO

La llegada de Roberto Pérez Varela ha sido relacionada públicamente con el representante a la Cámara Franklin Lozano. Esa circunstancia adquiere relevancia ante los movimientos que empiezan a producirse dentro de La Candelaria.

Lo verdaderamente revelador no será encontrar una resolución que diga quién es cuota de quién. Los acuerdos políticos rara vez funcionan de esa manera.

Habrá que seguir los nombres, los contratos y el dinero.

Quiénes salen, quiénes entran, de dónde vienen, cuáles son sus antecedentes laborales, qué contratos reciben, a qué sectores políticos han estado vinculados y cuánto representa presupuestalmente la transformación.

Ese mapa permitirá establecer hasta dónde llega la reorganización administrativa y cómo se expresa la recomposición política dentro del hospital.

Y permitirá medir algo todavía más importante: qué ocurre con el servicio.

PORQUE SIGUE SIENDO UN HOSPITAL

La política puede explicar parte de los movimientos, pero no puede desplazar la misión de La Candelaria.

El paciente que llega a urgencias no pertenece a ningún grupo político.

Roberto Pérez Varela anunció al asumir la gerencia que buscaría fortalecer urgencias y medicina interna y ampliar la oferta de servicios. Es allí donde finalmente deberá medirse su administración.

Urgencias, especialistas, medicamentos, oportunidad de las citas, cartera, facturación, estabilidad financiera y calidad de la atención permitirán establecer qué produjo realmente el cambio.

Y allí también deberá hacerse el contraste con la administración anterior.

En La Candelaria comenzó un nuevo turno político.

Unos salen y otros llegan. Nada particularmente extraño dentro de la realpolitik del Magdalena.

Pero La Candelaria no es una plaza de toros. Es un hospital público.

Por eso la discusión no termina estableciendo quién tiene ahora el control político, sino siguiendo sus decisiones, sus contratos y sus resultados.

Roberto Pérez Varela y quienes llegaron con él tendrán que demostrar que el relevo no solamente cambia nombres alrededor del poder, sino que mejora la atención de los pacientes.

Porque, al final, esa será la cuenta que realmente importa: cómo funciona el Hospital La Candelaria después del cambio.